Casa del Lago Juan José Arreola

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La Casa del Lago Juan José Arreola es un centro cultural ubicado en el Bosque de Chapultepec de la Ciudad de México. Fue fundada como Centro de Extensión de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1959 por su primer director, Juan José Arreola.[1]

El primer centro cultural de la universidad ubicado fuera del campus universitario,[cita requerida] tiene su acceso principal por la calle Reforma y está situado a orillas del Lago Mayor. Durante la década de 1970 fue un reconocido espacio cultural donde se realizaban lecturas poéticas, talleres literarios y otras actividades artísticas.[1]

Por acuerdo del rector Juan Ramón de la Fuente, el 31 de enero de 2002 se le otorgó el nombre de su director fundador, Juan José Arreola, quien la convirtiera en un centro de cultura nacional con gran arraigo y prestigio en Latinoamérica, un lugar en donde se han dado cita, en los últimos 50 años, los representantes de la vanguardia artística del país.

Historia[editar]

La construcción de la casona se realizó por encargo del presidente Porfirio Díaz (1876-1911) a comienzos del siglo XX, para ser utilizada por éste como casa de veraneo. En los años sucesivos, la residencia fue utilizada como Automóvil Club, Centro de Reparto Agrario durante la Revolución mexicana y sede del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).[1]


A partir de 1959, Juan José Arreola convierte al inmueble en un Centro de Extensión de la UNAM, asumiendo a su vez como primer director del centro cultural.[1]

A partir de entonces la Casa del Lago apoyó a una nueva generación de artistas que ahora incluye a figuras como José Luis Ibáñez, Leonora Carrington, Juan Soriano, Octavio Paz y el propio Juan José Arreola. Todos estos personajes y otros más, junto a Miguel González Avelar, empezaron a dar auge a "Poesía en voz alta", a promover los torneos de ajedrez y el "Club de Filatelia".

El poeta y ensayista Tomás Segovia, sucesor de Arreola en la dirección del centro, creó un grupo extraordinario de jóvenes escritores, entre los cuales destacaría Juan García Ponce, cuentista, novelista y dramaturgo que, a través de sus ensayos y notas sobre las artes plásticas, analiza y promueve a artistas como Vicente Rojo, Lilia Carrillo, José Luis Cuevas, Fernando García Ponce, Alberto Gironella y Manuel Felguérez. Se dio, además, un enorme impulso a la música de jóvenes creadores a través del programa "Nueva Música en México", que reunió a Joaquín Gutiérrez Heras, Rocío Sanz y otros destacados creadores y compositores.

Otras dos figuras que han encarnado el espíritu de la Casa son: Juan Vicente Melo y Juan José Gurrola. El primero, dermatólogo y crítico de música, sustituyó a Segovia y desarrolló una tarea notable: ciclos de conferencias de autores literarios, compositores, pequeñas exposiciones de los artistas mencionados, obras de teatro que renovaron el quehacer escénico y conciertos de música de vanguardia. Por su parte, Juan José Gurrola, brillante y audaz, se inició como actor de "Poesía en voz alta", propuso siempre actitudes vanguardistas en sus puestas en escena. Es un período extraordinario para la Casa del Lago, pues fue galardonada por la Asociación de Críticos de Teatro y Música, por darle cabida a las composiciones artísticas del siglo XX, y así llegó a ser uno de los centros de cultura más reconocidos en la capital del país.

Entre 1974 y 1976 el centro cultural fue dirigido por el poeta, escritor y académico Hugo Gutiérrez Vega.[1]

En 1982, el grupo de los estridentistas ocupó la atención del público, debido al desconcierto creado por una exposición realizada sobre este grupo literario de los años veinte. La exposición A la sazón de los ochenta fue el marco propicio para exhibir la obra de 80 artistas como parte del "Encuentro de escultores", donde se abordaron temas relativos a la escultura con otras disciplinas.

La Casa también dio albergue a los llamados artistas de la Generación de la Ruptura, cuando en el año 1989 se realizó una importante exposición en la que incluyeron obras que en su momento fueron rechazadas por galerías comerciales. Cobró especial significación el Cine Club Documental, un espacio único en su tipo en la capital.

Los Paseos Nocturnos por el Bosque de Chapultepec, con la colaboración de la dirección del Bosque, desde al año 1999 y a la fecha, han representado un proyecto que ha recibido con gran interés la comunidad universitaria y la población, ya que ha contribuido al rescate de los valores históricos y artísticos del parque urbano más grande en Latinoamérica.

Fomento a la cultura de manera constante, la Casa ha sido plataforma idónea para la experimentación de las artes y para estimular a las nuevas generaciones de creadores.

Situación actual[editar]

En cada una de las disciplinas artísticas que han tenido espacio en este recinto multifacético se han dado cita la originalidad y la experimentación, lo que permitió a sus creadores mostrar cómo lo contemporáneo no está reñido con el numeroso público popular que la visita y que la ha convertido en un lugar emblemático en la escena cultural de la ciudad.

Como en sus inicios, la Casa del Lago abre sus puertas a artistas jóvenes, nacionales y extranjeros, con propuestas novedosas y polémicas, y con una oferta cultural donde son significativas las expresiones emergentes y de ruptura.

Cabe destacar la intensa labor que se realiza en el campo de las artes visuales, donde se cuenta con los medios y los espacios necesarios para que artistas de diferentes edades desarrollen sus ideas y sus proyectos curatoriales de calidad; también se ha fomentado el trabajo teatral con nuevas generaciones de directores y actores; la danza ha logrado reunir los más diversos estilos coreográficos, todo ello en espacios no convencionales. La música emergente y alternativa ha estado presente con diversos grupos y solistas de rock, jazz, tango, flamenco, nueva canción y otras nuevas tendencias del género. El ajedrez, impulsado por el propio Juan José Arreola, se mantiene a través de los diferentes torneos que se convocan anualmente; el Cine Club ha fomentado el género documental de forma permanente, a través de su participación en festivales (Ambulante y DOCSDF) y ha abierto sus espacios a jóvenes cineastas en diferentes ciclos de cine debate. El programa de cursos y talleres se ha incrementado en más de 30 disciplinas, muchas de ellas con una visión novedosa y crítica.

Se vuelve a revivir, desde una perspectiva contemporánea, lo que en un inicio se conoció como Poesía en voz alta apenas unos años después de inaugurado este foro universitario en Chapultepec, a través de un festival que, busca retomar esta tradición que convocó a los pensadores, intelectuales y artistas de la época, vinculando a escritores nacionales e internacionales de la actualidad con destacados poetas de distintas tradiciones orales, como los decimistas jarochos, los poetas indígenas y las recientes generaciones de jóvenes artistas mexicanos, de nuevas corrientes literarias, donde también están presentes las nuevas tecnologías musicales, la escritura en relación con el sonido, el ritmo y las capacidades líricas del artista.

Casa del Lago ha multiplicado sus ofertas culturales en la misma manera que se ha multiplicado la comunidad universitaria, las comunidades de creadores y de públicos, manteniendo vivo ese “diálogo entre la historia y el presente como un sustento de su identidad”, haciendo permanente ese espíritu de riesgo, de su vocación en la búsqueda de lo propositivo, experimental y emergente, convirtiéndose en sitio arte alternativo, de encuentro ideal para los jóvenes, y para la gente, por sus gustos y su formación.

Un centro cultural con dimensión histórica, donde se refrenda la misión de difundir la cultura como parte imprescindible en la formación integral de los jóvenes universitarios y del numeroso público que lo visita. Todos estos logros enriquecen, aún más, su presencia dentro de la difusión cultural del país.

Referencias[editar]

  1. a b c d e Madariaga, Monserrat (2011). Bolaño infra: 1975-1977. Los años que inspiraron Los detectives salvajes. Santiago, Chile: RIL Editores. pp. 47-63. ISBN 978-956-284-763-6. 

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