Leovigildo

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Leovigildo
Rey de los visigodos
El rey Leovigildo (Museo del Prado).jpg
Retrato imaginario del rey Leovigildo, de Juan de Barroeta. Ca. 1854-1855. (Museo del Prado).
Información personal
Reinado Asociado a Liuva I: 568-571/572; en solitario: 571/572–586
Fallecimiento primavera de 586
Toledo
Predecesor Liuva I
Sucesor Recaredo
Familia
Consorte 1) ?
2) Gosvinta
Descendencia Con 1) Hermenegildo y Recaredo I

Leovigildo (del gótico: Liubagilds; ¿?-Toledo, primavera del año 586) fue rey de los visigodos de 568 ó 569 a 586. Por sus reformas y su labor de expansión y reorganización territorial, Leovigildo es considerado el rey visigodo más importante y uno de los soberanos más admirados de toda la historia de España. Fue el autor del Codex Revisus o Código de Leovigildo, legislación que equiparaba los derechos de godos e hispanorromanos en su reino. Tras sus campañas militares su autoridad abarcó la práctica totalidad de la península Ibérica.

Fuentes históricas[editar]

Leovigildo es el único rey godo cuyo reinado aparece recogido en las dos crónicas hispanogodas más importantes: la Historia de los godos de San Isidoro, que no pasa del año 626, y la Crónica de Juan de Biclaro, que trata del periodo comprendido entre los años 567 y 591. Este hecho da fe de la importancia que la posteridad ha dado a este monarca. Lamentablemente, son dos fuentes muy breves y limitadas, ya que toda la información que aporta la historiografía de aquella época es siempre muy escasa. A éste se suma otro problema, y es que la labor de Leovigildo no ha dejado fuentes propias. El código que promulgó no se ha conservado y sólo se puede reconstruirlo a partir de textos posteriores, como el Liber iudiciorum, promulgado en 654. El recurso a otras fuentes, como la Historia de los francos de Gregorio de Tours tampoco ayuda mucho.

Familia[editar]

Hijo de Liuverico, conde en 523 y 526.[1]​ Compartió el trono (o estuvo asociado a él) con su hermano Liuva I, desde que éste fue proclamado rey hasta que falleció en 572. Leovigildo se casó dos veces: se desconoce el nombre de su primera esposa, pero, posiblemente, se trató de una miembro de la aristocracia visigoda y no tanto de una familia hispanorromana, Teodora o Teodosia, hija de Severiano o Severino, dux de Cartagena, y de su mujer Teodora o Túrtura (y hermana de San Isidoro de Sevilla, de San Leandro de Sevilla, de San Fulgencio de Écija y de Santa Florentina de Cartagena; al tiempo, los matrimonios mixtos estaban prohibidos), de quien tuvo a sus hijos Hermenegildo y Recaredo I; su segunda esposa fue Gosvinta (viuda de Atanagildo).[2]

Antecedentes[editar]

Para valorar en su justa medida la tan alabada labor de Leovigildo es imprescindible conocer la nefasta situación anterior del reino visigodo. Algún historiador ha llegado a decir que los años que van del asesinato del rey Teudiselo en 549 a la entronización de Leovogildo en 569 «son los más confusos y críticos de la dominación visigoda en España»[3]​. Durante el reinado de su sucesor, Agila (549-555), estalló una grave crisis cuando la ciudad de Córdoba se rebeló contra la Corona, aunque puede que la rebelión viniera de antes. Los motivos de esta rebelión no son claros, pero seguramente tengan que ver con la independencia efectiva a que estaba acostumbrada la aristocracia local, fruto de la combinación de una presencia visigoda muy débil en la zona y de la perduración de las raíces romanas de la región de la Bética. En cambio, las consecuencias de esta crisis sí están más claras: en 550 el rey sufrió una humillante derrota en la que perdió muchos soldados y un hijo. Además, los rebeldes le arrebataron el Tesoro Real, lo que supuso un golpe letal, ya que sin el Tesoro Agila perdió su principal fuente de financiación y buena parte de su legitimidad como rey. El monarca vencido se refugió en Mérida mientras varios aristócratas proclamaban rey a Atanagildo.

Se inició entonces una guerra civil de cuatro años (551-555), en la que fue decisivo el apoyo del Imperio bizantino a Atanagildo. Esta potencia no dudó en intervenir en auxilio de su aliado para anexionarse el reino godo y cumplir así el proyecto del emperador Justiniano I de reconstruir el Imperio romano de Occidente (de hecho, ya habían arrebatado las Baleares a los vándalos). Por fortuna para el reino godo, los bizantinos ya no disponían de fuerzas para acometer una campaña semejante tras muchos años de guerra (estaban librando otra en Italia contras los ostrogodos), por lo que su actuación se limitó a equilibrar las fuerzas de Atanagildo a las de Agila, y la contraprestación que reclamaron se redujo a la ocupación de una franja costera desde el río Guadalete hasta la altura de Denia que recibió el nombre de provincia de Spania. Allí permanecerían tres cuartos de siglo. Pero esto sentó un peligroso precedente, que en 711 llevaría al reino godo a su destrucción a manos de una potencia extranjera que también decía actuar en ayuda de una facción visigoda contra otra.

Tras el confuso asesinato de Agila por sus partidarios en 555, Atanagildo quedó como único rey. Pero su mandato se vio lastrado por los hechos de los años anteriores: Córdoba mantuvo su independencia frente al nuevo rey, en otras regiones la autoridad del Estado godo también se desvaneció y los bizantinos permanecieron en el territorio que habían ocupado. Además, la pérdida del Tesoro Real por Agila lastró decisivamente la acción de Estado. No obstante, Atanagildo pudo reinar hasta su muerte por causas naturales en 567, algo excepcional que no ocurría desde 484 (los cuatro reyes anteriores habían sido asesinados).

A su muerte, se abrió un periodo de cinco meses en que el trono quedó vacante. Este vacío de poder, aunque efímero, fue también excepcional, puesto que siempre se procuraba tener un heredero designado por si el rey fallecía de pronto. La razón era que, dado que el soberano constituía prácticamente el único elemento de cohesión que mantenía en pie la monarquía, su desaparición podía resultar muy peligrosa, ya que cuanto más tiempo faltase un rey fuerte y reconocido por todos, mayor era el riesgo de caos y descomposición internos. No se sabe mucho de esta interregno, salvo que terminó a finales de ese año 567 con la elección de Liuva I, quien al parecer era gobernador (dux) de la Septimania y fue proclamado por los nobles locales. Probablemente, éstos buscaban terminar cuanto antes con el vacío de poder que los hacía vulnerables ante los vecinos francos. Para reforzar su posición, un año después de su proclamación Liuva nombró un heredero asociándolo al trono: su hermano Leovigildo. Éste, por su parte, se casó con la viuda de Atanagildo, Gosvinta, en una hábil maniobra política que buscaba atraerse a las redes clientelares nobiliario-militares del difunto (por motivos como éste con el paso del tiempo se llegaría a prohibir a las viudas reales casarse de nuevo, medida imitada posteriormente por el reino de Asturias).

A partir de ese momento (569) los dos hermanos reinaron conjuntamente en igualdad de derechos. De hecho, San Isidoro dice que de los dos Leovigildo fue el monarca más preeminente desde el principio, puesto que se acordó que él reinaría en la península ibérica y Liuva permanecería en la Septimania. Según algunos autores, este reparto respondía a una fórmula de compromiso entre la aristocracia visigoda de la península y la norpirenaica que había proclamado a Liuva.[4]​ A partir de ese momento Liuva quedó eclipsado hasta el punto de que no se tiene más noticia de él hasta su muerte en 572. Por lo tanto, esta última fecha debe descartarse como la del inicio del reinado de Leovigildo, siendo más acertada la de 569.

Reinado[editar]

Restauración y expansión territorial[editar]

A causa de los acontecimientos descritos, cuando Leovigildo asumió el trono el reino se hallaba mermado territorialmente por las rebeliones internas y rodeado de peligrosos enemigos: los habitantes de la Cordillera Cantábrica, los suevos, y aún más los francos y los bizantinos. Para restaurar las fronteras de su reino Leovigildo dedicó la primera parte de su reinado a efectuar una campaña bélica por año, algo que ningún otro rey godo había hecho en todo el siglo VI.

Leovigildo y los vascones[editar]

Reino visigodo a la muerte de Leovigildo, indicando sus campañas.

Leovigildo emprendió diversas campañas militares a lo largo de la geografía de Hispania, relatadas en la única crónica contemporánea de Juan de Biclaro,[5]​ y que tuvieron por consecuencia el afianzamiento del poder del reino de Toledo. En el 581, una de estas campañas se dirigió contra los vascones, permitiendo la fundación de la ciudad visigoda de Victoriacum o Victoríaco para controlar el territorio de Vasconia.

Probablemente la razón para esta campaña es que Leovigildo conocía los saqueos vascones en la zona comprendida entre el Ebro y los Pirineos. La prioridad dada a esta campaña, que coincide con el primer año de la rebelión de su hijo Hermenegildo, parece indicar que estos saqueos eran importantes. Otra explicación sería la de que los vascones, políticamente organizados desde el periodo del Bajo Imperio Romano, respondieran a los intentos de conquista y saqueos por parte de los visigodos con campañas militares de recuperación de dichos territorios arrebatados.

Fundación de Victoriacum[editar]

La campaña vascona concluyó con una victoria sobre los vascones cerca del lugar donde se funda Victoriacum, posiblemente la actual ciudad de Vitoria, en los llanos de Álava, una fortaleza que permitiría controlar a la vez las montañas del Oeste de Navarra y la zona de la depresión vasca. Aunque este enclave, al igual que Oligitum, la actual Olite, parece que fuera fundado como bastión defensivo frente a los vascones, que perduraron al margen del control visigodo, en la zona montañosa, al norte de la divisoria de aguas, aunque desde Olite hasta la divisoria de aguas hay unos 60Km hacia el Norte, que incluyen Pamplona y toda su cuenca, los valles pirenaicos, Barranca y las Améscoas, todo ello perteneciente actualmente a Navarra. Las obras de construcción de un aparcamiento en Pamplona pusieron al descubierto enterramientos visigodos que parecen demostrar los intentos de estos por controlar esta zona, aunque fuera efímeramente. El yacimiento fue completamente excavado en el curso de una obra civil y también aparecieron sepulturas islámicas y pertenecientes a vascones.

Las guerras de Leovigildo[editar]

De entre los 14 años de reinado de Leovigildo, en sólo uno —el 578— estuvo en paz dedicándose a la construcción de la ciudad de Recópolis,[6]​ en honor de su hijo, Recaredo[7]​ Al comienzo de su reinado, emprendió campañas contra los bizantinos, con escaso éxito. Posteriormente, derrotó las sublevaciones del sur y el norte del país, conquistando la ciudad de Amaia donde los nobles cántabros se habían refugiado, emitiendo moneda con la leyenda «Leovigildus Rex Saldania Justus». En el 576 intentó conquistar el Reino Suevo y así combatió a los suevos asentados en la antigua Gallaecia (Galicia) y Lusitania (aprox. mitad norte), pero hizo la paz con el rey Miro. La conquista definitiva del Reino Suevo, tras 174 años de independencia desde el año 411, y de ser el primer reino católico asentado en el Imperio Romano de Occidente, no llegaría hasta el 585 con la batalla de Braga, su capital, la metropolitana Bracara Augusta romana, (disputada con Lucus Augusti-Lugo- y Cale-Oporto-, según se asentase en el poder una facción real)[8]​ siendo rey de los Suevos Andeca (o Audeca, o Odiacca). Luchó también contra los francos y en el 581 contra los vascones.

Modificaciones legislativas[editar]

Durante el reinado de Leovigildo, se procedió a revisar el Código de Eurico, transformándolo en el Código de Leovigildo, con reformas tan importantes como la abolición de la prohibición de matrimonios mixtos entre visigodos e hispanorromanos.

Notas[editar]

Referencias[editar]

  1. Luís Paulo Manuel de Meneses de Melo Vaz de São Paio, "A Herança Genética de D. Afonso Henriques", Universidade Moderna, 1.ª Edição, Porto, 2002, Árv. XXVa
  2. Gregorio de Tours, Decem Libri Historiarum, V.38f; translated by Lewis Thorpe, History of the Franks (Harmondsworth: Penguin, 1974), pp. 301f
  3. Menéndez Pidal, 1980, p. 158.
  4. Orlandis, 2003, p. 64.
  5. Collins, 2005, p. 48.
  6. Collins, 2005, p. 52.
  7. Juan de Biclaro, Chronicle, 27, 32, 36, 40, 47, 51; translated in Kenneth Baxter Wolf, Conquerors and Chroniclers, second edition, pp. 62-67.
  8. Ambrosio Rendu, Compendio de historia universal, Barcelona, 1848

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]


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