Crisis de los Sudetes

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La Crisis de los Sudetes (en alemán Sudetenkrise) es el nombre dado a los sucesos del 1 al 10 de octubre de 1938 iniciados por los "Sudetendeutsche", una minoría étnica en Europa Central formada por alemanes que vivían en Bohemia, Moravia y Silesia oriental que eran parte de Checoslovaquia.

Precedentes[editar]

El dirigente del Partido de los Sudetes, Konrad Henlein se dirige a sus partidarios en 1936.
Mapa de mayoría germana en 1938 (en negro) popularmente estos territorios se denominaron Sudetenland entre 1938 y el final de la II Guerra Mundial.

Desde la creación de Checoslovaquia en 1919, se utilizó mayormente la expresión alemana Sudeten para designar a la minoría germanófona que habitaba Moravia y, sobre todo, la frontera de Bohemia con la Silesia alemana y Sajonia (Los Sudetes). Éstos representaban más del 30% de la población total de este territorio de unos 3,5 millones de habitantes, y conservaron la cultura y las tradiciones alemanas. Eran descendientes de colonos alemanes invitados a poblar la región por los reyes de Bohemia a partir del siglo XIII.

Ya en el siglo XX surgieron los primeros conflictos con los checos.

El 1 de octubre de 1933 se crea el Partido Alemán de los Sudetes, que acabó reclamando la adhesión de la región al Tercer Reich. Dirigido por Konrad Henlein y su lugarteniente Karl Hermann Frank, el partido pactó secretamente con el Partido nazi alemán, que acababa de alcanzar el poder, pese a que en sus orígenes este partido no estaba vinculado a la ideología nazi y sólo recurrió a él como un recurso para desbloquear la situación con Checoslovaquia. Tras su victoria electoral en 1935 (alrededor del 80% del voto alemán) reclamaron la formación de un Estado federal checo que fue rechazado por el gobierno central.

Desencadenamiento de la crisis[editar]

Hitler aumenta la presión[editar]

Tras la anexión de Austria en marzo de 1938, Hitler se erige como defensor de los alemanes de Checoslovaquia desatando la crisis. El Partido Alemán de los Sudetes promulga los decretos de Carlsbad el 24 de abril de 1938, en los que exige autonomía y libertad para profesar la ideología nazi. El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte envía a Lord Runciman para negociar un acuerdo con el gobierno checo, liderado por el presidente Edvard Beneš, que fracasó por la decisión de Hitler de ordenar a Henlein que realizara demandas imposibles de aceptar por el gobierno checo.

Posturas francesa, soviética y británica[editar]

Llegada del primer ministro británico Neville Chamberlain a Múnich (29 de septiembre de 1938). Chamberlain ya había accedido a desmembrar Checoslovaquia dos semanas antes.

Francia y la URSS apoyaron a Checoslovaquia sin mucho entusiasmo, mientras que el Reino Unido intentaba mostrarse conciliadora a través de los gestos de Lord Runciman y las entrevistas del primer ministro Neville Chamberlain con Hitler en Berchtesgaden (16 de septiembre de 1938), donde se acordó la cesión de amplios territorios fronterizos a Alemania.

El primer ministro francés Édouard Daladier, que quebrantó la alianza con Checoslovaquia, llegando a Múnich el 29 de septiembre de 1938.

La situación más incómoda era la francesa, ya que éste país tenía un tratado de alianza con Checoslovaquia que obligaba a cada parte a acudir en ayuda de la otra en caso de ser agredida.[1] La Unión Soviética, por su parte, también tenía un tratado defensivo con los checoslovacos, pero sólo estaban obligados a prestarles auxilio si antes lo hacía Francia, que parecía cada vez más reticente a cumplir con sus obligaciones.[1] Los soviéticos, sin embargo, declararon hasta el final de la crisis estar dispuestos a ir más allá de lo que estaban obligados, y prestar apoyo unilateral a Checoslovaquia, incluso si Francia faltaba a su compromiso.[1]

El día 21, Hitler añade a sus reivindicaciones territorios de Polonia (Cieszyn checoslovaco) y Hungría. En Godesberg (22-24 de septiembre) vuelve a entrevistarse con Chamberlain y reclama no sólo su anexión a Alemania, sino la completa ocupación militar. Benito Mussolini interviene como mediador y propone una reunión de potencias en Múnich. El mismo día, el embajador soviético en Praga confirma al presidente checoslovaco, a requerimiento de éste, la disposición de su país para ayudar a Checoslovaquia simplemente con que ésta acuda a la Sociedad de Naciones para pedir amparo ante la agresión alemana, sin necesidad de esperar el veredicto de la organización.[1]

A pesar de ciertas concesiones hechas por Praga, Checoslovaquia movilizó sus tropas el 23 de septiembre. Sin embargo, pese a contar con el apoyo teórico de la URSS (que, estrictamente, dependía de la intervención francesa), y también con un ejército moderno y preparado, así como con unas defensas fronterizas muy poderosas, terminó abandonando toda resistencia a la invasión alemana, ante la falta de apoyo de las potencias occidentales.

La situación militar[editar]

Maniobras del ejército checoslovaco en 1938.

En septiembre de 1938, Alemania contaba con 45 divisiones, sin ninguna división de reserva. De ellas, sólo 37 podían utilizarse contra Checoslovaquia, dejando con ello el resto de las fronteras prácticamente indefensas.[2] A estas fuerzas se podían añadir un máximo de 4 regimientos motorizados de las SS.[2] Por otra parte, las fortificaciones alemanas occidentales contra una posible invasión francesa no estaban listas.[3]

Por su parte, Checoslovaquia contaba con 17 divisiones de infantería y 4 divisiones móviles en tiempo de paz, y otras 17 divisiones tras la movilización general, además de 4 formaciones del mismo tamaño ocupando las fortificaciones fronterizas y unos 138 batallones de personal militarizado (guardias de frontera, ferrocarriles, aduanas...), equiparables a otras 14-15 divisiones, sumando unas 57 divisiones en total.[2] Checoslovaquia podía movilizar, incluyendo únicamente a la primera reserva y parte de la segunda, cerca de 1.250.000 hombres con formación militar, frente a unos 1.100.000 de Alemania.[2]

La Luftwaffe disponía de unos 2.900-3.200 aparatos, pero únicamente disponía de personal para mantener operativos unos 1.080 para cubrir todas las fronteras.[2] Frente a ellos, Checoslovaquia contaba con unos 1.200-1.600 aviones, de los que unos 520 podían estar operativos. Los pilotos checoslovacos eran considerados más experimentados que los alemanes.[2] Además, las condiciones meteorológicas del invierno de 1938 hubieran impedido a la aviación intervenir la mayor parte del tiempo.[2]

Los checoslovacos poseían ciertas ventajas adicionales: la posición central que permitiría el traslado de tropas de una parte a otra del frente, la condición escarpada y boscosa de la frontera y las fuertes defensas (campos minados, fuertes, nidos de ametralladoras y abundante artillería).[2] Por su parte, las existencias de municiones alemanas sólo permitían seis semanas seguidas de combates.[2]

Checoslovaquia contaba con el apoyo soviético fuese cual fuese la postura francesa (confirmado el 20 de septiembre de 1938, tras la consulta checoslovaca).[3] El día 21 se ordenó por la parte soviética la movilización parcial en Ucrania:[3] se movilizó el equivalente a más de 90 divisiones, pero este hecho sólo se comunicó a los posibles aliados el día 25, cuando ya se había aceptado la cesión territorial (21 de septiembre de 1938).[3] Rumanía no tenía capacidad para impedir el paso de los aviones soviéticos hacia Checoslovaquia, e incluso declaró a Francia estar dispuesta a ignorar la violación del espacio aéreo si los aviones volaban a suficiente altura.[3] A su vez, Polonia recibió aviso de que la Unión Soviética rescindiría el pacto de no agresión de 1932 si invadía Teschen, y consideraría el ataque como una agresión sin provocación previa.[3]

Checoslovaquia ordenó la movilización general el 22 de septiembre de 1938 y Francia la parcial el 24.[3] Francia podía llegar a movilizar unas 70 divisiones y Reino Unido tenía previsto enviar 5 al continente en caso necesario.[3]

El jefe del Estado Mayor checoslovaco calculaba poder resistir 3 semanas el ataque alemán, y el servicio secreto francés estimaba que podía aguantar un mes.[3] El plan alemán requería el éxito de la invasión en unos pocos días para evitar el contraataque del ejército francés, que necesitaba sólo 4 días para la movilización parcial y 17 para la general.[3]

Ultimátum alemán y cesión occidental[editar]

Hitler despide a Mussolini tras la conclusión del acuerdo con Francia y Gran Bretaña.

Hitler dio un ultimátum el 26 de septiembre de 1938 e impuso su posición en los acuerdos de Múnich el 30 de septiembre de 1938 firmados por Hitler, Mussolini, Chamberlain y Daladier, primer ministro francés, prometiendo Alemania un plebiscito, que Chamberlain aceptó en un esfuerzo por evitar la guerra. Estos acuerdos indignaron a Checoslovaquia, que no había sido invitada a participar en ellos, y a la que sólo se le comunicó el resultado.

Anexión alemana[editar]

Diferentes reacciones a la ocupación alemana de los Sudetes. Cheb, octubre de 1938.

La ocupación alemana se realizó del 1 al 10 de octubre de 1938, restándole con ello cerca de 30.000 km² a Checoslovaquia, sin que las otras potencias europeas reaccionaran. Tras ello, la mayor parte de la población checa fue expulsada de la región. A finales de 1938 desaparece el Partido Alemán de los Sudetes y se fusiona con el Partido Nazi Alemán. En marzo de 1939 Alemania ocupó el resto de Checoslovaquia.

Tras la derrota sufrida por Alemania en la Segunda Guerra Mundial, los Sudetes volvieron a formar parte de Checoslovaquia y la población de origen alemán fue masivamente expulsada.

Referencias[editar]

  1. a b c d Cohen,Barry Mendel: "Moscow at Munich: did the Soviet Union offer unilateral aid to Czechoslovakia?", East European Quarterly, 12:3 (1978)
  2. a b c d e f g h i Katriel Ben-Arie, "Czechoslovakia at the Time of 'Munich': The Military Situation" in Journal of Contemporary History, Volume 25, Issue 4, October 1990, pp. 431-446
  3. a b c d e f g h i j Jukes G[eoffrey]. "The Red Army and the Munich Crisis." Journal of Contemporary History 26, no. 2 (April 1991): 195-214.

Véase también[editar]