Alfabetización informacional

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Esta es una versión antigua de esta página, editada a las 11:48 11 oct 2020 por El wikignomo (discusión · contribs.). La dirección URL es un enlace permanente a esta versión, que puede ser diferente de la versión actual.
Mapa parcial de internet, cada línea de información se dibuja entre dos nodos que representan dos direcciones IP. Por esto hay que desarrollar la capacidad de identificar, buscar y localizar dentro de una sobresaturación de información en internet.

La alfabetización informacional (en inglés: information literacy) [1]​consiste en adquirir la capacidad de una persona para saber cuándo y por qué necesita información, dónde encontrarla, y cómo evaluarla, utilizarla y comunicarla de manera ética.[2]​ Se considera un prerrequisito para participar eficazmente en la Sociedad de la Información y es parte de los derechos básicos de la Humanidad para un aprendizaje permanente.[3]​ La OCDE la incluye como una de las competencias básicas para cualquier ciudadano,[4]​ y el Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea han hecho también una recomendación sobre el aprendizaje permanente y las competencias clave, citándola como una de ellas.[5]​ En España, finalmente, es una de las ocho competencias básicas que todo estudiante debe alcanzar al acabar la Educación Secundaria Obligatoria[6]

Terminología

La expresión “alfabetización informacional” es la traducción más habitual de “information literacy”, que se ha extendido por su presencia y utilización en la red Internet y su uso en publicaciones especializadas y en monografías como la de Gómez-Hernández Estrategias y modelos para enseñar a usar la información,[7]​ aunque también están extendidas las denominaciones «alfabetización en información», «desarrollo de habilidades informativas», DHI (en México y Colombia), o «competencias informacionales».[8][9]

Se usa mucho igualmente el acrónimo ALFIN (como en el mundo anglosajón existe el acrónimo INFOLIT),[10]​ que fue propuesto por Félix Benito, autor, en 1995, de la primera tesis doctoral sobre este tema en España,[11]​ tras la de Francisco J. Bernal (1982), fundador de la revista Educación y Biblioteca e impulsor de la Pedagogía de la información. El mismo Benito acuñó otra expresión relacionada, la de «educación documental», formulada para proponer la competencia en el uso de la información como un tema transversal para la Educación Secundaria Obligatoria española, con el objetivo de formar a todos los estudiantes en las metodologías de gestión y uso de la información documental.[12]

El que se use tanto el término alfabetización es consecuencia del uso en inglés del término literacy, que por extensión se aplica a la capacidad de usar diferentes medios, tecnologías o lenguajes. Así, se habla de alfabetización audiovisual –la capacidad de comprensión y crítica de los medios y lenguajes audiovisuales[13]​-, tecnológica –la capacidad de manejo de la tecnología de la información-, digital –el dominio de los medios hipertexto e Internet-, científica –el dominio de la ciencia y sus mecanismos de creación, transmisión y aplicación- y de otras muchas alfabetizaciones. Pero la alfabetización informacional tiene una dimensión comprensiva de las demás, siendo por ello, según Kay Raseroka, presidenta de la IFLA, un objetivo primordial la alfabetización continua (lifelong literacy), que englobaría la alfabetización lectoescritora básica, la digital y la ALFIN, integrándola con la idea de aprendizaje permanente[cita requerida]. La alfabetización informacional implica que se produce un reflujo de los saberes distribuidos cerebralmente, tal como afirma Josefa Sabor en su tan citado Manual de Fuentes de Información del año 1983. La alfabetización de la información es un tema que ha venido generando discusiones en la literatura científica, porque se ha generado como una nueva necesidad del aprendizaje.

Desarrollo normativo

La descripción de los conceptos, procedimientos y actitudes que abarca esta competencia se ha realizado a través del desarrollo de normas de diferentes asociaciones[14]​ y modelos pedagógicos como Modelo Big 6 o BigBlue. Hasta ahora, la mayoría de las propuestas diferenciaban sus contenidos según el ámbito en que se fuesen a aplicar y las características de los destinatarios.[15]​ El reto es llegar a un modelo de consenso, unas normas internacionales de carácter general válidas para describir en qué consiste la competencia informacional para cualquier individuo, y lo bastante flexibles como para adecuarse a marcos, colectivos y sociedades diferentes.

La calidad de la información con la que nos relacionamos determina en gran medida nuestras percepciones, creencias y actitudes.

Un problema que se observa es que en las políticas de desarrollo de la Sociedad de la Información se ha dado prioridad a la alfabetización tecnológica o digital, cuando una auténtica superación de la brecha digital requiere una alfabetización informacional, pues la comprensión y evaluación de la información es una condición para el uso adecuado y generalizado en la sociedad de las herramientas tecnológicas que mediatizan el acceso y uso de la información.[16]

En cuanto a los métodos de enseñanza y evaluación de la alfabetización informacional, se basan en los enfoques constructivistas del aprendizaje, en los que el sujeto hace un aprendizaje significativo, que parte de sus conocimientos previos, y es activo, reflexivo e intencional en la realización de sus tareas. Por ello, se deben utilizar metodologías que favorezcan la implicación del sujeto en su proceso de aprendizaje, por medio de actividades prácticas de resolución de problemas (véase Aprendizaje basado en problemas) teniendo que utilizar información, compartirla (trabajo colaborativo, grupos de discusión), y llegando a ser capaz de autoevaluar el proceso que ha seguido y sus resultados.

Otra consideración frecuente es que la competencia informacional se adquiere mejor cuando se hace en el contexto de las necesidades de quienes siguen los programas; por ejemplo, si se hace en la escuela o la universidad,[17]​ deben integrarse las actividades con las asignaturas y trabajos de los alumnos, de modo que no se les enseñe a informarse en abstracto, sino con ejemplos ajustados a sus intereses. Aunque esto hace que la motivación sea mayor, no siempre las actuaciones de alfabetización informacional se pueden hacer dentro del currículo formal, y en todo caso se debe procurar encontrar la relación entre los contenidos de la formación y los intereses de los destinatarios, y dar una acreditación de lo que han aprendido. La colaboración con docentes y el contexto son importantes, pero lo fundamental es que la competencia adquirida debe ser útil en cualquier situación, especialmente cuando el aprendizaje continuo ha roto la frontera entre educación formal y aprendizaje informal. La relegación de la alfabetización informacional tendría que ver en España con la dificultad para el cambio de la cultura docente y la insuficiencia de las bibliotecas escolares,[18]​ lo que perpetúa los métodos didácticos basados en la transmisión y reproducción de contenidos, más que en el desarrollo de competencias. La alfabetización información es un paradigma teórico orientado a potenciar las buenas prácticas de modelos formativos para aprender a aprender, en una triple perspectiva: cognitiva, emocional y ética.

Campos de acción

Toda biblioteca, los docentes y otros profesionales del campo de la enseñanza-aprendizaje pueden contribuir a la adquisición de esta competencia,[19]​ que ayuda a desarrollar un pensamiento crítico[20]​ y ser capaz de aprender durante toda la vida, capacitando para adquirir nueva información e integrarla con el conocimiento previo.[21]​ Desde el punto de vista teórico o de la investigación el objetivo es el desarrollo de normas, modelos pedagógicos, criterios de evaluación, estrategias políticas para la mejora de las competencias informacionales de los ciudadanos.[22]

En el campo de la educación incluye la educación formal en todos sus niveles, la educación informal, la educación a distancia y virtual, su inclusión en modelos curriculares, así como la evaluación, estándares y acreditaciones.

En el área de salud,[23]​ además de la formación continua de profesionales como personal médico, hospitales, clínicas y servicios de emergencia médica, cubre también dominios tales como emergencia en catástrofes, problemas de transporte y energía y servicios de ayuda y orientación.

En el ámbito de los negocios y el desarrollo económico, gestionar esta competencia implica una inversión en capital humano y empleabilidad sustentable, tanto en las industrias nacionales como extranjeras.

Educación Superior

La sobresaturación de la información disponible para el universitario, y su naturaleza sin rigor, subrayan la necesidad de contar con una habilidad lectora para enlazar, evaluar e interpretar la información.[17]​ Esto tiene efectos negativos sobre lo que se espera en la literacidad informacional de los universitarios en la sociedad de la información.[24]​ En este contexto, los medios digitales han reformado la literacidad, se han modificado las actividades tradicionales del comportamiento lector y se transfiguraron las necesidades e intereses de los actores académicos en el proceso de enseñanza.[25][26]​ Actualmente, los estudiantes viven una relación estrecha con la tecnología, no obstante, no significa que aprendan; saben comunicarse vía redes sociales, pero con dificultad las usan como instrumentos de aprendizaje.[27]

Simultáneamente, la contingencia provocada por el Covid-19 resalta el problema de los estudiantes para buscar, seleccionar, manejar, interpretar y comunicar información a partir del cúmulo de material falso que se comparte en línea.[23]​ Lo que los docentes esperan es que los estudiantes aprendan a utilizar las bondades de internet para acercarse rápido a tan diversa información, de la cual se pueden apoyar de las habilidades de su experiencia lectora.[28]

Alfabetización informacional en bibliotecas

A diferencia de la formación de usuarios tradicionalmente realizada por las bibliotecas, de la que se puede considerar una evolución, la alfabetización informacional no se limita a preparar al usuario para usar una institución o sus servicios, ni pretende que este se adapte a unos criterios técnicos u organizativos, ni se queda meramente en la instrucción bibliográfica, en las habilidades de búsqueda y localización de la información. La alfabetización informacional aspira a incluir competencias no trabajadas usualmente en la formación de usuarios: evaluación de los recursos, comprensión, utilización y comunicación de la información.[29]​ Es decir, para usar la información en la toma de decisiones o generar conocimiento hay que entrar en habilidades cognitivas, e incluso en aspectos éticos. Muchas actividades de formación de usuarios serían en parte alfabetización informacional, pero en función de las necesidades de los individuos, de las posibilidades del contexto o de la colaboración con otros mediadores en procesos de aprendizaje, habrá que ir más allá para incluir el uso reflexivo e intencional de la información para la creación de conocimiento. La alfabetización informacional se relaciona, en última instancia, con los enfoques constructivistas del aprendizaje, el fomento de la autonomía del individuo y el desarrollo de su capacidad crítica en una sociedad compleja, necesitada de implicación y participación democrática. Para ello las bibliotecas diseñan y organizan Servicios de alfabetización informacional, que pueden incluir cursos presenciales y en línea, tutoriales, sesiones informativas, guías o manuales de uso de recursos documentales (catálogos, buscadores o bases de datos, etc.), para facilitar el que los usuarios adquieran esta capacidad.[30]

Sobre la puesta en práctica de servicios de alfabetización informacional en las bibliotecas, hay que decir que es cada día mayor, aunque es compleja porque implica:[31]

• Nuevas competencias educativas de los profesionales (que deben tener ellos mismos competencia informacional),

• Una nueva concepción de los servicios según la cual apoyar el aprendizaje permanente y enseñar a usar la información se perciba como un valor añadido para las instituciones documentales

• Asumir un rol como mediadores de procesos de aprendizaje

• Establecer vínculos con el sistema educativo formal y otros servicios comunitarios relacionados que ayuden a su aplicación, consolidación y acreditación

• Adaptarse a las necesidades formativas de grupos específicos de usuarios y al contexto...

Por eso es bueno desarrollar experiencias, consensuar modelos y normas, fomentar la colaboración a través de foros y colectivos interesados… En ese sentido, a nivel internacional debemos destacar la Declaración de Alejandría, de noviembre de 2005, fruto del Coloquio organizado por el National Forum on Information Literacy y UNESCO, o el Seminario “Biblioteca, Aprendizaje y ciudadanía.[32]​ La alfabetización informacional[33]​ realizado en Toledo en febrero de 2006. En concreto, en Alejandría se consideró la alfabetización informacional como un eje en todas las facetas de la vida, y “faro” de la sociedad de la información: “se encuentra en el corazón mismo del aprendizaje a lo largo de la vida. Capacita a la gente de toda clase y condición para buscar, evaluar, utilizar y crear información eficazmente para conseguir sus metas personales, sociales, ocupacionales y educativas. Constituye un derecho humano básico en el mundo digital y promueve la inclusión social de todas las naciones. El aprendizaje a lo largo de la vida permite que los individuos, las comunidades y las naciones alcancen sus objetivos y aprovechen las oportunidades que surgen en un entorno global en desarrollo para beneficios compartidos. Ayuda a las personas y a sus instituciones a afrontar los retos tecnológicos, económicos y sociales, a remediar las desventajas y a mejorar el bienestar de todos”. Además, concluye que “resulta crucial para las ventajas competitivas de individuos, empresas (especialmente las pequeñas y medianas[34]​), regiones y naciones; ofrece la clave para el acceso, uso y creación eficaz de contenidos en apoyo del desarrollo económico, la educación, la salud y los servicios humanos, y de todos los demás aspectos de las sociedades contemporáneas; y con ello ofrece una base vital para conseguir las metas de la Declaración del Milenio y de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información; y se extiende más allá de las meras tecnologías actuales para cubrir el aprendizaje, el pensamiento crítico y las competencias de interpretación por encima de fronteras profesionales, potenciando a los individuos y comunidades” que todo se puede encontrar en los sucesos del saber en uroksitios.

Diferencia entre alfabetización informacional y formación de usuarios

La alfabetización informacional va más allá de los cursos de informática, el acceso a Internet, o de las actividades de animación a la lectura. García Gómez y Díaz Grau (2007) son tres las diferencias entre la formación de usuarios y la alfabetización informacional:

1. La planificación: mientras la formación de usuarios en las bibliotecas se limita a enseñar espacios y las normas de funcionamiento y de préstamo, explicar cómo realizar la búsqueda de libros... una buena práctica ALFIN debe de considerar las necesidades específicas de los usuarios y sus características para poder establecer unos objetivos de aprendizaje y ofrecer actividades diversas diferenciadas para cada público objetivo. El proceso termina, además, con la evaluación de resultados para conocer tanto el progreso de los usuarios como para valorar la eficacia de la práctica.

2. La finalidad del proceso: gracias a la alfabetización informacional el usuario se convierte en un individuo independiente y autónomo para gestionar problemas de información.

3.Desarrollar habilidades cognitivas: al contrario que en la formación de usuarios, en la alfabetización el usuario llega a planificar y supervisar su trabajo intelectual, consigue mejorar la comprensión de textos y fomentar un pensamiento crítico y creativo.

Alfabetización informacional y Web Social

La extensión de herramientas y posibilidades denominadas de Web 2.0, como blogs, wikis, redes sociales, marcadores sociales, sitios de publicación de contenidos abiertos, etcétera, constituye un contenido que debe incluirse en los programas de alfabetización informacional en dos sentidos: Enseñar qué herramientas existen y qué sentido tienen para los usuarios la información, y usar estas mismas como herramientas o instrumentos de alfabetización informacional.[35]

Véase también

Referencias

  1. Boden, Debbi; Woolley, Marcus; Armstrong, Chris (2004). «Alfabetización en información: la definición de CLIP». Boletín de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios 19 (77): 79-84. 
  2. Bawden, David (1 de enero de 2001). «Information and digital literacies: a review of concepts». Journal of Documentation 57 (2): 218-259. ISSN 0022-0418. doi:10.1108/EUM0000000007083. Consultado el 7 de septiembre de 2020. 
  3. «Según la Declaración de Praga, NFIL/Unesco». 2003. Archivado desde el original el 16 de septiembre de 2008. 
  4. «Proyecto DeSeCo de definición de competencias básicas». 2 de junio de 2006. Archivado desde el original el 4 de agosto de 2007. 
  5. «Recomendacion del Parlaento Europeo y el Consejo : sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente». Diario Oficial de la Unión Europea. 30 de diciembre de 2006. 
  6. Ministerio de Economía y Hacienda – España (5 de enero de 2007). «Disposiciones generales». BOE 5. 
  7. Gómez-Hernández, José-Antonio (2000). Estrategias y modelos para enseñar a usar la información. Murcia: KR. Consultado el 15 de mayo de 2018. 
  8. «What is the NFIL?». National Forum on Information Literacy. Consultado el 25 de octubre de 2012. 
  9. «Presidential Committee on Information Literacy: Final Report». 10 de enero de 1989. Consultado el 25 de octubre de 2012. 
  10. «International Alliance». The National Forum of Information Literacy. Consultado el 28 de octubre de 2012. 
  11. «About the Information Literacy Section». 16 de agosto de 2014. Consultado el 6 de noviembre de 2014. 
  12. Benito Morales, Félix (1995). «Educación Documental : Reto y compromiso para docentes y bibliotecarios». Educación y Biblioteca, n,57. USAL - Universidad de Salamanca. Consultado el 4 de junio de 2018. 
  13. «Information literacy and fake news: How the field of librarianship can help combat the epidemic of fake news». The Journal of Academic Librarianship (en inglés) 46 (5): 102218. 1 de septiembre de 2020. ISSN 0099-1333. doi:10.1016/j.acalib.2020.102218. Consultado el 9 de octubre de 2020. 
  14. Han regulado lo relativo a la alfabetización informacional las asociaciones estadounidenfses ACRL/ALA, AASL/ALA, las australianas ANZIIL y las británicas SCONUL y CILIgP, entre otras.
  15. Sample, Angela (1 de marzo de 2020). «Historical development of definitions of information literacy: A literature review of selected resources». The Journal of Academic Librarianship (en inglés) 46 (2): 102116. ISSN 0099-1333. doi:10.1016/j.acalib.2020.102116. Consultado el 9 de octubre de 2020. 
  16. «Media and Information Literacy». UNESCO. Archivado desde el original el 13 de mayo de 2016. Consultado el 28 de octubre de 2012.  |archive-url= y |urlarchivo= redundantes (ayuda); |archive-date= y |fechaarchivo= redundantes (ayuda)
  17. a b Dupuis, Elizabeth A. (26 de agosto de 1997). «The Information Literacy Challenge». Internet Reference Services Quarterly 2 (2-3): 93-111. ISSN 1087-5301. doi:10.1300/J136v02n02_11. Consultado el 7 de septiembre de 2020. 
  18. «Digital and information literacy inside and outside Spanish primary education schools». Learning, Culture and Social Interaction (en inglés) 28: 100455. 1 de marzo de 2021. ISSN 2210-6561. doi:10.1016/j.lcsi.2020.100455. Consultado el 9 de octubre de 2020. 
  19. Hammons, Jane (1 de septiembre de 2020). «Teaching the teachers to teach information literacy: A literature review». The Journal of Academic Librarianship (en inglés) 46 (5): 102196. ISSN 0099-1333. doi:10.1016/j.acalib.2020.102196. Consultado el 9 de octubre de 2020. 
  20. Goodsett, Mandi (1 de septiembre de 2020). «Best practices for teaching and assessing critical thinking in information literacy online learning objects». The Journal of Academic Librarianship (en inglés) 46 (5): 102163. ISSN 0099-1333. doi:10.1016/j.acalib.2020.102163. Consultado el 9 de octubre de 2020. 
  21. «Information Literacy Competency Standards for Higher Education». Association of College & Research Libraries (ACRL) (en inglés). 1 de septiembre de 2006. Consultado el 15 de febrero de 2018. 
  22. «Enrichissement de la langue française : une parution intéressante au BO». - Économie Gestion en Lycées Professionnels - Pédagogie - Académie de Poitiers (en francés). 7 de febrero de 2017. 
  23. a b «The tsunami of misinformation on COVID-19 challenged the health information literacy of the general public and the readability of educational material: a commentary». Public Health (en inglés) 187: 109-110. 1 de octubre de 2020. ISSN 0033-3506. PMC 7440154. PMID 32942170. doi:10.1016/j.puhe.2020.08.011. Consultado el 9 de octubre de 2020. 
  24. «Online information literacy instruction in Mexican university libraries: The librarians' point of view». The Journal of Academic Librarianship (en inglés) 45 (3): 242-251. 1 de mayo de 2019. ISSN 0099-1333. doi:10.1016/j.acalib.2019.03.008. Consultado el 9 de octubre de 2020. 
  25. Ballester, Josep; Ibarra, Noelia (2016-12). «La educación lectora, literaria y el libro en la era digital». Revista chilena de literatura (94): 147-171. ISSN 0718-2295. doi:10.4067/S0718-22952016000300008. Consultado el 9 de octubre de 2020. 
  26. Luck, Sarah Elizabeth; Lamp, John William; Craig, Annemieke; Coldwell-Neilson, Jo (1 de enero de 2016). «The book: production and participation». Library Review 65 (1/2): 2-19. ISSN 0024-2535. doi:10.1108/LR-02-2015-0018. Consultado el 9 de octubre de 2020. 
  27. «TIC en el trabajo del aula. Impacto en la planeación didáctica». Revista Iberoamericana de Educación Superior (en inglés) 4 (10): 3-21. 1 de enero de 2013. ISSN 2007-2872. doi:10.1016/S2007-2872(13)71921-8. Consultado el 9 de octubre de 2020. 
  28. Ávila-Carreto, Armando; Mora, Daniel Mocencahua (31 de julio de 2020). «Prácticas letradas vernáculas y universitarias: una vinculación en la sociedad de la información». Práctica Docente. Revista de Investigación Educativa 2 (4): 145-161. ISSN 2683-2410. Consultado el 9 de octubre de 2020. 
  29. García Gómez, Fco.Javier; Díaz Grau, Antonio (2007). «Formación de Usuarios y Alfabetización informacional: dinámicas de trabajo en bibliotecas públicas.». Texto incluido en Gómez de la Iglesia, Roberto (edit.): Acción pedagógica en organizaciones artísticas y culturales. VitoriaGasteiz: Grupo Xabide, 2007; 215-247 ISBN 84-92-1274-9-8. 
  30. OCDE (2013). «Perspectives de l'OCDE sur les compétences 2013» (en francés). p. 124. Consultado el 15 de febrero de 2018. 
  31. «ALFIN - BIBLIOINFO3». sites.google.com. Consultado el 13 de octubre de 2019. 
  32. «Media and Information Literacy: Documents». UNESCO. Archivado desde el original el 13 de mayo de 2016. Consultado el 28 de octubre de 2012.  |archive-url= y |urlarchivo= redundantes (ayuda); |archive-date= y |fechaarchivo= redundantes (ayuda)
  33. «Ponencias”». 3 de febrero de 2006. Archivado desde el original el 1 de julio de 2007. 
  34. Ahmad, Farhan; Widén, Gunilla; Huvila, Isto (1 de abril de 2020). «The impact of workplace information literacy on organizational innovation: An empirical study». International Journal of Information Management (en inglés) 51: 102041. ISSN 0268-4012. doi:10.1016/j.ijinfomgt.2019.102041. Consultado el 9 de octubre de 2020. 
  35. Click, Amanda; Petit, Joan (2010-06). «Social networking and Web 2.0 in information literacy». The International Information & Library Review 42 (2): 137-142. ISSN 1057-2317. doi:10.1016/j.iilr.2010.04.007. Consultado el 27 de agosto de 2018. 

Bibliografía

  • Benito Morales, F. (1996). «Del dominio de la información a la mejora de la inteligencia. Diseño, aplicación y evaluación del programa HEBORI». En Universidad de Murcia, ed. Tesis doctoral no publicada (en inglés) (España). 
  • Bernal, F.J. (1982). «Fundamentos sociales del uso y enseñanza de la tecnología de la información». Tesis Universidad Complutense (en inglés). 
  • Chartered Institute of Library and Information Professionals. (2004). Alfabetización en información: la definición de CILIP (UK). Boletín de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios, No. 77, 79-84. Recuperado a partir de: http://www.redalyc.org/pdf/353/35307705.pdf (en inglés). 
  • García Gómez, F.J.; Díaz Grau, A. Formación de usuarios y Alfabetización informacional: dinámicas de trabajo en bibliotecas públicas. (en inglés). 
  • Gómez-Hernández, J. A., Licea de Arenas, J. (2005). «El compromiso de las bibliotecas con el aprendizaje permanente. La alfabetización informacional». En TREA, ed. En: López, P., y Gimeno, J. (coords.) Información, conocimiento y bibliotecas en el marco de la globalización neoliberal (en inglés) (Gijón): 145-180. 
  • Gómez-Hernández, J.A., Pasadas Ureña, C. (2003). «Information literacy developments and issues in Spain». Library Review (en inglés). 52 (7): 340-348. 
  • «Declaración de Praga». United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization and National Forum on Information Literacy (en inglés). 2003. 

Enlaces externos