Dones del Espíritu Santo

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En la teología cristiana, se llama dones del Espíritu Santo a regalos espirituales entregados a los hombres para secundar los impulsos, inspiraciones o mociones del Espíritu Santo.[1] Tales dones son siete: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, conocimiento, piedad y temor de Dios.

En la Biblia[editar]

En el libro del profeta Isaías puede leerse:[2]

Brotará del tronco de Jesé un retoño, y retoñará de sus raíces un vástago. Sobre quien reposará el espíritu de Yahveh, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de entendimiento y de temor de Yahveh. Y pronunciará sus decretos en el temor de Yahveh

Is 11, 1-2

El texto es marcadamente mesiánico y su aplicación como dones que son dados a todos los cristianos se debe a la reflexión posterior de los Padres de la Iglesia a partir de otros textos bíblicos,[3] en resumen a la tradición de la Iglesia aun cuando el único texto específico y fundamental es el mencionado de Isaías. Ahora bien, el texto masorético no cuenta siete sino seis (no menciona el espíritu de piedad) lo cual ha dado pie a discusiones entre los teólogos (que asumen que son siete dado el carácter simbólico de este número) y los exegetas que consideran el texto una simple enumeración de las cualidades de gobierno del Mesías. Tomás de Aquino dedica un artículo en su Suma teológica a defender que son siete.[4]

En los padres de la Iglesia[editar]

La terminología usada por los padres tanto latinos como griegos es bastante rica: hablan de dones, “munera” (regalos), charismata (carismas), spiritus (espíritus), virtutes (fuerzas). Los padres griegos que tratan más extensamente sobre los dones son Justino, Orígenes, Cirilo de Alejandría, Gregorio de Nacianzo y Dídimo el Ciego. Entre los latinos hay que mencionar a Agustín de Hipona y Gregorio Magno.

En el magisterio de la Iglesia[editar]

En el sínodo de Roma del año 382, bajo la presidencia del Papa Dámaso I se trató de los dones aplicando la profecía de Isaías a Jesucristo:

Se dijo: Ante todo hay que tratar del Espíritu septiforme que descansa en Cristo. Espíritu de sabiduría: Cristo virtud de Dios y sabiduría de Dios (1Co 1, 24). Espíritu de entendimiento: Te daré entendimiento y te instruiré en el camino por donde andarás (Sal 31, 8). Espíritu de consejo: Y se llamará su nombre ángel del gran consejo (Is 9, 6[5] ). Espíritu de fortaleza: Virtud o fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1Co 1, 24). Espíritu de ciencia: Por la eminencia de la ciencia de Cristo Jesús (Ef 3, 19). Espíritu de verdad: Yo soy el camino, la vida y la verdad (Jn 14, 6). Espíritu de temor (de Dios): El temor del Señor es principio de la sabiduría (Sal 110, 10)

DS 83

El Papa León XIII en la encíclica Divinum illud munus[6] (publicada en el año 1897) afirma:

El justo que vive de la vida de la gracia y que opera mediante las virtudes, como otras tantas facultades, tiene absoluta necesidad de los siete dones, que más comúnmente son llamados dones del Espíritu Santo. Mediante estos dones, el espíritu del hombre queda elevado y apto para obedecer con más facilidad y presteza a las inspiraciones e impulsos del Espíritu Santo. Igualmente, estos dones son de tal eficacia, que conducen al hombre al más alto grado de santidad; son tan excelentes, que permanecerán íntegramente en el cielo, aunque en grado más perfecto. Gracias a ellos es movida el alma y conducida a la consecución de las bienaventuranzas evangélicas, esas flores que ve abrirse la primavera como señales precursoras de la eterna beatitud.

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. La definición que aquí se ofrece es básicamente la que aparece en el Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 1830. A pesar de la importancia del tema, los dones son tratados en solo 3 números de ese catecismo.
  2. Teólogos como Juan de Santo Tomás subrayan ampliamente el hecho de que el conocimiento de estos dones es siempre revelado y no puede ser fruto de la reflexión: de ahí que los filósofos anteriores al cristianismo no conocieran su existencia. Véase su tratado De donis Spiritus Sancti)
  3. Del antiguo testamento se pueden mencionar los siguientes: Gn 41, 38; Éx 31, 3; Nm 24, 2; Dt 34, 9; Jd 6, 34; Sal 31, 8; Sal 32, 9; Sal 119, 120.144; Sal 142, 10; Sb 7, 28; Sb 7, 7; Sb 7, 22; Sb 9, 17; Sb 10, 10; Eclo 15, 5; Is 11, 2; Is 61, 1; Mi 3, 8. Pero también del Nuevo Testamento: Lc 12, 12; Lc 24, 25; Jn 3, 8; Jn 14, 17.26; Hch 2, 2.38; Rm 8, 14.26; 1Co 2, 10; 1Co 12, 8; Ap 1, 4; Ap 3, 1; Ap 4, 5; Ap 5, 6.
  4. Summa theologiae I-II q68, a4co.
  5. Esto según la traducción de los LXX
  6. Encíclica Divinum illud munus, León XIII, 9-mayo-1897

Bibliografía[editar]