Giovanni Battista Tiepolo

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Autorretrato de Tiepolo en uno de los frescos para la residencia de Wurzburgo (h. 1753).

Giovanni Battista Tiepolo (Venecia, 5 de marzo de 1696Madrid, 27 de marzo de 1770) fue un pintor y grabador italiano, considerado el último gran pintor de la era barroca.[1] Es una de las figuras más importantes del rococó italiano.

Tras un periodo de formación en Venecia, Tiepolo adquirió los rasgos estilísticos que marcarían su producción artística. Ferviente admirador del Veronés, captó su rigor y luminosidad para convertirse en uno de los mejores pintores del Neoclasicismo. Tiepolo es eminentemente un fresquista, como demuestran sus obras en el Palacio Arzobispal de Udine. Alcanzó enorme éxito y recibió encargos de Milán, Bérgamo y Vicenza. El éxito de estos frescos hizo que se le contratara en otros lugares de Europa, como la Residencia de Wurzburgo y, al final de su carrera, en Madrid.

Comisionado por Carlos III, a principios del año 1762, para decorar al fresco varios techos del Palacio Real de Madrid. Sus principales trabajos en Madrid fueron los frescos del Palacio Real y una serie de cuadros para el altar del Convento de San Pascual. Cuando falleció, su estilo empezaba a ser cuestionado y este altar fue desmontado y mutilado, para ser sustituido por otras obras al gusto neoclásico que imponía Anton Raphael Mengs.[2]

Contenido

[editar] Primeros años (1696-1730)

Giovanni Battista Tiepolo nació el 5 de marzo de 1696 en el barrio veneciano de Castello, en cuya iglesia de San Pietro di Castello fue bautizado el 16 de abril siguiente.[3] Su padre, un corredor de barcos llamado Domenico Tiepolo, murió cuando el pintor tenía apenas un año. Su madre, Orsetta Maragnon, tomó las riendas de la familia. El joven Tiepolo estuvo, desde muy pequeño, estrechamente vinculado al mundo del arte.[4]

En 1710 Tiepolo ingresó al taller del reconocido pintor veneciano Gregorio Lazzarini, cuya influencia fue fundamental en el desarrollo del primer estilo del veneciano. Lazzarini lo introdujo al conocimiento de otros grandes del arte italiano como Tiziano, Tintoretto y, sobre todo, Veronés.[5] Todo el conocimiento que adquirió en aquellos años le serviría para crear un estilo ecléctico, formado por el corpus aprendido y por sus propios gustos.[6]

Su primer encargo conocido, en 1716, consistió en copiar grabados de Francesco Bassano y Giuseppe Salviati. Poco después realizó cinco lienzos de apóstoles y profetas para el templo veneciano de Santa María dei Derelitti. Estas primeras obras de juventud reflejan una pincelada enérgica, contraste dramático de luces y sombras, colorido oscuro y un manejo del claroscuro que recuerda a pintores como Federico Bencovich y Giovanni Battista Piazzetta.[7]

Gracias a la fama que sus primeras obras le atrajeron, Tiepolo fue nombrado en 1716 consejero artístico del dux Giovanni Cornaro. Durante estos años emprendió algunos proyectos, como El paso del Mar Rojo y su primer pintura de techo, La asunción de María, en la iglesia de Santa María Assunta de Biadene (Venecia). También pintó una serie de sobrepuertas para los Cornaro, entre las que destaca su Retrato del dux Marco Cornaro.

En los siguientes años, la producción artística de Tiepolo se limitaría casi exclusivamente a frescos y pinturas murales, desarrollados con su ya característica combinación de luces, sombras y colores.[8] Destacan el Triunfo de la Aurora (1720), San Jerónimo penitente (1721), La glorificación de santa Lucía (1722) y su más ambicioso proyecto de este periodo, la Apoteosis de santa Teresa (1722-1730). Otras obras importantes de su primera etapa son los cuadros mitológicos conservados en la Galería de la Academia de Venecia, su Virgen del Carmelo y El martirio de san Bartolomé. Las dos últimas se consideran las más logradas de la producción temprana de Tiepolo, ya que la coloración oscura y el dramatismo las proveen de un realismo inusitado hasta entonces en sus composiciones.[9]

Tras una serie de frescos mitológicos en el palacio Sandi —cuya factura recuerda enormemente a Luca Giordano—,[10] en 1727 el pintor acepta sus primeras comisiones fuera de Venecia. En Udine realizó una serie de frescos para la capilla del Santísimo de la catedral. Por encargo del patriarca de Aquilea, pintó en las escalera del Palacio Arzobispal de Udine ocho historias del Génesis. Existe unanimidad en considerar a estas obras el punto culminante del Tiepolo joven, ya que retoma algunos elementos de su admirado Veronés y los transforma a su propio arte. En obras como Raquel escondiendo los ídolos domésticos y Sara y el arcángel su estilo cambia rápidamente. Se aclara la paleta y renuncia a los efectos escenográficos aún barrocos, e inserta fragmentos paisajísticos que demuestran una creciente atención por la realidad.[11]

[editar] Lombardía y Venecia (1731-1737)

En Milán, donde comenzó a trabajar a finales de 1730, Tiepolo decoró cuatro estancias del Palacio Real con temas mitológicos, como El triunfo de Apolo. No se conservan en su mayoría estas obras, ya que fueron destruidas por el bombardeo de 1943. Al regresar a Venecia, ejecutó La educación de la Virgen, cuya factura y claroscuros son un eco de Guido Reni y Guercino.[12] Ese mismo año compuso Abraham ora ante los tres ángeles y Agar y el ángel, conservadas en la veneciana Scuola de San Rocco.

Desde 1732 hasta mediados del año siguiente, el pintor se ocupó de decorar la capilla familiar de los Coleoni en Bérgamo. De ese trabajo conservamos dos cuadros sobre la vida del Bautista. El enorme dramatismo que denotan estas obras contrasta con el trabajo que realizó poco después en la escalera de la Villa Loschi.[13] A continuación emprendió El triunfo de Céfiro y Flora en el Ca' Rezzonico de Venecia. Esta obra, actualmente conservada en Ca' Rezzonico, relaciona a Céfiro, dios del viento, con Flora, diosa de las flores, lo que se ha entendido como una alegoría del enlace nupcial. Tiepolo demostró una vez más su valía como muralista, al componer un espacio con multitud de figuras detalladas.[14]

1737 fue uno de los años más productivos en la carrera italiana de Tiepolo. Además de otros encargos de los Cornaro, el cardenal Erba Odescalchi —sobrino de Inocencio XI y miembro del poderoso linaje Odescalchi— lo comisionó para emprender tres obras de gran formato en la basílica de san Ambrosio de Milán, conservadas «in situ» y en mal estado debido a la humedad.[15] El príncipe-obispo de Colonia, Clemens August I de Baviera, encargó al veneciano el monumental retablo de San Clemente y la Trinidad, fechado entre 1737 y 1738. El éxito del retablo radica en la perspectiva, ya que Tiepolo, a diferencia de sus contemporáneos, reproduce la visión del santo en un espacio medianamente reducido. Actualmente se exhibe en la Pinacoteca Antigua de Múnich.[16]

[editar] Los grandes proyectos (1737-1750)

En octubre de 1739 Tiepolo culminó uno de sus más ambiciosos proyectos: la decoración de la la iglesia de Santa María del Rosario de Venecia. De nueva cuenta empleó únicamente temas religiosos, como se acostumbraba en la región. El fresco principal es La institución del Santo Rosario, acompañada de El rey David tocando el harpa. Al tratarse de un encargo patrocinado por la Orden de Predicadores, el pintor debió realizar tres obras más alusivas a la glorificación de los dominicos: La Virgen con santos dominicos, Aparición de la Virgen a santo Domingo y Apoteosis de santo Domingo. Al mismo tiempo pintó un tríptico solicitado por Alvise Cornaro, que debía colocarse en el templo de Sant' Alvise. Para ello, recurrió a escenas de la pasión de Cristo, como la coronación de espinas y la crucifixión.[17] El cuadro central de este encargo es Cristo con la cruz a cuestas, cuyo boceto se encuentra en la Gemäldegalerie de Berlín. Todo el estilo de este encargo recuerda profundamente a Tintoretto, cuya influencia es notoria en la segunda época del veneciano.[18]

Apolo y Dafne (h. 1744-1745, Museo del Louvre). El pintor realizaría una reinterpretación de este cuadro diez años más tarde, conservada en la Galería Nacional de Washington.[19]

Su fama como pintor de escenas devocionales creció rápidamente, y en la pequeña población de Camerino, en el centro de Italia, Tiepolo ejecutó su Aparición de la Virgen a san Felipe Neri. Inmediatamente se trasladó a Brescia, donde decoró la capilla del Santísimo Sacramento de la iglesia de Verlanuova con historias extraídas del Pentateuco: El sacrificio de Melquisedec y La recolección del maná. Ya para 1743 pinta el que sería uno de sus cuadros religiosos más conocidos, El descubrimiento de la Vera Cruz, donde demuestra su gran manejo de la técnica ilusionista al representar la apoteosis de santa Helena a punto de ascender a los cielos con la Vera Cruz.[20] En mayo de ese año, Francesco Algarotti, el agente artístico de Augusto III de Polonia, compró tres cuadros de Tiepolo —Mecenas ofrece las bellas artes al emperador Augusto, El banquete de Cleopatra y El triunfo de Céfiro y Flora— para engrosar la colección real polaca.[21] Gracias a su amistad con Algarotti, uno de los personajes más conocidos de la cultura dieciochesca, el arte de Tiepolo fue conocido en los círculos más exclusivos de Europa.[22]

De 1744 data Apolo y Dafne, cuyo colorido e intensidad dramática se aleja de los modelos hasta entonces usados por Tiepolo y lo sitúa más próximo a la escuela francesa de la que eran fieles representantes Antoine Watteau y François Boucher.[23] Su prestigio como decorador creció al punto de que la poderosa familia Labia lo contrató para adornar su palacio en Venecia. El trabajo de Tiepolo en el palacio Labia supone uno de los puntos más altos en su trayectoria, que le permitió demostrar su habilidad en el manejo de los espacios arquitectónicos y en la creación de escenarios naturalistas aderezados como una buena dosis de ironía.[24] Una vez finalizadas las obra del palacio Labia pintó Santiago el Mayor conquistando a los moros, donde representó al santo patrón de España, Santiago el Mayor, por encargo del diplomático irlandés Ricardo Wall, al servicio del rey Felipe V. El colorido del cuadro crea una gran atmósfera dramática, mientras que el apóstol, glorificado como vencedor de las turbas moras que asolaban España, se yergue con gesto imponente.[25]

[editar] La Residencia de Wurzburgo (1750-1753)

En diciembre de 1750 Tiepolo arribó con sus dos hijos a las obras de construcción de la Residencia de Wurzburgo, por invitación del príncipe Carl Philipp von Greiffenklaus. El proyecto decorativo de la Sala del Emperador constaba de un gran fresco representando a Apolo y los continentes, junto con dos escenas históricas alusivas al Sacro Imperio Romano Germánico. Los frescos de Tiepolo destacan sobre el conjunto de las demás obras debido a la técnica ilusionista, que le permite crear una escena apoteósica para glorificar al obispado.[26] Los muros se cubren con formas neoclásicas en un discreto blanco. Así se evita la sensación de sobrecarga en el muro, restaurado en 2006.[27]

Para El matrimonio de Federico I Barbarroja, Tiepolo retomó elementos que utilizó en sus frescos del palacio Labia.[28] A través de la inclusión de bufones, músicos y sirvientes, el pintor aporta una nota muy interesante sobre la vida cotidiana en la corte medieval. El hecho de que Federico I Barbarroja se arrodille ante el obispo es un símbolo del enorme poder de la Iglesia. Es un cuadro de un gran eclecticismo que permite trasladar al espectador al medio cultural de la época.[29]

En La investidura del obispo Haroldo, Tiepolo renuncia a todo rigor histórico y coloca los rasgos faciales del príncipe a Haroldo. El emperador, representado como el máximo poder terrenal, aparece frente a una columnata de mármol y en lontananza puede apreciarse una extensa campiña.[30] Contrario a lo que pudiera esperarse en la representación de una ceremonia tan hierática, las figuras están trazadas con un gran naturalismo. Como en el cuadro anterior, la inclusión de figuras secundarias se ha convertido en un rasgos estilístico típico del veneciano.[31]

Para mediados de 1752, Tiepolo entregó al obispo un boceto para la decoración de la escalera principal de la Residencia, conservado en el Museo Metropolitano de Arte.[32] El programa contemplado por el pintor constituía de una representación del amanecer y de los cuatro continentes (Europa, América, Asia y África) girando alrededor de Apolo y el Monte Olimpo. Después de varias conversaciones Tiepolo accedió a modificar algunos detalles, que pueden apreciarse en el boceto, para emprender su obra final. Se considera a este fresco el cenit de la carrera de decorador del veneciano.[33]

[editar] Retorno a Italia (1754-1761)

A su regreso a Italia, Tiepolo inició la que sería su último trabajo importante en una iglesia italiana: Santa María della Visitazione, terminada en 1745. Para ello, decoró el techo del templo con el colosal fresco de la Coronación de María, así como una pintura mural de menor formato sobre Las virtudes teologales. Destaca la calidad del fresco principal, que incluye alegorías musicales pues el recinto era usado como sala de conciertos.[34]

En 1757 el pintor comenzó su trabajo decorativo en la Villa Valmarana, sita en Vicenza. El comitente, el ilustrado Giustino Valmarana, era pariente de los Loschi, en cuya villa Tiepolo trabajó hacía algunos años.[35] Para este encargo, el veneciano recurrió a cuatro fuentes principales: la Ilíada de Homero, la Eneida de Virgilio, el Orlando furioso de Ariosto y la Jerusalén liberada de Torcuato Tasso. Debido al reducido tamaño de las estancias en las que pintó, Tiepolo debió representar las escenas sin su acostumbrado naturalismo y omitiendo sus características figuras secundarias.[36] Todos los frescos de esta serie comparten entre sí un exagerado dramatismo en las figuras, que por momentos se convierten en actores representando papeles, y un patetismo bastante novedoso en Tiepolo, cuyo fin último es acercar al espectador a las emociones de la obra.[37]

De 1758 data Neptuno ofrece dones a Venecia, lienzo realizado para el Palazzo Ducale. A pesar de las innovaciones estilísticas que introduce, el tema de la alegoría del Estado era muy poco habitual en la pintura italiana dieciochesca.[38] De la misma época conocemos el Retrato de joven con papagayo, encargo de Isabel I de Rusia, que retoma la tradición tizianesca de representar a bellas mujeres en retratos de medio cuerpo.[39]

Su último proyecto importante en Italia fue la Apoteosis de la familia Pisani, emprendida en 1760. A pesar de encontrarse enfermo de gota y de su avanzada edad —contaba sesenta y cuatro años—, el maestro aceptó el encargo, que pensaba realizar en tres o cuatro años. Debido a su sorpresiva contratación por Carlos III de España, un rey de formación italiana, se vio obligado a culminar su Apoteosis en apenas año y medio.[40] Gracias a la influencia de su hijo y mayor ayudante, Giovanni Domenico Tiepolo —quien colaboró con su padre en las obras de Wurzburgo y la Villa Valmarana en encargos de mediana importancia—, Tiepolo da un giro total a su carrera pictórica. Nunca hasta ahora se había atrevido a crear un espacio totalmente abierto poblado por figuras bañadas por una intensísisma luz. El 30 de marzo de 1762 Tiepolo emprendió el viaje a España, donde moriría ocho años más tarde.[41]

[editar] Última etapa: Madrid (1762-1770)

Inmaculada Concepción (1767-1769, Museo del Prado).

Luego de dos meses de viaje, Tiepolo y sus hijos llegaron a Madrid en junio de 1762. El maestro contaba ya sesenta y seis años, además de que padecía de gota. Sin embargo, ello no impidió que su etapa en Madrid fuera, probablemente, la más fructífera de su carrera.[42] La mayor parte de sus encargos tuvieron lugar en el Palacio Real de Madrid, planeado por sus compatriotas Filippo Juvara y Juan Bautista Sachetti. En la misma época que Tiepolo llegó a la corte se afincaron también Corrado Giaquinto, Francisco Bayeu y Anton Raphael Mengs.

La gloria de España, monumental fresco que adorna el techo del Salón del Trono, fue concebida por Tiepolo desde su estancia en Venecia. El fresco representa un homenaje a la Casa de Borbón, para lo que el pintor recurre a alegorías mitológicas y a una interesante representación del Ejército Real. Se trata de un fresco que sintetiza lo mejor de la pintura mural de Tiepolo, desde el Palacio Arzobispal de Udine hasta Wurzburgo.[43] Con todo, la creatividad del maestro mermó bastante en esta obra, ya que carecía del espacio suficiente para llevar a cabo un proyecto con el ilusionismo típico en su trayectoria.[44]

El siguiente trabajo de Tiepolo fue Venus encomendando a Vulcano que forje las armas para Eneas. De nuevo, el italiano pretendió glorificar el linaje de la Monarquía Hispánica relacionándolo con Venus y Eneas, retratado como un fiero guerrero. Destaca la ausencia de escorzos ilusionistas, que dan paso a una perspectiva unitaria fácilmente comprensible para el espectador.[45]

En la Apoteosis de la Monarquía Hispánica, su último gran fresco, Tiepolo utiliza a Júpiter como protector del rey y su descendencia. Completan el cuadro otros dioses del panteón grecorromano, como Mercurio y Neptuno. Este último representa el tradicional dominio español sobre los mares.[46] Se conserva un boceto de esta obra en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York.

Poco antes de su fallecimiento, el 27 de marzo de 1770, Tiepolo realizó una serie de cuadros de pequeño formato para la iglesia de san Pascual Bailón en Aranjuez. La mayoría de ellos se conservan en el Museo del Prado. Este encargo fue particularmente difícil para el pintor, que no estaba acostumbrado a la rigidez del academicismo imperante. Todos los cuadros se referían a santos franciscanos, excepto la Inmaculada Concepción.[47]

[editar] Notas

  1. Eschenfelder, pág. 6
  2. Eschenfelder, pág. 7
  3. Eschenfelder, pág. 9.
  4. Eschenfelder, pág. 10.
  5. Eschenfelder, pág. 11.
  6. Eschenfelder, pág. 12.
  7. Eschenfelder, pág. 14.
  8. Eschenfelder, pág. 15.
  9. Eschenfelder, pág. 16.
  10. Eschenfelder, págs. 19-20.
  11. Eschenfelder, págs. 21-23.
  12. Eschenfelder, pág. 25.
  13. Eschenfelder, pág. 27.
  14. Eschenfelder, pág. 29.
  15. Eschenfelder, pág. 30.
  16. Eschenfelder, pág. 31.
  17. Eschenfelder, pág. 40.
  18. Eschenfelder, pág. 48.
  19. Assela Alamillo Sáenz y Emma Rodríguez Chamorro. «APOLO Y DAFNE: TIEPOLO». [Consulta: 31.12.2011].
  20. Eschenfelder, pág. 51.
  21. Eschenfelder, pág. 53.
  22. Eschenfelder, pág. 55.
  23. Eschenfelder, pág. 60.
  24. Eschenfelder, pág. 64.
  25. Eschenfelder, pág. 73.
  26. Eschenfelder, pág. 75.
  27. Eschenfelder, pág. 78.
  28. Eschenfelder, pág. 81.
  29. Eschenfelder, pág. 82.
  30. Eschenfelder, pág. 84.
  31. Eschenfelder, pág. 86.
  32. Eschenfelder, pág. 87.
  33. Eschenfelder, pág. 88.
  34. Eschenfelder, pág. 93.
  35. Eschenfelder, pág. 95.
  36. Eschenfelder, pág. 96.
  37. Eschenfelder, pág. 98.
  38. Eschenfelder, pág. 100.
  39. Eschenfelder, pág. 102.
  40. Eschenfelder, pág. 113.
  41. Eschenfelder, pág. 114.
  42. Eschenfelder, pág. 118.
  43. Eschenfelder, pág. 120.
  44. Eschenfelder, pág. 121.
  45. Eschenfelder, pág. 125.
  46. Eschenfelder, pág. 127.
  47. Eschenfelder, pág. 133.

[editar] Bibliografía

  • ESCHENFELDER, Chantal, Tiepolo, Biblioteca «Grandes maestros del arte italiano», Bonn, Könemann, 2000. ISBN 3-8290-5691-5.

[editar] Véase también

[editar] Enlaces externos

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