Proceso revolucionario de Quito (1809-1812)

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Revolución de Quito (1809-1812)
Flag of Patriotic Army of Ecuador 1809.svg
Bandera de la Junta Revolucionaria de Quito
Lugar Flag of Cross of Burgundy.svg Quito, Presidencia de Quito
Blanco(s) Gobierno colonial español
Fecha 10 de agosto de 1809 - 1 de diciembre de 1812
Tipo de ataque Golpe de estado.
Perpetrador(es) Un grupo de criollos quiteños.
Motivo Descontento popular con la Presidencia de Quito
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Se conoce como proceso revolucionario de Quito a la serie de eventos ocurridos entre 1809 y 1812 en el territorio de la Presidencia de Quito, que son considerados como la semilla de los movimientos independentistas que terminaron por conformar la actual República del Ecuador.

Antecedentes[editar]

La ciudad de Quito, como capital de la Presidencia y Real Audiencia homónimas, había sido el escenario de varias revueltas políticas y levantamientos contra los españoles, a quienes se llamaba popularmente como chapetones, durante gran parte de la dominación colonial. En 1592 los quiteños se levantaron en la llamada Revolución de las Alcabalas, causada por los impuestos de aduana que acababan de aprobarse. Otro motín conocido como Revolución de los Estancos tuvo lugar en 1765 por motivos similares. Por su parte, la población indígena también protagonizó varios motines contra la Corona a lo largo de los siglos.

La invasión napoleónica a España y la consecuente abdicación del rey Carlos IV en favor de su hijo Fernando VII, quien a su vez abdicó en favor del emperador francés Napoleón I, creó caos y confusión en España y sus colonias a partir de 1808. Mientras los Borbones se entregaron a Napoleón luego de la entrevista de Bayona, el pueblo de Madrid se sublevó, y en toda España se formaron Juntas, gobiernos locales populares que decían defender a su país y su Rey.

La Junta Suprema Central, que gobernaba en nombre de Fernando VII, funcionó a partir de septiembre de 1808 en Aranjuez y Sevilla, declaró en enero de 1809 que las colonias americanas eran parte de la nación española, dando paso, sin advertirlo, a la posibilidad de que en América se formaran juntas similares. Esta misma Junta, sin embargo, mostraría su preocupación por los nacientes movimientos independentistas y ordenaría su represión con la misma saña que luego lo haría el rey Fernando VII tras regresar al trono en 1813. No obstante, las Juntas de Gobierno de América prenderían la mecha de la independencia en toda la región.

Esta coyuntura de sucesos, el ejemplo de los propios españoles, la influencia de la Revolución francesa, de la independencia de los Estados Unidos, y las ideas de la Ilustración impartidas en Quito por Eugenio Espejo mediante la Escuela de la Concordia, inspiraron los planes quitenses para formar una Junta Soberana.

Primera Junta de Gobierno (1809)[editar]

S.A.S. Juan Pío de Montúfar, presidente de la primera Junta.

La primera Junta de Gobierno quitense surgió el 10 de agosto de 1809 tras la destitución de Manuel de Urriés, presidente de la Real Audiencia de Quito, por parte de un grupo de sublevados que formaron una junta provisional en apoyo al depuesto rey de España, Fernando VII. Liderada por una élite criolla, descendientes de españoles nacidos en América, la Junta se instaló en el poder bajo la administración de quiteños y no de españoles peninsulares por primera vez. De los participantes en la sonada, 32 acabaron siendo encarcelados y luego asesinados por órdenes de Ruiz de Castilla el 2 de agosto de 1810.[1]

A este evento se le conoce en el Ecuador como el Primer Grito de Independencia Hispanoamericano, ya que constituye el inicio del proceso de emancipación de la región, y a sus gestores como los patriotas del 10 de agosto de 1809. Los sucesos de Quito se extendieron desde 1809 a 1812 y tuvieron amplia repercusión en toda la América Latina y fueron el germen de la República del Ecuador.

El 10 de agosto de 1809[editar]

Reunión de los próceres en la casa de Manuela Cañizares. Óleo sobre lienzo, autor desconocido (inicios del siglo XX).

En la madrugada del 10 de agosto de 1809 los patriotas sorprendieron a los comandantes españoles de la guarnición de Quito y sitiaron el Palacio Real, obligando al conde Ruiz de Castilla, que era el presidente de la Real Audiencia, a capitular. El apoyo de los 177 soldados de la guarnición colonial fue clave para el triunfo de la revuelta, ya que plegaron a ella sin que se produjeran enfrentamientos armados.

El doctor Antonio Ante se presentó en el Palacio antes de las seis de la mañana para entregarle al presidente de la Real Audiencia un oficio firmado por Juan de Dios MOrales como secretario de la Junta, en el que se le informaba que el pueblo le cesaba en sus funciones.[2] Según el historiador Pedro Fermín Cevallos, el júbilo popular fue inmenso, con una prolongada descarga de Artillería, repiques de campana, alegres vitoreos y música marcial.[2]

La Junta[editar]

Se formó entonces la Junta Soberana de Quito bajo el liderazgo de Juan Pío Montúfar, marqués de Selva Alegre; quienes tomaron posesión de la administración de la Audiencia en la sala capitular de San Agustín, el día 16 de agosto. El nuevo organismo de gobierno se titulaba supremo y debía mandar a la Provincia de Quito, y a las de Guayaquil y Panamá si voluntariamente querían unirse. Se atribuyó el tratamiento de majestad, pues pretendía representar al rey, dio a su presidente el de alteza serenísima y a sus miembros el de excelencia.

La Junta trazó los primeros bosquejos de la República ecuatoriana, creando sus primeras instituciones como el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo, el Poder Judicial y las Fuerzas Armadas.

La revuelta pacífica contó inicialmente con un masivo apoyo popular, al menos en la ciudad de Quito, donde cada uno de los barrios nombró nueve diputados al Congreso, que fueron en su mayoría miembros de la nobleza titulada como los marqueses de Solanda, Villa Orellana, y Miraflores, además de profesionales ilustrados como Manuel Zambrano, Manuel de Larrea y Jijón y Manuel Matheu, quienes conformaron por primera vez el poder legislativo ecuatoriano.

El Congreso nombró los primeros ministros: Juan de Dios Morales para Negocios extranjeros y Guerra, Manuel Rodríguez de Quiroga para Gracia y Justicia, y Juan de Larrea para Hacienda, como secretario particular de la Junta se nombró a Vicente Alvarez. Entre las primeras resoluciones se fijaron los sueldos de los nuevos funcionarios y se reorganizó la guarnición colonial de Quito, creando una falange de tres batallones de infantería bajo el mando del coronel Juan de Salinas y el teniente coronel Juan Pablo Arenas, además de decretar un alza salarial para los soldados.

Como una de las principales funciones de la Real Audiencia era la administración de justicia, la Junta la reemplazó con una alta corte, a la que llamaron Senado, compuesta por dos salas: una Civil y otra Criminal, integradas por seis senadores-jueces y presidida por un gobernador (la Civil) y por un regente (la Penal). Ambas salas contaban con fiscales. Por primera vez en la justicia ecuatoriana, la junta ordenó nombrar un protector general de indios, con rango de senador-juez, cargo que recayó en Tomas Arrechaga. Se mantuvo en su cargo al Alguacil Mayor de la Real Audiencia.

El juramento que hizo la junta y que exigió a cada uno de los empleados y corporaciones del nuevo gobierno fue de obediencia y fidelidad al monarca español Fernando VII.[3] Sin embargo, se dejaba claro que, aunque el levantamiento era en nombre del Rey, no era menos cierto que el pueblo estaba cansado de los abusos de los gobernadores y burócratas españoles.[4]

Para honrar a quienes dieran servicios distinguidos al nuevo Gobierno, se creó la condecoración de la Orden Nacional de San Lorenzo, vigente en Ecuador hasta la actualidad. Se adoptó como bandera un pendón rojo con un aspa blanca, para indicar su oposición a España, cuya bandera militar era blanca con el aspa roja de San Andrés o aspa de Borgoña; el emblema fue utilizado por los patriotas quiteños que resistieron el contrataque español en 1812 y fue capturada por las tropas realistas de Toribio Montes y Sámano en la Batalla de Ibarra de diciembre de aquel año.[5] [6]

Reacción española[editar]

Tan pronto se conocieron los sucesos del Diez de Agosto, las autoridades coloniales consideraron que la Junta Soberana era una sublevación independentista y se apresuraron a reprimirla a sangre y fuego. A ningún funcionario español de la época convencieron las declaraciones de fidelidad al rey Fernando VII, y por ello los gobernadores de Guayaquil y Cuenca respondieron con la brutalidad habitual en la época.[7]

Poco ayudaron circulares que envió Quito a los cabildos de las ciudades más cercanas, hablando claramente de conceptos prohibidos por los españoles como patria, libertad e independencia.[2] Logrando que solo las ciudades de Ibarra, Ambato y Riobamba, se sumaron al movimiento, mientras que Guayaquil se mantuvo leal al rey y sus autoridades pidieron al virrey del Perú el bloqueo de la costa ecuatoriana para asfixiar a Quito. Solo la familia del futuro presidente Vicente Rocafuerte fue invitada por Montúfar y Morales a dar un golpe similar en el puerto, pero el gobernador Cucalón apresó a Rocafuerte y a su cuñado, Jacinto Bejarano, antes de que pudieran actuar.[2]

Desde Bogotá y Lima, los virreyes españoles despacharon con suma urgencia tropas para sofocar a la Junta, por lo que poco a poco Quito empezó a sentir la presión de los ejércitos realistas sobre sus hombros.[7] Desesperado, Montúfar remitió al puerto de Esmeraldas una carta para que se la entreguen a cualquier buque inglés, pidiendo el apoyo de Gran Bretaña; pero lamentablemente, el apoyo británico a la independencia hispanoamericana se materializaría muchos años después.

El 6 de octubre, un presionado Montúfar obligó a Ruiz de Castilla a abandonar el Palacio Real, donde se le había permitido seguir viviendo debido a su avanzada edad, y lo confinó en una quinta del valle de Iñaquito, a las afueras de la capital. Aunque se le considera sincero entusiasta de la independencia, el marqués de Selva Alegre no tuvo el liderazgo suficiente para continuar la lucha, y el 12 de octubre de 1809 renunció a la presidencia, que recayó en otro aristócrata, José Guerrero y Matheu, conde de Selva Florida. Finalmente, aislada y bloqueada, el 24 de octubre de 1809 Guerrero no tuvo otra opción que devolver el mando al conde Ruiz de Castilla, negociando con él que no se tomarían represalias y permitiendo el ingreso a la ciudad sin resistir de las tropas coloniales de Lima y Bogotá.

Motín del 2 de agosto de 1810[editar]

Relieve sobre los acontecimientos del 2 de agosto de 1810, parte del Monumento a la Independencia.

Ruiz de Castilla se mostró contento de que le devolvieran el poder, pero en el marco de una junta provincial obediente al virrey de la Nueva Granada y a la Junta Central de España, retornando al Palacio el 25 de octubre, entre los vítores de sus simpatizantes. Con un total de 3500 hombres sitiando Quito, el Presidente simplemente disolvió la Junta y reestableció solemnemente la Real Audiencia de Quito, ordenó la persecución y encarcelamiento de los cabecillas del 10 de Agosto, obligando a los otros miembros a huir y esconderse, faltando a su palabra de manera escandalosa.[2]

Para aquel entonces, ya se sabía que estaba viajando hacia Quito el joven coronel Carlos de Montúfar, que había sido nombrado en España comisionado regio de Quito por la Junta Suprema Central, y que probablemente absolvería a los patriotas enjuiciados pues entre ellos se encontraba su padre, el marqués de Selva Alegre. No obstante, la tensión aumentaba entre las tropas coloniales y el pueblo quiteño.

El 2 de agosto de 1810, se produjo un motín popular con la intención de liberar a los presos. Historiadores como Pedro Fermín Cevallos creen que tras el motín estuvieron Morales y Salinas, que tramaron su liberación para evitar el protagonismo de la familia Montúfar, puesto que uno de los miembros de essa dinastía estaba camino de Quito en calidad de Comisionado Regio. Otros, como Quiroga, desconocieron del intento, por lo que sus hijas que lo visitaban se vieron envueltas en la refriega.

Los quiteños atacaron dos cuarteles: el Real de Lima, en la calle angosta (actual Espejo) y el de Santa Fe, en la calle del Palacio (actual García Moreno), y una casa conocida como el Presidio, donde estaban detenidos los patriotas. Los soldados respondieron asesinando a los presos en los calabozos del piso alto, y luego salieron a la calle del Palacio a enfrentarse con la turba. A lo largo de la tarde se produjeron choques en los barrios de San Blas, San Sebastián y San Roque, mientras los soldados saqueaban las casas más ricas del centro. Entre 200 y 300 muertos y por los menos medio millón de pesos en pérdidas dejó la criminal represalia ordenada en conjunto por Ruiz de Castilla y el coronel Arredondo.

Segunda Junta de Gobierno (1810-1811)[editar]

Tras una travesía de cuatro meses desde España, el 9 de septiembre de 1810 entró en Quito el coronel Carlos de Montúfar, que había sido enviado por la Junta Suprema Central en calidad de Comisionado Regio, y fue recibido con honores por el conde Ruiz de Castilla pero con algo de recelo por el resto de autoridades españolas, que veían descontentas el hecho por tratarse del hijo de quien había presidido la Junta de Gobierno (tachada de independentista) en 1809.[8]

Las tropas peruanas de Arredondo dejaron Quito tras la llegada del Comisionado, pero fueron reemplazadas por otras enviadas desde Panamá y comandadas por Juan Alderete. Tan pronto arribó, el joven Montúfar decidió convocar una nueva junta, ésta se denominaría Junta de Gobierno, y se trataría de un triunvirado formado por Ruiz de Castilla, el obispo de Quito Cuero y Caicedo y el propio Carlos Montúfar. Inmediatamente se eligieron representantes tomando en cuenta a los tres estamentos, como en Francia: el clero, la nobleza y el pueblo llano, escogidos estos últimos por el método de electores.[9]

El 22 de septiembre, los representantes electos designaron como vicepresidente de la Junta a Juan Pío Montúfar, II Marqués de Selva Alegre y padre del Comisionado Regio. Esto no fue bien visto por las autoridades españolas y por algunos nobles, que presenciaban como la familia Montúfar alcanzaba un poder cada vez mayor.[9]

Renuencia de Guayaquil[editar]

Cuando Carlos Montúfar quiso visitar las gobernaciones de Guayaquil y Cuenca, estas no le quisieron recibir. Para aquel momento Guayaquil se había declarado separada de la Audiencia de Quito y el Virreinato de Nueva Granada, ligándose al del Perú, por lo que el virrey Abascal le escribió una misiva que rezaba: «(...) desconociéndole como Comisionado del Rey, pues no he recibido ninguna comunicación al respecto. Y aún en el supuesto de que fuere tal Comisionado no se puede extender demasiado las facultades que se la ha concedido, hasta el extremo de dictar leyes y organizar Juntas que turban la paz y tranquilidad de estos pueblos».[9]

Para ejercer la misión a él encomendada por España, y conocer con certeza la posición del pueblo guayaquileño, Carlos Montúfar envía una carta dirigida al Ayuntamiento de esa ciudad el 20 de septiembre; en la misma explicaba que en ejercicio de su cargo de Comisionado del Consejo de Regencia para la Real Audiencia de Quito, ha determinado pasar a la ciudad portuaria.[9] El Ayuntamiento del puerto, en sesión celebrada el 28 de septiembre con presencia de Francisco Gil, Vicente Rocafuerte y Francisco Javier Paredes, responde: «(...) respecto de esta Provincia, está quieta y tranquila, sin necesidad de otras reformas y disposiciones que las que ha tomado el excelentísimo señor Virrey del Perú (...) y respecto de que este Cabildo no puede hacer nada que no sea conforme a lo que el referido excelentísimo señor tenga bien en disponer en este asunto, detenga su viaje».[9]

Murió así toda esperanza de que Guayaquil se una al plan trazado por el coronel Montúfar. De igual manera recibió respuestas negativas del Ayuntamiento de Cuenca; quedando relegada la Junta a los territorios de Quito, Ibarra, Esmeraldas, Riobamba, Latacunga, Otavalo, Ambato y Guaranda.

Estado de Quito[editar]

Mapa del Estado de Quito (1811-1812).

Para el 9 de octubre la Segunda Junta de Gobierno, originalmente leal a la corona hispana, volvió a declarar que no obedecería al virrey de la Nueva Granada, y reivindicó los valores del 10 de agosto de 1809. Apenas dos días después, el 11 de octubre de 1811, Quito proclamó su independencia total de España. Ruiz de Castilla fue obligado a renunciar a la presidencia de la Junta, siendo sustituido por el obispo Cuero y Caicedo, quien firmaba sus decretos de esta manera: «"Joseph, por la gracia de Dios, Obispo y por la voluntad de los pueblos Presidente del Estado de Quito"».

El 15 de febrero de 1812 se promulgó la primera Constitución ecuatoriana: la Constitución del Estado de Quito, que establecía una República con división de poderes y terminaba con cualquier sospecha sobre las convicciones republicanas de los quiteños. Este fue el primer Estado independiente y soberano proclamado en el territorio del actual Ecuador y ejerció jurisdicción sobre la Sierra central y norte, así como sobre el litoral de Esmeraldas.[10]

Congreso Constituyente[editar]

Dr. Antonio Ante, diputado por la ciudad de Guaranda.

El acta de instalación del Congreso Constituyente del Estado de Quito fue suscrita el 11 de octubre de 1811 en el Palacio Real, se repartieron los cargos dentro del nuevo Gobierno y se procedió a redactar la Constitución.[10]

Se presentaron tres ensayos de carta constitucional, todos redactados por miembros ilustrados del clero que participaban como Diputados. Uno del canónigo penitenciario Manuel José Guizado y Palazuelos, diputado por el corregimiento de Otavalo, y del cual se desconoce el texto. El segundo fue elaborado por el canónigo Calixto Miranda Suárez de Figueroa, diputado por la ciudad de Ibarra y maestrescuela de su Catedral, mismo que Alfredo Ponce Ribadeneira publicó en 1960 en su obra "Quito: 1809-1812". Un tercero fue presentado por el presbítero Miguel Antonio Rodríguez, profesor de filosofía, quien participaba como vocal y diputado por la parroquia de San Blas, y que finalmente se adoptó.[8]

La Constitución quiteña fue publicada el 15 de febrero de 1812 en el Palacio Real, y constituye la primera carta política de Ecuador, cuya originalidad corre a la par con la dialéctica conceptual de los fundadores: la élite quiteña, que en el preámbulo del documento articuló una visión compleja, inusual e interesante de los fundamentos de la nueva autoridad, es decir, de la legitimidad del mando republicano que iba a sustituir al dominio colonial.[11]

Este estatuto consagraba una forma de gobierno popular y representativa, cuya autoridad máxima sería un Supremo Congreso de Diputados formado por representantes de las Provincias libres, en el que debía radicar la representación nacional y la autoridad soberana del Estado. Para la administración del país, este Supremo Congreso debía nombrar a la autoridad gubernamental, que estaría dividida en poderes ejecutivo, legislativo y judicial.[12] Uno de los principales argumentos para la identificación clara de la declaratoria de independencia puede ser encontrado en el artículo 2 del documento, en donde se especifica que el nuevo Estado es independiente de otros similares y sus gobiernos, llamando a una integración de otros pueblos de la América colonial.[10]

Batallas y caída del Estado de Quito[editar]


Para defender la soberanía de la nación, los quitenses organizaron las milicias en diferentes frentes, librando batallas contra las tropas españolas aún con los pocos recursos que tenían a la mano. Entusiasmado con el triunfo obtenido sobre las tropas de Arredondo en la Batalla de Chimbo,[13] el coronel Carlos de Montúfar se preparó para enfrentar al general Toribio Montes, que había sido enviado desde Lima para acabar con el Estado de Quito y convertirse en Presidente de la Real Audiencia.[14] En su avance, Montes había tomado la ciudad de Cuenca el 25 de junio, capturando allí a 90 personas y 17 cañones.[15]

El 2 de septiembre de 1812 los quitenses comandados por Ramón Chiriboga, fueron derrotados en la Batalla de Mocha por las tropas de Toribio Montes, lo que permitió a los españoles recuperar las ciudades de Ambato y Latacunga y el avance hacia Quito. El 7 de noviembre, las fuerzas de Toribio Montes sitiaron la ciudad y los quiteños resistieron en la Batalla de El Panecillo, una colina ubicada al centro mismo de la urbe; sin embargo, los realistas tomaron la ciudad al día siguiente. Por temor a la barbarie, buena parte de la población abandonó la capital hacia el norte, buscando refugio en la ciudad de Ibarra, donde los restos del Ejército patriota fueron finalmente derrotados en la Batalla de Ibarra, el 1 de diciembre de 1812.

El Gobierno colonial se reestableció en la ciudad capital, violentamente pacificada por los españoles al mando del mariscal Melchor de Aymerich, que se convirtió además en el nuevo presidente de la Real Audiencia hasta 1822. Finalmente, la Presidencia de Quito consiguió escindirse de la metrópoli española en la Batalla de Pichincha del 24 de mayo de 1822, gracias al triunfo de las fuerzas combinadas de la Gran Colombia, el Perú, las Provincias Unidas del Río de la Plata y elementos locales como la Provincia Libre de Guayaquil, comandadas por el entonces general Antonio José de Sucre, lugarteniente de Simón Bolívar.

Trascendencia[editar]

Los sucesos del Diez de Agosto y la posterior matanza ordenada por Ruiz de Castilla al año siguiente tuvieron amplia repercusión en la América Hispana, en donde los movimientos libertarios estaban ya extendidos. Los otros gobernadores españoles de la región tomaron medidas para detener la expansión de la noticia de lo ocurrido en Quito, por ejemplo Vicente Emparán, capitán general de Venezuela, prohibió con pena de muerte la circulación de impresos procedentes de Quito.

El Santo Oficio de la Inquisición con sede en Santa Fe de Bogotá, promulgó un decreto el 24 de diciembre de 1809, excomulgando a quienes tuviesen o leyesen proclamas, cartas o papeles de Quito, lo que pone en evidencia el temor que ocasionó en la capital de la Nueva Granada la noticia de la Revolución de Quito. La precaución, en todo caso, fue inútil, pues los bogotanos también se sublevaron contra las autoridades coloniales el 20 de julio de 1810, encabezados por criollos que siguieron con interés los sucesos quiteños.

Algunos de los patriotas que vivieron el Diez de Agosto participaron en la formación de la Junta de Santiago de Chile el 18 de septiembre de 1810, como fue el caso de Camilo Henríquez. El pueblo chileno reconoció tiempo después el aporte, colocando en el faro de Valparaíso un placa en la que reconoce a Quito como "luz de América". En Turicato, Michoacán (México), un grupo de vecinos se reunió para “platicar y conocer las cosas de Quito”, y contribuyó luego con la revuelta del cura Miguel Hidalgo y Costilla, prócer de la independencia mexicana.

No solo la Junta Soberana, sino la posterior matanza del 2 de agosto de 1810, tuvieron repercusión continental. Así,[7]

"El 22 de Octubre de 1810, en Caracas, cuando llegaron las noticias, se produjo un motín, al mando de José Félix Ribas, pidiendo la expulsión de los españoles. Se celebraron solemnes honras fúnebres por los patriotas quiteños fallecidos, y los poetas Sata y Bussy, García de Sena y Vicente Salías les dedicaron sentidos versos; los ritos fúnebres fueron oficiados en la iglesia de Altamira, y se costearon por suscripción popular; en un catafalco se puso esta leyenda: "Para apiadar al Altísimo irritado por los crímenes cometidos en Quito contra la inocencia americana ofrecen este holocausto el gobierno y el pueblo de Caracas"(...)"

En Bogotá, Francisco José de Caldas protestó por los hechos en su periódico “Diario Político”. Mientras que para Miguel Pombo, Quito fue "el pueblo que primero levantó su cabeza para reclamar su libertad":[7]

"Los cuarteles fueron abiertos para recibir voluntarios y pronto se llenaron de jóvenes que querían vengar la matanza de Quito. La Suprema Junta Gubernativa dirigió una exhortación patriótica al pueblo de Bogotá, expresó su solidaridad al Cabildo de Quito y amenazó con represalias al Conde Ruiz de Castilla. Fueron varios los periódicos de la época que se refirieron a esta tragedia."

Para el Libertador, la criminal represión que se dio en Quito, fue el preludio de las atrocidades que en toda la Nueva Granada y Venezuela cometerían los comandantes coloniales españoles, como Toribio Montes y José Tomás Boves, a los que Bolívar respondería con la declaratoria de "Guerra a Muerte" el 20 de septiembre de 1813, que implicaba la ejecución de civiles españoles como represalia: "españoles y canarios, contad con la muerte aún si sois indiferentes", declaró Bolívar, que añadió:

"En los muros sangrientos de Quito fue donde España, la primera, despedazó los derechos de la naturaleza y de las naciones. Desde aquel momento del año 1810, en que corrió sangre de los Quiroga, Salinas, etc., nos armaron con la espada de las represalias para vengar aquéllas sobre todos los españoles...".

En contraste con los procesos independentistas de otras ciudades ecuatorianas, en donde prácticamente no hubo derramamiento de sangre y se contó con el respaldo de fuerzas militares de otros países de la región, ya para entonces fuertemente armadas, disciplinadas y preparadas y con apoyo de la Gran Bretaña, el Diez de Agosto y la guerra del Estado de Quito produjeron enormes pérdidas materiales y humanas para las principales ciudades de la Sierra ecuatoriana, que se enfrentaron solas a las tropas de los virreyes de Lima y Bogotá.

La política española de exterminar a los patriotas quiteños privó al Ecuador de sus élites más preparadas, por lo que al proclamarse la República en 1830, el país quedó en manos del militar extranjero Juan José Flores y varios de sus compatriotas. Recién en la siguiente generación, aparecerán figuras nacionales propias como García Moreno y Alfaro, sin olvidar al patricio guayaquileño Vicente Rocafuerte, quien salió por los fueros de la ecuatorianidad frente al militarismo extranjero conocido también como "Dominación Floreana".

Durante el siglo XIX, la República del Ecuador recordó el Diez de Agosto como su fecha fundacional. El presidente Gabriel García Moreno estableció en el Código Militar promulgado en su segunda administración, hacia 1870, que cada aniversario "del primer grito de independencia que se dio en la capital de la República" se debía disparar una salva de cañón en honor de los próceres desde la cima de El Panecillo.

Al adoptarse el Himno Nacional de Ecuador, escrito por Juan León Mera en 1865, se oficializó la estrofa que recuerda el Diez y el Dos de Agosto:

"Los primeros, los hijos del suelo/

Que, soberbio, el Pichincha decora/ Te aclamaron por siempre Señora/ y vertieron su sangre por ti/ Dios miró y aceptó el holocausto/ y esa sangre fue germen fecundo/ de otros héroes que atónito el mundo/

vio en tu torno a millares surgir."

En 1906, en el primer centenario del Diez de Agosto, el presidente Eloy Alfaro inauguró un monumento a los Héroes del Diez de Agosto, en el centro de la Plaza Grande, conocido como Monumento a la Independencia. La columna conmemorativa está rematada con una estatua de la libertad, a cuyos pies un león derrotado por un cóndor entre cadenas rotas representa a la Patria liberada de la dominación colonial. El monumento destaca también el Acta del Diez de Agosto y los nombres de los próceres en relieves de bronce.

Referencias[editar]

  1. Diputados de Quito (1809). «Acta del 10 de agosto de 1809». Consultado el 2007. 
  2. a b c d e Fermín Cevallos, Pedro. «Resumen de la Hitoria del Ecuador, tomo III, Cap. I "Primera Idea de Emancipación", páginas 194 - 220». Biblioteca Virtual Cervantes. 
  3. Benedetti, Carlos (2011). Historia de Colombia, Segunda edición. Lima: Biblio Bazaar. p. 337. ISBN 9781241473402. 
  4. Efemerides.ec. «Grito libertario en Quito». 
  5. Núñez Proaño, Francisco. «Las benderas: imperial de Guayaquil y de Carlos Montúfar. ¿Coincidencia?». Coterraneus. Consultado el 8 de octubre de 2011. 
  6. Educar Ecuador. «Historia de la bandera del Quito rebelde de 1809». 
  7. a b c d Pacheco Manya, Luis. «Bicentenario de la Primera Revolución de Independencia en Hispanoamérica». Maicao al Día, de Alejandro Rutto M. 
  8. a b Pérez Ramírez, Gustavo (5 de febrero de 2012). «La constitución del Estado de Quito - 1812». Diario El Telégrafo. Columnas de Opinión. Consultado el 18 de febrero de 2013. 
  9. a b c d e Mena Villamar, Claudio (1997). El Quito rebelde: 1809-1812. Quito: Editorial Abya-Yala. ISBN 9978-04-334-9. 
  10. a b c Asmblea Nacional de Ecuador. «Constitución quiteña de 1812». 
  11. Corral B., Fabián (9 de agosto de 2012). «La Constitución quiteña de 1812». Diario El Comercio (Ecuador). Columnas de Opinión. Consultado el 18 de febrero de 2013. 
  12. Núñez Sánchez, Jorge (15 de diciembre de 2011). «La constitución quiteña de 1812». Diario El Telégrafo. Columnas de Opinión. Consultado el 18 de febrero de 2013. 
  13. Avilés Pino, Efrén. Enciclopedia del Ecuador - Montúfar, Crnel. Carlos. Guayaquil: Editorial de la Universidad de Guayaquil. 
  14. Avilés Pino, Efrén. Enciclopedia del Ecuador. Montúfar, Crnel. Carlos, tomo VI. Guayaquil: Editorial de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil.
  15. Encina, Francisco Antonio (1961). Bolívar y la independencia de la América española: Independencia de Nueva Granada y Venezuela (parte 1). Tomo III. Santiago: Nascimiento. pp.86.

Biliografía[editar]

  • Encina, Francisco Antonio (1954). Bolívar y la independencia de la América Española. Emancipación de Quito y Alto y Bajo Perú. Tomo V. Santiago de Chile: Nascimiento.
  • Chiriboga Murgueitio, Diego. Actas del Cabildo de San Francisco de Quito de 1808 a 1812. Transcrición del Señor Diego Chiriboga Murgueitio (Jefe de Archivo/Paleógrafo). Presentación de Augusto Barrera Guarderas/Alcalde del Distrito Meropolitano de Quito. Introducción de Juan José Paz y Miño Cepeda/Cronista de la Ciudad. Volumen de Edición Especial por el Bicentenario de la Revolución Independensita de Quito. Quito, Enero 2012. Publicaciones del Archivo Metropolitano de Historia de Quito.