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Concilio de Florencia

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Concilio de Florencia
XVII concilio ecuménico
de la Iglesia católica

El concilio de Basilea.[a]
Inicio 1431
Término 1449
Aceptado por Iglesia católica
Convocado por Martín V
Presidido por Giuliano Cesarini
Eugenio IV
Asistencia 117 latinos y 32 griegos[b]
Temas de discusión Herejía husita
Cisma de Oriente y Occidente
Cronología
Concilio de Constanza Concilio de Florencia Concilio de Letrán V

El Concilio de Florencia, también conocido como Concilio de Basilea-Ferrara-Florencia, fue el XVII concilio ecuménico de la Iglesia católica, el noveno de los celebrados en Occidente.

Fue convocado por el papa Martín V unas semanas antes de su muerte en 1431, y luego confirmado por el papa Eugenio IV. Reunido en un momento en el que el prestigio del papado había sido debilitado por el Cisma de Occidente (1378-1417), que llevó al movimiento conciliarista, y en el contexto de las guerras husitas en Bohemia, se centró inicialmente en dos grandes problemas: la cuestión de la supremacía papal y la herejía husita.

Fue inaugurado en Basilea el 23 de julio de 1431 bajo la presidencia del cardenal Giuliano Cesarini, legado del papa, con una asistencia muy reducida. Debido a esto y al proyecto de un concilio con los ortodoxos en Italia, el papa decidió posponerlo. Sin embargo, los miembros del concilio se negaron a su disolución y renovaron el decreto Sacrosancta del Concilio de Constanza (1414-1418), que declaraba que los concilios generales recibían sus poderes directamente de Dios y que incluso el papa estaba sujeto a la dirección de un concilio. Más delegados llegaron a Basilea, y el concilio procedió a abordar el asunto de los husitas.

El 15 de diciembre de 1433 el papa cedió y revocó el decreto de disolución. En las negociaciones y discusiones que siguieron el concilio y el papa no lograron ponerse de acuerdo, y el concilio gradualmente perdió prestigio. El concilio propuso varias medidas antipapales, y en 1437 el papa Eugenio trasladó el concilio a Ferrara, Italia, para poner en consideración una reunión con la Iglesia ortodoxa. Muchos de los obispos aceptaron el cambio de sede, pero varios se mantuvieron en Basilea como un concilio remanente que suspendió al papa Eugenio, quien a su vez excomulgó a sus miembros. El concilio, con apenas once obispos presentes, declaró depuesto a Eugenio y en 1439 eligió como su sucesor (antipapa) a un laico, Amadeo VIII de Saboya, quien tomó el nombre de Félix V.

Por su parte, en Ferrara, las Iglesias latina y bizantina intentaron llegar a un acuerdo respecto a sus diferencias doctrinales y poner fin al cisma que las separaba. La delegación bizantina incluyó a José II, patriarca de Constantinopla, veinte metropolitanos y al emperador bizantino Juan VIII Paleólogo.

El concilio fue trasladado a Florencia el 10 de enero de 1439 y concluyó en 1443 tras negociarse una unión con la Iglesia ortodoxa. Esta reconciliación tras el Gran Cisma fue fugaz, pero constituyó un éxito político para el papado.

Contexto histórico

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El mundo en el s. XV.[a]

En 1378 algunos miembros del Colegio Cardenalicio, descontentos con la elección de Urbano VI, decidieron elegir un nuevo papa, el antipapa Clemente VII, causando la división de la cristiandad occidental en dos obediencias papales, período conocido como el Cisma de Occidente. En 1409 se intentó solucionar la situación por medio de la convocación de un concilio ecuménico en Pisa, creyendo que solo una reunión general de la Iglesia podía poner fin al cisma. Los dos pontífices de entonces, Gregorio XII de Roma y Benedicto XIII de Aviñón, se negaron a participar del concilio, por lo que este les depuso y en su lugar eligieron a Alejandro V. El papa de Pisa, Alejandro V, murió al año siguiente de ser elegido. Inmediatamente le sucedió el antipapa Juan XXIII. De esa manera, Pisa complicó el problema, ahora la Iglesia se encontraba dividida en tres obediencias.

El Concilio de Constanza, en la crónica de Ulrich Richental.

Con la celebración del Concilio de Constanza (entre 1414 y 1418) y la elección de Martín V como único papa se puso fin al gran cisma, pero en el debate teológico cobró fuerza la doctrina conciliarista. Las discusiones eclesiológicas del tiempo debatían entre dos conceptos fundamentales sobre la Iglesia: el primero definía a la Iglesia como una organización monárquica, cuya cabeza era el papa, sucesor de san Pedro; mientras que el segundo planteaba que la Iglesia era una comunidad de fieles, representada en el concilio, cuya presidencia ostentaba el papa. El concilio emanó el decreto Frequens[1]​ por medio del cual se ordenaba la celebración de otro concilio cinco años después del de Constanza y la frecuencia de un concilio cada diez años.

Martín V.[c]

Siguiendo el decreto Frequens, el papa Martín V, aunque si estaba preocupado por el avance de la teoría conciliarista, cinco años después del concilio de Constanza convocó un nuevo concilio en Pavía, el cual inició en abril de 1423, pero por causa de la peste fue trasladado a Siena. Al no asistir un número considerable de representantes de toda la Iglesia y al no emanar ningún decreto, dicho concilio se cerró sin ser considerado un concilio ecuménico.

Desarrollo del concilio

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Inicio en Basilea

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Convocatoria por Martín V

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Giuliano Cesarini.

El decimoséptimo concilio ecuménico fue convocado el 1 de febrero de 1431 por el papa Martín V. Su localización inicial en Basilea, ciudad imperial libre en la actual Suiza, acordada en el anterior Concilio de Siena,[2]​ se debió al deseo de los participantes de desarrollar las sesiones fuera de los territorios dominados por las grandes potencias de la época para evitar influencias externas al propio concilio.[3]​ El papa designó presidente al cardenal Giuliano Cesarini mediante las bulas Dum onus universalis gregis y Nuper siquidem cupientes.[4]

Prosecución con Eugenio IV

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Veinte días después murió el papa Martín V y en el cónclave que siguió a su muerte fue elegido Eugenio IV.

Eugenio IV.[c]

El concilio debía abrirse el 3 de marzo de 1431, pero para esa fecha sólo el abad Alexander de Vézelay se había presentado en Basilea; en los tres meses siguientes fueron llegando los representantes de la Universidad de París, algunos obispos, abades y doctores, y el 23 de julio, con cerca de una docena de asistentes, se celebró la sesión inaugural presidida por Juan de Ragusa y Juan de Palomar, vicarios del presidente Cesarini, quien en agosto consiguió escapar de la derrota de Domažlice contra los husitas y no llegó a Basilea hasta el 9 de septiembre.[5][6][7][8][9]

Los objetivos

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En su primera sesión del 14 de diciembre, todavía con una asistencia muy reducida, el concilio declaró sus intenciones de combatir la herejía, restaurar la paz entre cristianos y acometer la reforma.[10][11][12][13]

Primo, ut omnium hæresum a Christiani populi finibus tenebris profugatis, lumen Catholicæ veritatis, Christo vera luce largiente, refulgeat.

Secundo, ut bellorum rabie, qua satore zizaniæ seminante, in diversis partibus mundi affligitur et dissipatur populus Christianus, congrua meditatione sedata, pacis auctore prestante, in statum reducatur pacificum et tranquillum.

Tertio, ut cum multiplicibus vitiorum tribulis et spinis Christi vinea jam quasi silvescat præ nimia densitate, ut illis debito culture studio resecatis, evangelico agricola cælitus operante, refloreat honestatisque fructus et honoris felici ubertate producat.
Primero, que desterradas de los confines del pueblo cristiano todas las herejías, resplandecerá la luz de la verdad católica, verdadera luz de Cristo.

Segundo, que mediante la debida reflexión y con la ayuda del hacedor de la paz, el pueblo cristiano, afligido y dividido en diversas partes del mundo por la locura de la guerra provocada por el sembrador de cizaña, recobrará la paz y la tranquilidad.

Tercero, que la viña de Cristo, invadida por la multitud de abrojos y espinas de los vicios que la pueblan, mediante el cultivo necesario del agricultor evangélico, podrá florecer y producir con feliz abundancia los frutos de la virtud y la honestidad.

La oposición de Eugenio IV

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El papa intenta disolver el concilio

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La validez canónica del concilio estaba asegurada por las disposiciones del concilio de Constanza, por las del de Siena, por la convocatoria de Nicolás V y por el compromiso que el mismo Eugenio IV había suscrito en la capitulación del cónclave[14]​ antes y después de su elección,[15]​ pero ahora el papa temía que en Basilea se desarrollaran los decretos revolucionarios de Constanza, consideraba una amenaza para su autoridad que los padres conciliares se arrogaran una superior a la suya, y recelaba de que incluso pudiera ser impugnada su elección por haber sido excluido del cónclave de 1431 Domenico Capranica.[16]

Muy desfavorable fue el informe que recibió del embajador Jean Beaupère exagerando la escasez de los asistentes al concilio, las dificultades de acceso a Basilea, la mala disposición de sus ciudadanos y la inseguridad del lugar por la cercanía de la guerra entre Austria y Borgoña (aliados respectivamente con Francia e Inglaterra en la Guerra de los Cien Años).[17][18]

A finales de diciembre llegó desde Roma a Basilea el tesorero papal Daniele Scoti con la misión de entregar la bula Postquam divina clementia[19]​ del 12 de noviembre, en la que Eugenio IV dejaba al criterio de Cesarini transferir el concilio a Bolonia para dieciocho meses más tarde, pero informado el papa de que los conciliares habían invitado a una libre discusión a los husitas (condenados como herejes en Constanza), el 18 de diciembre ordenó incondicionalmente su disolución en una segunda bula Quoniam alto,[20]​ que no llegó a Basilea hasta después de haberse celebrado la primera sesión.[21][22]

El concilio desobedece al papa

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El elocuente escrito que Cesarini dirigió a Eugenio IV[23]​ para convencerle de retirar la bula de disolución fue desoído, y en la segunda sesión del 15 de febrero de 1432 los conciliares se negaron a obedecer al papa apelando a los decretos Haec sancta y Frequens de Constanza, declararon la legitimidad del concilio y afirmaron que nadie, ni siquiera el pontífice, tenía autoridad para disolverlo, trasladarlo o posponerlo. Para no incurrir en la desobediencia, previamente Cesarini había cedido la presidencia al obispo de Coutances Philibert de Montjeu.[24][25][26]​ Comenzaban aquí los desacuerdos entre el papa y el concilio.

Basilea en el s. XV.[a]

Organización del concilio

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A finales de febrero de 1432 el concilio se organizó en cuatro comisiones, llamadas "diputaciones"; cada una de ellas abordó uno de los objetivos previstos en la convocatoria. Así, una diputación se ocupó de los problemas de la fe, con las cuestiones principales de la herejía husita y la unión con la Iglesia ortodoxa; otra trabajó en la consecución de la paz entre los reinos cristianos, sobre todo en los conflictos entre Francia e Inglaterra, por un lado, y entre los reinos ibéricos, por otro; una tercera comisión se dedicó a la reforma de la Iglesia; y la cuarta a los asuntos generales.

Cada una de estas diputaciones estaba formada por un número aproximadamente igual de obispos, abades, doctores y naciones representadas;[d]​ se intentó de esta manera evitar las rivalidades nacionales y los grupúsculos que habían tenido lugar en Pisa, Constanza y Siena, donde se habían organizado por naciones.

Las cuatro diputaciones elegían cada mes a los miembros del Consejo de los Doce, encargado de examinar las cuestiones propuestas, y ninguna proposición era presentada a la sesión general si no había sido admitida al menos por tres diputaciones. En este régimen se otorgaba al clero inferior, que era el mayoritario en Basilea, los mismos derechos que al alto clero, con lo que el concilio tomaba un cariz acentuadamente democrático.[27][28][29][30][31][32]

Se replicó la estructura administrativa de la Curia romana creando la Penitenciaria, la Cámara (oficio de las finanzas), la Cancillería, la Rota (tribunal de apelación contra las decisiones del papa) y la Cámara de Justicia. Rápidamente el concilio se saturó de súplicas, procesos, recursos, apelaciones, y los gastos económicos aumentaron en proporción con la estructura burocrática.

Crece la tensión entre el concilio y el papa

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SACROS[AN]C[T]A : GENERALIS : SINODVS : BASILIENSIS

En las siguientes sesiones mantenidas a lo largo de 1432 el concilio comenzó abiertamente a atribuirse una autoridad superior a la del pontífice: intimaron al papa a revocar la bula de disolución y a comparecer en el plazo de tres meses, en persona o por medio de sus procuradores, y le advirtieron que en caso contrario procederían conforme a derecho; la misma citación se hizo a todos los cardenales excepto a Niccolò Albergati, que se encontraba en Francia negociando la paz en la Guerra de los Cien Años.[33]​ El 9 de abril eran ya 81 asistentes.[34]​ El mes siguiente fundaron un studium generale que sería el precursor de la Universidad de Basilea.[35]

Decretaron que en caso de sede vacante el cónclave se reuniría en el lugar del concilio, que usarían su propio sello, que el papa no podría crear cardenales, juzgar a los conciliares ni disponer de sus beneficios, imponer nuevas tasas o alienar tierras de la Iglesia, y nombraron a Alonso de Carrillo legado en Aviñón y el Condado Venaissin,[36][e]​ mientras el papa designó para el mismo puesto a Pierre de Foix. El 26 de septiembre se permitió la numerosa participación del clero de menor rango, con lo que el poder que el alto clero había mantenido en anteriores concilios quedó muy diluido.[37][38]

Enea Piccolomini parte hacia el concilio de Basilea.[f]
Segismundo de Luxemburgo.

La novena sesión del 22 de enero de 1433, nuevamente bajo la presidencia de Cesarini, se dedicó a la recepción solemne del rey de romanos Segismundo de Luxemburgo.[39]​ En la décima acusaron al papa de contumacia,[40]​ en la duodécima repitieron la citación[41]​ y decretaron que la provisión de obispados y abadiatos se asignarían por elección y no por designación pontificia[42][43]​ y en la decimocuarta volvieron a repetir la citación,[44]​ cuya ejecución tuvo varias prórrogas gracias a la intermediación de los príncipes europeos.[45][46]​ A mediados de este año 1433 eran ya 386 los asistentes con derecho a voto, y seguían llegando.[47]

Por medio de sus nuncios (Juan de Mella, Niccolò Tedeschi, Ludovico Barbo y Cristoforo da San Marcello), el papa hizo ciertas concesiones sobre la posible ubicación y plazos del concilio, pero los de Basilea se negaron a cualquier otra cosa que no fuera la anulación de la bula de disolución.[48][49]

El acuerdo con los husitas

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La invitación a los checos

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Simultáneamente a la actividad conciliar de los años 1431-33 tuvieron lugar las conversaciones con los husitas: en octubre de 1431 los de Basilea enviaron a los checos (bohemios y moravos) la epístola Compulit nos caritas[50]​ en la que les invitaban a establecer conversaciones amistosas. El diálogo con los considerados como herejes no era novedoso, pues ya anteriormente se había empleado con los arrianos en Nicea, nestorianos en Calcedonia o dontatistas en Cartago, pero en lo que respectaba a los husitas, tanto el papa Martín V como el concilio de Constanza habían usado del único método de la guerra, y en abril de 1431 Eugenio IV había autorizado la predicación de la cruzada con la bula Cum tu pro; Cesarini tuvo que justificar su actitud ante Eugenio IV apelando a la consecución de la paz en las guerras husitas,[51]​ aunque no llegó a convencerle.[52]

Las disputas teológicas

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Delegados de Bohemia al concilio de Basilea.

En mayo de 1432 los embajadores del concilio pactaron en Eger las condiciones en las que los husitas accederian a Basilea.[53]​ En enero del año siguiente una delegación de quince husitas con un séquito de cerca de otros 300 llegaron a Basilea para tratar de sus diferencias teológicas y litúrgicas sobre los llamados "Cuatro Artículos": la libre predicación por laicos, la comunión bajo las dos especies (pan y vino) en las zonas donde esa costumbre se hubiera implantado, la prohibición para los eclesiásticos de poseer bienes temporales y el castigo de los pecados públicos por las autoridades seculares.

Durante tres meses, los delegados de los checos (Jan Rokycana, Peter Payne, Mikuláš Pelhřimov y Oldřich Znojmo) expusieron sus argumentos[54]​ y los del concilio (Juan de Ragusa, Heinrich Kalteisen, Gilles Charlier y Juan de Palomar) les dieron la réplica[55]​ en larguísimos debates[g]​ en los que no se llegó a ningún acuerdo por la inmovilidad de ambas partes en sus respectivas posturas y por la desunión de los husitas entre sí.[56][57][58]

La Compactata

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A mediados de abril de 1433 las conversaciones se trasladaron a Praga, donde el 30 de noviembre se firmó la Compactata,[59]​ un primer acuerdo que no satisfizo completamente a nadie. Los conciliares tuvieron que hacer concesiones que no convencieron a todos, los utraquistas moderados dirigidos por Rokycana aceptaron el acuerdo con reticencias, pero los taboritas liderados por Prokop Holý y los orfanitas, más radicales, lo rechazaron y declararon la guerra a los anteriores, que les derrotaron contundentemente en la Batalla de Lipany de mayo de 1434.[60][61][62]

Eugenio IV revoca la disolución

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Roma en el s. XV.[a]

La actitud de los cardenales

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En su afán por disolver el concilio, Eugenio IV solo podía contar con el respaldo de seis de los veintiún cardenales que formaban el Colegio Cardenalicio (Orsini, Casini, Conti, Della Porta, su sobrino Condulmer y Foschi); otros cuatro (Correr, Lusignan, Rochetaillée y Casanova) habían suscrito la bula de disolución sin intención sincera de mantenerla; algunos más (Cervantes, Aleman y el presidente Cesarini) se habían negado; Capranica ya estaba en Basilea reclamando su exclusión del cónclave de 1431, y el resto (Colonna, Castiglioni, Albergati, De Foix, Carrillo, Beaufort y Ram), casi todos ausentes de Roma, se mostraban partidarios de la continuidad del concilio.[63][64]​ Incluso la madre Francesca Romana, en uno de sus éxtasis, recomendó al papa de parte de Santo Tomás que se concordara con los de Basilea.[65]

La de los príncipes europeos

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También se mostraban propicios a la continuidad de la asamblea el emperador Segismundo y los príncipes electores del Sacro Imperio Romano Germánico, el duque de Baviera Guillermo III, que había sido nombrado protector del concilio, los reyes de Francia, Inglaterra, Escocia, Castilla y los duques de Borgoña y Milán. Solo Venecia y Florencia se alinearon de parte del papa.[66]

Problemas civiles en Roma

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Filippo Maria Visconti.

Mientras defendía su autoridad eclesiástica frente al concilio, Eugenio IV tenía además problemas de orden en Roma. Su predecesor Martín V había favorecido generosamente a sus parientes Colonna con la concesión de numerosas fortalezas de los Estados Pontificios y de las rentas de la Cámara Apostólica, y recién coronado papa, en 1431 Eugenio había intentado limitar su poder obligándoles a devolver sus feudos y riquezas y el asunto había terminado en una confrontación armada y una precaria paz.[67][68]​ Al mismo tiempo, había favorecido la alianza entre Venecia y Florencia contra Milán, y se había ganado así la enemistad del duque Filippo Maria Visconti.

A finales de 1433 los Colonna volvieron a provocar graves disturbios en Roma mientras los condotieros de Visconti Francesco Sforza, Niccolò Fortebraccio y Niccolò Piccinino invadían los Estados Pontificios.

La retractación de Eugenio IV

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En estas condiciones, el 15 de diciembre de 1433, Eugenio IV se vio obligado a anular la bula de disolución y reconocer el concilio de Basilea como legítimo mediante la bula Dudum sacrum,[69]​ en la que sin embargo no confirmaba los decretos conciliares emitidos hasta la fecha.[70][71]

La noticia fue acogida en Basilea con júbilo: con el apoyo de la mayoría de cardenales y eclesiásticos, el de los príncipes seculares, el éxito de sus tratos con los husitas y el reconocimiento de Eugenio IV, el concilio estaba en su apogeo, pero la reconciliación era solo aparente.[72]​ Poco antes el papa había escrito al dux Francesco Foscari: «renunciaremos a la tiara y abandonaremos esta vida antes que ser responsables de que el trono pontifical sea subordinado al concilio, lo que es contrario a todos los cánones».[73]

El 26 de abril de 1434 llegaron a Basilea los cuatro nuncios enviados por el papa que debían actuar como presidentes: Niccolò Albergati, Giovanni Berardi, Pietro Donà y Ludovico Barbo; intimados a prestar juramento de adhesión al concilio, lo hicieron a título personal y no en nombre de Eugenio.

Un mes después, la situación en Roma había llegado a ser insostenible, y por su seguridad el 29 de mayo Eugenio IV abandonó la ciudad para establecerse en Florencia. Poco después de su llegada y gracias a su influencia, el signore Rinaldo degli Albizzi fue relevado del gobierno en favor de Cosimo de Médici.[74]

La abolición de las anatas

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El 9 de junio de 1435 el concilio decretó la suspensión de las anatas,[h]​ derechos de palio,[i]​ y cualquier otra tasa dineraria recibida a cambio de confirmaciones de elección, admisiones al postulantado, provisiones, colaciones, presentaciones, instittuciones o investiduras, y dispuso que el contraventor sería castigado como simoníaco y destituido de su dignidad.[75][76][77][78]​ La medida era imposible de poner en práctica, pues estos ingresos eran la principal fuente de financiación de la Santa Sede y sin ellos el papado habría quedado reducido a la más completa pobreza; cabe suponer que lo que el concilio pretendía era someter al papa por la vía económica u obligarle a transgredir el decreto provocando así nuevas fuentes de discordia.[79]

Eugenio IV dirigió a los príncipes de Europa en 1436 el Libellus apologeticus,[80]​ en el que calificaba los procedimientos de Basilea de desordenados y confusos y criticaba la organización por diputaciones, que privilegiaba la opinión de la "democracia eclesiástica" contra la de los altos cargos de la Iglesia y la de los príncipes seculares.[81][82]

El traslado del concilio

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Italia en 1454.

La unión con los griegos, motivo de discrepancia

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Uno de los asuntos pendientes de la cristiandad era lograr la unión entre la Iglesia católica latina y la Iglesia oriental griega: desde su división en el Cisma de Oriente y Occidente de 1054, la unidad de ambas iglesias se había intentado cerca de treinta veces y siempre se había frustrado, a pesar de haberse declarado oficialmente en dos de ellas (tras la cuarta cruzada de 1204 y en el Concilio de Lyon de 1274).[83][84][85][86]

Desde 1431 tanto el papa Eugenio IV como el concilio de Basilea habían enviado sus embajadores a Constantinopla, habían recibido a los de los griegos y se habían comprometido a pagar los gastos del viaje,[87][88][89]​ intentando cada uno ganar el prestigio de materializar la reunión en su terreno.[90][91][92]

Sin embargo Basilea, en el interior del continente y al norte de los Alpes, no era un lugar accesible para recibir a varios cientos de prelados griegos llegados desde Bizancio, y se hacía necesario trasladar el concilio a otra ciudad mejor comunicada, y en la necesidad del traslado Eugenio IV vio una oportunidad para concluir un concilio que pretendía acabar con el absolutismo pontificio. Los conciliares propusieron como ciudades candidatas la propia Basilea, Aviñón,[93]Lyon[94]​ o algún lugar en Saboya;[95]​ los pontificios ofrecieron Udine, Florencia, Viena, Pavía, Parma u otra ciudad en Italia; los griegos declararon que elegirían la sede después de haber desembarcado en Italia.

Catedral de Basilea, sede del concilio.

La ruptura definitiva

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En la tumultuosa sesión del 7 de mayo de 1437 se redactaron dos decretos contradictorios sobre el traslado de la asamblea.[96]​ La mayoría de los conciliares, dirigidos por Louis Aleman, decidieron reabrirla en Avignon o en algún lugar en Saboya, mientras una minoría fiel al papa, encabezada por Juan de Cervantes y Niccolò Albergati, optó por la transferencia a Italia.

La noche del 13 de junio de 1437 varias personas del entorno del presidente Cesarini junto con un espía florentino desfondaron el cofre que contenía la bula conciliar, sellaron con ella el decreto de la minoría y lo enviaron con un emisario para ser presentado en Grecia como auténtico. La autoría intelectual del fraude apuntaba al nuncio papal Giovanni Berardi, quien acusado de falsificación, abandonó la ciudad antes de que se completara el proceso contra él y se unió a la corte de Eugenio.[97][98][99][100][101][102][103][j]

El concilio abre un proceso contra el papa

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El 29 de mayo el papa confirmó el decreto de la minoría por la bula Salvatoris et Dei nostri. El 26 de julio el concilio designó nueve jueces para instruir el proceso contra Eugenio IV (el arzobispo de Lyon Amedée de Talaru, el de Palermo Niccolò Tedeschi, el obispo de Vic Jordi d’Ornos, el de Ermland Franciszek Kuhschmalz, el de Mayo Nicholas Wagomay, el abad de Dundrennan Thomas Livingstone, el de Vézelay Alexandre, el protonotario Ludovico Pontano y el arcediano de Metz Guillaume-Hugues),[104][105]​ y el 31 de julio publicó un monitorio[106]​ contra el papa en el que se denunciaban sus infracciones contra los decretos de reforma, sus maniobras contra la autoridad del concilio y la seguridad de sus integrantes, y la mala administración de los estados de la Iglesia, y se le conminaba a comparecer en el plazo de sesenta días.[107]​ El 18 de septiembre el papa publicó la bula Doctoris gentium,[108]​ en la que reprochaba la inacción del concilio durante sus seis años de vida y ordenaba su traslado a Ferrara.[109]

Las embajadas a Constantinopla

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Constantinopla en el s. XV.[a]

En agosto de 1437 una embajada dirigida por el obispo de Viseu Luís do Amaral, el de Lausana Louis de la Palud y Juan de Ragusa zarpó de Niza en las galeras de Nicod de Menthon rumbo a Constantinopla con la misión de conducir a Basilea al emperador Juan VIII Paleólogo y a los prelados bizantinos para tratar de la unión de las dos iglesias, pero cuando en octubre llegó a su destino encontró que se le había adelantado la delegación que el papa había enviado desde Venecia bajo el mando del legado Marco Condulmer, el obispo de Oporto Antão Martins de Chaves, el de Digne Pierre de Versailles, el de Corone Cristoforo Garatone y el preboste Nicolás de Cusa con el objetivo de llevarles a Ferrara. El mismo emperador tuvo que intermediar para que la discusión entre las dos embajadas no terminara en un enfrentamiento armado. El 24 de noviembre los bizantinos embarcaron en las galeras de Condulmer rumbo a Italia sin haber decidido todavía adónde dirigirse.[110][111][112][113][114]

Niccolò Albergati.
Louis Aleman.

Cesarini abandonó Basilea junto con una minoría de prelados obedientes al papa para unirse al concilio de Ferrara, que se abrió el 8 de enero de 1438 presidido por Niccolò Albergati.[115]​ El 4 de febrero Louis Aleman fue proclamado presidente de Basilea, con el apoyo de la mayoría de conciliares.

Quedaban así establecidas dos asambleas distintas disputándose mutuamente el título de concilio canónico: la de Basilea, desautorizada por Eugenio IV, y la de Ferrara, considerada por el partido pontificio como continuación de la de Basilea y no reconocida por esta.

La suspensión de Eugenio IV

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El 24 de enero de 1438 se decretó en la trigésimoprimera sesión de Basilea la suspensión del pontífice de su dignidad eclesiástica.[116]​ El 15 de febrero, en la segunda sesión de Ferrara, Eugenio IV excomulgó y privó de sus cargos a todos los participantes en Basilea y declaró nulos todos sus decretos.[117]

Tras la muerte del emperador Segismundo, Alberto II del Sacro Imperio Romano Germánico y los príncipes electores declararon su neutralidad entre los dos concilios y propusieron el traslado de ambos al Sacro Imperio, mientras en Francia se publicaba la Pragmática Sanción de Bourges.[118]

Los griegos en Italia

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El 8 de febrero de 1438 los griegos desembarcaron en Venecia,[m]​ desde donde escribieron a Basilea su intención de acudir al concilio de Ferrara,[119]​ y en marzo fueron recibidos en esta ciudad por el marqués Niccolò d'Este con sus hijos Leonelo y Borso,[120]​ cerca de 700 prelados, monjes, teólogos, embajadores, traductores y asistentes, entre ellos el basileus Juan VIII Paleólogo, su hermano Demetrios, su secretario George Kurtesios, el Patriarca de Constantinopla José II, Marcos Eugénico, Metrófanes, Ioannis Argiropoulos, Isidoro de Kiev, Basilio Besarión o Jorge Gemisto,[n]​ pero durante los primeros meses permanecieron inactivos, esperando la llegada de los embajadores de los países europeos (que nunca llegaron[o]​) y solo en junio comenzaron las discusiones teológicas, orientadas a cuatro puntos principales: la existencia del Purgatorio, la eucaristía con pan ácimo o fermentado, la inclusión en el credo de la cláusula Filioque y la supremacía papal sobre los patriarcas orientales.

Bizancio en 1450.

Sin embargo las diferencias teológicas entre latinos y griegos eran un asunto menor frente a las necesidades políticas. Para el papado, la unión era la manera más efectiva de extender su autoridad eclesiástica hacia Oriente y de reafirmar su supremacía sobre el concilio.[121][122]​ Para los griegos era una cuestión de supervivencia: superados por los otomanos del sultán Murad II durante las guerras turco-bizantinas, obligados a pagarles un tributo de vasallaje desde la Batalla de Maritsa de 1371 y con la economía muy maltrecha, en 1422 habían sufrido el asedio de la capital, en 1423 habían tenido que vender Tesalónica a los venecianos, y ahora los hermanos Paleólogo Juan, Andrónico, Teodoro, Constantino, Demetrios y Tomás estaban reducidos a Constantinopla, Morea y unas pocas plazas en el Mar Negro. A este estado de cosas venía a sumarse la rivalidad de Demetrios con su hermano Juan por el trono, y la tensión entre el poder secular del emperador y el eclesiástico del patriarca, que interferían uno con el otro con frecuencia.

El Imperio bizantino veía amenazada su existencia, y su única salvación era una alianza con Occidente que permitiera la organización de una cruzada conjunta contra los otomanos, que por parte de los latinos había sido repetidamente postergada con el argumento de la diferencia religiosa entre los dos pueblos. Pero tampoco había unanimidad entre los griegos, pues una parte relevante del pueblo, del clero de menor rango y de las comunidades monásticas bizantinas eran remisos a la unión propugnada por la corte imperial y el alto clero, y aun entre los conciliares griegos corría la sospecha de que los latinos intentarían forzarla rehusando pagar sus gastos en Italia.[123][124][125]

Viaje de los griegos, su encuentro con el papa, el concilio de Florencia y regreso a Bizancio.[p]

De Ferrara a Florencia

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Florencia en el siglo XV.[a]

El 10 de enero de 1439, mediante la bula Decet oecumenici concilii,[126]​ Eugenio IV mandó transferir el concilio a Florencia. La versión oficial fue que el traslado era debido a un brote de peste que había azotado Ferrara durante el invierno y amenazaba agravarse en el verano, aunque el motivo principal era que los 80.000 florines[q]​ que hasta esa fecha había costado el viaje desde Constantinopla, el mantenimiento en Ferrara de tantos prelados y el de los trescientos arqueros cretenses y dos galeras que habían quedado para la defensa de Bizancio, habían dejado vacías las arcas de la Cámara Apostólica, mientras en Florencia el signore Cosme de Médici y su hermano Lorenzo se comprometían a darles alojamiento gratis y a entregarles una cantidad mensual durante ocho meses, bajo palabra de reembolso por el papa.[127][128]

El viaje de los magos.[r]​ Tradicionalmente se ha considerado que la iconografía está basada en la llegada de los griegos al concilio.[129]

Igualmente preocupante era la peligrosa cercanía de las tropas de Niccolò Piccinino, condotiero a sueldo del duque de Milán Filippo Maria Visconti, que había tomado Imola y Forlì y alentaba la revolución en Bolonia.[128]

La unión con los bizantinos

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Bula Laetentur Caeli de Eugenio IV que promulgó la unión de las iglesias latina y griega, con texto bilingüe (6 de julio de 1439).

Reunido con los delegados de la Iglesia ortodoxa y con el emperador bizantino Juan VIII Paleólogo se alcanzó, mediante el decreto de unión bula Laetentur Caeli[130][131]​ el 6 de julio de 1439,[s]​ la reunificación de ambas Iglesias. Tras largos debates cuyos textos eran meticulosamente confrontados por cada parte,[132]​ y limitados por el distinto idioma que hacía necesarios varios intérpretes,[133]​ los ortodoxos aceptaron que la incorporación del Filioque al credo niceno era una explicitación de la fe y no una herejía;[134][135]​ cada Iglesia debía seguir su tradición respecto al pan fermentado o sin fermentar en la eucaristía; se aceptó la existencia del purgatorio;[136][137][138][139]​ y la primacía del papa sobre toda la Iglesia.[140]

Posteriormente se firmaron actas de unión con las Iglesias: armenia: bula Exultate deo[141]​ el 22 de noviembre de 1439 y copta: bula Cantate Domino[142]​ el 4 de febrero de 1442.

La deposición de Eugenio IV

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Mientras en Florencia se llevaban a cabo las conversaciones entre latinos y griegos, en Basilea seguían en su tendencia antipapal: en la sesión del 24 de abril de 1439 el concilio aprobó como dogmas las tres veritates,[143]​ venciendo la oposición de los embajadores de los príncipes seculares y apelando a la independencia del poder espiritual sobre los príncipes temporales y a la integridad de la fe y salvaguarda de la Iglesia:

  • Que la autoridad del concilio era superior a la del papa;
  • Que el papa no tenía autoridad para disolver el concilio;
  • Que contradecir cualquier de los dos puntos anteriores era herejía.

Y a continuación exponía los hechos: Eugenio IV había decretado la disolución del concilio en 1431; tras la rectificación de 1433, la había repetido en 1437 con contumacia, y finalmente había convocado el de Ferrara, con lo cual su actitud se amoldaba a las tres cuestiones antedichas.

En la sesión del 25 de junio de 1439 se leyó el decreto Prospexit Dominus[144]​ en el que se declaraba a Eugenio IV hereje, cismático, rebelde contra la Iglesia, infractor de los decretos emitidos por el conciio, simoníaco, perjuro y contumaz, y disponía su deposición ipso facto.[145][146]​ El 9 de septiembre de 1439 desde Florencia Eugenio IV respondió con la promulgación de la bula Moyses vir Dei,[147][148]​ en la que a su vez calificaba a los de Basilea de herejes, cismáticos, ignorantes, vagabundos, indisciplinados, tránsfugas, apóstatas y criminales.

La elección de Félix V

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El cónclave

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Depuesto el papa reinante, en Basilea quedaba elegir a su sucesor. A finales de octubre una comisión del concilio nombró a los participantes del cónclave que reunidos en la Haus zur Mücke[t]​ debían elegir al papa; además de Aleman, fueron designados treinta y dos electores (ocho de cada "nación"; todos los italianos eran saboyanos), entre ellos once obispos, siete abades, cinco teólogos y nueve canonistas:[149][150]

Francia Italia Sacro Imperio España
  • Guglielmo Didier, obispo de Vercelli[w]
  • Giorgio de Saluzzo, obispo de Aosta
  • Giacomo de Pomaro, obispo de Ivrea
  • Luigi da Romagnano, obispo de Turín
  • Aleramo del Carretto, O.S.B., abad de Fruttuaria en Ivrea
  • Giacomo de Secusia, O.S.B., abad de San Giusto en Turín
  • Giovanni de Montecanuto, preceptor de San Antonio di Ranverso en Turín
  • Bartolomeo Provana, preceptor de Chivasso en Ivrea
Otros asistentes (sin derecho a voto)
Haus zur Mücke, sede del cónclave.

Durante los ocho días que duró el cónclave surgieron como papables Amadeo de Saboya, los cardenales De Foix y Cervantes, el arzobispo de Lyon Amédée de Talaru, el de Colonia Dietrich von Moers, el obispo de Vic Jordi d'Ornos, el teólogo Juan de Segovia y el jurista Thomas de Courcelles, pero Aleman indujo a los conclavistas a decantarse por el duque de Saboya, que resultó elegido el 5 de noviembre.[151][152][153][154][155]

La coronación de Félix V

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Félix V.

El 3 de diciembre una pomposa embajada del concilio partió hacia el castillo de Ripaille, adonde el duque de Saboya se había retirado tras enviudar, para comunicarle la decisión del cónclave. El duque aceptó el nombramiento y tomó el nombre de Félix V.[156][157][158][aa]

En enero de 1440 cedió el ducado de Saboya a su hijo Ludovico y en junio acudió a Basilea, en cuya catedral fue coronado por Louis Aleman y Louis de La Palud el 24 de julio.[159][160][161][162]​ La víspera el concilio había declarado inválida la excomunión lanzada contra él por Eugenio IV el 23 de marzo.[163]

La situación del antipapa

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Sin embargo Félix V se mostraba conservador y falto de audacia para oponerse a Eugenio IV, considerando su elección como pontífice más como un honor a su persona y a su familia que como una responsabilidad eclesiástica, y en 1442 abandonó Basilea alegando motivos de salud para establecerse en Lausana. Faltaba el dinero para el mantenimiento de la actividad diplomática del concilio, y el que tenía el duque lo entregaba lenta y avariciosamente.

«... un papa de poca autoridad»[164]

Y faltaban los apoyos internacionales: ni Alberto VI de Austria, ni el Rey de romanos Federico III dieron su obediencia a Félix V; el Sacro Imperio Romano Germánico declaró su neutralidad entre Eugenio IV y Basilea, y solo los príncipes electores de Treves y Colonia se mostraron partidarios de Félix V. El rey de Francia Carlos VII, después del reconocimiento de la Pragmática Sanción de Bourges, se puso del lado de Eugenio. El de Nápoles Alfonso V de Aragón, después de recibir de Eugenio la confirmación del trono de Nápoles, también. El duque de Milán Filippo Maria Visconti, yerno del antipapa por su matrimonio con María de Saboya, también le negó su apoyo.[165]

Fin del concilio en Roma

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Con la aceptación de los decretos de unión de las iglesias griega y armenia, podía darse por terminado el concilio en Florencia, sin embargo, como en Basilea persistían con su reunión y el pequeño cisma, Eugenio IV quiso mantener el concilio abierto. El 7 de enero de 1443 hizo otro traslado, esta vez al corazón del centro de la Iglesia, Roma, en donde aún se mantuvieron dos sesiones: una en septiembre de 1444 y otra en agosto de 1445. Consta que en ese tiempo se unieron nuevas Iglesias orientales: la siria por medio de la bula Multa et admirabilia del 30 de noviembre de 1444; y los caldeos y coptos con la bula Benedictus sit Deus del 7 de agosto de 1445.

Pontificado de Nicolás V

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Nicolás V.[c]

En febrero de 1447 murió Eugenio IV y en el cónclave que siguió fue elegido papa Nicolás V. En agosto del mismo año el Sacro Imperio dejó su neutralidad para declararse en favor de éste, y en julio de 1448 un edicto imperial ordenó a las autoridades civiles de Basilea que expulsaran de la ciudad a los padres conciliares, quienes partieron hacia Lausana en un número de aproximadamente cien personas, lejos de los varios cientos que tuvo en sus mejores tiempos.

En dos bulas de agosto de 1448 Nicolás V aceptó conceder a Félix el capelo de cardenal, el obispado de Ginebra y una pensión vitalicia a cambio de su renuncia, y prometió el perdón a sus seguidores.[166]

En virtud de los acuerdos adoptados con el rey francés, el 7 de abril de 1449 Félix V abdicó el pontificado,[167]​ el 19 los conciliares prestaron obediencia a Nicolás V[168]​ y el 25 decidieron la disolución del concilio,[169]​ dieciocho años después de su inauguración.

Magisterio

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  • Bula Laetentur caeli (6 de julio de 1439), sobre el Espíritu Santo, la Eucaristía y los Novísimos.
  • Bula Exultate Deo (22 de noviembre de 1439), sobre los Sacramentos.
  • Bula Cantate Domino (4 de febrero de 1442), sobre la Trinidad y la Encarnación.
  • Bula Multa et admirabilia, (30 de septiembre de 1444, sobre la unión con los jacobitas de Siria.
  • Bula Benedictus (7 de agosto de 1445), sobre la unión con los caldeos y maronitas.

Repercusiones

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El resultado principal fue el reconocimiento por parte de la Iglesia ortodoxa de que la cabeza de la Iglesia era el papa, opción apoyada por el emperador Juan VIII Paleólogo, el Patriarca latino de Constantinopla (Basilio Bessarión) y el Patriarca ortodoxo de Constantinopla (Gregorio III). Sin embargo, la oposición de los monjes griegos, que tenían un gran poder en la Iglesia de oriente, y la conquista de Constantinopla por los otomanos acabó con el acuerdo, restableciéndose la separación de ambas Iglesias en 1472.[140]

La victoria de Eugenio IV sobre los que persistían con el concilio en Basilea, si bien no significó el fin de las doctrinas conciliaristas, significó el reconocimiento del romano pontífice como la más alta autoridad eclesiástica en la cristiandad.[170]

La unión parcial con otras Iglesias orientales permanece hasta hoy, ya que estas constituyen Iglesias sui iuris y están en plena comunión con la Iglesia de Roma, es decir el papa es la cabeza de esas Iglesias pero ellas mantienen cierta autonomía y sobre todo en sus usos litúrgicos y tradiciones.

Notas

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  1. a b c d e f Extraído de las Crónicas de Núremberg de Michael Wolgemut y Wilhelm Pleydenwurff (1493).
  2. 117 latinos y 32 griegos fueron los firmantes de la bula de unión Laetentur Caeli. Cfr. Mansi, XXXI, p. 1025, y CF, I, parte II, pp. 77-79.
  3. a b c Cristofano dell'Altissimo, segunda mitad del s. XVI.
  4. En la natione hispana se incluyeron prelados de Castilla, Aragón y Portugal. En la francesa, a los bretones. Los ingleses no prestaron juramento de adhesión al concilio.
  5. Aviñón y el condado Venaissin fueron un enclave de los Estados Pontificios en Francia hasta la Revolución francesa.
  6. Pinturicchio, c. 1505.
  7. Juan de Ragusa tardó diez días en pronunciar su discurso de réplica a las tesis de Rokycana.
  8. Antes de recibir un beneficio eclesiástico, el beneficiado debía pagar de una sola vez las rentas que produjera el cargo durante un año; la consecuencia era que solo podían optar al puesto kos candidatos con dinero suficiente.
  9. Los arzobispos, obispos y abades mitrados que quisieran usar el palio estaban obligados al pago de una cantidad por su concesión.
  10. Berardi fue creado cardenal en 1439, según varios autores en recompensa por su acción en Basilea.
  11. Medalla acuñada para la ocasión, obra de Pisanello.
  12. Manuscrito bizantino, s. XV.
  13. En 1437, según el more veneto en el que el año comenzaba el 1 de marzo.
  14. Los patriarcas de Alejandría, Antioquía y Jesuralén no pudieron asistir por la ocupación turca de sus diócesis, pero enviaron a sus representantes.
  15. Solo el duque de Borgoña y los Anjou enviaron sus embajadores a Ferrara.
  16. Altorrelieve en la puerta de Filarete de la Basílica de San Pedro.
  17. Un florín tenía 3,5 gramos de oro de buena calidad.
  18. Fresco de Benozzo Gozzoli (1459-61) en la Cappella dei Magi del Palazzo Medici Riccardi de Florencia.
  19. El año 6947, según el calendario bizantino.
  20. La Haus zur Mücke (casa del mosquito), que se usaba en Basilea como salón de baile, fue previamente acondicionada para la celebración del cónclave.
  21. Sustituyó a Bernard de la Planche, obispo de Dax, que no pudo asistir por la gota.
  22. Bretón.
  23. De origen francés, Didier fue elegido como representante de Italia por tener aquí su obispado.
  24. Era escocés, pero representaba a la Universidad de Colonia.
  25. Portugués.
  26. Elne perteneció a la Corona de Aragón hasta el Tratado de los Pirineos de 1657.
  27. Inicialmente quiso conservar su nombre Amadeo también como papa, pero Aleman le convenció de tomar el de Félix, por el santo del día que fue elegido.

Referencias

[editar]
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  2. Rinaldi, a. 1424, nº 5-6.
  3. MacCaffrey.
  4. Mansi, XXIX, pp. 8-12.
  5. Ragusa, I, pp. 68-104.
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  7. CB, II, pp. 3-18.
  8. Valois, I, pp. 115-118.
  9. Gill, p. 133.
  10. Segovia, lib. I, cap. XXVI.
  11. CB, II, pp. 18-21.
  12. Mansi, XXIX, p. 14.
  13. Gill, pp. 332-333.
  14. Rinaldi, a. 1431, nº 5-7.
  15. Pastor, I, pp. 423-425.
  16. Pastor, p. 427.
  17. Las instrucciones de Beaupère en CB, II, pp. 549-551.
  18. Valois, I, pp. 118-119.
  19. Segovia, lib. II, cap. III. Cecconi, doc. VII.
  20. Segovia, lib. II, cap. III. Cecconi, doc. VIII. Mansi, XXIX, pp. 564-567.
  21. CB, II, p. 22.
  22. Bilderback, pp. 246-253.
  23. Segovia, lib. II, cap. XV-XVII.
  24. Mansi, XXIX, pp. 21-23.
  25. CB, II, pp. 22-36.
  26. Gill, pp. 133-135, 333-335.
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  31. Rosenblieh, Délibérer..., pp. 309-331.
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  52. Marin, pp. 107-129.
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  58. Vooght, pp. 97-137, 254-291.
  59. Mansi, XXXI, p. 273. Gill, pp. 338-342.
  60. Los diarios de Gilles Charlier y Thomas Ebendorfer durante su viaje a Praga, en Monumenta Conciliorum, I, 359-700 y 701-783.
  61. Gill, pp. 165-177.
  62. Fudge, Thomas, The hussites and the council, en Decaluwé, pp. 255-271.
  63. Segovia, lib. II, cap. IV.
  64. Pérouse, pp. 102-105.
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  67. Fumi, pp. 611-618 .
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  170. Van Der Essen.
Recopilación de textos del concilio (1535).

Bibliografía

[editar]

Fuentes primarias

[editar]
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Fuentes secundarias

[editar]
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Enlaces externos

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