Ario honorario

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Ario honorario (en alemán: Ehrenarier) fue un término utilizado en la Alemania nazi. Era un estatus que otorgaba el Bureau de Investigación de la Raza a ciertas personas y colectivos, que generalmente no eran considerados biológicamente como parte de la raza aria, declarándolos parte honoraria de ésta. La explicación más extendida a por qué los nazis concedían la categoría de arias a personas de raza no nórdica o incluso no europea es el valor que se les concedió al considerarlas importantes para la economía alemana o el desarrollo de la guerra,[1] y otras razones meramente políticas.

A veces, sin embargo, se concedía por otros motivos no tan prácticos. Por ejemplo, los judíos que habían sido condecorados en la Primera Guerra Mundial por sus servicios militares al Imperio Alemán fueron considerados, de manera extraoficial, como arios honorarios y no se les persiguió.[2] En otras ocasiones, como en el caso de Emil Maurice, se concedía por motivos personales. Maurice había sido miembro del Partido Nazi desde su fundación y miembro de las SS, y tras descubrirse que tenía ascendencia judía estuvo a punto de ser expulsado (junto a otros miembros de su familia) del cuerpo paramilitar, pero fue perdonado y declarado ario honorario por Adolf Hitler.

Pese a la oportunidad que ofrecía el status de ario honorario, hubo judíos que se negaron a aceptarlo, como el compositor húngaro Imre Kálmán que, sorprendido por el Anschluss en Viena, rechazó la oferta y se vio obligado a huir, primero a Francia y después a Estados Unidos[3]

El caso de los japoneses[editar]

Mientras solo unos cuantos judíos se beneficiaron del status a título individual, se le otorgó a todos los japoneses como pueblo. Hitler se lo concedió tras el Pacto Anti-Komintern de 1936, y parece ser que no fue solo por razones económicas, militares o políticas, sino por su aparente “integridad racial”. En su testamento político, Hitler declaró:

El orgullo de la propia raza [...], y esto no implica desprecio por las otras razas [...], es también un sentimiento sano y normal. Nunca he mirado a los chinos y a los japoneses como inferiores a nosotros. Pertenecen a antiguas civilizaciones, y admito libremente que su Historia pasada es superior a la nuestra. Tienen el derecho a estar orgullosos de su pasado, igual que nosotros tenemos el derecho a estar orgullosos de la civilización a la que pertenecemos. De hecho, creo firmemente que los chinos y los japoneses mantienen el orgullo por su raza, lo mejor que podría encontrar para congeniar con ellos.[4]

Aunque de diferente etnia, ideólogos nazis como Heinrich Himmler consideraban que los asiáticos poseían suficientes cualidades en común con la sangre nórdico-alemana como para merecer una alianza con ellos. Himmler, que estaba muy interesado en ello y había sido influido por la antropología, la filosofía y las religiones panteístas del Asia Oriental, mencionó que su amigo Hiroshi Ōshima, el embajador de Japón en Alemania, creía que las castas nobles de Japón, los daimio y los samuráis, descendían de dioses,[5] creencia similar a la del propio Himmler, que pensaba que "la raza nórdica no evolucionó, sino que bajó directamente del Cielo para habitar en la Atlántida ."[5]

Referencias[editar]

  1. "In the Wind", La Nación Vol. 147, Issue 7. 13 de agosto de 1938 http://www.nationarchive.com/Summaries/v147i0007_08.htm-->
  2. Enzyklopädie des Nationalsozialismus (hrsg. Wolfgang Benz u. a.), 5. Auflage München 2007, ISBN 978-3-423-34408-1, S. 483.
  3. Histocial reviews and a biography/worklist by Kurt Gänzl).
  4. El Testamento Político de Adolf Hitler, Nota #5, (Abril de 1945)
  5. a b The Activities of Dr. Ernst Schaefer, OI - Final Interrogation Report (OI-FIR) No. 32, Secret - United States Forces European Theater Military Intelligence Service Center APO 757, 12 de febrero de 1946, pg. 4.