Rodrigo Sánchez de Arévalo

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Rodrigo o Ruy Sánchez de Arévalo (Santa María la Real de Nieva, 1404/1405 - Roma, 1470) fue un reputado historiador, diplomático, teólogo, pedagogo y escritor del Humanismo castellano.

Biografía[editar]

Estudió Derecho en la Universidad de Salamanca y allí fue compañero de Alonso de Madrigal, el Tostado. Discípulo del obispo de Burgos y humanista Alfonso de Cartagena, lo acompañó al Concilio de Basilea (1431-1438), donde entró en contacto con las nuevas ideas del Humanismo; después volvió a Burgos con su protector. Por entonces fue embajador de Juan II y Enrique IV.

En 1457 fue nombrado obispo de Oviedo, en 1465 de Zamora, en 1467 de Calahorra y en 1469 de Palencia; con la sola excepción de Oviedo no llegó nunca a tomar posesión de esas diócesis y desarrolló su carrera en la curia romana, donde trabajó como diplomático. El papa Paulo II lo nombró en 1458 Referendarius utriusque signaturae y luego Alcaide del Castillo de Sant'Angelo en 1464.

Allí trató a algunos importantes humanistas detenidos por conjurar contra el Papa, como Plátina, Pomponio Leto y Maffei, entre otros, con los cuales sostuvo una correspondencia epistolar extensa donde se echa de ver la simpatía de Sánchez de Arévalo por los humanistas. Sin embargo representaba un tipo de humanismo cristiano menos paganizante, como puede verse en sus obras, en las que ponía por encima de la literatura grecolatina a la literatura sagrada.

Obra[editar]

Desde 1440 escribió copiosa obra latina, particularmente sobre derecho canónico y política. El De arte, disciplina et modo aliendi et erudiendi filios, pueros et juvenes o "Tratado sobre técnica, método y manera de criar a los hijos, niños y jóvenes" (1453) es el primer manual de pedagogía que se realiza en España en los albores de el Renacimiento; de él se sirvió abundantemente Antonio de Nebrija cuando compuso su tratado sobre la educación; sin embargo, al contrario que sus modelos humanísticos latinos, no reserva ningún papel a la formación literaria y no le confiere valor pedagógico, lo que debe imputarse a un voluntario distanciamiento de la época anterior, el reinado de Juan II, caracterizado por su amor a las letras. En De remediis aflictae Ecclesiae se propone fortalecer la autoridad del Papa frente al movimiento conciliarista y señalar remedios a los males que sufre la iglesia... y entre ellos aparece en un lugar destacado la lectura de libros paganos. La literatura sagrada ha de primar, pues, sobre la pagana.

Su primera obra castellana, Suma de la política (h. 1455), en dos libros de dieciocho y dieciséis consideraciones, sigue la Política de Aristóteles y otras obras del Estagirita y está dedicada a Pedro de Acuña, II señor de Buendía y Azañón. Enumera las condiciones óptimas de la ciudad y sus regidores. Vergel de príncipes (1456-1457), dedicado como la anterior a Enrique IV, describe en tres tratados la excelencia de las actividades adecuadas a los gobernantes: las armas, la caza y la música... No se da ningún lugar a la formación literaria e intelectual, aunque siente su tentación y simpatizó con los humanistas perseguidos por el Papa. Se imprimieron traducciones al romance de sus libros latinos: del Speculum humanae vitae (Roma, 1468) hay un Espejo de la vida humana (Zaragoza, 1491), visión crítica de la sociedad de su tiempo. Su primer libro comenta los estados y las artes y un segundo libro describe los estamentos religiosos. Las fuentes clásicas del primero (entre ellas, el humanista Francesco Petrarca) contrastan con las bíblicas y eclesiásticas del segundo. La primera edición crítica del texto latino así como la primera traducción moderna, llevadas a cabo ambas por José Manuel Ruiz Vila, están publicadas por Escolar y Mayo, Madrid 2013. Su latina Compendiosa historia hispanica (Roma, 1470) es una historia de España que empieza con una minuciosa descripción geográfica del país, rasgo típicamente humanista, con los rasgos medievales del tradicional elogio de España y el goticismo medieval de la relación de los hechos acontecidos desde que tuvo lugar la invasión visigótica hasta los primeros años de Enrique IV de Castilla en el trono.



Predecesor:
Iñigo Manrique de Lara
Obispo de Oviedo
1457 – 1467
Sucesor:
Juan Díaz de Coca
Predecesor:
Juan de Mella
Obispo de Zamora
1465 – 1467
Sucesor:
Juan Carvajal

(Administrador Apostólico)

Predecesor:
Pedro González de Mendoza
Obispo de Calahorra
1467 – 1469
Sucesor:
Juan Díaz de Coca
Predecesor:
Gutierre de la Cueva
Obispo de Palencia
1469 – 1470
Sucesor:
Diego Hurtado de Mendoza

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