Doctrina de la justificación

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La doctrina de la justificación (del latín justificatio, en griego dikaiosis δικαιοσις)[1] es un punto central dentro de la teología del cristianismo. Las diferentes versiones de tal doctrina, según el papel que se le de a la fe y a las obras, a la voluntad del hombre y a la de Dios, al libre albedrío y a la predestinación; son algunas de las principales causas doctrinales de la separación entre protestantes y católicos, y entre las distintas ramas del protestantismo (luteranos y calvinistas, y dentro de estos entre arminianos y gomaristas, etc.) La consecución de un cierto grado de acercamiento entre la Iglesia católica y la Federación Luterana Mundial permitió la firma de una Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación el 31 de octubre de 1999; lo que fue considerado un importante avance en el ecumenismo.[2]

Justificar, como término jurídico, significa absolver (declarar justo) y proporcionar sentencia favorable en un juicio. Su extensión como término teológico, implica que el hombre, reo del juicio final, comparece ante Dios, el Juez justo, acusado de sus pecados; puede obtener la condenación o la salvación, ambas eternas.

La naturaleza de la justificación según la Biblia: Absolución divina[editar]

El vocablo justificación o justicia significa un estado de aceptación al cual uno entra por la fe. Esta aceptación es un don gratuito de Dios, disponible por la fe en Cristo (Rom 1:17; 3:21-22), en el caso de quien está capacitado por la gracia. Es un estado de aceptación sobre el cual descansa el creyente (Rom 5:2).Sin tener en consideración su pasado pecaminoso e imperfección presente, tiene una posición completa y segura con relación a Dios. Justificado es el veredicto de Dios y nadie puede contradecirlo o negarlo (Rom 8:34). La justificación es un acto de la gracia libre de Dios, por medio de la cual perdona todos nuestros pecados y nos acepta en calidad de justos ante su presencia, sólo en virtud de la justicia de Cristo imputada o atribuida a nosotros y recibida por fe solamente, según la doctrina protestante. La justificación es primordialmente un cambio de posición de parte del pecador; antes condenado, ahora absuelto; antes bajo la condenación divina, está ahora sujeto al encomio o alabanza divina.

La justificación abarca mucho más que el perdón del pecado y la eliminación de la condena; en el acto de la justificación, Dios coloca al hombre pecador en la posición de hombre justo. En algunos países el gobernador de un estado puede conmutar la pena de un criminal, pero no puede devolverle a la posición de uno que jamás ha quebrantado las leyes. Pero Dios puede hacer ambas cosas. Borra el pasado, es decir, los pecados y ofensas, y luego trata a la persona como si nunca hubiera cometido pecado en su vida. El criminal perdonado no es considerado o descrito como persona justa y buena; pero cuando Dios justifica al pecador, lo declara justificado, es decir, justo a su vista. Ningún juez podría justificar con justicia a un criminal, es decir, declararlo justo y bueno.

De manera entonces que la justificación es en primer lugar una resta: la cancelación de la deuda del pecado, y en segundo lugar una suma: la imputación o atribución de la justicia de Cristo.

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La necesidad de la justificación: la condenación del hombre[editar]

Pablo afirma que todos los hombres necesitan la justicia de Dios, puesto que la humanidad toda ha pecado. Los gentiles están bajo condenación. Los pasos que condujeron a la caída son evidentes: una vez conocieron a Dios – Rom 1:19-20, pero al no adorarle y servirle, sus mentes se oscurecieron – Rom 1:21-22. La ceguera espiritual condujo a la idolatría – v. 23, y la idolatría llevó a la corrupción moral – vv. 24-31. No tienen excusa, porque poseen la revelación en la naturaleza y una conciencia que aprueba o desaprueba sus acciones. También los judíos lo están por cuando por la ley no pueden ser justificados (Gal 3:11). ¿Qué es esta justicia que el hombre necesita tanto? El vocablo mismo significa el estado o condición de justo. A veces la palabra describe el carácter de Dios, en el sentido de que está libre de imperfecciones e injusticias. Aplicado al hombre, significa el estado de justo ante Dios. El vocablo justo equivale a recto o derecho, es decir, conforma a una norma o patrón. De lo que antecede se deduce que un hombre justo, recto, es aquél cuya conducta está en armonía con la ley de Dios. Pero ¿qué ocurre si descubre que en vez de justo o recto es perverso, es decir, se ha desviado del camino y no puede enderezarse? Luego, entonces necesita la justificación, la cual es obra de Dios.

La causa primera de la justificación: la gracia[editar]

La gracia es el trato de Dios con el pecador absolutamente aparte de la cuestión de méritos. «La gracia no equivale a tratar a una persona según lo merece, o mejor de lo que merece», nos dice el doctor Lewis Sperry Chafer, «equivale al trato misericordioso sin la más mínima referencia a sus merecimientos. La gracia es amor infinito que se expresa por medio de bondad infinita». La gracia de Dios hacia los pecadores se ve en el hecho de que Él mismo, por medio de la expiación de Cristo pagó toda la pena por el pecado, por lo cual puede perdonar con justicia el pecado sin tener en consideración el mérito o demérito del pecador. El pecador no es perdonado porque Dios sea misericordioso para excusar sus pecados, sino porque hay redención mediante la sangre de Cristo (Rom 3:24; Ef 1:7). La gracia de Dios se revela al proporcionar una expiación por la cual puede al mismo tiempo justificar a los impíos, y al mismo tiempo reivindicar su ley santa e inmutable.

La causa próxima de la justificación: la justicia de Cristo[editar]

¿De qué manera puede Dios tratar al pecador como una persona justa? Respuesta: Dios le ofrece la justicia.

Pero ¿es justo dar el título de bueno y justo a uno que no se lo ha ganado? Respuesta: El Señor Jesucristo lo ha ganado para el pecador, y en representación de él, a quien declara justo por la redención que es en Cristo Jesús. Vemos en el artículo sobre la expiación que redención significa liberación completa mediante un precio pagado: es un efecto de la expiación y causa, a su vez, de la justificación.

Cristo obtuvo esta justicia para nosotros por medio de su muerte expiatoria . Los cuatro efectos de la expiación son: sustitución, redención, propiciación y reconciliación, que a su vez son causa de la justificación. El acto por el cual Dios nos acredita esta justicia se denomina imputación o atribución. Imputación es cargar sobre una persona las consecuencias del acto de otra; por ejemplo, las consecuencias del pecado de Adán son cargadas a sus descendientes. Las consecuencias del pecado del hombre fueron imputadas a Cristo, y las consecuencias de la obediencia de Cristo son cargadas o acreditadas en este caso, al creyente. Él «ha sido hecho por Dios sabiduría y justificación» 1 Cor. 1:30 Puede surgir la siguiente pregunta: La justificación que salva es algo externo que concierne a la posición del pecador, pero ¿no se produce un cambio de condición? La justicia es imputada, pero ¿es también impartida? En la justificación, Cristo es por nosotros, pero ¿está también en nosotros? En otras palabras, parecería que la imputación fuera un agravio para la ley, si esa imputación no llevara en sí la promesa de una vida futura de justicia de parte del creyente. La respuesta es que la fe justificadora es el acto inicial de la vida cristiana, y este acto inicial, cuando la fe es viva, es seguido de un cambio interno y espiritual denominado regeneración.

El medio de la justificación: la fe y el bautismo[editar]

¿De qué manera es aceptado el don de la justicia? Por la fe de Cristo. La fe es la mano, hablando metafóricamente, que toma o recibe lo que Dios ofrece. Esto queda más claro en los siguientes pasajes: Rom 4:11; 9:30; Fil 3:9. En virtud de cierto medio, los méritos de Cristo le son comunicados al pecador, y éste recibe la salvación. Este medio es la fe, el principio de que se vale la gracia de Dios para devolvernos la imagen y favor divinos. Esta fe es despertada en el hombre por la influencia del Espíritu Santo , generalmente con relación a la Palabra. Los cristianos de diferentes denominaciones tienen distintas visiones sobre el rol que cumple la justificación en la salvación. Para algunos ser justo garantiza a priori la vida eterna, mientras que para otros sería un regalo inmerecido de parte de Dios por el bautismo.

Notas[editar]

Enlaces externos[editar]