Costumbrismo andaluz

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Se conoce como costumbrismo andaluz al género literario y pictórico que se centra o presta atención a las costumbres típicas de Andalucía, en España. Es muy característico del Romanticismo del siglo XIX, pero se extiende más allá de él y tiene precedentes anteriores a la centuria decimonónica. En este género se abordan frecuentemente temas como el amor, la alegría de vivir, el libertinaje, la prostitución y la miseria; todo ello dentro de la idiosincrasia particular atribuida de forma tradicional a los andaluces. Personajes arquetípicos en relatos y cuadros son el contrabandista, la gitana, el torero, etc. El pueblo gitano y su forma de arte más característica, el flamenco, es parte fundamental en esta "visión pintoresca de Andalucía". Asimismo el dialecto andaluz suele estar presente en las creaciones literarias a través del uso de andalucismos; locuciones y giros propios de dicho dialecto.

El costumbrismo andaluz tuvo un gran éxito y aceptación dentro y fuera de España. Fue determinante en la visión que Europa se hizo de la aislada en muchos aspectos España, hasta el punto de que llegó a identificarse el casticismo andaluz con el español. Con el tiempo, fue excesivamente explotado y fue degenerando en cuanto a la calidad y a la profundidad de sus creaciones. Los arquetipos andaluces se van convirtiendo en estereotipos que derivan en el tópico andaluz a lo largo del siglo XX, especialmente durante el franquismo, en que fue un lugar común en obras cinematográficas que usó fórmulas y clichés fijos de épocas pasadas.

Costumbrismo literario

Realismo literario

Literatura[editar]

El tópico literario de Andalucía como un mundo de pícaros ya se vislumbra en el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán. En el Siglo de Oro se consolidó, tanto en la literatura como en el imaginario colectivo español, una imagen de Andalucía en la que esta región aparecía como una tierra opulenta, moderna, llena de posibilidades y de peligros. Esta idea, que se había ido formando desde los momentos inmediatamente posteriores a la Reconquista, debido a repoblación de la región con gentes de toda España que buscaban un futuro mejor en las tierras recién incorporadas al Reino de Castilla, acabó consolidándose con el Descubrimiento de América y el consiguiente comercio indiano centrado primero en Sevilla y luego en Cádiz. Las alusiones que Cervantes hace a los lugares andaluces de mala fama por sus pillos y maleantes son frecuentes a lo largo de toda su obra novelística, caso de El Quijote y de La ilustre fregona y parte fundamental del argumento de Rinconete y Cortadillo.

Desde entonces esta visión no perderá vigencia hasta que los viajeros románticos, sobre todo franceses y anglosajones, con su gusto por lo exótico y extraordinario, lo reaviven en su libros recogiendo las costumbres más peculiares de la tierra andaluza, formando un verdadero corpus etnográfico y literario, que irá condicionando para siempre la imagen literaria romántica de Andalucía. Théophile Gautier, Washington Irving con sus Cuentos de la Alhambra y Richard Ford, con su Viaje a Sevilla y Granada, son fundamentales es este sentido.

Chorrojumo, gitano granadino tocado con un catite.

El tema de la mujer andaluza cristalizará en la Carmen de Prosper Merimée. Tanto en la Lozana andaluza de Francisco Delicado como en La gitanilla de Cervantes pueden encontrarse procedentes de este arquetipo de mujer fatal (gitana o no), fuerte, libre y pasional. El eco de Carmen resonará en Francia largo tiempo de la mano de la ópera homómima de Georges Bizet. El tema de los gitanos andaluces será ampliamente abordado, desde la obra de Jan Potocki, Los gitanos de Andalucía, pasando por la propia Carmen de Merimée, hasta llegar al Romancero gitano Federico García Lorca.

Sin embargo la obra que consolida en España el gusto por el género costumbrista andaluz será las Escenas andaluzas de Serafín Estébanez Calderón.

Pintura[editar]

Música[editar]

Enlaces externos[editar]