Batalla de Cerro Gordo

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Batalla de Cerro Gordo
Guerra de Intervención Estadounidense
Battle Cerro Gordo.jpg
Batalla de Cerro Gordo
Fecha 18 de abril de 1847
Lugar Cerro Gordo, Veracruz
Resultado Victoria Estadounidense
Beligerantes
US flag 29 stars.svg Estados Unidos Flag of Mexico (1823-1864, 1867-1968).png República Mexicana
Comandantes
Winfield Scott Antonio López de Santa Anna
Fuerzas en combate
8500 7200
Bajas
63 muertos 459 muertos (Gen. Ciriaco Vázquez†); Generales Luis Pinzón, José María Jarero, Rómulo Díaz de la Vega, Noriega y José María Obando, capturados

La Batalla de Cerro Gordo fue el enfrentamiento librado el 18 de abril de 1847 por los ejércitos de México y de los Estados Unidos en la llamada Guerra de Intervención Estadounidense.

Antecedentes[editar]

Los Estados Unidos decidieron abrir un frente oriental vía Veracruz-México y como primera fase sus fuerzas navales y terrestres bombardearon y capturaron el casi indefenso puerto de Veracruz que capituló el 27 de marzo de 1847. Inmediatamente, el General Winfield Scott, al mando de este frente, avanzó hacia el interior, teniendo como objetivo final la Ciudad de México.

El día 18 de abril de 1847 el ejército norteamericano se enfrentó a las fuerzas mexicanas en el lugar llamado Cerro Gordo, a unos 35 kilómetros de Xalapa. Ahí en los cerros El Telégrafo(Cerro Gordo) y La Atalaya, que dominaban la villa, se fortificó Santa Anna.

El teniente coronel de ingenieros Manuel Robles fue encargado por el General Valentín Canalizo de hacer un reconocimiento en Cerro Gordo y manifestó que las encontraba ventajosas para molestar al ejército invasor a su tránsito para Xalapa pero no como el punto más viable para alcanzar de él una victoria decisiva, su opinión la fundaba principalmente en que el camino podría ser cortado por el enemigo a retaguardia de la posición y entre otras razones añadía que la falta de agua en Cerro Gordo hacia demasiado desventajosa la situación de las tropas y recomendaba que donde debía presentarse la batalla era en Corral Falso, posición que no ofrecía aquellos inconvenientes. A pesar de estas opiniones, que lamentablemente probarían ser ciertas, el general Canalizo, por orden expresa del general Santa Anna, dispuso que el teniente coronel Robles comenzase la fortificación de Cerro Gordo. En una proclama expedida el 29 de marzo se adjudicó el mando del ejército de Oriente al general Valentín Canalizo. El ejército de Oriente estaba compuesto de la división del mismo nombre al que se le había incorporado la brigada de Rangel, la división formada por los restos del ejército del Norte, la brigada Pinzón, Guardias Nacionales de Coatepec y Xalapa, el grueso de la caballería que más tarde constituyó la división especial de Canalizo, y a lo último la Brigada Arteaga, compuesta esta última de los batallones activos y de Guardia Nacional de Puebla con un total de 1000 hombres. Con estos cuerpos excepto la mencionada brigada Arteaga y que no llegó sino en los momentos finales de la batalla del 18 de Abril, no tomando parte ya en ella, estableció Santa Anna su campamento en Cerro Gordo.

«Al amanecer del día 18, el estruendo del cañón enemigo resonó en aquellos campos como anuncio solamente de la batalla...El enemigo arrojaba sin cesar granadas, cohetes y toda clase de proyectiles que caían sobre el cerro, sobre el camino y aún más allá de nuestro campo...

Sobre la cumbre del cerro, se veía entonces, en medio de una columna de humo denso, una multitud de americanos, circundados de la rojiza luz de sus fuegos dirigidos sobre la enorme masa de hombres que se precipitaba por la pendiente, cubriéndola como de una capa blanca por el color de sus vestidos. Era aquel horrible espectáculo, como la erupción violenta de un volcán, arrojando lava y cenizas de su seno y derramándolas sobre su superficie. Entre el humo y el fuego sobre la faja azul que formaban los americanos alrededor de la cima del Telégrafo, flameaba aún nuestro pabellón abandonado. Pero bien pronto en la misma asta, por la parte opuesta, se elevó el pabellón de las estrellas, y por un instante flotaron entre ambos confundidos, cayendo por fin el nuestro desprendido con violencia entre la algazara y el estruendo de las armas de los vencedores, y los ayes lastimeros y la grita confusa de los vencidos. Eran los tres cuartos para las diez de la mañana... El general Santa Anna, acompañado de algunos de sus ayudantes, se dirigía por el camino a la izquierda de la batería cuando saliendo ya del bosque la columna enemiga le impidió absolutamente el paso con una descarga que le obligó a retroceder. El coche del mismo general, que salía para Jalapa, fue acribillado a balazos, muertas las mulas, y hecho presa del enemigo, así como un carro en el que había diez y seis mil pesos recibidos el día anterior, para el socorro de las tropas...

¡Cerro Gordo se había perdido!... ¡México quedaba abierto a la iniquidad del invasor!»

Finalmente la batalla de Cerro Gordo, ocurrida el 17 y 18 de abril, fue ganada por los estadounidenses, quienes escalaron los cerros y lograron rodear el flanco izquierdo mexicano, retirándose en total desorden por el camino a Xalapa.

La brigada Arteaga, y los restos de la reserva de infantería y de los cuerpos de la misma arma que se retiraron del Telégrafo, pudieron seguir defendiendo la guarnición pero la pérdida del punto principal de la defensa causó la desmoralización y el terror de la tropas, haciendo huir a los que ni aún se habían batido como el caso de esta que llegó tarde, e impidiendo a los jefes contener el desorden.

Por el camino de Xalapa se retiraron la división de caballería de Canalizo y la referida brigada, desorganizada y disuelta siendo perseguida empeñosamente por destacamentos de las divisiones de Twiggs y de la brigada de Shields, fracciones del regimiento de Nueva York y 3º y 4º de Illinois, causándole más o menos destrozo.

Fue también en una escaramuza de esta acción persecutoria en la que el general norteamericano Shields fue igualmente herido de cierta gravedad. A Xalapa llegaron los heridos como dice una crónica de la época:

«A inmediaciones de los hospitales el ruido estridente y casi continuo de la sierra, los gritos de los amputados a quienes no se aplicaba todavía el cloroformo y la vista de los haces de piernas y brazos sacados para su cremación o enterramiento, aterrorizaban a los vecinos, quienes para dar variedad a sus emociones, tenían el espectáculo de las comitivas fúnebres en que, tras un sencillo ataúd de pino pintado de negro y llevado en hombros, marchaban silenciosos y cabizbajos oficiales o soldados al compás de una sinfonía de pitos, que es lo más triste que he oído...»

Vista la incapacidad del ejército mexicano para detener a los invasores, el gobierno del general Anaya autorizó la formación de guerrillas, cuya misión era hostilizar al enemigo, en especial en el camino de Veracruz a Puebla. Se integraron del diezmado ejército de Oriente y de rancheros de la región. No obstante, estas guerrillas lograron interrumpir el avance y ocasionaron pérdidas a los norteamericanos de cientos de hombres, además de medios de transporte, carros y mulas, así como convoyes con ropa y víveres.

Esta batalla ha sido llamada por los estadounidenses "Batalla de las Termópilas" porque el uso del terreno y de traidores fue similar a la maniobra que los persas utilizaron para derrotar finalmente a los griegos. Sin embargo, los números difieren de esta aseveración, ya que las bajas estadounidenses fueron moderadas, mientras las bajas mexicanas fueron más numerosas. Scott avanzó posteriormente sobre Puebla, a 120 kilómetros de Ciudad de México, de la que se posesionó sin disparar un solo tiro el 15 de mayo de 1847.

Bibliografía[editar]

Roa Bárcena, José María (2003). Recuerdos de la Invasión Norteamericana (1846-1848) por un joven de entonces, Tomo I y II. Conaculta, Cien de México. ISBN 970-35-0492-2. 

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