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Batalla de Churubusco

Batalla de Churubusco
Parte de Intervención estadounidense en México

Battle of Churubusco (1851) de Carl Nebel.
Fecha 20 de agosto de 1847
Lugar Convento de Santa María de los Ángeles y la cabeza del puente del río Churubusco, en Churubusco, cerca de Ciudad de México.
Coordenadas 19°21′20″N 99°08′55″O / 19.355555555556, -99.148611111111
Resultado Victoria estadounidense
Consecuencias Las tropas invasoras avanzan a Tacubaya; el ejército mexicano logra evacuar a Ciudad de México.
Beligerantes
Bandera de Estados Unidos Estados Unidos Bandera de México México
Comandantes
Winfield Scott Manuel Joaquín Rincón
Pedro María Anaya

La batalla de Churbusco ocurrió el 20 de agosto de 1847 en el convento de Santa María de los Ángeles[n 1]​ y en la cabeza del puente del río Churubusco, en el pueblo del mismo nombre, a escasos kilómetros de Ciudad de México, en el marco de la intervención estadounidense en México. Luego de la derrota en la batalla de Padierna, las tropas mexicanas emprendieron la retirada hacia Churubusco, siendo perseguidas por soldados estadounidenses. En dicho sitio confluían varias vías y era uno de los caminos hacia Ciudad de México.

Para defender la retirada, el general y presidente Antonio López de Santa Anna ordenó al general Manuel Joaquín Rincón resistir en el convento de Santa María de los Ángeles el mayor tiempo posible, al tiempo que dispuso tropas en la cabeza del puente. La batalla consistió en acciones en esos dos sitios y en el camino hacia la hacienda de Portales, en las que las tropas defensoras mantuvieron a los invasores aproximadamente tres horas, lo que permitió al grueso del ejército mexicano continuar su repliegue hacia Ciudad de México. En última instancia, al acabarse sus municiones, los defensores cayeron ante las tropas estadounidenses, que lograron avanzar hasta Tacubaya.[2]

Aunque fue uno de los combates «más sangrientos» de la invasión, los estimados de bajas —y hasta de tropas involucradas— varían según las fuentes. La derrota, junto con las inmediatas anteriores, tuvo un gran estrago moral en los mexicanos. Después de la batalla, Santa Anna solicitó un armisticio, que se firmó el 23 de agosto y se mantuvo hasta el 8 de septiembre, cuando se reanudaron las hostilidades en la batalla del Molino del Rey. Nueve años después del combate, el entonces presidente Ignacio Comonfort ordenó construir un monumento a los caídos y, muchos años después, en 1981, se inauguró en el exconvento el Museo Nacional de las Intervenciones.

Antecedentes

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Ante el avance de las tropas invasoras estadounidenses en el valle de México, los monjes franciscanos del convento de Santa María de los Ángeles —Churubusco, cerca de Ciudad de México— fueron exclaustrados para emplear las construcciones como fortaleza, dado que los estrategas mexicanos lo consideraron un «punto estratégico» para frenar al enemigo.[3]​ Alrededor de dicho convento se construyó un fuerte bastionado —incompleto al momento de la batalla—, con parapetos de tierra revestida con adobes,[4]​ y anchos fosos llenos de agua de lluvia y de la que emanaba del terreno.[5]

La quinta brigada, formada por tropas de la Guardia Nacional del Distrito —batallones Independencia y Bravos— y encabezada por el general Pedro María Anaya, emprendió el 17 de agosto de 1847 la marcha hacia el punto avanzado de Churubusco, cuya defensa se encomendó al general de división Manuel Joaquín Rincón.[6]​ Luego de la batalla de Padierna, el general Winfield Scott, comandante de las fuerzas estadounidenses, encabezó a las divisiones comandadas por David Twiggs y Gideon Pillow en la persecución de los soldados mexicanos a través de los caminos de Contreras y San Ángel.[7]

Para la defensa del repliegue, Antonio López de Santa Anna ordenó a Rincón resistir en el convento de Santa María de los Ángeles el mayor tiempo posible, al tiempo que dispuso un regimiento en la cabeza del puente del río Churubusco —ribera sur de dicha corriente, a unos 275 metros del convento—. Dos regimientos tomaron posición en la orilla del río, mientras que el resto de las tropas formaron una reserva más al norte,[1]​ además de que se le ordenó a una compañía del batallón Independencia, bajo el mando del primer ayudante Francisco Peñúñuri, situarse en la torre de la iglesia de Coyoacán y defender la retirada de las tropas.[6]​ Por su parte, López de Santa Anna ordenó a los generales Nicolás Bravo y Antonio Gaona evacuar sus posiciones en San Antonio y Mexicaltzingo.[1]​ De esta forma, en el puente del río Churubusco confluían varias vías —como la de San Ángel y Coyoacán, y la de San Antonio—, con lo que la evacuación de las múltiples tropas dio lugar a una «escena caótica».[8]

Batalla

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Mapa de la batalla de Churubusco.

Fuerzas involucradas

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La fuerza mexicana en Churubusco estaba conformada por los batallones de la Guardia Nacional del Distrito —Independencia y Bravos— y por los piquetes de Tlapa, Chilpancingo, Oaleana[9]​ y Lagos,[10]​ además de dos compañías de San Patricio —conformadas por desertores extranjeros, la mayoría de origen irlandés, y que sumaban, cada compañía, unos cien hombres que fungían como soldados de infantería, aunque algunos también tomaban parte en los cañones de la guarnición—.[11]​ Bauer (1974) apunta que la guarnición mexicana constaba de 1500 a 1800 soldados.[1]​ En contraste, Olavarría y Ferrari (1888) dice que la fuerza efectiva defensora en Churubusco «no pasó de nueve mil hombres».[12]​ Adicionalmente, Bishop (1916) cifra en cinco las piezas de artillería que los mexicanos tenían en la cabeza del puente y seis en el convento.[13]​ Entre las tropas invasoras, se habla de 8497 soldados involucrados,[14]​ incluyendo una cuadrilla de contraguerrilleros mexicanos, encabezados por Manuel Domínguez.[15]​ A su vez, en su parte, Twiggs detalla que su fuerza efectiva era de 111 oficiales y 2530 soldados.[16]

Combate

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A las 11:30 horas del 20 de agosto, Anaya y sus ayudantes avanzaron por el camino de Coyoacán para cerciorarse del avance estadounidense, confirmado por indígenas que huían de ellos y, más tarde, por las tropas de Peñúñuri, que se enfrentaron a los invasores en Coyoacán y se replegaron combatiendo; sabedor de la situación de primera mano, al avistar a los invasores, Anaya retornó a Churubusco.[5]​ Desde la torre de la iglesia de Coyoacán, los estadounidenses observaron lo que consideraron que era una retirada de los mexicanos a su capital, encabezada por Santa Anna, que podría ser dispersada si era atacada. Por tanto, el general Scott ordenó a sus fuerzas arremeter contra el convento de Churubusco para abrir una vía desde la que embestir a las tropas en el puente. Sumado a lo anterior, los altos maizales y una investigación superficial de sus ingenieros resultaron en un desconocimiento por parte de los estadounidenses de la robustez de la posición mexicana.[17]​ Sin recibir resistencia —por órdenes de Anaya y Rincón de contener el fuego hasta tener a los enemigos a una distancia muy corta—, los soldados encabezados por Twiggs avanzaron hacia el convento; llegado el momento, los defensores iniciaron un fuego intenso que los obligó a detenerse, para después, reiniciar su avance sobre el parapeto y el costado derecho del convento. En ese momento, se iniciaron los combates[18]​ y los invasores respondieron con los disparos de una batería ligera.[19]

Los mexicanos se enfrentaron durante noventa minutos con la batería estadounidense y, en última instancia, la forzaron a retirarse después de ocasionar la muerte de veinticuatro soldados y catorce caballos.[20]​ Al inicio de esa parte de la batalla, hubo fuego amigo en contra de algunos soldados del batallón Bravos por parte de tiradores del batallón Independencia apostados en la azotea del convento y en unos andamios colocados en un corral a manera de banquetas. Por este motivo, Rincón ordenó a los tiradores descender e incorporarse con sus unidades.[18]​ Al mismo tiempo, una columna comandada por William Jenkins Worth cargó contra la cabeza del puente del río Churbusco, a lo que respondieron las piezas de artillería allí apostadas, además de que recibieron fuego proveniente del convento. Una unidad invasora dirigida por Benjamin Bonneville debió replegarse en dos ocasiones y sus soldados «comenzaron a mostrar señales de pánico». Los invasores veían rota su cohesión, del lado derecho del camino, por los maizales, zanjas y diques del área, además de que, el terreno y la propia peligrosidad de la vía, les impidió el uso de una batería.[20]​ De esta forma, el fuego de los defensores mantuvo a los invasores en el camino a San Antonio, con lentos avances a lo largo de dos horas y con varias pérdidas, aunque protegidos por los altos maizales.[21]

Mapa de la batalla.

Ante la escasez de municiones, los mexicanos dieron aviso a Santa Anna, quien ordenó el envío de piquetes de Tlapa y Lagos, soldados de San Patricio y un carro de pertrechos que, sin embargo, no eran del calibre de las armas mexicanas, aunque sí de las de los de San Patricio. Por otra parte, algunos cajones eran de municiones de instrucción, por lo que algunas tropas optaron por piedras como balas. Poco después, el propio Anaya subió a la explanada del convento, ordenó cargar un cañón con metralla y lo dirigió personalmente. No obstante, las chispas prendieron fuego a la munición y ocasionaron quemaduras a varios artilleros, a un capitán y al propio general Anaya.[22]​ Un tercer movimiento estadounidense implicó a dos brigadas dirigidas por Franklin Pierce y James Shields, que cruzaron el río Churubusco por el camino Coyoacán-Mixcoac y avanzaron hacia el noroeste —por el camino hacia la hacienda de Portales[23]​—. Empero, tras 1.2 kilómetros, Santa Anna respondió directamente con unos 2200 soldados y entre 1500 y 2000 jinetes para amenazar el flanco izquierdo estadounidense, lo que ocasionó que los hombres de Shields se desbandaran y refugiaran en edificios cercanos. Por su parte, las tropas de Pierce quedaron rezagadas.[20]​ Al cabo de tres horas y media de combates,[24]​ tiempo en el que el grueso del ejército mexicano continuó su repliegue hacia la capital, con la mayor parte de sus cañones y municiones,[23]​ los defensores en Churubusco agotaron sus pertrechos y el fuego desde el convento comenzó a menguar.[24]

A su vez, la fuerza de Worth avanzó al este y desbordó el flanco izquierdo mexicano, vadeó el río y, una parte, avanzó por el camino, mientras que otra atacó la retaguardia de la cabeza del puente, la que tomó en un combate cuerpo a cuerpo.[25][26]​ En esa zona, se refieren 192 prisioneros y la captura de tres piezas de artillería. Los invasores usaron dos de ellas para atacar el convento; el movimiento en respuesta de los mexicanos de mover uno de sus cañones debilitó sus propias defensas al sur, lo que un grupo de soldados estadounidenses aprovechó para escalar el parapeto.[26]​ Reforzado con una compañía de fusileros y un escuadrón de dragones,[27]​ Shields recuperó el control de sus tropas y, en conjunto con la fuerza de Pierce, cargó nuevamente contra los mexicanos en un combate en el que perdió un tercio de su brigada. No obstante, lograron desalojar a los defensores de sus zanjas y unir el camino con la vanguardia de Worth, además de capturar 380 prisioneros. Se inició una persecución de los mexicanos, pero unos 3.2 kilómetros después, Worth detuvo sus tropas,[26]​ aunque algunos dragones llegaron hasta la garita de San Antonio Abad,[16]​ en donde fueron recibidos con intenso fuego que los obligó a retirarse.[28]

Terminadas sus municiones, los generales Anaya y Rincón ordenaron a todas sus tropas replegarse al interior del convento. En ese momento, al intentar cargar con bayoneta contra los estadounidenses, Peñúñuri fue abatido.[24]​ Ya replegados, los San Patricios impidieron en varias ocasiones que se levantara una bandera blanca,[26]​ pero, en última instancia, el capitán James Milton Smith —el primer estadounidense en presentarse en el parapeto—, al verificar que las tropas defensoras no presentaban resistencia, ondeó una bandera blanca para poner fin a los combates.[24]​ En total, se menciona en el convento la captura de siete piezas de artillería y 1259 soldados, entre ellos tres generales, así como 85 San Patricios.[26]​ Posteriormente, llegó Twiggs y saludó a los generales y oficiales mexicanos; la bandera estadounidense ondeó poco después en el convento.[n 2][15]

Consecuencias

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Monumento conmemorativo a la batalla del 20 de agosto de 1847.

Este fue «uno de los combates más sangrientos» de la guerra; en conjunto, en Churubusco y Padierna, México perdió cerca del 33 % del ejército del Valle de México, mientras que los estadounidenses perdieron a aproximadamente el 10 % de sus tropas.[2]​ Dufour (1968) plantea que las bajas estadounidenses fueron 137 muertos, 879 heridos y 40 desaparecidos,[28]​ mientras que, según Bauer (1974), fueron 133 muertos y 865 heridos.[14]​ Scott estimó en 4297 muertos y heridos y 2637 prisioneros —incluyendo ocho generales— como las bajas mexicanas acumuladas en las batallas de Churubusco y Padierna.[31]​ Por su parte, Olavarría y Ferrari (1888) refiere que las pérdidas para los defensores en el convento constaron de 136 muertos y 99 heridos,[9]​ a la vez que menciona el parte de Twiggs en el que se refiere la captura de tres generales, 104 oficiales, 1155 soldados y siete piezas de artillería, además de que da cuenta, dentro de sus propias tropas, de 21 oficiales y 245 soldados heridos y muertos.[16]​ Para las compañías de San Patricio, la batalla implicó la pérdida en acción de dos tenientes, cuatro sargentos, seis cabos y 23 soldados rasos; sus capitanes John Riley y Santiago O'Leary resultaron heridos. De 85 prisioneros, los estadounidenses comprobaron que 72 eran desertores. 84 San Patricios restantes huyeron, se dispersaron y se mantuvieron escondidos por días.[11]

El Colegio de San Pablo se convirtió en hospital para la atención médica de los heridos por la batalla; años después, dicho sitio pasó a ser el Hospital Juárez.[32]​ La derrota en Churubusco, junto con las de Padierna y San Antonio, permitieron a los invasores avanzar hasta Tacubaya.[2]​ Sin embargo, la resistencia en el sitio permitió la evacuación del ejército mexicano e impidió la marcha directa de los estadounidenses hacia Ciudad de México.[33]​ Bravo recibió posteriormente las órdenes de replegarse al Zócalo de la ciudad, a la que Santa Anna llegó por la tarde del 20 de agosto.[34]​ Tras el combate, el comandante estadounidense Scott retornó a sus cuarteles en San Agustín en donde comenzó a preparar su emplazamiento de rendición de Ciudad de México.[35]​ Sin embargo, desde Palacio Nacional, Santa Anna concluyó con sus ministros y otras personas que era necesaria una tregua, la que se solicitaría a través del ministro plenipotenciario de España y del cónsul general de Inglaterra.[36]​ Dicho armisticio se firmó el 23 de agosto con el objetivo de permitir negociaciones de paz entre representantes de ambas naciones.[37]​ Mas, poco después, el alto al fuego colapsó y las hostilidades se reanudaron el 8 de septiembre en la batalla del Molino del Rey.[38]

Bishop (1916) asegura que el estrago moral ocasionado por las derrotas fue «muy grande» en los mexicanos, aunque parcialmente contrarrestado por la «gallarda defensa de Churubusco».[35]​ En este respecto, Alcaraz et al. (1848) coinciden al apuntar que, con las fuerzas invasoras a las puertas de la capital, los «ánimos estaban fatigados, los restos de nuestras tropas desmoralizados y perdidos, y la confusión y el desorden se habían apoderado de todas las clases de la sociedad».[36]​ Asimismo, esta batalla ha llegado a ser calificada de «innecesaria» puesto que, de haber dado tiempo a la evacuación de las tropas mexicanas, Scott podría haber tomado el punto avanzado sin sufrir pérdidas.[35]​ Desde 1848, se llevaron a cabo ceremonias conmemorativas anuales de la batalla. Además, en enero de 1856, el presidente Ignacio Comonfort ordenó erigir un monumento a los caídos en el combate, que se construyó en la plaza localizada frente al exconvento y se inauguró el 20 de agosto de ese año, en una ceremonia en la que asistió el propio mandatario y soldados del batallón Independencia.[39]​ El 13 de septiembre de 1981, se inauguró en el exconvento el Museo Nacional de las Intervenciones.[3]

Notas

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  1. También referido, en las fuentes en inglés, como el convento de San Mateo.[1]
  2. Algunas fuentes, como México a través de los siglos (1888), atribuyen a Anaya la frase «Si hubiera habido parque, no estaría usted aquí» como respuesta cuando el general Twiggs le habría reclamado el arsenal sobrante.[29]​ No obstante, se ha planteado que dicho «mito» habría sido creado por José María Roa Bárcena y sus contemporáneos «para satisfacer el egoísmo mexicano que todavía resentía la derrota de la guerra».[30]​ En este sentido, una fuente más próxima a la batalla, los Apuntes para la historia de la guerra entre México y los Estados Unidos (1848), no da cuenta de dicha frase.

Referencias

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  1. a b c d Bauer, 1974, p. 296
  2. a b c Bravo Ugarte, José (Oct-Dic 1951). «La guerra a México de Estados Unidos: 1846-1848». Historia Mexicana (El Colegio de México) 1 (2): 185-226. Consultado el 3 de febrero de 2026. 
  3. a b Escorza Rodríguez, Daniel (2013). «Los usos del convento de Churubusco». Diario de Campo (14): 21-25. Consultado el 3 de febrero de 2026. 
  4. Olavarría y Ferrari, 1888, p. 678
  5. a b Alcaraz et al., 1848, p. 251-252
  6. a b Alcaraz et al., 1848, p. 250-251
  7. Bishop, 1916, p. 177
  8. Guardino, 2017, p. 247
  9. a b Olavarría y Ferrari, 1888, p. 679
  10. Alcaraz et al., 1848, p. 254
  11. a b Miller, Robert Ryal (Octubre-Diciembre de 1997). «Los san patricios en la guerra de 1847». Historia Mexicana (El Colegio de México) 47 (2): 345-385. Consultado el 4 de febrero de 2026. 
  12. Olavarría y Ferrari, 1888, p. 680
  13. Bishop, 1916, p. 177-178
  14. a b Bauer, 1974, p. 301
  15. a b Alcaraz et al., 1848, p. 257-258
  16. a b c Olavarría y Ferrari, 1888, p. 680
  17. Bauer, 1974, p. 297
  18. a b Alcaraz et al., 1848, p. 253-254
  19. Bishop, 1916, p. 179
  20. a b c Bauer, 1974, p. 298
  21. Bishop, 1916, p. 178-179
  22. Alcaraz et al., 1848, p. 254-255
  23. a b Guardino, 2017, p. 248
  24. a b c d Alcaraz et al., 1848, p. 256-257
  25. Bishop, 1916, p. 180
  26. a b c d e Bauer, 1974, p. 300
  27. Dufour, 1968, p. 255
  28. a b Dufour, 1968, p. 256
  29. Olavarría y Ferrari, 1888, p. 679-680
  30. Rico Mansard, Luisa F. (1986). Semblanza de don José María Roa Bárcena. Suplemento al Boletín del Instituto de Investigaciones Bibliográficas 16-17. México: Universidad Nacional Autónoma de México. pp. 44-45. Consultado el 5 de febrero de 2026. 
  31. Bauer, 1974, p. 305
  32. Morales-Gómez, José (2024). «La evolución de la cirugía torácica vista desde su origen en México». NCT Neumología y Cirugía de Tórax 83 (S1): s18-23. doi:10.35366/114799. Consultado el 3 de febrero de 2026. 
  33. Guardino, 2017, p. 249
  34. Guerrero Flores, David; Ruiz Ham, Emma Paula (2012). El país en formación. Cronología (1821-1854). Ciudad de México: Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. p. 238. ISBN 978-607-7916-68-0. Consultado el 3 de febrero de 2026. 
  35. a b c Bishop, 1916, p. 182-183
  36. a b Alcaraz et al., 1848, p. 260
  37. Carmona Dávila, Doralicia. «1847 Armisticio entre México y EU». Memoria Política de México. Consultado el 3 de febrero de 2026. 
  38. Livermore, 1850, p. 296
  39. «Consulta Pública del Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles - Monumento Conmemorativo a la Batalla del 20 de Agosto de 1847». Coordinación Nacional de Monumentos Históricos. Instituto Nacional de Antropología e Historia. Consultado el 6 de febrero de 2026. 

Bibliografía

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