Chispero

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Relieve en bronce del monumento a los chisperos y saineteros de la calle Luchana, obra de Lorenzo Coullaut Valera. Representa una escena del sainete La canción de la Lola (1880), chulapa, chispera y manola de Lavapiés, inmortalizada por la pluma de Ricardo de la Vega y con música de Federico Chueca y Joaquín Valverde.

Chispero, en la jerga madrileña popular se refería a un determinado tipo castizo de los barrios periféricos y más en concreto del Barrio de Maravillas.[1] Dependiendo del contexto, puede ser sinónimo de herrero, chulapo, ladrón, guapo, valiente.[nota 1] A lo largo del siglo XIX y parte del siglo XX, el amplísimo grupo social de los majos goyescos, se ha perfilado un poco según capricho de la tradición popular y de escritores y cronistas en tres grupos tan pronto diferenciados como mezclados: los manolos, los "chulapos" y los chisperos. Quizá el mejor retrato lo consiga una vez más el genio de Galdós que los define como un conjunto en este pasaje del tercer libro de los Episodios Nacionales, donde se relata el recibimiento del pueblo madrileño al rey Fernando VII de España, primero "Deseado" y luego "rey Felón".[2]

"El abigarrado gentío que poblaba las calles se componía de todas las clases de la sociedad, abundando principalmente la manolería y chispería, hombres y mujeres, viejos y muchachos. Los ancianos inválidos y gotosos habían dejado el lecho, y sostenidos por sus nietos abríanse paso. Las viejas santurronas que durante tantos años olvidaran todo camino que no fuera el de sus casas a la cercana iglesia, acudían también llevadas de la devoción al nuevo Rey, y felicitándose unas a otras aturdían a los demás con el cotorreo de sus bocas sin dientes. Los niños no habían asistido a la escuela, ni los jornaleros al trabajo, ni los frailes al coro, ni los empleados a la covachuela, ni los mendigos a las puertas de las iglesias, ni las cigarreras a la fábrica, ni los profesores de las Vistillas dieron clase, ni hubo tertulia en las boticas, ni meriendas en la pradera del Corregidor, ni jaleo en el Rastro, ni colisión de carreteros en la calle de Toledo...".

Benito Pérez Galdós

Origen[editar]

Parece aceptado por la mayoría de los cronistas y estudiosos del casticismo madrileño que el título o apodo de «chisperos» se les daba a cierto sector del gremio de los herreros y artesanos de la forja, dándose la circunstancia de que muchos de ellos vivían o tenían sus fraguas en los arrabales de lo que luego se llamaría barrio de Maravillas, en Madrid.[nota 2]

Isabel Gea, en su Diccionario Enciclopédico de Madrid, especifica que fue en el siglo XVII cuando se ordenó a herreros y forjadores salir del centro de la ciudad, por el peligro de incendios que conllevaba su oficio, e instalar sus ferrerías en los aledaños de la calle del Barquillo, que luego se convirtió en "barrio de la chispería", dando identidad a un tipo madrileño.[3] Por su parte, Montoliu Camps sitúa a los "chisperos" en la zona norte del Madrid entre el siglo XVIII y la segunda mitad del siglo XIX, diferenciándolos de los "manolos", habitantes de los barrios bajos de la zona sur.[4]

Las chisperas[editar]

Así llamadas, en su origen, las hermanas de los chisperos, fueron desarrollando —como las "chulapas" y las "manolas"— su propia iconografía y personalidad. Así las hace cantar Vicente Cobos en su melodrama en un acto Los chisperos de Madrid:[5]

"Con mi chispero

contenta y satisfecha

vivir yo quiero.

De Madrid son chisperas las Maravillas,

del Lavapiés las majas, nobles y vivas".

El chispero Malasaña[editar]

Malasaña y su hija batiéndose contra los franceses, por Eugenio Álvarez Dumont.

Mencionado como ejemplo por la Academia, más fruto de leyenda popular que de la historia, se inscribe la personalidad y figura del "chispero" Jean Malesange, alias Malasaña —apodado así, y de profesión panadero—, héroe con su mujer y su hija, Manuela Malasaña, del 2 de mayo.[6] [7] Pedro de Repide, recoge la fábula y la completa, descubriendo que nunca existió ese bravo chispero que en el cuadro de Álvarez Dumont acuchilla al dragón de la caballería invasora, mientras su hija, que le servía los cartucho, muere a sus pies. Aunque sí existió una Manuela Malasaña y Oñoro, huérfana de padre, bordadora y vecina chispera del número 18 de la calle de San Andrés, y mártir de la francesada por ser portadora de unas tijeritas de costura cuando los soldados del General Murat la detienen y registran.[8]

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. La definición del DRAE añade que también se denomina chispero al encendedor o mechero antiguo, que funcionaba sacando chispa de una piedra o pedernal para inflamar yesca o una mecha de cuerda. También existe un cohete chispero.
  2. Es obvio que se les llamaba «chisperos» por las chispas con las que entraban en contacto ejerciendo su oficio.

Referencias[editar]

  1. Definiciones en el DRAE
  2. Galdós: El 19 de marzo y el 2 de mayo nº3 Serie 1ª de los Episodios Nacionales; capítulo XVIII pag. 70
  3. Gea, 2002, p. 156.
  4. Pedro Montoliu Camps, (1990), Fiestas y Tradiciones Madrileñas, Madrid, Ed. Silex, ISBN 8477370281, pp: 189-190
  5. Simón Díaz, 1993, p. 71.
  6. Peñasco de la Puente, 1993, p. 310.
  7. Veksler, Bernardo (2005). Del Barquillo a Chueca. Visión Libros. p. 112.  Consultado en septiembre de 2014
  8. Répide, 2002, p. 380.

Bibliografía[editar]

  • Barrera, Antonio (1983). Crónicas del género chico y de un Madrid divertido. Madrid: El Avapiés. ISBN 84-86280-02-8. 
  • Gea, María Isabel (2002). Diccionario Enciclopédico de Madrid. Madrid: La Librería. ISBN 8495889099. 
  • Répide, Pedro (2011). María Isabel Gea, ed. Las calles de Madrid. Madrid: Ediciones La Librería. ISBN 9788487290909. 
  • Simón Díaz, José (1993). Instituto de Estudios Madrileños, ed. Guía literaria de Madrid. Madrid: La Librería. ISBN 8487290450. 
  • Peñasco de la Puente, Hilario; Cambronero, Carlos (1990). Las calles de Madrid. Noticias, tradiciones y curiosidades. Madrid: Fernando Plaza del Amo, S.L. ISBN 978-84-87653-02-5.