Julio Escoto

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Julio Escoto nació en San Pedro Sula el 28 de febrero de 1944. Cuentista y crítico literario, además de ensayista. Obras: "Los Guerreros de Hibueras" (cuento). Tegucigalpa, 1967. "La balada del herido pájaro" y otros cuentos. Tegucigalpa, 1969. "El árbol de los pañuelos". San José, 1972. "Antología de la poesía amorosa en Honduras", Tegucigalpa, 1975. "Casa del Agua". Tegucigalpa, 1975, "Días de ventisca, noches de huracán". San José, 1980. "Bajo el almendro… junto al volcán" (1988), "El ojo santo: la ideología en las religiones y la televisión" (1990); "José Cecilio del Valle: una ética contemporánea" (1990). "El general Morazán vuelve a marchar desde su tumba" (1992). "Rey del Albor, Madrugada" (1993); "Ecología para jóvenes de 10 a 19 años"; "Todos los cuentos" (1999).

Premio Nacional de Literatura “Ramón Rosa” (1975). De él se ha dicho que es “probablemente el primer escritor hondureño que ha abordado la novela con un sentido claro de técnica”, de acuerdo a Andrés Morris, mientras que Manuel Salinas lo considera “un narrador nato, ubicándose en la vanguardia de la moderna narrativa hondureña.” Escoto ha definido al escribir “como un hombre en introspección constante, en análisis continuo, en búsqueda de algo que quizás él mismo no ve con suficiente claridad.. es solo un tipo humano diferente, no mejor que el artesano, que el niño que juega en la arena, sino con diferencias, nada más. Sus características le dan una particular visión del mundo, desde luego”.

Dirige la revista literaria Imaginación y el Centro Editor, en San Pedro Sula. Máster con especialidad en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Costa Rica. Fue jefe de la Unidad de Comunicación de la FHIA en La Lima, Cortés, Jefe de la División Editorial y Técnica del Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas en Costa Rica. Fue Director Ejecutivo de la Revista Desarrollo Rural de las Américas; Director de la EPUCA. Premio Gabriel Miró, rama de cuento, en Alicante, España; Premio José Cecilio del Valle, rama de ensayo. Su obra El árbol de los pañuelos fue traducida parcialmente al inglés y al polaco y algunos de sus cuentos han sido en Alemania.

Galardonado durante el XII Recital de otoño (1994) en su ciudad natal. Columnista de diario El Heraldo. En su opinión, “el escritor… es en alguna forma el barómetro, el sismógrafo de la sociedad y debe aplicar su inteligencia en advertir sobre aquello que se ve o va mal para la nación. Es su función de orientador de opinión, si quiere ser honesto con sus principios, su creencia y su fe. Venderla al mejor postor es fácil, ha habido y hay tantos casos así en Honduras. Pero hacerlo es cruel, sobre todo en una comunidad tan ausente de luces, tan manipulada y prostituida, tan engañada por quienes buscan únicamente el usufructo del poder”.Resumen de Mario Argueta Sobre el intelectual más importante aun en vida en Honduras, opinion que es compartida por prestigiosdas universidades del mundo en donde Julio Escoto es invitado, com en alemani, Estaduos Unidos, Chile, Panama Venezuela, Colombia en dopnde ha sido jurado de premios mayores de literatura.

En opinión de Jorge Eduardo Arellano, Escoto es “el intelectual con mayor conciencia de la identidad hondureña… así lo ha demostrado en su obra tanto de creación como de pensamiento”.

Novela "Bajo el almendro... junto al Volcán'''[editar]

Sobre el título[editar]

El título Bajo el almendro... junto al volcán posee dos implicaciones. Una, el señalamiento de dos contextos (Honduras -El Salvador). La otra indica la aparente tranquilidad que se vive bajo un almendro pero en cuyas cercanías bulle el siempre amenazante volcán de la insurrección popular. Una novela en la que el autor, sin la complejidad técnica que observamos en sus novelas anteriores, pero siempre con cuidado estilo, aporta importantes elementos para una mejor interpretación del mapa espiritual de la nación hondureña.

En este libro sobre la guerra de 1969 entre Honduras y El Salvador, Julio Escoto nos presenta su perspectiva del conflicto a través de la historia sobre el Capitán Centella, quien es el protagonista del relato.

Argumento de la novela[editar]

Capitán Centella es el nombre de guerra que adoptó Nicanor Mejía, el alcalde de un municipio no identificado del departamento de Santa Bárbara. Mejía también es un agricultor dedicado al cultivo de naranjas.

Ante la amenaza salvadoreña, el Capitán Centella, con más entusiasmo que acierto, decide entrenar por su propia cuenta a un grupo de humildes campesinos para defender sus dominios, obteniendo cómicos resultados.

Para remediar su ignorancia sobre los asuntos militares, el Capitán se desvela por las noches leyendo literatura militar, sin comprender mucho los textos, los cuales están llenos de palabras complicadas y tecnicismos. Pero él se motiva por la profunda admiración que siente por el quehacer militar.

El campesino Guillermo, quien no vuelve a aparecer en la historia, resulta ser el medio que utiliza Julio Escoto para expresar su opinión sobre la guerra. En su discurso Guillermo interpreta que la guerra entre El Salvador y Honduras se debe a la expulsión de miles de campesinos salvadoreños del territorio hondureño. La guerra fue el medio que la oligarquía salvadoreña utilizaba para evitar que estallara un conflicto interno.

Pero, más que en denunciar a la oligarquía salvadoreña, Julio Escoto está interesado aquí en desprestigiar a la profesión militar. Por boca de Guillermo quien expresa que “los ejércitos han sido creados para defender a los poderosos y a los terratenientes y no al pueblo”. En referencia al ejército de Honduras dice: “siempre fracasaban en las guerras contra otros ejércitos, pero triunfaban cuando se trataba de apalear estudiantes y amarrar campesinos”.

Con toda su admiración por los militares, el Capitán Centella se desilusionó de ellos cuando un grupo de soldados hondureños acampó en la plaza central, la que había sido “su orgullo de alcalde”, ya que las obras que realizó en ella le dieron un prestigio que permitió su reelección.

Cuando miró los destrozos que los soldados le hicieron a su amado parque, el Capitán Centella montó en cólera y confrontó al Mayor Gavilán, quien hablando a nombre de las Fuerzas Armadas de Honduras expresó un discurso lleno de cinismo contra la democracia. El Mayor Gavilán culminó su exposición con esta frase memorable: “En este país, alcalde, se puede vivir con medio cerebro”. A lo que el Capitán Centella respondió: “es cierto, pero nunca lo va a poder gobernar mientras otros lo tengamos completo”. De particular interés es el episodio del encuentro de los seguidores del Capitán Centella con un grupo de cirqueros, por lo extraño e inesperado del evento. Este evento no resulta ser más que una forma pintoresca de ilustrar el concepto limitado de una democracia puramente electorera, del show mediático que montan siempre los políticos hondureños, según se desprende del último discurso del Capitán Centella.

Crítica Literaria[editar]

Helen Umaña en su libro “La Novela Hondureña” dice:

Bajo el almendro... junto al volcán, con una buena dosis de amargo humorismo y acudiendo a elementos ficcionales de carácter grotesco, disecciona otra faceta de la vida nacional: la del militarismo, especialmente su esencia corrupta y sus vínculos con fuerzas extrafronteras, realidades que se revelaron durante la guerra de 1969 con El Salvador.

En un pequeño pueblo de Santa Bárbara, cuando estalla la guerra con El Salvador, el alcalde Nicanor Mejía adopta el nombre de Capitán Centella y, para defender la soberanía nacional, organiza, con los vecinos, un contingente bélico más insuflado de amor patrio que de efectividad (ingenuidad política, ignorancia en las artes de la guerra e inexistencia de armamento). El improvisado ejército pasa una noche de jolgorio con los estrambóticos miembros de un circo trashumante y, al día siguiente, al contemplar los estragos alcohólicos, Centella contrasta ese presente de miseria con el pasado de grandeza de los antiguos ascendientes indígenas. Después de la llegada de un destacamento militar hondureño, al observar que destroza el parque de la localidad y comprobar la corrupción del Mayor Narciso Gavilán (quiere que el capitán Centella firme un documento en donde se ha alterado el número de soldados), sostiene un diálogo con él y subrayando la corrupción del poder militarproclama la esencial honradez del pueblo.

En la caracterización del Capitán Centella destaca su ingenuidad en materia bélica y su profundo sentido de humanidad. Al respecto, léase la excelente secuencia que da cuenta de las sospechas de espionaje sobre el humilde sastre salvadoreño (el ruido de la máquina de coser se interpreta como la subrepticia transmisión de noticias al enemigo) y las cuales Centella resuelve con una pícara y comprensiva orden sugerida por la mujer de aquel de no utilizar camas separadas. Es palpable la idealización del mundo indígena. En la mente del Capitán Centella, una especie de edad de oro perdida en los vericuetos de la historia. La misma se contrapone a un presente

en donde fuerzas extrañas han desfigurado el rostro del pueblo.

'(sic) ¿Cuál fue el pase mágico que nos cambió el rostro?' se preguntó viendo el disímil conjunto de durmienteslo que no fuimos ahora somos, lo que no somos seremos y cada día más apartándonos de nuestros verdaderos dones de hombres de campo y de hermanos... Fuerzas que no manejamos nos manejan, voces que no escuchamos nos gobiernan en esta confusa oscuridad que nos han hecho de la mente y de las cosas. Somos enemigos de nuestra propia sangre... tanto que no cabemos en ella, y nos hemos hecho grandes simuladores, (...). Los dioses del amor, ¿cómo hicieron para desbarrancar a nuestros dioses en los altares de nuestros corazones?... Más fuertes de ánimo que nosotros no fueron los castellanos, pero estos otros conquistadores de hoy, tomando de nuestros infantes su tierna materia les enseñan desde temprano a negarse ellos mismos y a aparearse en gustos y devociones al conquistador, y así, ¿dónde el hijo que, instruido a avergonzarse del padre, no lo niegue? Querer ser lo que antes se era, pecado es; ser lo que en el nacimiento no se ha sido, alabada virtud... Hemos aprendido a olvidar, como la noche a sus misterios, y lo que sueño fue se ha convertido en pesadilla, pues ahora agítanse tantas sangres en nosotros, con tantos y diversos padres, que no nos reconocemos como uno, antes bien hemos puesto en olvido que nuestro hermano es mi hermano. ¿Dónde hase visto mayor tragedia y tan soportado dolor? (...) De lo que otrora fuera en esta tierra una nación hermosa y grande hoy quedan sólo cinco republiquetas odiosas con ellas mismas, engreñadas con guerras estúpidas entre ellas mismas... Pienso pensóque nos han disfrazado al enemigo y nos han cambiado el blanco, (...). (pp.105112. Comillas y guiones, tal como en el texto.)

Fe centroamericanista. Alusión a las fuerzas más

allá del Istmo empeñadas en mantener la subordinación y el atraso. Neocolonialismo cultural. Reiterada preocupación de Escoto por dilucidar los hilos que explican el presente del país.

Para lograrlo, en la obra, sobresale la utilización del recurso humorístico y carnavalesco que remarca lo absurdo de la llamada "guerra del fútbol", contienda bélica orquestada por los grandes terratenientes salvadoreños en contubernio con sectores políticos y económicos de Honduras interesados en apropiarse de los bienes que los salvadoreños habían acumulado en el país. Con un cierto influjo garcíamarquiano, la disparatada secuencia del circo de naturaleza grotesca, según la interpretación kayseriana

cumple un papel simbólico que la misma novela.

Los cirqueros que traían en andas de palorosa a la Mujer Fenómeno respondieron desplazándose con la armonía rítmica que el golpe del músico les ponía en la gelatina porosa del tuétano: uno de los anderos era tuerto y ocultaba tras un mantón de lana negra la oquedad vacía del ojo; otro era el bizco cartomántico; el tercero tragaba fuego y cojeaba; el cuarto era sano, bello y bien formado, sin taras o degeneraciones. (p.65)

No, Mayor insistió el Capitán Centella' eso es engaño, eso es lo que nos han dado siempre, atol con el dedo, haciéndonos creer que este espectáculo de mojigangas, enanos y cirqueros en que vivimos es una nación, mentándonos una democracia que no es la verdadera, puro espejismo, como usted dice, pases de ilusión con que nos tienen embobados...'. (pp.155156)

Otra faceta importante es el fuerte mensaje

antimilitarista. Para Escoto, ninguna guerra, por más santa que pareciera, otorgaba al hombre el derecho de arrogarse para sí mismo el destino de la humanidad. De ahí que el apasionado diálogo entre el Mayor Narciso Gavilán y el Capitán Centella resulte en una página incisiva, puntualizadora de una de las lacras más dolorosas sufridas por los pueblos centroamericanos:

'Perdone', insistió ' pero, ¿qué es lo que les hacen a ustedes en las academias militares, cómo los cambian, Mayor? ¿Por qué se olvidan tan pronto del pueblo de donde vienen y al rato nos culatean, nos matan, nos dejan morir de hambre lentamente, como si no nos reconocieran, como si fuéramos sus enemigos? Nosotros no somos sus enemigos, eso es seguro, ni queremos serlo, pero talvez (sic) es que tenemos amos distintos (...) (...) apúrense, no malgasten nuestra buena fe, que esa también se acaba y podemos cansarnos de esperar..' (...)' En este país se puede vivir con medio cerebro, Mayor, es cierto dijo por fin' pero nunca lo va a poder gobernar mientras otros lo tengamos completo' y haló tras de así la puerta con la mayor delicadeza y con una educada suavidad. (pp.160165)

"Los guerreros de Hibueras"[editar]

Los guerreros de Hibueras en el que se incluyen tres relatos ganó un concurso de cuento de carácter estudiantil. Sin embargo, el texto que le da nombre al libro, más que cuento, es una novela corta. Lo indican, tanto el número de páginas (sesenta y ocho) como la amplitud o morosidad en los detalles relacionados con el tratamiento de situaciones y personajes, algunos de los cuales son ajenos al problema central (vr.gr. las acciones heroicas de los combatientes y las gracejadas de Posdata) y, tal como ocurre en la novela, sólo contribuyen a crear el ambiente o la atmósfera que se desea.

La obra está escrita con mano inexperta. La utilización casi exclusiva de la oración breve, sencilla y sin complicacione sintácticas, permiten inferirlo. Pero el texto denota capacidad fabulatoria, gusto por las situaciones humorísticas y conocimiento de los ingredientes esenciales del arte narrativo. Un buen inicio para una labor posterior de gran calidad. El tema es la venganza. Enrolado en una facción revolucionaria, el teniente Ramiro Zúñiga sólo tiene una obsesión: encontrar y matar a Ignacio Ramírez, el seductor de su hermana que, con su acción, provocó su muerte y la de su padre. En la escena final, Escoto, con buen tino y con un estilo muy vivo, deja el final abierto:

[Ramiro] mareo. Sudaba por todo el cuerpo. La sangre que le fluía del pecho se mezclaba con el sudor, empapándolo. Cada movimiento del caballo le revivía el dolor. Se le nubló la vista. Se detuvo y cerró los ojos. Respiró profundo. Se sintió mejor. Escuchó. Oía las pisadas de Ignacio pero no podía precisar de donde (sic) venían. De pronto lo vio. Casi salía del bosque. Ramiro se alegró. La sonrisa burlona regresó a sus labios. El también se dirigió a la salida del bosque. El sol le hirió los ojos. Hizo un esfuerzo por acomodarse a la luz. Sus ojos semicerrados miraban correr a Ignacio. Lo vio detenerse y descansar apoyado en una roca. Notó que respiraba dificultosamente. Su pelo revuelto. La camisa salida del pantalón. Se miraron o parecieron mirarse a la distancia. Ramiro sonrió, ocultando el dolor que le oprimía el pecho. Ignacio comprendió que su enemigo aún podía sostenerse. Se maldijo a sí mismo por ser torpe. Ahora debía alejarse, cansarlo... Pero... ¿cuándo (sic) podría resistir él mismo?... Dio mvuelta y corrió. Ramiro lo siguió. Los separaban ahora pocos metros. Ramiro frenó su caballo. No quería alcanzarlo. Le complacía verlo huir al muy cobarde. Apretó el fusil entre sus manos con deleite y dejó que el caballo siguiera a paso lento tras Ignacio. Ignacio seguía corriendo. Corría, corría. corría (sic) desesperadamente...[ J. Escoto. Los guerreros de Hibueras, Tegucigalpa: Escuela Superior del Profesorado, s.f., pp.6768.]

Como la búsqueda de Ignacio se da en el contexto de una revolución, ello da pie a Escoto para incursionar en el reiterado tema de las guerras civiles que, por cincuenta años, fueron frecuentes en el país [Probablemente, por esta razón, Seymour Menton afirme que, tanto esta obra como El árbol de los pañuelos, tratan el tema de los guerrilleros. S. Menton. "La narrativa centroamericana", en: R. Paredes y M. Salinas. Panorama crítico de la literatura hispanoamericana, Tegucigalpa: Editorial Nuevo Continente, p.261. En el contexto latinoamericano, el término "guerrilla" se aplica a la lucha insurgente originada a raíz de la revolución cubana. La obra de Escoto alude a la época de las guerras civiles hondureñas que, por cincuenta años, asolaron a la población.

Con relación a El árbol... el señalamiento me parece más inadecuado, por las razones que seguidamente expondremos.]. Al respecto, el autor con gran acopio de formas populares del habla y con un decir directo y objetivo recrea momentos de la vida en combate:

revolucionarios de rostro moreno, casi infantil, con el sello de indígena intibucano, se colocaron los machetes entre los dientes y, pegándose desesperadamente al suelo, reptaron en dirección a la ametralladora. Un soldado gobiernista notó el peligroso acercamiento y avisó al Cabo que manipulaba la máquina. Este desvió el cañón del arma y comenzó a dispararles. Las balas les rozaban las cabezas, se enterraban cerca de ellos y les bañaban de tierra. Sin embargo, como impulsados por un mecanismo imposible de detener, continuaban avanzando, deslizándose, pegados a la tierra. (...) Un aspecto de fiereza les infundía el arma cruzada en la cara. Eran un dragón de avance inexorable en busca de su presa. Cuando sólo faltaban pocos metros para llegar a la ametralladora, el espanto de los gobiernistas aumentaba hasta el grado de anularles la precisión. Luego, el campo de tiro quedó sobre los rebeldes. De pronto, con un salto de lince y esgrimiendo los machetes con furia acumulada, los gobiernistas tuvieron sobre sí a los asaltantes. Los golpes eran recios. En sus manos sentían que no había resistencia. El machete de

deslizaba suavemente, cortando miembros.

En el tema y el lenguaje, Manuel Salinas advierte influjos de Los de abajo de Mariano Azuela [ M. Argueta. Diccionario crítico de obras... p.79. Con relación al tema, quizá sólo sea una coincidencia. Téngase en cuenta que el contexto hondureño estuvo marcado por largos años de revoluciones o "montoneras", como en el país se las llamaba. Lo relativo al lenguaje ameritaría un estudio comparativo.]. Por nuestra parte consideramos que la obra posee un estilo muy fluido y un ritmo narrativo muy dinámico.

Novela “El General Morazán marcha a batallar desde la muerte”[editar]

En El General Morazán marcha a batallar desde la muerte, el autor imagina lo que pudo pasar por la mente del héroe de la unión centroamericana a partir del instante en que la mortífera descarga acaba con su vida. La primera parte (hasta p.30) posee gran empuje creativo. Escoto no se limita a consignar el dato histórico. Sin traicionarlo, lo recrea. Esas páginas y otras tantas incluidas en las tres restantes partes construyen a un personaje literario de gran riqueza interior Así, en tres minutos y fracción, que supuestamente se cubren en los cuatro capítulos, Morazán reconstruye los principales acontecimientos de su vida. Surge, entonces, un retrato del héroe cargado de humanidad. Un Morazán que añora no haberle dedicado más tiempo a la contemplación de un atardecer o al suave deleite de la vida hogareña. Que revive la tersura de un brazo femenino. Que se eleva a alturas metafísicas planteándose la muerte como un

eterno retorno. Que, inclusive, tiene la grandeza de la autocrítica:

entendía ahora meridianamente, había tenido un signo cósmico desde los inicios, uno en que estaba obligado a prodigarse a los demás, en que debía asumir los riesgos del sacrificio a cada instante para dejar entre los hombres la justicia de una idea, el principio de la libertad. Su error había consistido en suponer que las causas se imponen, que los sistemas son la manifestación más noble de la ambición popular y que defendiendo una forma de gobierno los centroamericanos lograrían la felicidad. Empezaba a comprender que materialmente su misión había sido un fracaso las naciones estaban hoy más divididas que nuncay era entonces que se daba cuenta de que había desviado la mira de sus propósitos: la libertad no se injertaba, aprendió, tenía que ser plantada lenta, amorosamente desde el suelo más fértil de la sociedad: la mente de los seres humanos. Recosté mi frente sobre la pared, aspiré con una delicia postrera su excitante olor a germen y a humedad. Tras los tapiales estallaban su amarillo plumaje de luz las rosas, trizaban el aire las golondrinas o entonaban su arrullo gutural las palomas de la catedral. Este suceso que me acontecía era sólo una prueba más, el póstumo desafío, la beligerancia del cansado reto. Todas mis batallas serían inútiles si habían carecido del verdadero don de la ilusión: reencontrar mi rostro entre los sanguinolientos (sic) rostros de mis enemigos, auscultar en el brillo juvenil de los ojos de María Josefa la pasión que debía encender los míos, ver en los niños vigilantes de las veredas de Centroamérica mi propia juventud, descubrir en las salinas arrugas de los viejos mi personal trayecto hacia la oscuridad. Qué tan vasto escenario había previsto Natura para mi soledad: ríos, mares, altivos picachos tormentas, ciervos contra truenos, gestos, pensamientos y serpientes. Todo estaba allí, de frías e imponentes neblinas, conos de azucarado vulcanismo a la distancia, gorriones o ningún hombre moría solo, cada extinción era un pedazo de la extinción de la humanidad. En esta sala pobremente iluminada el General Francisco Morazán asistía al abrazo y al encuentro de Francisco Morazán. (...) Casi de inmediato vi a cien generaciones leyendo erróneamente mi testamento con avidez. Mi legado ha sido toda mi vida, no sólo un pedazo de papel. El hilo de plata se ha roto. Asciendo a batallar desde la historia.

(pp.9495)

En páginas de ese cariz, la caracterización de Francisco

Morazán es válida, literariamente hablando. Pero Julio Escoto no sostuvo ese mismo aliento a lo largo de todo el texto en el cual abundan otras en donde el dato histórico se consigna en forma escueta, sin la atmósfera poética observada en los fragmentos citados.

Por ejemplo:

A fines de 1831:expresidente Arce invadió Guatemala por el

lado de Soconusco; nuestro viejo contrincante el Coronel Vicente Domínguez atacó Trujillo y el español Ramón Guzmán asaltó la fortaleza de Omoa. Tuvimos noticia de que habían recibido apoyo del gobernante separatista de El Salvador, José María Cornejo. (...) En Abril emití el decreto con que asumía el gobierno del Estado y el trece de Mayo la Asamblea convocada al efecto eligió a los nuevos jefes supremos de El Salvador. Inmediatamente ordené también a mis Generales partir a combatir a Arce en Soconusco, a Domínguez en Opoteca y Trujillo, y a Guzmán en Omoa. Estos, con excepción de Arce, fueron justa

y legalmente fusilados (p.4445)

Probablemente, lo anterior tenga una explicación de

carácter didáctico: la obra partió de una intención ética y utilitaria del autor y, además, pedagógicamente necesaria: proporcionar un texto asequible a los lectores jóvenes con motivo del Bicentenario del nacimiento de Morazán. Quizá, ello lastró el gran impulso inicial del texto.