Cambio climático en los años 535 y 536

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Los fenómenos meteorológicos de 535-536 fueron los episodios de enfriamiento de la atmósfera más graves y prolongados a corto plazo en el hemisferio norte en los últimos 2000 años.[1] Se piensa que este suceso puede haber sido causado por un extenso velo de polvo atmosférico, posiblemente como resultado de una gran erupción volcánica en los trópicos [2] o el impacto de desechos espaciales contra la Tierra.[3] Sus efectos se generalizaron, provocando el clima fuera de estación, malas cosechas, y hambrunas en todo el mundo.[3]

Evidencias documentales[editar]

En el 536, en su informe sobre las guerras contra los vándalos, el historiador bizantino Procopio de Cesarea (f. 565) escribió:

Durante este año tuvo lugar el signo más temible. Porque el Sol daba su luz sin brillo, como la Luna, durante este año entero, y se parecía completamente al Sol eclipsado, porque sus rayos no eran claros tal como acostumbra. Y desde el momento en que eso sucedió, los hombres no estuvieron libres ni de la guerra ni de la peste ni de ninguna cosa que no llevara a la muerte. Y sucedió en el momento en que Justiniano estaba en el décimo año de su reinado.

Procopio de Cesarea[4] [5]

Los anales gaélicos de Irlanda hacen constar lo siguiente:

  • «Perditio panis» (‘falta de pan‘), en el artículo correspondiente al año 536 en Los anales de Ulster, Year U536 (capítulo del año 536), de autor desconocido.
  • «Perditio panis» (‘falta de pan’), en el artículo correspondiente al año 536 en Los anales de Inisfallen, Annal AI534 (capítulo del año 534 a 543),

Más fenómenos informados por fuentes independientes de aquella época:

  • Bajas temperaturas, (en China cayó nieve en diciembre, lo cual aplazó la época de cosechas).[6]
  • Pérdida de cosechas.[7]
  • «Una densa niebla seca» en China, Europa y el oeste de Asia.[6]
  • Sequía en el Perú, que afectó a la cultura moche.[6] [8]

Evidencia científica[editar]

Los análisis de anillos de un roble irlandés, realizados por el dendrocronólogo irlandés Michael G. L. Baillie, de la Universidad Queen’s de Belfast, mostraron un crecimiento anormalmente pequeño en el año 536 y, después de una recuperación parcial, otra fuerte anomalía en el 542.[9] Patrones similares se registran en los anillos de árboles de Suecia y Finlandia, en la Sierra Nevada de California y en los anillos de árboles fitzroya chilenos.[cita requerida] Los núcleos de hielo de Groenlandia y la Antártida muestran evidencia de importantes depósitos de sulfato en torno al 533-534 (±2 años), lo cual es evidencia de un extenso velo de polvo ácido.[10]

Explicaciones posibles[editar]

Se ha conjeturado que estos cambios se debieron a las cenizas o el polvo lanzado al aire después del choque de un cometa[11] o meteorito,[12] [13] o después de la explosión de un volcán, un fenómeno conocido como «invierno volcánico».[14] La evidencia de depósitos de sulfato en muestras de hielo apoya firmemente la hipótesis del volcán; la capa de sulfatos es aún más espesa que la que acompañó al episodio menor de aberración climática, en 1816, conocido popularmente como el «año sin verano», que se ha relacionado con la explosión del volcán Tambora en Sumbawa (Indonesia[2] ).

En 1984, R. B. Stothers postuló que este suceso podría haber sido causado por el volcán Rabaul en lo que hoy es Papúa Nueva Guinea.[15]

En 1999, el escritor David Keys, en su libro Catastrophe: a quest for the origins of the modern world (Catástrofe: en busca de los orígenes del mundo moderno), basado en los trabajos del vulcanólogo estadounidense Ken Wohletz, afirmó que el cambio climático fue causado por el volcán Krakatoa, en Indonesia.[14] En el antiguo texto javanés Para rathon (Libro de los reyes) se menciona que hubo una gran erupción del Krakatoa en el año 416. Pero Keys señala que no hay evidencias de una gran erupción en el 416, por lo que el Krakatoa podría haber sido el causante de la catástrofe climática del 536.

En 2009, Dallas Abbott, del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad Columbia, en Nueva York, publicó evidencias provenientes de núcleos de hielo de Groenlandia que indican la existencia de múltiples impactos de un mismo cometa. En el hielo se han hallado esférulas que pueden provenir de residuos terrestres expulsados a la atmósfera por un evento de impacto, que podría haber causado el velo de polvo en la atmósfera.[16] [1]

En 2010, Robert Dull, John Southon y colegas presentaron evidencias que sugieren una conexión entre le erupción de Tierra Blanca Joven (TBJ) de la caldera del lago de Ilopango en el centro de El Salvador y el cambio climático del 535 d. C.[17] Aunque anteriormente se había publicado evidencia de carbono que sugería un rango de fechas entre el 408 y el 536 d. C. que era consistente con el empeoramiento climático, la conexión entre el fenómeno y la erupción no se hizo explícita hasta que investigaciones en sedimentos marinos del Pacífico centroamericano hechas por Steffen Kutterolf y colegas mostró que la erupción de TBJ fue mucho más grande de lo que se pensaba[18] . El carbono-14 radiactivo encontrado en un árbol que había muerto en el flujo piroclástico de la erupción de TBJ fue medido en detalle usando un acelerador de espectrometría de masa; los resultados sugerían la fecha de 535 d. C. como el año en que el árbol murió. Una estimación conservadora del volumen de piroclastos dio un valor aproximado de 84 km³, revelando un índice de explosividad volcánica de 6+ y una magnitud de 6,9. Los resultados sugieren que el tamaño, latitud y fecha de la erupción de TBJ del Ilopango son consistentes con los registros de sulfato encontrados en las capas de hielo.

Consecuencias históricas[editar]

Se ha sugerido que el suceso de 536 y el hambre resultante fueron la causa de los múltiples sacrificios de grandes cantidades de oro que realizaron las élites escandinavas al final del período migratorio —las llamadas «invasiones bárbaras»—, posiblemente para aplacar a los dioses enojados y volver a recibir la luz solar normal.[19] [20] La caída de la enorme ciudad de Teotihuacán, en Mesoamérica, ahora México también podría haberse debido a las sequías relacionadas con el cambio climático, con signos de disturbios civiles y hambrunas.

El libro de David Keys especula que el cambio climático puede haber contribuido a la evolución de diversos sucesos, tales como la aparición de la peste de Justiniano, la declinación del pueblo ávaro, la migración de las tribus mongoles hacia Occidente, el fin del Imperio persa, el desarrollo del islamismo y la caída de Teotihuacán. En 2000, una producción británica de Televisión 3BM (por WNET y Channel Four) capitalizó el libro de Keys. Este documental, bajo el nombre de Catastrophe! How the world changed (¡Catástrofe! Cómo cambió el mundo), fue transmitido en EE. UU. como parte de la serie Secrets of the dead de PBS. No obstante, las ideas de Keys y Wohletz no son ampliamente aceptadas en este tema. En una revisión del libro de Keys, el arqueólogo británico Ken Dark comentó que «mucha de la evidencia aparente presentada en este libro es altamente discutible, debido a la pobreza de las fuentes, o simplemente incorrecta» y que «no obstante, son dignos de elogio tanto la investigación en todo el mundo como el énfasis en que el siglo VI d. C. fue una época de cambios de amplio alcance, y el libro contiene información fascinante y oscura que será nueva para muchos. Sin embargo, no logra demostrar su tesis central y no ofrece una explicación convincente de los muchos cambios discutidos».[21]

Una cuestión al margen[editar]

El diseño y adopción en todo el mundo del Calendario gregoriano en 1580 supuso, necesariamente, un cambio de varios años con respecto a la documentación fechada un milenio antes. No parece haber documentos que hayan tomado esta idea en cuenta para la datación de esta anomalía meteorológica.

Una crítica: la ciencia no puede basarse sólo en la especulación[editar]

El artículo comienza señalando que: Los fenómenos meteorológicos de 535-536 fueron los episodios de enfriamiento de la atmósfera más graves y prolongados a corto plazo en el hemisferio norte en los últimos 2000 años.

Al respecto conviene señalar lo siguiente:

  • No puede referirse a cambio climático si se hace referencia a fenómenos meteorológicos ocurridos en un lapso de menos de 2 años. Las bajas temperaturas de esos 2 años, si las pudiésemos promediar con las temperaturas medias de una época de 30 años (que incluyeran dichos años, ver el concepto de clima) no mostrarían cambios significativos a escala climática (que no meteorológica) y, sobre todo, a escala global. Recordemos que la definición de clima habla de promedios del estado del tiempo atmosférico durante un período de 30 años o más, precisamente, para evitar el sesgo introducido por un registro meteorológico cuyos valores se salen de lo normal, pero sólo durante un breve lapso: esa meteorología distinta al promedio quedaría prácticamente contrarrestada por valores que, por definición, correspondían a temperaturas más altas durante los 28 años restantes. Una diferencia de varios grados de la temperatura se convertiría así en una temperatura promedio para el período de 30 años, de tan sólo unas décimas por debajo del promedio total.
  • Tampoco se puede extender las conclusiones del artículo a una época de casi 500 años antes del período de los dos años de temperatura más fría (al referirse a los últimos 2000 años). Si esos dos años sólo incidieron en unas décimas durante sólo 30 años, cuando le sumásemos 500 años más, matemáticamente desaparecerían absorbidos por datos de temperatura que por definición, como ya se ha dicho, serían más elevados.
  • El empleo de expresiones como Se ha sugerido...; podría haberse debido...; El libro de David Keys especula...; puede haber contribuido... dan fe de consideraciones especulativas reñidas con la investigación científica, como poco después se señala cuando en el propio artículo se critica el libro de Keys.
  • Por otra parte, también es una especulación totalmente reñida con el conocimiento científico considerar que nubes originadas en erupciones volcánicas ocurridas en el hemisferio sur pudieran haber oscurecido la atmósfera del hemisferio norte ya que el intercambio de aire atmosférico y de aguas oceánicas de un hemisferio a otro a través del ecuador terrestre es muy reducido salvo pequeñas excepciones que tienen que ver con la configuración de las costas, que afectan la dirección de las corrientes marinas y con la influencia de las mareas en el océano y la atmósfera, que dan origen a pequeños, breves y puntuales intercambios del aire atmosférico y de las aguas oceánicas de un hemisferio a otro cruzando la línea ecuatorial. Y los volcanes de Krakatoa y Rabaul, señalados como posible causa del cambio climático de los años 535 y 536, se encuentran al sur del ecuador.
  • Por último, resulta muy improbable, que el análisis de los anillos de crecimiento de un roble irlandés puedan atestiguar los cambios meteorológicos de hace 1500 años atrás. La dendrocronología no es una ciencia exacta, sino altamente especulativa, y factores completamente locales y reducidos en extensión pueden causar las mismas o mayores variaciones en los anillos de crecimiento que una supuesta nube planetaria de polvo volcánico. Y tomar el ejemplo de un sólo árbol como prueba de un cambio atmosférico de todo el planeta viola el principio de inducción suficiente, que resulta un obstáculo cuando se quiere probar algo a toda costa.

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. a b Abbott, D. H.; Biscaye, P.; Cole-Dai, J.; Breger, D.: «Magnetite and silicate spherules from the GISP2 core at the 536 AD horizon», abstract #PP41B-1454., diciembre de 2008.
  2. a b Larsen, L. B.; Vinther, B. M.; Briffa, K. R.; Melvin, T. M.; Clausen, H. B.; Jones, P. D.; Siggaard-Andersen, M.-L.; Hammer, C. U. et al.: «New ice core evidence for a volcanic cause of the A.D. 536 dust veil», en Geophys. Res. Lett., 35: L04708. doi: 10.1029/2007GL032450, año 2008.
  3. a b Ker Than: [«Slam dunks from space led to hazy shade of winter»,] en New Scientist, 201 (2689): 9; 3 de enero de 2009.
  4. Procopio: History of the wars, libro 4: «The vandalic war (continuación)», capítulo 14 renglón 4 a 10. Traducción al inglés de H. B. Dewing, impreso en 1916: «And it came about during this year that a most dread portent took place. For the sun gave forth its light without brightness, like the moon, during this whole year, and it seemed exceedingly like the sun in eclipse, for the beams it shed were not clear nor such as it is accustomed to shed. And from the time when this thing happened men were free neither from war nor pestilence nor any other thing leading to death. And it was the time when Justinian was in the tenth year of his reign».
  5. George Ochoa; Jennifer Hoffman; Tina Tin (2005): Climate: the force that shapes our world and the future of life on Earth. Emmaus (Pensilvania): Rodale. ISBN 1-59486-288-5; presenta esta cita como «Durante todo el año el Sol dio su luz sin brillo, como la Luna, y fue extremadamente parecido al Sol eclipsado» (The Sun gave forth its light without brightness, like the moon during this whole year, and it seemed exceedingly like the Sun in eclipse).
  6. a b c George Ochoa; Jennifer Hoffman; Tina Tin (2005): Climate: the force that shapes our world and the future of life on Earth. Emmaus (Pensilvania): Rodale. ISBN 1-59486-288-5.
  7. William Rosen (2007): Justinian’s flea: plague, empire and the birth of Europe. Londres: Jonathan Cape. ISBN 0-224-07369-9.
  8. David Patrick Keys (2000): Catastrophe: an investigation into the origins of the modern world. Nueva York: Ballantine Pub. ISBN 0-345-40876-4.
  9. Mike G. L. Baillie (1994): «Dendrochronology raises questions about the nature of the AD 536 dust-veil event» (‘La dendrocronología genera preguntas acerca de la naturaleza del velo de polvo en el año 536 d. C.’), en la revista The Holocene, 4 (2), figura 3, página 215; doi:10.1177/095968369400400211, 1994.
    Baillie descubrió graves anomalías climáticas en el 2354, 1628, 1159, 208 a. C., 536 d. C. y 540. En su libro Exodus to Arthur: catastrophic encounters with comets [Desde el Éxodo hasta el rey Arturo: encuentros catastróficos con cometas] (Batsford, 1999), y especialmente The celtic gods: comets in irish mythology (Tempus, 2005), relaciona los sucesos en el año 540 con los mitos irlandeses y la plaga de Justiniano.
  10. Larsen, L. B.; Vinther, B. M.; Briffa, K. R.; Melvin, T. M.; Clausen, H. B.; Jones, P. D.; Siggaard-Andersen, M.-L.; Hammer, C. U. et al.: «New ice core evidence for a volcanic cause of the A.D. 536 dust veil», en Geophys. Res. Lett., 35: L04708. doi: 10.1029/2007GL032450, año 2008.
  11. Ferren MacIntyre (2002): «Simultaneous settlement of indo-pacific extrema?», en Rapa Nui Journal, 16 (2): 96–104.
  12. Mike G. L. Baillie (1999): Exodus to Arthur: catastrophic encounters with comets (Desde el Éxodo hasta el rey Arturo: encuentros catastróficos con cometas). Londres: B.T. Batsford. ISBN 0-7134-8352-0.
  13. Rigby, Emma; Symonds, Melissa; Ward-Thompson, Derek (febrero de 2004): «A comet impact in AD 536?», en Astronomy and Geophysics, 45: 1.23. doi: 10.1046/j.1468-4004.2003.45123.x.
  14. a b Ken Wohletz: Were the dark ages triggered by volcano-related climate changes in the 6th century?
  15. R. B. Stothers (26 de enero de 1984): «Mystery cloud of AD 536», en Nature, 307: 344–5. doi:10.1038/307344a0.
  16. «Comet smashes triggered ancient famine», artículo en New Scientist, 7 de enero de 2009.
  17. Dull, R., J.R. Southon, S. Kutterolf, A. Freundt, D. Wahl, P. Sheets (13–17 December. 2010). «Did the TBJ Ilopango eruption cause the AD 536 event?». AGU Fall Meeting Abstracts 13:  pp. 2370. Bibcode2010AGUFM.V13C2370D. 
  18. Kutterolf, S. A. Freundt, and W. Peréz (2008). «Pacific offshore record of plinian arc volcanism in Central America: 2. Tephra volumes and erupted masses». Geochemistry Geophysics Geosystems 9, Q02S02 (2). doi:10.1029/2007GC001791. Bibcode2008GGG.....902S02K. http://www.agu.org/journals/ABS/2008/2007GC001791.shtml. 
  19. Morten Axboe (2001): «Året 536», en Skalk (4): 28–32.
  20. M. Axboe (1999): «The year 536 and the scandinavian gold hoards», en Medieval archaeology 43: 186–8.
  21. Ken Dark (noviembre de 1999): «Review of David Keys’ “Catastroph”» (revisión del libro «Catástrofe», de David Keys), en British Archaeology (49).
  22. «The 1452 or 1453 A.D. Kuwae eruption signal derived from multiple ice core records: greatest volcanic sulfate event of the past 700 years» (‘los rastros de la erupción del Kuwae de 1452 o 1453 d. C., derivada de múltiples registros de núcleos de hielo: el mayor evento volcánico de sulfatos en los últimos 700 años), artículo de Chaochao Gao et al en el sitio de la Universidad Rutgers.

Enlaces externos[editar]


La adopción del calendario Gregoriano, con respecto al Juliano, supone una alteración de días, no de años.