Cartagena durante la Guerra de los Supremos

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Cartagena y las costumbres de la costa durante la primera mitad del siglo XIX[editar]

Cartagena y alrededores. 1823.

En Cartagena como en otras ciudades conservaba las costumbres y las tradiciones heredadas de aquellas épocas a las que pertenecía al imperio.

Croquis de Cartagena y sus lugares importantes. 1823.

Curiosamente dentro del puerto todo el mundo se conocía con su vecino y sabia todos sus defectos y su pasado. La sociedad tenía una tendencia a repartirse en castas bien definidas. La metrópoli seguía siendo el modelo. El creciente número de altos funcionarios extranjeros que llegaban a la ciudad (con su séquito de familiares y tal vez hasta empleados), ejercía una influencia importante en las costumbres de la costa, sin contar el número importante de libros franceses introducidos por barco al puerto de Cartagena o por lo menos en algunos círculos sociales.

En Cartagena las jornadas se desarrollaban a un ritmo regular. La alta sociedad formada por unas pequeñas comunidades criollas se levantaban temprano, iban a misa a la iglesia y luego desayunaban. Entre el medio día y las dos de la tarde almorzaban; el menú era a base de arroz, algunas veces acompañado de camarones secos, o de sancocho de carne de gallina . Luego venía la hora de la siesta seguida por un corto paseo. Al caer la noche se servía un refresco el cual consistía de agua de coco o agua panela y agua de limón, acompañada de galletas y dulces, acompañados de chocolates. Luego venía a rezar la hora del rosario. Antes de irse a la cama cenaban ligeramente. Los Domingos y los días de fiesta religiosa el programa variaba dependiendo también del clima.

Para la otra sociedad la vida no era muy similar a lo de siempre, ellos tenían menos comidas y más trabajo que realizar. Las fiestas religiosas tenía una importancia primordial, especialmente las fiestas de Semana Santa, Pascua, San Juan y Navidad.

Competencia por la supremacía marítima[editar]

División política durante la Gran Colombia. 1824.
Escudo de la Gran Colombia. 1830.

El puerto por excelencia durante la Colonia fue Cartagena, aunque Santa Marta siempre trato de disputarle el monopolio. Ambos puertos se hallaban distanciados del Río Magdalena, principal vía de comunicación con el interior, por no decir la única vía y no siempre fueron capaces de distribuir en forma efectiva los cargamentos de importación y exportación por este río. Aquí fue cuando entro en lucha por el monopolio, el pequeño y abierto puerto de Sabanilla a muy corta distancia de Barranquilla y por ahí del río Magdalena.

En 1830 empezó la competencia con sabanilla, se resintieron los Samarios y solicitaron al congreso la clausura de este puerto. En Santa Marta mostró mayor movimiento de buques con 137, de los cuales 68 eran extranjeros. Todo esto ocurrió mientras aún existía la Gran Colombia.

A principio de la década del 40, aunque el comercio total de Cartagena eran grandes, las importaciones por el puerto de Santa Marta habían superado las de Cartagena; pero Sabanilla por increíble que pareciera tenía mayores exportaciones que Santa Marta. A partir de 1845 Cartagena no pudo recuperar su posición como puerto principal.

Así mientras Cartagena decaía Santa Marta se convirtió en el puerto preferido de los Neogranadinos gracias a la creación de la compañía de Vapores creada en 1846. Con buques pequeños a vapor por el río Magdalena.

Los cartageneros desesperados ante el desastre que se les venía, pensaron en desarrollar varios proyectos para salvar su puerto, tales como dragar el canal de Bocachica para recibir buques de mayor calado; abrir un canal en Bocagrande, destruyendo la escollera construida por Antonio Arévalo; crear un puerto para reactivar la navegación por el canal del dique pero nada de esto se llevó a cabo hasta 1850 y se adecuo este viejo canal abierto en 1651, pero en 1852 ya estaba otra vez obstruido por la sedimentación.

Transporte Marítimo[editar]

Hacia 1842, el gobierno autorizó a Sabanilla como puerto paralelo. A esta decisión llegaron mas extranjeros a Barranquilla, hasta el punto en que en 1849 hubo 13 casas de comercio en esta ciudad, 8 eran extranjeras, en el mismo año existían 18 casas comerciales en la Nueva Granada, 7 en Barranquilla, 6 en Bogotá, 3 en Cartagena y 2 en Santa Marta.

Sin embargo, se encuentra cierta información de algunas tribus indígenas localizadas en las costas del atlántico y el pacifico que dejaron una larga tradición sobre la pesca artesanal en estas aguas, la cual satisfizo el escaso consumo local durante toda la Colonia y el siglo XIX.

1840[editar]

Muy pronto llego la guerra civil de 1840, llamada la Guerra de los Supremos . Esta guerra trajo mas desgracia y miseria a la economía e hizo que la pobreza tocara a toda la burguesía cartagenera. La guerra afecto drásticamente las rutas comerciales que permitían la llegada de mercancías a la ciudad, con lo que se impedía la principal función del puerto, lo que se consiguió aumentar la difícil situación por la que venía pasando.

Tomas Cipriano de Mosquera.

En esta contienda Cartagena no tuvo un buen puesto en la guerra a causa de que sus “líderes” carecían de un mando unificado, y fueron fácilmente derrotados por los generales Tomás Cipriano de Mosquera y Pedro Herrán.

El azote de la guerra toco a Cartagena, que por un tiempo estuvo en el poder de la fuerza que iba en contra del gobierno, y en octubre de 1841 se hallaba bajo el nuevo control de la facción constitucional, en peligro por ser atacada por la flotilla rebelde que, desde el Golfo de Morrosquillo, se presentaba para atacar a Cartagena al mando del teniente José Antonio Padilla, Veterano de Maracaibo, hermano del almirante y quien estuvo integrado a la marina desde 1833.

La pésima estrategia de las tropas insurrectas, y la mala disposición del gobierno sumiría a Cartagena en una miseria económica, evitando la entrada de exportaciones e importaciones, frente a esto el gobierno Británico trataría de aprovechar esta situación de desorden público, y el 19 de noviembre de 1841, el gobierno Británico apoyado por las tropas gubernamentales, produjo un encuentro que fue decisivo en la Bahía de Cispatá, produciendo 59 muertos, 23 heridos, y cerca de 200 prisioneros, causando una gran revuelta entre la población civil cartagenera, lo que llevaría al general Tomas Cipriano de Mosquera suprimir lo que quedaba de la marina.

Después de la guerra[editar]

Para 1843 y 1844 después de acabada la guerra, los Cartageneros volvieron sus ojos a unos proyectos que la ciudad gestionaba desde hace unos años, y que prometían ser salvadores. Pensaron en la conversión de su puerto y su ciudad amurallada en una zona de libre comercio, en una Zona franca. La situación costera de la ciudad y la total “apertura” de las murallas indudablemente favorecería este proyecto. Así lo habían hecho valer y no en uno sino en tres memoriales promulgando un acta provincial, que fue llevada ante el gobierno nacional en los años de 1842, 1843 y 1844. Allí se discutía que en atención a los frecuentes asedios que ha sufrido la ciudad y “sosteniendo la causa de la independencia y la libertad”, habían disminuido su población notablemente y reducido casi a nulidad su riqueza, por esto era justo que la nación premiara aquellos sufrimientos y una manera de hacerlo y conservar de paso la fortaleza de una ciudad que seguía siendo el antemural del antiguo reino era concediéndole la calidad de puerto franco.

La idea de los Cartageneros era hacer un puerto libre para que los comerciantes extranjeros pudieran descargar en Cartagena sus depósitos y almacenes sin pagar derechos de aduana. Con esto se economiza el viaje a los comerciantes granadinos en el exterior, que era costoso y lleno de peligros con ventajas para todos pero fue un fracaso.

Conclusión[editar]

La división y la disconformidad de los jefes regionales con el Gobierno central, que llegó hasta el estallido de una guerra civil, llamada de los supremos,dio finalmente el gobierno a Márquez, generando más pobreza y endeudamiento con los ingleses, muchos muertos y destrucción.

El resto del siglo la vida del país transcurre en una sucesión de enfrentamientos entre bolivarianos y santanderistas; artesanos y librecambistas; conservadores y liberales; federalistas y centralistas; terratenientes, esclavos y aparceros; clericales y radicales, que dan lugar a un rosario de conflictos civiles. Dibujando un triste proceso histórico para un país marcado por la guerra y la violencia del que aún no sale.

Véase también[editar]

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