Crimen de Mayerling

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Mayerling tras la remodelación de 1889.

El crimen de Mayerling (también conocido como tragedia de Mayerling o drama de Mayerling) fue un suceso que tuvo lugar el 30 de enero de 1889 en la aldea homónima situada en el valle de Helenental, cerca de Baden, a escasos kilómetros de Viena, que había sido una antigua propiedad de la familia imperial, conocida como Meyerling [sic]. Era el lugar de retirο del archiduque Rodolfo de Habsburgo, quien había ordenado construir un pabellón de caza, inaugurado en octubre de 1888.

El suceso[editar]

Los emperadores ante el cadáver de su hijo.

La madrugada del 30 de enero de 1889, Rodolfo de Habsburgo (príncipe heredero de Austria), hijo del emperador Francisco José I y la emperatriz Elizabeth, más conocida como Sissi, fue hallado muerto junto a su amante la baronesa de Vetsera (de apenas 18 años), tras haberse suicidado, según la primera versión de los hechos (de ella no se dice nada), si bien las circunstancias del magnicidio siguen siendo una incógnita en nuestros días.

Poco después, el emperador ordenó transformar el edificio en un convento de carmelitas, a fin de que las monjas oraran para siempre por el alma del archiduque.

En cuanto a los cadáveres, cabe resaltar que mientras el de Rodolfo fue sepultado en la Cripta Imperial de Viena con todos los honores el martes 5 de febrero, el de María lo será, subrepticiamente, en la abadía cisterciense de Heiligenkreuz.

La investigación[editar]

Wie eine Blume spross der mensch auf und wird gebrochen
(Brota como una flor y es cortado. Job 14:2).
Tumba de María Vetsera en el cementerio de Heiligenkreuz (fotografía de 2006).

En la primavera de 1945, cuando la II Guerra Mundial tocaba a su fin, el monasterio fue atacado por la artillería soviética y un proyectil de largo alcance desplazó de donde estaba la losa de granito que, desde 1889, cubría la tumba de la baronesa. Gerd Holler (Mayerling, die Lösung des Rätsels, 1983), un joven físico local, fue requerido para examinar sus restos, antes de volver a enterrarlos, comprobando que estos no presentaban herida de bala alguna, lo que echaba por tierra la teoría de que Rodolfo le hubiese disparado. No conforme del todo, Holler esperó que se abriese el Archivo Secreto Vaticano para cotejar los resultados de su investigación con la que se había realizado en su momento para decidir si sus cuerpos podían recibir sepultura eclesiástica: este primer estudio también había llegado a la conclusión de que el arma homicida solo había sido disparada una vez, y la víctima habría sido Rodolfo; por eso su cabeza aparecía vendada.

En 1993, Helmut Flatzelsteiner (Meine Mary Vetsera: Mayerling, die Tragödie gibt ihr Geheimnis preis, 1993) —un hombre de negocios de Puchenau, cerca de Linz— reconoció haber profanado la tumba de María Vetsera en el cementerio de Heiligenkreuz la noche del 8 de julio de 1991.[1] [2]

Se sabe también que ese año la historiadora Brigitte Hamann habló de un cofre que, al parecer, contendría un revólver del archiduque, cartas de despedida, mechones de pelo de los dos amantes y un pañuelo. Según la citada investigadora, había sido enviado al duque Otto de Habsburgo–Lorena por los descendientes de un alto funcionario austriaco que emigró a Estados Unidos en los años 30.[1] [2]

«Cartas de despedida»…
Em. Böger. Perfil de María Vetsera. 1889.

Al parecer, días antes de su muerte, Rodolfo escribe una serie de misivas de tono especialmente macabro:

Sé muy bien que no era digno de ser vuestro hijo.

A su madre, Isabel de Baviera.

Ya estás libre de mi presencia y la calamidad que soy.

A su esposa, Estefanía de Bélgica.

A Valeria, su hermana pequeña, de la que se despide con un hermético:

Muero a pesar mío.

Se ha hablado incluso de otras dos cartas: en la dirigida a su ayuda de cámara Johann Loschek, le rogaría que lo enterrasen junto a María en el monasterio de Heiligenkreuz; en la segunda, a Szügenyi, un amigo húngaro, explicaría los motivos que lo llevaban a quitarse la vida y que podrían resumirse en que no le quedaba otra salida.[3]

También María le confiesa a su madre, Hélène Baltazzi:

Querida mamá: perdona lo que hago. No he podido resistirme al amor. De acuerdo con él, quiero ser enterrada a su lado en el cementerio de Alland.[4] Soy más feliz muerta que viva. Tu Mary.

Dos cartas más irían dirigidas a sus hermanos Joanna y Franz Albin Feri.[5]

Querida hermana: partimos alegremente hacia una vida más allá de la tumba. Piensa de vez en cuando en mí y no te cases si no es por amor. A mí no me ha sido posible hacerlo y como no puedo resistirme a mi amado me voy con él.

Adiós, querido hermano: seguiré velando sobre ti desde el otro mundo; te amo tiernamente.

El 13 de enero, el heredero al trono le regala a la baronesa un anillo con la leyenda:

I(n)L(iebe)V(ereint)B(is)I(n)D(em)T(ode)
(Unidos en el amor hasta la muerte).

Aquel mismo día, María va al estudio de su fotógrafo en Viena y, a continuación, redacta su testamento.[3]

Por último, se conserva en la Biblioteca Nacional de Austria un perfil a lápiz de la joven, firmado y fechado por Em. Böger en 1889, desconociéndose por ahora más datos al respecto.

Todo apuntaba, pues, a un segundo «pacto de suicidio».[6]

Nuevas aportaciones
Cuando el conde Hoyos[7] y Loschek,[8] el ayuda de cámara, rompieron la puerta, vieron los cadáveres del príncipe y la baronesa tumbados en la cama. El de Rodolfo, todavía estaba caliente; María llevaría muerta al menos una hora.
Sala de estar de Mayerling.
Retratos de la emperatriz y Francisco José.

En el protocolo de autopsia firmado por el doctor Hofmann el 1 de febrero de 1889, se afirma escuetamente que la bóveda craneana estaba «rota». Al día siguiente, se rectifica diciendo que «la bala había entrado por la sien izquierda y salido por la derecha, abriendo una herida apenas visible». Si se tiene en cuenta que Rodolfo era diestro, resulta muy extraño que se disparase con la mano derecha en la sien izquierda, si verdaderamente quería suicidarse.

Frederic Wolf, un carpintero residente cerca de Mayerling, dijo que su padre, carpintero como él, fue llamado «para poner orden en el pabellón de caza dos días después del drama»; que la habitación parecía «el escenario de una auténtica batalle campal»: muebles rotos, impactos de bala, huellas de sangre por todas partes…; para acabar destacando que «tuvo que cambiar hasta el suelo de madera».

El día 4, el corresponsal de Le Figaro en Viena asegura que «no se ha encontrado el proyectil». Dos días después, escribe: «Decididamente, en Hofburg no quieren decir la verdad. Han tenido que renunciar a la primera versión de la muerte natural por apoplejía, cosa que nadie creyó nunca, y se aferran ahora a la teoría del suicidio. Prefieren que se diga que el heredero mató a la baronesa antes de morir que confesar que fue asesinado».

A juzgar por las noticias de buen origen que se están recibiendo desde Viena, se va vislumbrando la verdad sobre la tragedia de Mayerling.
Resulta cierto que hace tiempo venían observándose en el príncipe Rodolfo síntomas de una grande agitación nerviosa que parecía rayar en la demencia.
La autopsia practicada por los médicos ha confirmado la existencia de una enfermedad mental.
El príncipe sostenía relaciones amorosas con una hermosa baronesa. Esto no era un secreto para nadie en la buena sociedad de Viena.
Sobre su nombre, inútil es ya guardar secreto y seguir apelando al sistema de poner una inicial. Todos los periódicos lo revelan ya. Se llamaba la baronesa de Verscera [sic].
El archiduque, poseído de una pasión violenta, recató tan poco sus devaneos que el hecho llegó a conocimiento de su esposa la archiduquesa Estefanía.
Esta anunció su firme propósito de retirarse a Bruselas con sus padres los reyes de los belgas.
El emperador Francisco José, sabedor de las disensiones conyugales, llamó al archiduque y, con la autoridad más de padre que de soberano, le expuso la conveniencia de que rompiese unas relaciones que perturbaban la paz doméstica y escandalizaban a la corte.
El príncipe fue a ver a la baronesa, dispuesto, al parecer, a romper sus relaciones; pero los dos amantes, en un momento de extravío y de pasión, decidieron darse voluntariamente la muerte antes que separarse.
Tal es la versión que se cree auténtica.
Lo que se ha dicho respecto de un duelo con el padre o el hermano ofendidos, no resulta exacto.

6 de febrero de 1889, «La tragedia de Mayerling», La Unión Católica (Madrid), p. 2.

El día 9, el embajador de Alemania informa a Bismarck de que «las heridas no están en los lugares indicados oficialmente. El cuerpo presenta otras heridas. El revólver que se encontró cerca del lecho del Kronprinz, un Bulldog, no le pertenecía y los seis cartuchos habían sido disparados».

El 7 de julio de 1959, se procedió a la exhumación de los restos de María Vetsera en presencia de un médico forense, dos monjes de la abadía de Heiligenkreuz y un descendiente de uno de los tíos de la baronesa. Se atestiguó que el cráneo presentaba una entrada oval de siete centímetros, no hallándose orificio de salida.

El 11 de marzo de 1983, la otrora emperatriz Zita (18921989), en una entrevista concedida al Kronen Zeitung de Viena, declara: «Se han escrito muchas leyendas. Lo que se ha contado se limita a sospechas e hipótesis. La verdad es que el archiduque Rodolfo fue asesinado y que este asesinato fue político. En nuestra familia, siempre hemos sabido la verdad, pero Francisco José hizo jurar a todos los que estaban al corriente del crimen que nunca dirían nada». Afirma que los asesinos venían «en parte» del extranjero. En noviembre, durante una conversación con el historiador austriaco Eric Feigl, publicada en el mismo diario, la anciana aristócrata afirma rotundamente que el asesino del archiduque fue «Georges Clemenceau», director entonces del diario La Justice.

Hipótesis y objeciones[editar]

El «pacto de suicidio»
Hipótesis Objeciones
→ Sumido en una profunda depresión, Rodolfo decidió quitarse la vida; pero, ante el miedo a morir solo, propuso a María suicidarse juntos, a lo que ella accedió.
→ Rodolfo mató a María y, más tarde, se suicidó con una escopeta de caza.
→ María estaba embarazada y la pareja había descubierto que la joven era fruto de una cierta relación de su madre con el emperador, lo que les llevó a suicidarse.
← Varios testigos afirmaron que la mano derecha de Rodolfo había sido cercenada de un sablazo, lo que se intentó disimular con un guante relleno de gutapercha.
← El revólver que se encontró junto a la cama del Kronprinz no era suyo.
← El cuerpo del príncipe presentaba diversos cortes y contusiones visibles en cara y manos.
← Francisco José mandó un telegrama a León XIII para que el cadáver de Rodolfo recibiera sepultura eclesiástica, lo que el Vaticano denegó habida cuenta de que, en aquel primer momento, solo se hablaba de suicidio. El emperador envió entonces un segundo telegrama en el que explicaba al Papa la verdad sobre la muerte de Rodolfo: su asesinato por cuestiones políticas. El Papa dio inmediatamente su permiso.
← Al conocerse la muerte del heredero, varios médicos fueron desplazados a Mayerling. Según el informe, María no estaba embarazada.
← Según los últimos exámenes forenses, María fue asesinada a puñaladas y golpes de los que trató de defenderse.
La conspiración política
Hipótesis Objeciones
→ Rodolfo fue asesinado por los Servicios secretos austriacos ya que, si hubiera llegado a reinar, sus tendencias liberales habrían acabado con el Imperio.
→ Rodolfo fue asesinado por los Servicios secretos franceses ya que había rechazado el proyecto de Clemenceau de hacer del Imperio austrohúngaro el principal aliado de Francia contra Prusia, plan que pasaría por el derrocamiento de Francisco José y la inmediata subida al trono de Rodolfo.

Ficción histórica[editar]

Sea como fuese, el Crimen de Mayerling no podía pasar desapercibido para cineastas, novelistas o autores de teatro.

Filmografía
Fotograma de la película Mayerling de 1957.
Novela
Teatro

Hemerografía[editar]

  • Agencias (4 de enero de 1993). «Mayerling, un siglo después». El País. 
  • Alonso, Luis M. (8 de julio de 2011). «Mayerling, el principio del fin de una era». Ine.es. 
  • Vidal, César (23 de septiembre de 2002). «¿Qué pasó en Mayerling?». LibertadDigital. 

Notas y referencias[editar]

  1. a b Agencias, 4 de enero de 1993.
  2. a b Alonso, 8 de julio de 2011.
  3. a b Vidal, 23 de septiembre de 2002.
  4. Se trata de una pequeña población en la Baja Austria, a unos 20 kilómetros al Suroeste de Viena.
  5. Tres cartas de despedida de María Vetsera.
  6. Según la historiadora Brigitte Hamann, el carácter depresivo del príncipe le había llevado en varias ocasiones a pensar en quitarse la vida, llegando incluso a afirmar que existen documentos que prueban que ya anteriormente le habría propuesto la idea del «doble suicidio» a otra de sus amantes, una tal Mizzi Kaspar, a lo que esta se opuso.
  7. «Su Alteza está muerto. Es todo lo que puedo decir. No me pidáis que os dé más detalles; es demasiado terrible. He dado mi palabra al emperador de no decir nada de lo que he visto».
  8. Hacia las seis de la mañana, oyó voces y, seguidamente, dos disparos. Asustado, no se atrevió a moverse; por fin, se decidió a buscar al conde Hoyos.

Bibliografía[editar]

  • Bertin, Celia (1972). Mayerling ou le destin fatal des Wittelsbach. Perrin. 
  • Bled, Jean-Paul (1989). Rodolphe et Mayerling. Fayard. 
  • Cars, Jean des (2004). Rodolphe et le secret de Mayerling. Perrin. 
  • Chevrier, Raimond (1967). Le secret de Mayerling. Pierre Waleffe. 
  • Holler, Gerd (1982). Mayerling. Longanesi & C. 
  • Lonyay, Carl (2008). Rudolph: The Tragedy of Mayerling. Kessinger Publishing. 

Enlaces externos[editar]

Coordenadas: 48°02′49″N 16°05′54″E / 48.04694, 16.09833