Robert Evans

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Robert Evans o Bob Evans (nacido como Robert J. Shapera el 29 de junio de 1930 en Nueva York, EE. UU.) es un productor de cine independiente de la Paramount Pictures, mayormente conocido por sus trabajos en Rosemary's Baby, Chinatown, El padrino o Love Story, entre otros. Primero fue un mediocre actor en películas como El hombre de las mil caras o Fiesta, y se convirtió, con tan sólo treinta y cuatro años de edad, en uno de los mejores productores cinematográficos que trabajaban para la Paramount, que por esas fechas, a mediados de los sesenta, estaba en el noveno puesto del ranking de productoras cinematográficas. Bob Evans representa, en muchos aspectos y en el triunfalista esencial, el sueño americano que se puede resumir en triunfar a toda costa. Aunque Evans no es el típico triunfador.

Evans ascendió meteóricamente, pero no todo fueron rosas en su camino, más bien todo lo contrario. A Bob Evans le pusieron trabas y más trabas, pero a pesar de su talento y su percepción de su entorno, consiguió salir airoso de tantos impedimentos, llevándonos a los mágicos universos de sus producciones; confiando en directores tan infravalorados en la época como Roman Polanski y Francis Ford Coppola, a pesar de tener que lidiar también con ellos en el empeño. Se podría definir a Robert Evans como un ganador-perdedor: ganador porque salía airoso y a veces incluso triunfal, y perdedor porque todos los problemas los tenía en casa, por así decir.

Gracias a Love Story, Bob Evans conoció a Ali MacGraw, y se casó con ella, pero años más tarde señora Evans se fugó con el huidizo Steve McQueen.

Para colmo de males, se le tendió una trampa por compra de cocaína y fue sospechoso de un asesinato (lo que después le inspiró Cotton Club, de nuevo con Francis Ford Coppola), y para huir de todas las desgracias que se le iban viniendo encima, vendió su paraíso en la tierra (una preciosa casa en medio de un hermosísimo jardín) e ingresó voluntariamente en un centro psiquiátrico para no acabar suicidándose, del que tuvo que huir casi cinematográficamente para intentar retomar su vida, o al menos algo parecido a su vida.

Gracias a un monumental gesto de amistad de Jack Nicholson, Evans recuperó su casa y volvió a la Paramount, pero esto último gracias a un joven que, ya de directivo, recordó cómo cuando aún no era nadie lo bien que se había portado Bob con él.

El documental de N. Burnstein y B. Morgen “The Kid Stays in the Picture”, y en España “El chico que conquistó Hollywood” resume el cenit y el declive de Robert Evans.