Sucesos de Yeste

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Los Sucesos de Yeste aluden al sangriento enfrentamiento entre campesinos y agentes de la Guardia Civil que tuvo lugar en el municipio de Yeste, provincia de Albacete, el 29 de mayo de 1936. Este trágico episodio se enmarca en un contexto nacional de conflictividad social y fuerte agitación política en las semanas previas al estallido de la Guerra Civil.

Antecedentes[editar]

Yeste contaba a comienzos de los años treinta con más de diez mil habitantes, si bien la mayoría de la población vivía diseminada en las pequeñas aldeas, caseríos y cortijos de este extenso y montañoso municipio.[1]​ La economía local se sustentaba esencialmente en la agricultura y la explotación forestal. No obstante, la construcción del embalse de la Fuensanta redujo la superficie de cultivo del municipio e impidió la conducción de maderas por los ríos Segura y Tus sin que se construyeran los caminos prometidos para el transporte alternativo de la madera ni se pusieran en regadío las hectáreas prometidas (la Mancomunidad Hidrográfica del Segura, dominada por los intereses murcianos, "saboteaba cuanto tendiese a establecer aprovechamientos en la provincia de Albacete"[2]​).

Lo anterior, sumado a la alta concentración de la tierra cultivable, ya de por sí escasa, y a la Ley de Términos Municipales, que dificultaba la contratación de los jornaleros yestanos en otros municipios, agravó el malestar de los habitantes de Yeste tras la finalización de las obras del pantano, en julio de 1933. En ese mismo mes los propietarios de los montes aislados por el embalse se negaron a pagar impuestos, la autoridad municipal dimitió, los obreros declararon una huelga el 22 de julio y los más exaltados cortaron la línea telefónica y se plantearon volar las compuertas del pantano con dinamita sustraída de las obras.[3]​ Así, Edmundo Alfaro, diputado republicano radical por Albacete, intervino en las Cortes con la siguiente afirmación:[4]

El pueblo tomará represalias enérgicas, y yo me creo en el deber de advertir que si llegaran hasta el pantano y consiguieran volar las compuertas, Murcia capital y Orihuela desaparecerían por completo.

Hechos[editar]

Las sucesivas crisis de los distintos gobiernos republicanos habían pospuesto sine die la búsqueda de soluciones para la problemática social de Yeste. En este contexto, al que cabe añadir el resquemor de las clases populares del municipio por la presunta malversación de las tierras comunales que habían acometido los caciques locales décadas atrás, se produjeron los dramáticos hechos de mayo de 1936. El historiador e hispanista británico Paul Preston los relata así:[5]

[T]ras la ocupación comunal de unas tierras y la posterior represión por parte de la Guardia Civil hubo unos altercados en los que murieron 17 vecinos y 1 guardia civil. Estos hechos tuvieron una amplia repercusión y estuvieron a punto de provocar una crisis de gobierno poco antes del estallido de la Guerra Civil Española. [...] El 28 de mayo, un grupo de jornaleros en paro de la pedanía de La Graya, acompañados de sus mujeres e hijos, habían talado árboles para hacer carbón y luego había empezado a arar el suelo en la finca de La Umbría. Antiguamente tierra comunal, La Umbría pertenecía entonces al cacique más poderoso de la zona, Antonio Alfaro, que hizo ir a 22 guardias civiles. La mayoría de los aldeanos huyeron, pero 6 se quedaron. Después de pegarles, los agentes los llevaron a La Graya, donde prosiguieron los malos tratos. En la madrugada siguiente, una multitud de trabajadores de las pedanías vecinas se reunieron y, cuando se procedía al traslado de los prisioneros al pueblo de Yeste, los siguieron para impedir que se aplicara la Ley de Fugas. La multitud creció y, al llegar a Yeste, se acordó que los prisioneros fueran puestos en libertad bajo la custodia del alcalde. Cuando la multitud avanzó para dar la bienvenida a los liberados, uno de los agentes se dejó llevar por el pánico y disparó un tiro. Acto seguido, en la desbandada murió un guardia civil; sus compañeros abrieron fuego sobre los lugareños y persiguieron luego a los campesinos que escaparon hacia las montañas, matando a un total de 17 personas, entre ellas el teniente de alcalde, e hirieron a muchas más. Ante el temor de que los guardias civiles volvieran y quemaran La Graya, los aldeanos se refugiaron en las pedanías de los alrededores. Cincuenta miembros de la FNTT fueron arrestados, entre ellos Germán González, el alcalde socialista de Yeste.

Estos mismos hechos fueron narrados por el escritor Juan Goytisolo en su novela Señas de identidad.[6]

Es obvio que existe otra versión de los mismos hechos, menos lacónica y simple que la del mencionado Paul Preston; y es la que menciona el general de brigada de la Guardia Civil y escritor Francisco Aguado Sánchez:[7]

Poco después del triunfo en las urnas del Frente Popular, y tratando de encontrar alguna solución, fue nombrada una comisión gestora que tomó, como primera medida -aunque carecía de atribuciones legales para ello-, la de la corta de árboles y roturación de un monte público llamado Dehesa de Tus, para convertirlo en tierra de labor. Haciéndose partícipes de las determinaciones de la gestora los vecinos de La Graya, pedanía de Yeste, roturaron por su cuenta y riesgo otro monte comunal llamado La Solana, en el que abatieron aproximadamente 9.000 pinos. Después pretendieron continuar la tala en otros montes de propiedad privada, cuyo dueños y arrendatarios requirieron de la autoridad GUBERNATIVA el auxilio y protección de la fuerza pública para poner coto al desmán. De esta forma unos días antes de finalizar el mes de mayo, son concentrados en La Graya un Cabo y seis Guardias Civiles, con la orden terminante de suspender la corta de pinos.

La presencia de los Guardias no es ni mucho menos del agrado de los mas exaltados, extendiéndose pronto la consigna entre el vecindario de que "al que de comida o alojamiento a los guardias civiles, se le prenderá la casa" . Es obvio advertir de que en La Graya no había puesto de la Guardia Civil.

El Cabo, ante la fría acogida con la que han sido recibidos, y convencido de la producción de graves y futuros incidentes, pues en una reunión celebrada por los leñadores estos acordaron continuar con la tala de pinos, manda un mensajero a Yeste con un pliego para el Brigada Comandante de Puesto, pero el emisario es secuestrado al salir de la aldea.

Conocida la irregularidad, en la mañana del 27 de mayo, el Brigada Félix Velando, jefe del puesto de Yeste, requiere al alcalde y ambos se encaminan a La Graya, donde llegan bastante avanzada la tarde. Obedeciendo las indicaciones del Brigada, el Alcalde aconseja a los leñadores que esperen a que la corta de pinos sea autorizada, las palabras de este finalizan con un elocuente "salud Camaradas, ya sabéis lo que tenéis que hacer" dicho con el puño en alto, pareció al Brigada que había un acuerdo soterrado entre el Alcalde y los leñadores. Ya entrada la noche, Alcalde y Brigada, tras encontrar una casa en la que alojar al destacamento, abandonan la aldea dirección Yeste, no sin antes manifestar el Alcalde al Cabo "que nada tienen que temer". A los pocos minutos la casa donde ha sido acondicionada la fuerza pública es rodeada por un grupo de campesinos con talante visiblemente agresivo provistos de palos, horcas, hachas, pinchos pineros y algunas escopetas. Exigen que la Guardia Civil abandone la aldea, ante aquel comportamiento el Cabo ordena hacer varios disparos al aire,suficientes para dispersar a los alborotadores.

En previsión de ulteriores acontecimientos y por mutuo acuerdo entre el Gobernador Civil y el Jefe de la Comandancia, llegan a La Graya un Sargento y once Guardias Civiles, sumando un total de diecisiete Guardias Civiles, un Cabo y un Sargento que con el fin de que el incidente ocurrido no vuelva a repetirse, son detenidos los seis taladores mas revoltosos en la casa donde se encuentra el destacamento de la Guardia Civil. La jornada del día 28 transcurre con total normalidad: los leñadores permanecen inactivos a la espera de la autorización para la tala prometida por el Alcade de Yeste. Pero nuevos campesinos, recién llegados de diversos puntos, entre los que destacan algunos elementos visiblemente díscolos, agitan a los demás predisponiéndolos contra la fuerza pública. La afluencia de mas lugareños induce a que, amparados en su gran número, acuerden por la brava la liberación de los detenidos en el destacamento, y por supuesto la reanudación de la tala de pinos.

Cuando el 29 amanece,la aldea de La Graya y el camino hacia Yeste aparece ocupado por unos dos mil campesinos visiblemente agresivos, esgrimiendo amenazadoramente sus útiles de trabajo. El Sargento había determinado trasladar a Yeste a los seis detenidos para entregarlos a la justicia como instigadores, y aunque algún vecino le avisó de las intenciones de los leñadores, antes que soltarlos lo dispuso todo para su entrega a la autoridad; vista la crítica situación toda la fuerza concentrada en La Graya, menos una pareja que había salido anticipadamente para Yeste para informar de lo sucedido, es decir diecisiete Guardias Civiles acompañan a los seis taladores detenidos.

Conforme se alejan de la Aldea, y a prudencial distancia, dos mil campesinos, con patente talante agresivo, siguen a la Fuerza pública profiriendo gritos amenazantes. La tensión es enorme; Guardias Civiles y campesinos avanzan lentamente a la vez que se observan y vigilan de forma recíproca. Mientras tanto en Yeste el Brigada Velando es informado de la situación por la pareja que acaba de llegar y solicita ayuda al Capitán de su Compañía, pero los auxilios, por razones obvias de dsitancai y falta de medios, tardaran bastante en llegar. Como última alternativa el Brigada se entrevista con el presidente de la Comisión Gestora para que interceda pero la actitud de este es inflexible "no moverá un dedo" mientras los seis detenidos no sean puestos en libertad . El Brigada Velando no puede desautorizar a sus hombres y la pretensión del presidente de la gestora discrepa totalmente con las órdenes recibidas del Gobernador. Como última salida se busca que los detenidos sean puestos en libertad bajo palabra de presentarse al día siguiente en el ayuntamiento para formalizar el atestado y luego el juez decidirá.

Félix Velando, con dos guardias civiles y un concejal, salen inmediatamente al encuentro de los que vienen de La Graya, con el fin de cumplir el pacto. Cerca de Yeste, los guardias civiles, con las armas prevenidas, han llegado a unos dos mil metros de Yeste en una curva del camino donde hacen un alto, todo ello bajo una incesante demostración de insultos y denostaciones. Entre los amotinados destacan numerosas mujeres que, con ademanes zafios y provocadores, se levantan la ropa y gritan a los guardias civiles " tirame aquí sí eres hombre". Las alturas inmediatas aparecen llenas de campesinos vociferantes dispuestos a que la conducción no de un paso mas. El Sargento ordena el despliegue de sus hombres, tomas medidas de seguridad con respecto a los detenidos y gana una pequeña altura; los grupos, cautelosos, se acercan desde varias direcciones y cuando la situación es mas tensa aparece el Brigada Velando. Se abre paso audazmente y anuncia a los amotinados la liberación de los seis detenidos bajo las condiciones acordadas. Los guardias contrariados, pero libres de su embarazosa situación, descienden al camino, tomando dirección Yeste, pero al doblar una nueva curva oyen varios gritos de "¡a por ellos!".En la primera acometida, diez guardias civiles son derribados; uno ha muerto, al haberle atravesado el cráneo un gancho pinero, los otros nueve tienen heridas de diversa consideración. La confusión es enorme. Rodeados por unos dos mil campesinos, sólo tres guardias consiguen escapar de la colisión parapetándose fuera del camino y disparando sus armas desesperadamente. El Brigada Velando, herido en la cabeza, cree llegado su final, cuando nota que alguien le arrastra hurtándolo de la furia de las turbas. Se trata de su hijo, que ha acudido desde Yeste y se ha infiltrado entre los amotinados.

Aunque las armas han quedado abandonadas o en poder de los leñadores , estos a pesar de su enorme desproporción, son incapaces para hacer frente a los tres guardias, que desde su situación logran despejar el campo. La desbandada general se produce en pocos minutos; varios de los guardias logran rehacerse, recuperar sus armas y apoyar la acción de sus tres compañeros. Alejados los agresores, cogen el cadáver de su compañero muerto, auxilian a los heridos, varios de ellos graves y prosiguen su camino hacia Yeste. Un nuevo ataque se produce a la entrada del pueblo desde un bosquecillo cercano, la fuerza pública es blanco de varios disparos.

A las tres de la tarde cae el último de los atacantes, que hace el número diecisiete, mientras se entra en Yeste. El balance de los heridos es de treinta y cinco. La Guardia Civil ha tenido al guardia Pedro Domínguez Requena muerto y quince heridos, aunque ninguno escapó a los golpes. Las versiones que se han escrito acerca del motín de Yeste han sido de lo más inexacto.


Repercusiones[editar]

Al día siguiente de los sucesos de Yeste el Gobierno, temeroso de las reacciones de los largocaballeristas y comunistas, se reunió para tratar de lidiar con las consecuencias políticas de lo ocurrido, mientras que a la prensa local se le prohibía informar sobre ello. Sin embargo, Largo Caballero no aprovechó el asunto para derribar al Gobierno, y la UGT se limitó a presentar ante el Gobierno Civil de Albacete una solicitud de huelga, que fue denegada por indicación del Ministerio de la Gobernación. Y es que por aquel entonces se temía que una crisis en el Gobierno del Frente Popular fuese aprovechada de algún modo por el Ejército y la derecha, la cual denunciaba un clima de anarquía y desórdenes públicos.[8]

Ante la situación de pánico y el temor a represalias de buena parte de la población, dos días después acudieron a la localidad tres diputados (un socialista, un comunista y otro de Unión Republicana) para recabar información. Tras ser detenido su coche y cacheados por la Guardia Civil, el socialista José Prat solicitó al Ministerio de la Gobernación el relevo de los miembros del instituto armado en Yeste por guardias de Asalto. La Guardia Civil se negó a ser sustituida y solo aceptó el desplazamiento de seis guardias de Asalto con la condición de que estos últimos permanecieran bajo sus órdenes. Esta desobediencia del poder militar al gobernador civil de Albacete ha llevado al historiador Manuel Requena Gallego, de la Universidad de Castilla-La Mancha, a considerar «muy posible» que la Guardia Civil de Yeste estuviera ya entonces comprometida en el inminente pronunciamiento militar contra la República.[9]

Finalmente, quince diputados socialistas y comunistas presentaron ante las Cortes una proposición no de ley instando al Gobierno a que informase sobre lo acontecido en Yeste y las medidas adoptadas. La cuestión fue debatida en el hemiciclo el 5 de junio, sin que se produjeran fisuras entre los partidos del Frente Popular que sostenían al Gobierno, como habría deseado la oposición de derecha.[10]

Francisco Aguado Sánchez[11]​ tiene la siguiente versión:

Para la opinión pública alimentada por la prensa frentepopulista, la Guardia Civil había asesinado a diecisiete campesinos y herido al doble, mientras que las de derechas, creyendo "hacer un favor" al Cuerpo, trató de minimizar la ocurrencia en los primeros días, para después intentar alguna rentabilidad.

Montada la campaña de difamación desde y con la tolerancia del Gobierno, la Guardia Civil viose inmersa en una de las mas tendenciosas manipulaciones " se repetiría -asevera Fernando Rivas- constantemente que después del combate en el camino la Guardia Civil, como represalia había continuado produciendo muertes lo cual carecía de consistencia, ya que la fuerza únicamente aspiraba a llegar al cuartel con el cadáver del compañero muerto y atender a los heridos. Si en el camino de regreso cayó algún campesino, no cabe duda de que mediaría agresión previa, a menos que resultara alcanzado por algún disparo en la huida. No se explica la presencia de obreros en el camino si no era con intenciones hostiles. En ningún momento la fuerza se desvió de su itinerario para buscar responsables, proceder que había que calificar de suicida."

Si prestamos atención al número, fué el motín de Yeste el hecho aislado luctuoso de mas consideración durante la época republicana, pero tuvo un gran fallo, con vistas a la demagogia Sus protagonistas eran ignorados campesinos sin adscripción política, y no había argumentos consistentes para su rentabilidad. A raíz de los hechos, representantes parlamentarios socialistas y comunistas intentaron sacar partido a lo ocurrido, aunque muy pronto comprobaron su inconveniencia, igual ocurrió con los anarquistas.

Demostración de lo antedicho es el inmediato desplazamiento a Yeste de los diputados Antonio Mitje García del PCE y Múñoz de Zafra del PSOE, entre otros, para dar a su correligionarios la "debida versión". Por su parte, la UGT abrió una suscripción para socorrer a las víctimas, y el Socorro Rojo Internacional, mediante proclama, hacía saber "con horror e indignación los sucesos desarrollados por la Guardia Civil en Yeste (Albacete) colocaban a España en una situación deshonrosa ante el mundo civilizado". Concluía pidiendo al Gobierno "enérgicas medidas contra los autores e instructores de lo acaecido."

No puso el General Pozas obstáculos para llegar al total esclarecimiento del incidente, y anticipándose a las exigencias del Socorro Rojo y de los diputados frente populistas, acompañado de una comisión de jefes y oficiales, visitó a Juan Moles, ministro de la Gobernación y a Casares Quiroga, presidente del ejecutivo, para que se abriese la correspondiente investigación, pues "el prestigio del Cuerpo no pida estar en entredicho". Diremos para puntualizar que la fuerza pública actuó como es norma, defensivamente y en cumplimiento de órdenes de la autoridad gubernativa de acuerdo con sus reglamentos. Inmediatamente fue nombrado juez especial el magistrado Gerardo Fontanes, quien se traslado a Yeste.

Para demostrar la manera de su politización Casares Quiroga se reunió con varios diputados frente populistas, entre los que figuraban por parte del PSOE Francisco Largo Caballero y por el PCE Antonio Mitje. Sus resultados finales no dejaron de sorprendernos, pues si la matanza de guardias civiles en Castilblanco originó la arbitraria destitución del general José Sanjurjo y la de Casas Viejas el procesamiento del capitán Rojas y la caída de Manuel Azaña, siendo en el primero los agentes del orden las víctimas y en el segundo haber obedecido las estrictas órdenes del jefe del ejecutivo, ¿Cómo iba ahora a presentare el desenlace, cuando los representantes del orden aparecían no en calidad de víctimas, sino todo lo contrario?.

Santiago Casares Quiroga, por propio egoísmo personal, entrevió prontamente que una campaña de descrédito contra la Guardia civil no era ni mucho menos beneficiosa en aquellas fechas, y a socialistas y comunistas tampoco les interesaba provocar la caída del Gobierno, cuando públicamente su presidente habíase declarado beligerante contra el fascismo, pero en la encrucijada en que se habían situado no podían silenciar ahora las campanas echadas al vuelo, pues perderían credibilidad ante las masas. Una salida de emergencia fue la de darle al motín un color anarquista, calificación admitida por muchos historiadores, pero esta matización carece de fundamento al comprobar la escasa atención que al evento conceden apologistas como Diego Abad de Santillán y José Peirats. Por otra parte, la continuación en el mando de la Guardia Civil de Sebastián Pozas Perea invita a las mas definitivas conclusiones.

Parece ser que de la reunión del 4 de junio con vistas a la galería, surgió la astuta idea de criticar al Gobierno en el Congreso pero nunca hasta el punto de ponerlo en la cuerda floja, ni mucho menos de ponerlo en trance de crisis. Decimos parece ser porque de tal reunión no existen referencias escritas, aunque meditando sobre los hechos siguientes pueden sacarse conclusiones muy precisas. Ya planteada la cuestión, el día 5 se debatió el hecho en las Cortes, José Prat pronto salio "deportivamente" del trance, aseverando que existieron excesos en la represión y que por tanto la Guardia Civil era responsable. Naturalmente, afirmamos que si tres guardias civiles lograron dispersar a dos mil amotinados, no hay duda que tuvieron que excederse, pero en derroche de valor y serenidad.

Antonio Mitje en su intervención quiso persuadir a la cámara que los verdaderos responsables eran los arrendatarios de los montes de La Graya, y que la Guardia Civil continuaba a disposición de "los caciques y propietarios" y en contra de los trabajadores "el pueblo de Yeste -insistió- no es sólo un ejemplo en la historia de España..., y pedimos al Gobierno que sea el último, tomando medidas que eviten el hambre y que los campesinos caigan ante las bocas de los fusiles de la Guardia Civil". Exculpó, hábilmente al ejecutivo para que toda la responsabilidad recayese sobre la fuerza pública. La cuestión es hartamente conocida de puro repetitiva, y su planteamiento también. Se lucha e dos contrasentidos, y cuando no existe moralidad pública las víctimas de los agresores adquieren muchas mas resonancia y rentabilidad que la de los representantes del orden al servicio del estado.

"Nosotros sabemos -continuo afirmando Mitje- que el Gobierno no es responsable de los hechos acaecidos en Yeste ¡Que duda cabe! Tenemos la convicción de que el Gobierno va a adoptar medidas; pero no está demás señores del Gobierno, que actuemos con nuestro estímulo para que esas medidas se aceleren, para que esas medidas dentro del marco del Frente Popular, se lleven a efecto lo mas rápidamente posible. De esta forma podremos impedir la posibilidad de que todos los elementos de derechas, la reacción y el fascismo de España especulen políticamente con hechos como los ocurridos en Yeste, tratando de culpar al Frente Popular y al Gobierno, que en este momento es el encargado de llevar el pacto a la practica."

Cuando llego el turno a Juan Moles, ministro de la gobernación, solo esbozó una mera reseña de lo ocurrido, y recordó que para su esclarecimiento habíase nombrado un juez especial. La proposición no de Ley, por la que se pedía al Gobierno un informe detallado del motín, fue retirada cuando el presidente del ejecutivo, Diego Martínez Barrios, apenas hizo una indicación. Así, el Gobierno salió airoso del trance y limpio del culpa. Aún continuo durante varios días la prensa frentepopulista insistiendo en la búsqueda de culpables. Se afirmó, en que, por lo menos "hubo un guardia civil que se había extralimitado".

La maniobra, pues, estuvo muy bien planificada. Libre de culpa el Ejecutivo nadie hizo mención a las órdenes del gobernador civil de la provincia, pero quedaba por encontrar al "guardia civil sobre el que debería caer el peso de la justicia popular", y el mas indicado no podía ser otro que el brigada Félix Velando, a quien se le incoó proceso mientras curaba sus heridas en el hospital provincial de Albacete, donde había sido ingresado. Al ser dado de alta paso a la cárcel, y al llegar el 18 de julio fue integrado, "sin saber que era el responsable del motín de Yeste". Félix Velando estuvo a punto de ser "paseado" en dos ocasiones. Pasado un tiempo fue puesto en libertad y logró evadirse a la zona sublevada.


Referencias[editar]

  1. José Miguel Martínez Carrión, La población de Yeste en los inicios de la transición demográfica, 1850-1935, Instituto de Estudios Albacetenses, 1983.
  2. Indalecio Prieto, Yeste y la solidaridad española, Diario El Liberal de Bilbao, 06/06/1936.
  3. Manuel Requena Gallego, Yeste durante la II República: modernización política y conflictividad social, 1931-1936, Instituto de Estudios Albacetenses, 2006.
  4. Diario de Sesiones de las Cortes republicanas, 13/07/1933.
  5. Paul Preston, El holocausto español. Odio y exterminio en la guerra civil y después, Debate, 2011 (pp. 179-180).
  6. [1] Juan Goytisolo, Las cruces de Yeste, Diario El País, 17/11/1981.
  7. Aguado Sánchez, Francisco. (<1984>-1985). Historia de la Guardia Civil. Cupsa. ISBN 8486246008. OCLC 740395729. Consultado el 8 de septiembre de 2019. 
  8. Manuel Requena Gallego, op. cit.
  9. Requena Gallego, Manuel (2011). «La primavera conflictiva de 1936 en la provincia de Albacete». En Eduardo González Calleja y Rocío Navarro Comas, ed. Congreso internacional La España del Frente Popular: política, sociedad, cultura y conflicto en la España de 1936. Getafe: Universidad Carlos III de Madrid. pp. 154-166. ISBN 978-84-693-8760-3. 
  10. [2] La sesión de ayer en las Cortes. En el debate sobre los sucesos ocurridos en Yeste, socialistas y comunistas, así como el Gobierno, se produjeron con deliberada circunspección, Diario ABC, 06/06/1936.
  11. Aguado Sánchez, Francisco. (<1984>-1985). Historia de la Guardia Civil. Cupsa. ISBN 8486246008. OCLC 740395729. Consultado el 9 de septiembre de 2019.