Naufragios y comentarios

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Naufragios
de Álvar Núñez Cabeza de Vaca Ver y modificar los datos en Wikidata
Género Relato de viaje
Idioma Español
País España
Fecha de publicación 1542 Ver y modificar los datos en Wikidata
Texto en español Naufragios en Wikisource
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Naufragios y comentarios es un libro de viajes escrito por el conquistador español Álvar Núñez Cabeza de Vaca.

En este libro, Cabeza de Vaca narra las vicisitudes de los cuatro únicos supervivientes de la expedición de Pánfilo de Narváez a Florida (1527), los cuales vivieron entre los indios durante ocho años como esclavos, comerciantes y curanderos, y atravesaron a pie el suroeste de los actuales Estados Unidos y norte de México hasta que en 1537 lograron volver al territorio bajo control español, la colonia de Nueva Galicia dentro del Virreinato de Nueva España.

En el libro se recogen las primeras observaciones etnográficas sobre las poblaciones indígenas del golfo de México. También aparecen por primera vez en lengua castellana algunas palabras tomadas de las lenguas americanas. Se le considera la primera narración histórica sobre el territorio actual de los Estados Unidos. Fue publicada en 1542 en Zamora (España) y en una edición corregida y aumentada (con la adición del viaje del autor al Río de la Plata) 1555 en Valladolid.

Estructura[editar]

Capítulo I-III[editar]

El viaje de los Naufragios empezó el 17 de Junio del año 1527. Saliendo desde del puerto de San Lúcar de Barrameda, en España, para explorar y conquistar la tierra de Florida con el permiso de su Majestad. El gobernador Pánfilo de Narváez, líder de la expedición, salió con aproximadamente seiscientos hombres. Antes de que lleguen a Florida, muchos de los hombres abandonaron el viaje en la isla de Santo Domingo para permanecer ahí. En adición, ante la exigencia de su tripulación, decidió quedarse en Cuba durante el invierno.

El segundo capítulo introduce a la persona que se llama Miruelo, un piloto que el gobernador Pánfilo de Narváez trajo desde la isla Trinidad. La expedición salió de Cuba hacia Florida. Llegaron el 12 de abril, pero con mucha dificultad y con muchos tormentos.

En Florida, llegaron a una isla donde Alfonso Enríquez, un miembro de la expedición y oficial, y los nativos trocaron. Al día siguiente el gobernador trató de visitar los nativos para el Viernes Santo, pero los nativos habían abandonado sus buhios o casas y salieron durante la noche en sus canoas. El gobernador reclamó que la tierra era de su Majestad. En los días siguientes los nativos regresaron para hablar con el gobernador, pero sin un interpretador, ellos no podían comunicarse. Los españoles pensaron que los nativos estaban diciéndoles que se fueran de la tierra, con señales que les parecían muy amenazantes.

Capítulo IV[editar]

El Gobernador tocó tierra con su partido hasta llegar a una baya grande por la tarde para descansar la noche, y después regresar a su barcos. Cuando llegaron de regreso, el Gobernador mandó un bergantín hacia la Habana para encontrar el barco de Álvaro de la Cerda para aprovisionarse y regresar.

Ya salido el bergantín, el partido regresó a tierra. Pasando la baya grande, se encontraron con cuatro Indios y les preguntaron sobre maíz. Los Indios llevaron los Cristianos a su pueblo y los Cristianos vieron cajas parecidas a cajas de Castilla con cuerpos muertos cubiertos en cueros de venado pintado. Y después el comisario quemó las cajas. También encontraron pedazos de oro, lienzo, y paño y los Indios les dijeron que venían de una ciudad llamada Apalache. Tomando los Indios como guías, recorrieron diez o doce leguas y encontraron otro pueblo con mucho maíz. Descansaron dos días y regresaron a los barcos para contar lo que habían visto y las noticias de los Indios.

El primero de Mayo el Gobernador reunió un grupo de personas para preguntarles por consejo sobre cómo encontrar el puerto, por tierra o por mar. Cabeza de Vaca dijo que no debían de desembarcar sin saber la tierra pero el comisario dijo que todo saldría bien. El notario solo agregó que deberían de dejar los barcos en un puerto conocido y después ir por tierra.

El Gobernador decidió ir por tierra y trató de mandar Cabeza de Vaca que se quedara con los barcos. Cabeza de Vaca lo rechazó, diciendo que tenía por cierto que los barcos y el Gobernador no se volverían a ver de nuevo y que todavía quería aventura en su vida. El Gobernador concedió a Cabeza de Vaca y dejó Caravallo encargo de los barcos mientras Cabeza de Vaca se fue con el Gobernador hacia la tierra.

Capítulo V[editar]

El primero de mayo, el gobernador, Cabeza de Vaca, y trescientos hombres partieron hacia la tierra firme. Viajaron por dos semanas sin ver un pueblo y sin comida, con excepción de unos palmitos. Lucharon contra los nativos y capturaron a cinco o seis nativos quienes llevaron a los españoles a su pueblo. Allí encontraron un gran cantidad de maíz. Por algunos días, Cabeza de Vaca trató de encontrar el puerto, sin suerte. Los españoles salieron en busca de Apalachee, y encontraron un nativo que era un enemigo de los Apalachee y quería ayudar a los españoles. Ellos llegaron al pueblo del nativo, donde había maíz para comer. Durante el resto de su viaje, algunos nativos trataron de atacar a los españoles, pero eventualmente los españoles, muy cansados y hambrientos, llegaron a Apalachee.

Capítulo VII[editar]

La tierra que atravesaron del lugar de desembarco a Apalache era muy llana. Había mucha variedad de árboles y plantas, algunas similar a las de Castilla. También había muchas lagunas, grandes y pequeñas, que a veces eran difícil de cruzar por causa de árboles caídos. Parcelas de maíz habían bastantes pero casas eran esparcidas. También había multitud de animales y aves, incluyendo un animal con bolsa sobre la barriga donde cargaban los hijos.

Dos horas después de estar en Apalache, los Indios que habían huido regresaron en paz preguntando por sus mujeres e hijos que fueron devueltos menos un Cacique que se quedó el Gobernador. Después los Indios regresaron y pusieron a fuego las casas. Los Cristianos huyeron hacia las lagunas, matando a un Indio en el camino. Al siguiente dia más Indios pusieron a fuego de nuevo las casas sin sufrir muchas heridas. Los Cristianos se quedaron en este pueblo veinticinco días. Le preguntaron al Cacique de la condición de la tierra enfrente que les platico que la ciudad más grande era Apalache y que al sur había una ciudad llamada Aute que tiene pescadores y mucho maíz.

Después de los veinticinco días, los Cristianos empezaron rumbo hacia Aute. En el camino fueron emboscados por Indios mientras atravesaban una laguna y sufrieron muchas víctimas. Describieron los Indios como siendo gigantes y desnudos, con arcos grandes que podían encontrar su objetivo a doscientos pasos. Más adelante vieron evidencia de Indios enfrente y los emboscaron. Pasaron ocho días sin evento hasta que los Indios atacaron por detrás y mataron a un Cristiano, Avellaneda. Los demás cargaron a Avellaneda hasta llegar a Aute.

Llegaron a Aute después de nueve días. Encontraron la ciudad abandonada, casas quemadas, pero con mucha comida. Después de descansar por dos días, Cabeza de Vaca con un partido fue a buscar el mar. Caminaron hasta la tarde y encontraron ancones muy grandes. Con esta información, regresaron a Aute para encontrar el Gobernador y muchos otros enfermos y paran de viajar allí.

Capítulo VIII[editar]

La expedición parte de Aute en un estado deplorable. Muchos estaban enfermos y comida era escasa. Los que llevaban caballos se planteaban escapar, pero últimamente el gobernador les convenció quedarse con la expedición. Vista la situación en la que se encontraban, decidieron construir embarcaciones. Al cabo de un mes, consiguieron construir 5 barcas, alimentándose entretanto de los caballos que llevaban, y murieron más de cuarenta hombres de enfermedad y hambre. En cuanto sólo les quedaba un caballo, decidieron embarcar.

Capítulo IX[editar]

Después de 30 días navegando, la expedición se estaba quedando sin agua. Algunos se morían de desesperación después de beber agua salada. Finalmente, se encontraron con un grupo de indios pacíficos en canoas, y les siguieron a sus casas. Les dieron de beber y pescado de comer. Sin embargo, los indios súbitamente atacaron a la expedición e hirieron al gobernador con una piedra. Debido al ataque, los españoles escaparon hacia las barcas y se quedaron cincuenta hombres en tierra para rechazar a los indios. Una vez que estos últimos huyeron, embarcaron una vez más. Sin embargo, partieron con poca agua y al cabo de tres días se encontraron con una canoa de indios. Dos miembros de la expedición se fueron con ellos con el objetivo de traer agua. A la noche regresaron los indios con vasos vacíos, quedándose con los dos cristianos.

Capítulo XII[editar]

Los indios les trajeron a Cabeza y sus hombres pescado, raíces y nueces. Los exploradores, proveídos con recursos, decidieron que estaban listos para salir. Su barco estaba en la arena, y cuando trataron de moverlo, se volcó y se ahogaron tres hombres y perdieron sus recursos. Los indios regresaron y encontraron los exploradores tristes, depravados y algunos muertos. Al ver esto, huyeron ( de miedo), pero de Vaca los llamó para regresar. Les explico (por señales) lo que les pasó. Después de entender lo que les había sucedido, los indios se sentaron entre ellos y lloraron durante más de media hora.

Cabeza de Vaca sugirió que ellos regresaran con los indios para obtener comida y recursos, pero los cristianos dijeron que no era buen idea porque los indios los sacrificarían y los comerían. Sin embargo de Vaca decidió regresar con los indios. Cuando llegaron a su pueblo los indios hicieron fiestas para ellos y los trataron muy bien. Después de esto, su miedo de ser comido se calmó un poco.

Capítulo XV[editar]

En la isla de Mal Hado, los indios les quisieron hacer medicos (sin examinación o prueba). Su manera de curar era soplar al enfermo. Les mandaron a los exploradores a curar de esta manera. Los exploradores hicieron este ritual a la gente enferma y también santiguándolos y rezar para ellos en el nombre de Dios ( “un Pater Noster” y un “Ave Maria”).

Cabeza comentó que su situación de hambre era tan extrema que algunas veces pasaron tres días sin comer. Los indios que tenían sus otros compañeros (Alonso del Castillo y Andrés Dorantes) eran de otra parentela y así pasaron a otra parte de la Tierra Firma a comer ostiones. Cabeza nota que toda le gente en esa región va desnuda con la excepción de las mujeres. El pueblo tiene costumbres diferentes. Todos los que son de la misma familia quedan juntos. A veces, después de conocerse, se hablan y entonces lloran durante media hora, y entonces él que está visitando da al otro cuanto posee. Ellos tenían diferentes lengua como Capoques y Han.

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