Misiones jesuíticas en la península de Baja California

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Las misiones jesuíticas de la península de Baja California fueron el conjunto de misiones que los religiosos de la Compañía de Jesús fundaron en la península de Baja California a partir de finales del siglo XVII con el objeto de evangelizar a los indios pericúes, guaycuras y cochimíes.

El fracasado primer intento misional[editar]

Después del fracaso del conquistador español Hernán Cortés en su intento de fundar una población ia en la Bahía de la Santa Cruz, hoy en día La Paz, transcurrieron más de un siglo y medio de fracasados intentos de colonizar la península de Baja California, perteneciente al Virreinato de México.

En 1683 la Compañía de Jesús fundó la primera reducción en la Península de Baja California a la que denominó la Misión de San Bruno. La fundación se debió a los sacerdotes misioneros jesuitas Eusebio Francisco Kino, Matías Goñi y Juan Bautista Copart que la ubicaron a unos 20 Km. al norte de la hoy ciudad de Loreto.

Pero el riguroso clima de San Bruno fue determinante para la suerte de la misión. El sol evaporó el agua y secó las cosechas. Ante las vicisitudes climáticas el almirante Isidro de Atondo y Antillón, en 1685 sometió a votación el abandono de aquella empresa californiana financiada por la corona española. A la decisión de despoblar la misión se opuso, en vano, el padre Kino. Se dieron órdenes de salvar cuanto pudiera y regresar en los barcos. Así se embarcaron y los tibios vientos alejaron las embarcaciones de las inhóspitas tierras de la península y el sueño de Kino de convertir a los nativos y crear un rosario de misiones en la península de Baja California llegó a su fin. Otros misioneros serían quienes con la cruz en la mano colonizarían la península.

El exitoso segundo intento misional[editar]

Los padres jesuitas no cejaron en sus intentos de evangelizar la península de Baja California.

Una década después del fracasado primer intento misional, el 19 de octubre de 1697, otro reducido grupo de misioneros a las órdenes del padre superior Juan María de Salvatierra desembarcó de la galeota "Santa Elvira" en la bahía de San Dionisio en un lugar situado a 26° de latitud norte al que los indios llamaban Conchó, que significa mangle colorado en lengua nativa y tomaron posesión del lugar que andando el tiempo se llamó Real de Loreto. En los primeros días de su llegada los padres misioneros elevaron una carpa que servía como capilla, al frente de la cual colocaron una cruz de madera. El día 25 de octubre llevaron en procesión solemne la imagen de la Virgen María en la advocación de Nuestra Señora de Loreto, en ese ritmo de fe, proclamaron esa tierra como territorio español. Así comenzó a existir la misión que lleva tal nombre y que al paso del tiempo fue considerada Cabeza y Madre de las Misiones de la Alta y Baja California.

La evangelización de Las Californias[editar]

Hubieron de pasar años de intensa labor de los jesuitas para lograr cristianizar a los nativos al establecer un rosario de misiones en la península de Baja California.

Junto a los padres llegaron colonos procedentes de México y Europa que trabajando hombro con hombro con los nativos conversos pusieron los cimientos de lo que con el tiempo fueron pueblos y ciudades.

Religiosos pertenecientes a otras órdenes misioneras llegaron para continuar la labor de evangelización iniciada por los jesuitas; sin embargo y sin tratar de quitarles crédito, fueron los miembros de la Compañia de Jesús quienes con la cruz en la mano evangelizaron y poblaron la península de Baja California.

La expulsión de los jesuitas[editar]

La Compañía de Jesús, influyente y poderosa, también tenía sus detractores y enemigos, tanto en el propio Virreinato de México cuanto en la propia España.

El cambio de dinastía en la corona española de la casa de Habsburgo a la casa de Borbón, significó el la introducción de las reformas borbónicas entre las que se destacó el regalismo.

La orden religiosa de los jesuitas sufrió esta política religiosa y a raíz de acusaciones y traiciones fue expulsada de los dominios españoles en 1767. El trabajo pacífico de los misioneros jesuitas desde la llegada de la orden a la Nueva España se vio interrumpido en febrero de 1768, cuando les llegó la orden de expulsión decretada por el rey Carlos III de España. De tan triste manera llegó su fin la obra civilizadora jesuítica en Las Californias, que además perdió el control sobre el "Fondo Piadoso de las Californias", dotado por diversos particulares, entre los que se destacaban por su poder e influencias el marqués de Villapuente de la Peña, la marquesa de las Torres de Rada y la duquesa consorte de Béjar y Gandía, que se instituyó para la colonización y evangelización de las Californias, contando con un importantísimo capital en efectivo y numerosas haciendas, estancias y "agostaderos". El capital que constituía el Fondo, fue disputado posteriormente entre México y los Estados Unidos de América, en controversia que se dirimió en la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

Bibliografía[editar]