Brecha digital

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Brecha digital hace referencia a una totalidad socioeconómica entre aquellas comunidades que tienen accesibilidad a Internet y aquellas que no, aunque tales desigualdades también se pueden referir a todas las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC), como el computador personal, la telefonía móvil, la banda ancha y otros dispositivos. Como tal, la brecha digital se basa en diferencias previas al acceso a las tecnologías.[1] De acuerdo con Eurostat, la brecha digital consiste en la "distinción entre aquellos que tienen acceso a Internet y pueden hacer uso de los nuevos servicios ofrecidos por la World Wide Web, y aquellos que están excluidos de estos servicios".[2] Este término también hace referencia a las diferencias que hay entre grupos según su capacidad para utilizar las TIC de forma eficaz, debido a los distintos niveles de alfabetización, carencias, y problemas de accesibilidad a la tecnología. También se utiliza en ocasiones para señalar las diferencias entre aquellos grupos que tienen acceso a contenidos digitales de calidad y aquellos que no. El término opuesto que se emplea con más frecuencia es el de inclusión digital y el de inclusión digital genuina (Maggio, 2007).[3] De aquí se extrae también el concepto de "infoexclusión" para designar los efectos discriminatorios de la brecha digital.

Historial de la brecha digital[editar]

El concepto de brecha digital encuentra su antecesor en el llamado informe “El eslabón perdido”, que se publicó en 1982 por la comisión Maitland. Este puso de manifiesto las conclusiones sobre la carencia de infraestructuras de telecomunicaciones en los países en vías de desarrollo, poniendo como ejemplo el teléfono. El término procede del inglés digital divide, utilizado durante la Administración Clinton, aunque su autoría no puede ubicarse con toda precisión. Mientras que en algunas referencias, se cita a Simon Moores como acuñador del término, Hoffman, Novak y Schlosser[4] se refieren a Lloyd Morrisett como el primero que lo empleó para hacer referencia a la fractura que podía producirse en los Estados Unidos entre "conectados" y "no conectados", si no se superaban las serias diferencias entre territorios, razas y etnias, clases y géneros, mediante inversiones públicas en infraestructuras y ayudas a la educación. En todo caso, durante esta administración se dio lugar a una serie de reportes publicados bajo el título Falling through the Net, en el que se dejaba evidencia del estado que este fenómeno guardaba en la sociedad estadounidense a finales de la década de 1990. A partir de este origen, algunos autores prefieren en español, el término fractura digital[5] o estratificación digital,[6] por ser mucho más expresivos sobre lo que realmente significa. La traducción a otras lenguas latinas, como el francés, también ha optado por el término de fractura. No obstante, la mayoría de los autores hispanos se decanta por el de brecha, más suave y políticamente correcto. Algunas otras expresiones que han sido usadas para referirse a la Brecha Digital son divisoria digital,[7] brecha inforcomunicacional[8] y abismo digital.[9]

Otros autores extienden el alcance de la Brecha Digital para explicarla también en función de lo que se ha denominado analfabetismo digital, que consiste en la escasa habilidad o competencia de un gran sector de la población, especialmente entre aquellos nacidos antes de la década de 1960, para manejar las herramientas tecnológicas de computación y cuyo acceso a los servicios de Internet es por ende muy escaso.

Aspectos teóricos de la brecha digital[editar]

Algunos de los primeros autores que abordaron el problema de la Brecha Digital desde una aproximación sistemática y socialmente profunda fueron Herbert Schiller[10] y William Wresch.[11] De manera general, estos autores planteaban la necesidad de incluir a todos los sectores de la población en el acceso a la información disponible a través de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, así como de las posibles ventajas derivadas de tal acceso.

Para Pippa Norris,[12] se trata de un fenómeno que implica tres aspectos principales: la brecha global (que se presenta entre distintos países), la brecha social (que ocurre en el interior de una nación) y la brecha democrática (que se refiere a la que existe entre quienes participan y quienes no participan de los asuntos públicos en línea).

Otra corriente de investigadores[13] se han centrado en aspectos cuantitativos de la brecha digital, destacando las diferencias estadísticas en el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación, según un extenso abanico de variables socio-demográficas entre las que destacan el sexo, edad, nivel de ingresos, escolaridad, raza, etnia y lugar de residencia.

Uno de los aspectos más recientes que han sido analizados[14] sobre la brecha digital, tiene que ver no solamente con el acceso a Internet, sino con la calidad de dicho acceso y la disponibilidad de conexiones de banda ancha que permitan acceder a contenidos multimedia en tiempos y costos adecuados al contexto de los usuarios.

De forma específica, el investigador holandés Jan van Dijk identifica cuatro dimensiones en el acceso: la motivación para acceder; el acceso material; las competencias para el acceso; y el acceso para usos avanzados (o más sofisticados). Plantea que la brecha digital está en constante evolución, dado el surgimiento de nuevos usos tecnológicos, que son apropiados más rápidamente por aquellos que tienen el acceso en forma más permanente y de mejor calidad, determinado por dicho ancho de banda.

El propósito de la brecha digital es enfocarse a la revisión de la información y comuncación para el extenso desarrollo de las TICs.

La brecha digital en el contexto de la sociedad de la información[editar]

Con ocasión de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI) los principales grupos de la sociedad civil dieron vida a la campaña CRIS (Communication Rights in the Information Society –Derechos de Comunicación en la Sociedad de la Información), con el objetivo de infundir la agenda de la Cumbre con cuestiones relacionadas con los medios de gobierno y derechos a la comunicación.

En la CRIS se ha enfatizado la función de las nuevas tecnologías como herramientas de comunicación de valores comunes entre grupos, individuos y organizaciones sociales, criticando una justificación instrumental de las tecnologías vistas principalmente como un fin más que como un medio para impulsar un cambio social, una visión instrumental que no considera ni las barreras culturales y lingüísticas, ni las relaciones de dependencia y subordinación técnica, económica y política entre y dentro del Norte y el Sur del Mundo.

La inclusión digital, sostiene este sector de la sociedad civil, hay que pensarla como un asunto colectivo, no individual, donde los beneficios sociales hay que verlos en relación a los que se generan para las comunidades, organizaciones, familias y grupos que sacan provecho de las tecnologías, aunque no tengan acceso a éstas. La eficacia de las políticas de inclusión digital dependerán de las posibilidades de integración del conocimiento en los propios objetivos de sus beneficiarios, considerando que no existe un solo modelo, sino muchas posibles sociedades de la información y de la comunicación adaptadas según las diferentes necesidades y objetivos individuales y comunes de un planeta para nada homogéneo.

Según la Organización Mundial del Comercio, las nuevas oportunidades tecnológicas (y del libre comercio a escala global) serán el motor de una "tercera revolución industrial". Gracias a las TICs, se sostiene, se podrán anular las brechas de pobreza y de falta de recursos existentes, confrontándose en el campo de la economía, de las transformaciones políticas y sociales, de la identidad, en la cultura y en el poder, modelando nuevas relaciones a escala global.

A través del comercio electrónico y de los e-servicios, de la reducción de los costos de conexión, mejorando la eficiencia de los gobiernos y servicios públicos y favoreciendo el rol del sector privado, se creará un "entorno favorable" para lograr la reducción de las desigualdades entre y dentro de los Estados, siempre según la OMC.

Algunos autores críticos[15] [16] han señalado que si bien en las grandes agendas internacionales se enfatizan los grandes beneficios que las Nuevas Tecnologías pueden tener para los países del Sur, lo que hasta ahora se identifica con la Sociedad de la Información se muestra como una invención de las necesidades de la globalización, vista como un fenómeno neoliberal; un desarrollo que no tiene en cuenta las necesidades de un Sur, que se encuentra en la parte equivocada de la brecha digital.

Según esta visión, son los países del Norte los principales propietarios y beneficiarios de la World Wide Web, así como de la industria del hardware, del software y de la producción de los contenidos, el 70% en inglés. El Sur permanece excluido, y con ello aumentan las diferencias sociales regionales, y se impone un modelo de desarrollo "desde el Norte", a su imagen y semejanza.

Tales voces críticas sostienen que de nuevo se proponen viejas lógicas que nunca han promovido cambios significativos y que, al contrario, han dado lugar a nuevas relaciones de dependencia y han acentuado las desigualdades existentes: el hardware, por ejemplo, está pensado en Occidente, lo que supone para el Sur nuevas formas de trabajo, muchas veces femenino e infantil, en las industrias de ensamblaje, reforzando la destrucción de los lazos sociales y de economía de explotación y aumentando exponencialmente la polución tecnológica.

Cifras en torno a la brecha digital[editar]

Según Internet World Stats,[17] en el 2010, de los 1966 millones de internautas conectados, casi el 63% vive en los países industrializados, donde reside el 15% de la población mundial. Mientras que Europa y Estados Unidos suman 501 millones de usuarios, en todo el continente africano la cifra desciende a 110 millones, y estas diferencias se manifiestan asimismo entre hombres y mujeres, ciudad o campo, edades, estatus social, paralelamente a las "brechas" de siempre: el acceso a la sanidad, a la educación, la mortalidad infantil, el hambre, la pobreza.

Datos de 2006 de la Unión Internacional de Telecomunicaciones[18] muestran que mientras el 58.6% de los habitantes de los países desarrollados tienen acceso a Internet, en los países en vías de desarrollo apenas el 10.2% de los habitantes tiene acceso a esta tecnología.

Estrategias para disminuir la brecha digital[editar]

Se ha planteado la necesidad de estimular no sólo el acceso, sino también el uso y la apropiación de las nuevas tecnologías, porque sostienen que éstas efectivamente puedan incidir en los propios procesos de desarrollo, combatiendo las demás brechas que subyacen a la digital.

En todo esto, el apoyo en el desarrollo y uso de Software Libre es fundamental para ayudar a disminuir la Brecha Digital.

Sin embargo, algunos trabajos[19] han concluido que muchas de estas iniciativas responden a visiones optimistas sobre el impacto de las tecnologías de la información y la comunicación en el desarrollo, y conciben que el problema de la Brecha Digital se resolverá mediante la introducción de computadores personales con acceso a Internet. Aspectos como la capacitación de los usuarios y la creación de contenidos culturalmente adecuados a cada contexto, son frecuentemente dejados de lado. De forma similar, las comunidades receptoras en estos procesos de equipamiento tecnológico pocas veces son tomadas en cuenta, lo que afecta la sustentabilidad a largo plazo de proyectos de esta naturaleza.

En este sentido, algunos autores[20] plantean que las TICs deberían proporcionar un espacio de encuentro de una nueva esfera pública, donde la sociedad civil pueda definirse y comprenderse en su diversidad y donde las estructuras políticas estén sujetas al debate público y sean evaluadas por sus acciones, garantizando la participación de las categorías más excluidas a través de perspectivas de género, regionales y sociales.

Críticas hacia el concepto de brecha digital[editar]

La brecha digital no es un fenómeno que sea reconocido de forma unánime. Entre las principales críticas que se hacen, destacan los hechos por Benjamin M. Compaine,[21] quien sostiene que se trata de un asunto que ha sido objeto de manipulaciones políticas y que las actuales diferencias observadas en el acceso y uso de las tecnologías de la información y la comunicación, se salvarán gracias al destacado impulso de este sector del mercado.

La diferencia social que existe entre aquellas personas que saben utilizar las TIC y aquellas que no, no siempre es un problema de posibilidad de acceso e infraestructuras (servicio universal) o conocimientos previos (alfabetización digital), sino que en la mayoría de los casos es un problema de actitud personal en lo referido a las nuevas tecnologías. Es preciso un cambio cultural que implique a todas las personas sin importar su condición o rango de edad para poner a su alcance y de forma más intuitiva y “usable” lo que llega, ha llegado y llegará en un futuro en materia digital.

Pobreza digital[editar]

Un concepto alternativo desarrollado en América Latina por DIRSI es el de pobreza digital.El concepto de “pobreza digital” es uno que, como tal, no aparece frecuentemente citado en las discusiones.El concepto más utilizado es el de “brecha digital” generalmente entendida como caracterizando las desigualdades en el acceso y uso de TIC a nivel de hogares o a nivel de países y que es objeto de medición frecuente. Frente al concepto de brecha, el concepto de pobreza digital trata de capturar el nivel mínimo de uso y consumo de los diversos atributos de las TIC, así como los niveles de ingreso de los pobladores para hacer efectiva una demanda.

Brecha digital de género[editar]

En la sociedad actual, existe una preocupación creciente acerca de la brecha digital de género, que se refiere a la diferencia que existe entre hombres y mujeres en el acceso y uso de las computadoras e Internet. Cecilia Castaño hace referencia en su libro La segunda brecha digital que este tipo de brecha, afecta más a las mujeres que a los hombres.

El aumento sostenido del número de usuarios de ordenadores y de las conexiones a Internet parece indicar que la primera brecha digital puede resolverse en el futuro. La segunda brecha digital, relacionada con las habilidades necesarias para obtener todos los beneficios del acceso (digital literacy), afecta más a las mujeres que a los hombres. Ésta constituye un reto complejo de resolver en tanto en cuanto la capacidad de diseñar políticas eficaces destinadas a superar la desigualdad entre hombres y mujeres en el acceso y uso de Internet se ve frenada por la ausencia de datos e investigaciones rigurosas.

Cecilia Castaño[22]

Brecha digital en España[editar]

España ocupa el puesto #38 en el World Economic Forum Networked Readiness Index (índice que mide cómo los países aprovechan las oportunidades ofrecidas por las TICs), lejos de países de su entorno como Finlandia, Suiza, Alemania, Francia o EEUU.[23] En este país el porcentaje de hogares con acceso a algún tipo de conexión de banda ancha se sitúa apenas entre el 50-60%, con una penetración bastante alejada de las otras grandes economías de la UE.[2]

La falta de conexión a Internet o la facilidad de acceso tiene consecuencias graves desde el punto de vista de la exclusión social. En primer lugar, la brecha digital genera un tipo de exclusión geográfica, teniendo como zonas más afectadas las rurales y las zonas suburbanas que se enfrentan a posibles fallos del mercado y a la falta de inversión en TIC y en sus infraestructuras. En segundo lugar, encontramos un tipo de exclusión catalogado como generacional: las personas mayores tienen un nivel de penetración y una tasa de uso muy inferior a los demás grupos de edades. Finalmente, y contando con que la economía digital supone ya un 5,7% del PIB del país,[24] las personas con bajos recursos económicos no pueden acceder a la información y herramientas que ofrece el entorno digital, sufriendo asimismo una descapitalización que tiene un alto precio en términos educativos y de acceso y mantenimiento en el mercado. En términos económicos, la brecha digital tiene un coste social de 1.300 millones de euros en España.[25]

Asimismo, cabe resalta que la brecha digital se ve incrementada por los precios ofrecido por las operadoras. En el caso de España, tanto la Comisión Europea ha advertido que los precios del ADSL están por encima de la media UE. De hecho, España se sitúa entre los países OCDE con la banda ancha más cara.[26]

Medidas para combatir la brecha digital en España[editar]

La Ley 2/2011, de 4 de Marzo, de Economía Sostenible, en su artículo 52, recoge el llamado “servicio universal de telecomunicaciones” por el que la conexión a la red pública de comunicaciones con capacidad para ofrecer servicios de internet deberá permitir el acceso a velocidades de descarga de 1Mps.[27] Se entiende por servicio universal, de acuerdo con el artículo 22.1 de la Ley 32/2003, de 3 de noviembre, General de Telecomunicaciones, el conjunto definido de servicios cuya prestación se garantiza para todos los usuarios finales con independencia de su localización geográfica, con una calidad determinada y a un precio asequible.

Telefónica, al ser la única operadora que se presentó al concurso público convocado a tal efecto por la Orden ITC/2464/2011, Orden ITC/2465/2011 y Orden ITC/2466/2011, todas ellas de 15 de septiembre, es la adjudicataria del servicio y su proveedora por los próximos 5 años. El precio del mismo quedó fijado en un máximo mensual de 29,9 euros más una cuota inicial de alta de 66 euros iniciales. Si se le añade el servicio de telefonía fija, el precio mensual asciende en 19,9 euros al mes, más 13,97 euros de la cuota de línea telefónica y 38,1 euros por alta. Cuando no se dispone de ninguno de los dos servicios, la cuota inicial de alta sube a los 121,63 euros y la cuota mensual a los 33,87 euros.[28] La Asociación de Internautas ha criticado este tipo de servicios y costes para los usuarios, puesto que ningún operador ofrece menos de 3 megas.[29]

En 2013, dentro del Programa Nacional de Reformas, el Gobierno de España ha puesto en marcha la Agenda Digital para España con el objetivo prioritario de que en 2015 medio país cuente con una conexión de 100 Mbps.[30] Asismismo, la Agenda también persigue incrementar el porcentaje de personas que normalmente emplean internet de un 61,8% a un 75%, así como el número de personas que se relacionan electrónicamente con la Administración hasta el 40%, dando continuidad a la implantación de la e-administración diseñada por la Ley 11/2007, de 22 de junio, de acceso electrónico de los ciudadanos a los servicios públicos y los planes Moderniza y Avanza.

Los Presupuestos Generales del Estado prevén la dotación correspondiente para la Agenda Digital,[31] de los cuales 140 millones de euros están dirigidos a la reducción de la brecha digital a través del Plan de Inclusión Digital y Empleabilidad.[32] Este plan tiene cuatro objetivos a ser alcanzados en 2015: incrementar el número de personas que utilizan internet regularmente hasta el 75%; alcanzar al 60% de personas de colectivos desfavorecidos usando Internet; reducir del 30 al 15% el número de personas que nunca ha utilizado Internet; e incrementar la penetración de la banda ancha de móvil entre los usuarios de telefonía móvil hasta el 75%.

Referencias[editar]

  1. Servon, L. (2002). Bridging the Digital Divide. Techology, community and public policy. Inglaterra: Blackwell Publishing, p. 5
  2. a b European Commission, Eurostat: Information society statistics at regional level
  3. Maggio, M. (2007).[cita requerida]
  4. Hoffman, D.L, Novak, T.P. y Schlosser, A. E. (2001) The evolution of the digital divide: Examining the relationship of race to internet access and usage over time. En Compaine, B. Digital Divide. Cambridge, Massachussets: The MIT Press
  5. Baigorri, A. (2000), 'La fractura Digital', I Congreso Mundial de Alfabetización Tecnológica, Cáceres; Mattelart, A. (2001). Historia de la Sociedad de la Información. Barcelona: Paidós, p. 163
  6. Carracedo Verde, J.D. (2003). "Jerarquías y desigualdades en el diseño de las Sociedades de la Información: Explorando la estratificación digital", p.1
  7. Castells, M. (2001). La Galaxia Internet. Barcelona: PLaza y Janés, p. 275.
  8. Ford, A. (2002). La marca de la bestia. Identificación, desigualdades e infoentretenimiento en la sociedad contemporánea. Buenos Aires: Grupo Editorial Norma, p. 115
  9. Crovi, D. (2002). "Sociedad de la información y el conocimiento. Entre el optimismo y la desesperanza. En Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, No. 185, p. 13-33
  10. Schiller, H. I. (1996). Information inequety. Nueva York: Routledge
  11. Wresh, W. (1996). Disconnected. Haves and have-nots in the information age. New Brunswick, Nueva Jersey: Rutgers University Press
  12. Norris, P. (2001). Digital divide. Civil engagement, information poverty and the Internet world wide. Cambridge, Massachussets: Cambridge University Press
  13. Arquette, T. (2001). "Assesing the Digital Divide: Epirical analysis of a meta-analytic framework for assesing the current state of information and communication system development". Simposium de la International Association of Mass Communication Research y la International Communication Association Symposium sobre Brecha Digital, 15-17 de noviembre, Austin, Texas.
  14. Serrano, A. y Martínez, E. (2002). La brecha digital. Mitos y realidades. Maxicali: Universidad Autónoma de Baja California, p. 16
  15. Crovi, D. (2004). Sociedad de la información y el conocimiento. Entre lo falaz y lo posible. Buenos Aires: Crujía Ediciones.
  16. Islas, O. y Gutiérrez, F. (2005). "Sociedad de la información: ¿utopía o cárcel?". Revista Chasqui, No. 85.
  17. Internet World Stats (2010). [1]
  18. Unión Internacional de Telecomunicaciones (2006). "Internet user per 100 inhabitants, 1994-2006"
  19. Santos, M.J., De Gortari, R., Angulo, Y., Rueda, E. y Pérez Salazar, G. (2006). Acceso Tecnológico: Una reinterpretación de la biblioteca pública mexicana. México: Conaculta.
  20. Trejo Delarbre, R. (2006). Viviendo en el aleph. La sociedad de la información y sus laberintos. Barcelona: Gedisa.
  21. Compaine, B. M. (2001). The Digital Divide. Facing a crises or creating a myth?. Cambridge, Massachusetts: The MIT Press.
  22. Castaño, Cecilia (2008). La segunda brecha digital. Madrid. 
  23. The Global Information Technology Report 2013
  24. El País, El Gobierno pretende que en 2015 media España tenga Internet a 100 megas (15/02/2013)
  25. El Economista, La exclusión digital de los parados cuesta a España 1.300 millones al año (12/12/2011).
  26. Europapress, España, entre los países más caros de la OCDE en banda ancha (12/07/2013).]
  27. Ley 2/2011, de 4 de Marzo, de Economía Sostenible.
  28. El País, La banda ancha universal de 1 mega entra en vigor este domingo (30/12/2011).
  29. Asociación de Internautas, La banda ancha en España (13/02/2013)]
  30. El País, El Gobierno pretende que en 2015 media España tenga Internet a 100 megas (15/02/2013)
  31. [2]
  32. Plan de Inclusión Digital y Empleabilidad, Junio de 2013.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]