Mateo Salado (complejo arqueológico)

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Mateo Salado
Imagen aérea de Mateo Salado, tomada desde el satélite PeruSat-1.

El complejo arqueológico Mateo Salado, conocido también como las huacas de Mateo Salado, se halla en el distrito de Pueblo Libre, Lima, Perú. Son un conjunto de cinco pirámides monumentales o huacas, cuyos restos se hallan actualmente en medio del casco urbano de la ciudad, divididos en tres sectores. Fue un centro administrativo y ceremonial de la cultura Ichma, de la época del Intermedio Tardío, cuya construcción se inició hacia el 1100 d.C., prolongándose hasta el periodo de la ocupación Inca. Tras la llegada de los españoles en el siglo XVI, el sitio fue abandonado, sufriendo desde entonces muchas depredaciones. En el 2001 fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación y en el 2007 se emprendieron los trabajos de recuperación y puesta en valor del conjunto monumental.

Denominaciones[editar]

“Mateo Salado” es una castellanización de Matheus Saladé, el nombre de un ermitaño francés que hacia la década de 1560 vivía cerca del monumento, entonces alejado del área urbana. Saladé era además un luterano fanático. Hacía visitas esporádicas a la ciudad de Lima, donde imprudentemente criticó la veneración de las imágenes y el lujo de la Iglesia Católica, por lo que fue acusado de herejía y sometido a proceso por el Tribunal de la Inquisición. Por negarse a retractarse, fue condenado a ser quemado vivo, pena que se cumplió el 15 de noviembre de 1573, en la Plaza Mayor de Lima. Fue la primera víctima de la Inquisición en el Perú.

Otro nombre que tuvo este complejo arquitectónico fue el de Cinco Cerritos, por el número de montículos piramidales que lo conforman, que simulaban ser elevaciones naturales. También fue llamado Huaca Azcona, por hallarse en los terrenos de la antigua hacienda de ese nombre, urbanizada a mediados del siglo XX.

Ubicación geográfica[editar]

Mateo Salado

Este conjunto de cinco huacas se encuentran en la confluencia de los distritos limeños de Cercado de Lima, Breña y Pueblo Libre, en las inmediaciones de la Plaza de la Bandera. Se halla flanqueada por las avenidas Tingo María y Mariano Cornejo y las calles Ernesto Malinowski, Enrique López Albujar, E. García Rosell y Belisario Sosa, formando parte de la urbanización Chacra Ríos. Su área total es de casi 17 hectáreas.

Cada pirámide ha sido denominada con una letra del alfabeto, de la “A” a la “E”. Debido al avance de las modernas construcciones urbanas, los restos han quedado divididos en tres sectores:

  • Sector “A”, donde se encuentran las pirámides A, B, C y E.
  • Sector “B”, donde se halla parte de la muralla que antiguamente rodeó el complejo.
  • Sector “C”, donde está la pirámide D.

Cronología[editar]

  • Intermedio Tardío. Cultura Ychma, entre 1100 a 1400 d. C. Construcción de las huacas.
  • Horizonte Tardío. Cultura Inca, entre 1470 a 1532 d. C. Los incas amplían y remodelan el conjunto.

No se descarta sin embargo una cronología más antigua.

Estudios[editar]

La primera mención conocida de este complejo proviene de Antonio de la Calancha, quien en su Crónica Moralizada (1638) lo describe como residencia del Inca y templo de los pescadores. Tiempo después, los viajeros Thomas J. Hutchinson (1873) y Ernst W. Middendorf (1884) visitaron y publicaron descripciones generales sobre las pirámides del complejo. Julio C. Tello visitó el lugar en 1935, 1936 y 1941, e hizo los primeros planos y estudios científicos. El “padre de la arqueología peruana” también defendió tenazmente al complejo de la depredación de las compañías ladrilleras, quienes habían comenzado a demoler las pirámides para reutilizar la tierra de sus muros. Felizmente los ladrilleros se retiraron, aunque el complejo continuó bajo amenaza, esta vez de parte del avance ocupacional de la ciudad, que terminó por dividir al complejo en tres sectores separados.

Otros investigadores del sitio fueron Pedro Villar Córdova (1941) y Hermann Buse de la Guerra (1960). Entre 1962 y 1963, Duccio Bonavia, Ramiro Matos Mendieta y Félix Caycho realizaron el registro más completo de las cinco pirámides. En la pirámide B, dichos arqueólogos descubrieron un friso en relieve que representaba a dos aves marinas unidas por el pico, el cual volvió a ser cubierto para evitar su deterioro, aunque desgraciadamente acabó destruido. Una recreación del dibujo hecho por Caycho es el actual logo del complejo arqueológico. Posteriormente han investigado el sitio el arquitecto Santiago Agurto (1984), el arqueólogo Rogger Ravines (1985), entre otros.

En el 2000 la arqueóloga Maritza Pérez realizó excavaciones y trabajos de conservación y restauración en el sector B de la pirámide B. Por entonces se inició la revalorización del complejo. Por Resolución Directoral Nacional N° 019/INC del 8 de enero de 2001, fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación y se aprobó su delimitación como zona arqueológica intangible de tres sectores.[1]

Descripción[editar]

El complejo arqueológico de Mateo Salado está constituido por cinco montículos piramidales, distribuidos en un área aproximadamente de 20 hectáreas. Se cree que antiguamente se hallaba conectado mediante un estrecho camino amurallado con el complejo arqueológico de Maranga, en el actual distrito de San Miguel.

El conjunto está construido sobre la base de grandes tapiales, de acuerdo al estilo cultural Ychma, vigente hacia 1100 d. C. Sus cinco pirámides han sido denominadas con las letras A, B, C, D y E, respectivamente.

La pirámide “A” es la de mayor tamaño, con una altura que llega a los 18 m. Se encuentra sobre una gran explanada rectangular, rodeada por cuatro murallas de circunvalación y que se levantan en cada terraza superpuesta, formando calles y estrechos pasajes. Por su dimensión debió ser el templo principal del complejo.

La pirámide “B” es la segunda en tamaño y se ubica cerca al distrito de Breña. Está conformada por una serie de recintos y plazas de gran extensión. Al parecer tuvo un carácter residencial, a manera de un palacio de la elite dirigente.

Las otras tres estructuras, “C”, “D” y “E”, son de menores dimensiones en relación a las anteriores, por lo que debieron tener importancia secundaria, aunque esto debe ser comprobado mediante estudios arqueológicos.

Frente a los monumentos se observan una serie de plazas que sirvieron como antesala para los visitantes del lugar. Una de estas plazas presenta un ushnu, estructura de carácter religioso utilizada para actos ceremoniales. El sitio presenta también una gran muralla hacia el lado este que sirve de protección al complejo.

Contexto histórico[editar]

Hacia el 750 d. C. se impuso en la región nuevos estilos de construcción, que suplantaron a los de Nievería y Pachacámac, vigentes hasta entonces. Se desarrolló entonces una nueva tradición cultural llamada Ychma, que habría de continuar hasta la llegada de los Incas.

Los Ychmas dejaron de lado el antiguo estilo de construcción con adobitos, y construyeron a base de tapiales y grandes adobes. Con estos materiales levantaron grandes estructuras en forma de pirámides aterrazadas y truncas, como son las pirámides de Mateo Salado. Son también de la tradición Ychma las huacas de Santa Catalina, Huaquerones, Mangomarca y Armatambo.

El complejo de Mateo Salado debió tener gran importancia en el valle bajo del Rímac, ya que cuando los incas conquistaron dicha región, hacia 1470, respetaron el conjunto monumental, al cual ampliaron y remodelaron. Incluso construyeron el camino amurallado que se hallaba muy cerca de allí, que formaba parte de la red costera del Qapaq Ñan. Es muy probable que se convirtiera en la sede residencial del curaca (cacique) que en nombre del Inca ejercía su autoridad sobre dicho valle. Tiene patios, pasajes y una plaza principal que posiblemente contenía un ushnu o trono para el curaca. Allí probablemente se concentraban la gente para las fiestas religiosas y la ordenación del trabajo.

Cuando los españoles llegaron a la zona, hacia 1535, todavía se hallaba vigente, aunque no tardó en ser abandonado, al igual que otras huacas que existían entonces por todo el valle del Rímac, cerca del cual los españoles fundaron la ciudad que destinaron como la capital de sus dominios en Sudamérica: Lima.

Depredaciones[editar]

El complejo, abandonado a su suerte desde los inicios del asentamiento español, fue sometido a la acción destructora de los huaqueros o saqueadores de tumbas, así como de quienes realizaban ampliaciones de terrenos de cultivo. Durante la época republicana, sufrió dos graves depredaciones: en 1940, cuando la Compañía Urbanizadora AVEP, de manera arbitraria, demolió parte del monumento; y en 1963, con la formación de un asentamiento humano cercano a las ruinas, en la intersección de las avenidas Tingo María y 28 de Julio (hoy Mariano Cornejo). En 1979, durante la construcción del Parque de la Bandera, fue demolido el único paño conservado de la antigua muralla perimetral.

El complejo acabó por ser rodeado por el avance de la ciudad capitalina, quedando dividido en tres sectores. Continuó sufriendo depredaciones, esta vez de parte invasores de terrenos y de mecánicos automotrices informales. Incluso fue utilizado como basurero, refugio de gente de mal vivir y como lugar para realización de pagos relacionados con las prácticas de curanderismo.

Recuperación y puesta en valor[editar]

En julio del 2007 el Instituto Nacional de Cultura (hoy Ministerio de Cultura) inició los trabajos de investigación, conservación y puesta en valor de Mateo Salado. Para empezar, se ha realizado la puesta en valor de las pirámides A (del 2007 a mediados del 2008) y B (2008-2010).

Referencias[editar]

Bibliografía

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]