Concupiscencia

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En la teología cristiana, se llama concupiscencia -que se puede entender como sentir deseos (o exceso de deseos) no gratos a Dios (de acuerdo con su etimología a continuación)- (del latín concupiscentĭa, de cupere, desear, reforzado con el prefijo con) a la propensión natural de los seres humanos a obrar el mal, como consecuencia del pecado original.

La especial insistencia de la enseñanza moral cristiana en centrarse en las cuestiones de conducta sexual, ha producido un cierto sesgo en el significado, dotándolo de ese contenido, que se observa en expresiones como «miradas concupiscentes». Sin embargo, el concepto es más general, y atañe a todas las dimensiones de la conducta. Según el Diccionario de la lengua española (de la Real Academia Española) la concupiscencia es, "en la moral católica, deseo de los bienes terrenos y, en especial, apetito desordenado de placeres deshonestos".[1]

Por lo general, en la lengua castellana el término es aplicado a enseñanzas morales católicas, pero cabe destacar que es un término bíblico y, por ende, más propio del cristianismo en general que exclusivamente católico.

Moral católica[editar]

En su sentido más general y etimológico, concupiscencia es el deseo que el alma siente por lo que le produce satisfacción, "Deseo desmedido" no en el sentido del bien moral, sino en el de lo que produce satisfacción carnal; en el uso propio de la teología moral católica, la concupiscencia es un apetito bajo contrario a la razón. Aquí apetito quiere decir inclinación interna, y la referencia a la razón tiene que ver con la oposición entre lo sexual y lo racional, no con el uso común de la palabra razón. El objeto del apetito sensual, concupiscente, es la gratificación de los sentidos, mientras que el del apetito racional es el bien de la naturaleza humana, y consiste en la subordinación de la razón a Dios. En la práctica se llama apetito al apetito sensual, o concupiscente, y razón al apetito racional así entendido. Aclaración: hay una distinción que como suele suceder con muchas palabras, la palabra concupiscencia tiene dos acepciones que son, por un lado la tendencia a pecar y por otro, también aceptada por teólogos católicos (o cristianos), que va más ligada a los "impulsos" que al estar la persona humana herida por el pecado (original), entonces estos impulsos deben ser regidos por la prudencia (la razón humana) que está iluminada por la Fe (Dios sabe y es el que es YHWH, nosotros no podemos decidir que matar esté bien por ejemplo como tampoco lo está creerse dueño de la verdad; en términos bíblicos dice el Génesis que comer del fruto que nos prohibió Dios no debemos y hace que muramos).

La Iglesia Católica distingue entre concupiscencia actual, que son los deseos desordenados, y concupiscencia habitual, que es la propensión a sentir esos deseos. La concupiscencia no es en la moral católica un pecado, sino que es la inclinación a cometerlo (es decir, como madre de este), en la fe cristiana (por tanto católica) se identifica con la madre del pecado (en otras biblias protestantes dice literalmente: "da a luz el pecado" PERO NO DICE QUE SEA PECADO, entonces el Magisterio de la Iglesia Católica enseña que es una inclinación a pecar,) en la Biblia está escrito en la Carta de Santiago 1,13-15 (capítulo 1, del versículo 13 al 15): "Nadie, al ser tentado, diga que Dios lo tienta: Dios no puede ser tentado por el mal, ni tienta a nadie, sino que cada uno es tentado por su propia concupiscencia, que lo atrae y lo seduce. La concupiscencia es madre del pecado, y este, una vez cometido, engendra la muerte." Esto tiene que ver con las distintas interpretaciones del pecado original, que para la mayoría de los teólogos protestantes corrompió la naturaleza humana de manera absoluta, hasta entonces inclinada al bien, y para los católicos apostólicos ortodoxos y romanos privó a los hombres del don que hasta entonces compensaba la propensión de la naturaleza humana, desde su mismo origen, hacia el mal, esto es la concupiscencia, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica en el 418: "[...]la naturaleza humana no está totalmente corrompida: está herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al imperio de la muerte e inclinada al pecado (esta inclinación al mal es llamada "concupiscencia"). [...]"

La inclinación al mal del bautizado es explicada de diferente manera por católicos apostólicos ortodoxos, coptos y romanos por una parte y por protestantes por otra que desde Lutero, ex-católico, surgieron con una libre interpretación, ya no la de los ancianos (presbíteros). Para la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa y Romana, por el Bautismo Dios perdona al cristiano todos sus pecados, aunque permanecen como dice el mismo punto 405 pero la segunda parte esta vez: "El Bautismo, dando la vida de la gracia de Cristo, borra el pecado original y devuelve el hombre a Dios, pero las consecuencias para la naturaleza, debilitada e inclinada al mal, persisten en el hombre y lo llaman al combate espiritual."; así que no recupera el don perdido, igual que no recupera la inmortalidad corporal, que si bien no era parte de la naturaleza propiamente humana antes del pecado de los primeros padres, sí se ha considerado como una gracia especial de la que gozaban los primeros padres Adan y Eva. Esta gracia de la inmortalidad se perdió como castigo a su pecado. Los protestantes están divididos,por otra parte algunos consideran que el bautismo no perdona ningún pecado mientras que la mayoría piensa que el bautismo es necesario para la salvación. Pero todos están de acuerdo en que la concupiscencia no desaparece con el Bautismo, solamente borra el pecado de una forma similar que una inmersión en agua (como bañarse) limpia el cuerpo.

Referencias[editar]

Véase también[editar]

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