Panteón de Belén

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El Panteón de Belén es el nombre con que se conoce al antiguo Panteón de Santa Paula en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, México.

Por su valor como patrimonio cultural está protegido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y forma parte del catálogo de Tesoros Arquitectónicos de nuestra Nación.

Desde el 1ro. de enero de 2010 funciona como museo al aire libre y es administrado por el ayuntamiento de Guadalajara.

Esta joya del siglo XIX es un muestrario de la arquitectura funeraria de diversas épocas. Los restos de muchos personajes que destacaron en la política, educación, ciencia, música y literatura fueron depositados en este cementerio.

Inicialmente, el terreno se delimitó en 1787 como parte del proyecto integral del Antiguo Hospital de San Miguel de Belén. Este conjunto hospitalario que incluía nosocomio, huerta y cementerio fue una respuesta a los problemas de salud e higiene de aquella época, gracias a las ideas ilustradas del Obispo Antonio Alcalde quien desafortunadamente falleció antes de cristalizar el proyecto.

En 1843 el obispo Diego de Aranda y Carpinteiro encargó al ingeniero Manuel Gómez Ibarra, creador de las torres de catedral y de la cúpula del Hospicio Cabañas, la construcción del nuevo camposanto con los ideales neoclásicos y de modernidad que dictaba el México independiente.

Su funcionamiento presentó muchos altibajos hasta que fue cerrado el 1 de noviembre de 1896 por decisión del Consejo Superior de Salubridad de esa época.

Información histórica[editar]

Los primeros hospitales en Guadalajara, con su correspondiente cementerio, datan desde mediados del siglo XVI y eran sostenidos por la iglesia.

En 1704, la orden religiosa de los betlemitas se hizo cargo del Hospital Real de San Miguel de Belén, que tuvo como sedes el convento de Santa María de Gracia y el actual Mercado Corona, ambos en la ciudad de Guadalajara.

A su cementerio se le conocía como Campo Santo de la Convalecencia.

Esta orden enfrentó todo tipo de penurias y gestiones para poder lograr mantener a flote su labor durante 80 años, consiguiendo fondos para el mantenimiento y la ampliación de sus instalaciones.

En 1771 llegó a Guadalajara el insigne Obispo Fray Antonio Alcalde, con un pensamiento innovador perteneciente a las ideas ilustradas europeas.  Inició una gran cantidad de proyectos relativos al urbanismo y salubridad de la ciudad encaminados a mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, principalmente los pertenecientes a las clases obreras y campesinas.

En 1786 hubo una hambruna generalizada en Guadalajara que desembocó en un número desorbitante de muertos y los problemas por insalubridad y contagio se volvieron imperantes.

El Obispo Antonio Alcalde consiguió terreno, fondos y proyecto para realizar lo que se llamaría Hospital Real de San Miguel de Belén. Incluía 9 hectáreas en conjunto: 1/3 parte para el camposanto, 1/3 parte para el hospital y 1/3 parte para huerta, corrales y vivienda para los frailes.

Se proyectó para albergar hospital, camposanto, templo, escuela, huerto y convento para los frailes hospitalarios de Nuestra Señora de Belén o Betlemitas, quienes se trasladaron a las nuevas instalaciones.

En 1793 se inauguró el nuevo Hospital, pero desafortunadamente, la orden de los betlemitas se retiró de esa institución, 2 años después, dando un fuerte golpe a la correcta evolución del proyecto en general.

En 1797 hubo una epidemia de viruela que forzó la creación de una fosa común en el camposanto, llamado de esa manera por tradiciones religiosas presentes en el México anterior a las Guerras de Reforma, aunque ya para esos tiempos, todo el conjunto era administrado con muchas deficiencias por las autoridades civiles de la época.

En 1833, la terrible epidemia de cólera morbus, llevó al a necesidad de abrir una nueva fosa común, tristemente los cadáveres eran tantos que se les sepultaba de manera descuidada, apilando los cadáveres y vaciando sobre ellos cal o tierra, según lo permitieran las prisas o los recursos. Terrible mencionar que la población de aquel tiempo llamó sarcásticamente a este lugar, el “Panteón de la capirotada”, por la semejanza con ese platillo tradicional mexicano que incluye diferentes capas de ingredientes.

El hospital se mantuvo bajo la administración del gobierno civil hasta 1842, cuando fue entregado al Cabildo Eclesiástico con argumentos tales como la escasez de fondos del “Estado Público”.

En 1843 el obispo Diego de Aranda y Carpinteiro encargó al ingeniero Manuel Gómez Ibarra, creador de las torres de catedral y de la cúpula del Hospicio Cabañas, la construcción de las galerías y el mausoleo central conforme a los ideales neoclásicos y de modernidad que dictaba el México independiente. La construcción duró 3 años y fue reconocida inmediatamente por su funcionalidad y belleza.

El diseño incluyó dos galerías con corredores con 50 arcos cada uno, gavetas, capilla, capilla-mausoleo central, dos patios y la fosa común en un terreno de 130 metros de ancho por 350 de largo.

Tenía un área para la gente común (actualmente ocupada por la Torre de especialidades) y otra para la aristocracia tapatía que es lo que conforma el museo inaugurado en 2010.

La fosa común podía costar 25 centavos y un espacio en el patio poniente podía costar hasta 100 pesos de aquella época.

En 1848, el cementerio quedó formalmente inaugurado. La tumba más antigua es de abril de 1849.

En 1850 hubo una segunda epidemia de cólera por lo que se tuvo que habilitar una tercera fosa común, al parecer, tan mal manejada como las dos anteriores.

El periodo de gobierno del Cabildo Eclesiástico concluyó en 1861 con la secularización de los hospitales e instituciones de caridad que se dio a nivel nacional.

En 1880 se reportó que había 2474 sepulturas en pavimento y 1650 gavetas en los corredores.

Fue cerrado el 1 de noviembre de 1896 por el Consejo Superior de Salubridad de esa época a causa del mal manejo de los cadáveres y el peligro inminente de propagación de enfermedades.

Nota: los entierros continuaron esporádicamente para aquellas personas que ya tenían comprado algún lote o gaveta.

Capilla Egipcia en el Panteón de Belén de Guadalajara. La gran cripta subterránea guarda los restos mortales de decenas de tapatíos distinguidos y pudientes del siglo XIX

Mausoleo central[editar]

Guadalajara, Panteón de Belén, Sección Norte

En el centro del área destinada a las personas pudientes de aquel tiempo se encuentra un mausoleo que el propio Gómez Ibarra describió como una construcción con reminiscencias egipcias, por lo que se le llama "Capilla egipcia", aunque también se barajó en sus inicios que estaba inspirada en el mausoleo de Halicarnaso.

Nota: por alguna razón la gente común le empezó a nombrar “El sarcófago” y eso dio pauta a que también se le llamara la calle del sarcófago a la actual Calle Gral. Eulogio Parra ya que era la vía por donde transitaban las carrozas fúnebres al llevar a los fallecidos a este cementerio.

Esta construcción cuadrangular alberga una capilla dedicada a santa Paula de Belén, de donde viene el nombre de este panteón, con 3 puertas a la que se accede por escalinatas con una inclinación más pronunciada que lo habitual.               

En el interior de la capilla se puede ver un altar y un curioso piso bicolor.

Debajo de la capilla se encuentra una cripta con 64 nichos mortuorios, inicialmente destinados a los altos prelados eclesiásticos, pero a partir de 1889, por cuestiones de política nacional, fueron lugar de sepultura de personas distinguidas de la capital tapatía.

En 1880 se reportó que había 2474 sepulturas en pavimento y 1650 gavetas en los corredores.

El 11 de noviembre de 1889, el general Ramón Corona, entonces gobernador de Jalisco, murió luego de ser apuñalado. Sus restos fueron sepultados en este mausoleo central, dando inicio a la costumbre de honrar a los hombres ilustres en ese lugar.


La cúpula está revestida de mosaico y la adornan, 4 esculturas monumentales de plañideras, colocada cada una en una esquina.

Las puertas laterales de la capilla pueden conducir al área donde se encuentran los corredores con gavetas o al área donde se encuentras las tumbas y mausoleos, donde podemos admirar arquitectura funeraria neo-gótica y neo-clásica, utilizando diferentes materiales y dimensiones.

Obras arquitectónicas notables[editar]

Es muy notoria la capilla funeraria de la familia Luna Corcuera

Lazareto[editar]

De 1942 a 1966 funcionó un Leprosario o Lazareto, en el extremo norte del cementerio de Santa Paula. Ahí se aislaba a los enfermos del mal de Hansen y de tuberculosis.

El padre Bernal fue el principal responsable de tan loable obra.

Por cuestiones de salubridad fue trasladado a Sta. María Tequepexpan.

Personajes destacados enterrados en el Panteón de Belén[editar]

Personajes trasladados a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres[editar]

Referencias[editar]

Victoria Oliver Sánchez, investigadora del CUCSH, UdeG

Historia, desarrollo y arquitectura del antiguo Hospital de Belén. 2016 Jorge Alberto Navarro Serrano (UAG)

Enlaces externos[editar]