Iglesia de Cristo

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La Iglesia de Cristo (romanos 16:16) es la Iglesia autodenominada como "solo" cristiana. También llamada iglesia cristiana no-denominacional.

Es una Institución formada por las personas que, por fe y voluntad propia, han cumplido con el mandamiento del bautismo (1 corintios 12:13), mediante el cual el Señor Jesús los añade, puesto que la Iglesia ha sido fundada por Jesucristo. Por ello, la Iglesia de Cristo se rige a sus mandamientos conocidos como el nuevo pacto o nuevo testamento. Cada comunidad, en cada región del planeta, es independiente; es decir, no existe una «Iglesia madre» o «sede central». La única autoridad a la que obedece cada congregación es Cristo a través de su Palabra Revelada: La Biblia.

Representaciones[editar]

Entre las palabras que se utilizan para describir a la iglesia están las siguientes:

«Iglesia»: Es una «iglesia», una «asamblea» (ekklesia) o «congregación», un grupo de personas que han sido «llamados» para un propósito especial. (Vea, por ejemplo, Hechos 4.32; 5.11.)

«Reino»: Después de que Jesús anunció: «… edificaré mi iglesia», le dijo a Pedro que le daría las «llaves del reino» (Mateo 16.18, 19), indicando que en ese pasaje las palabras «iglesia» y «reino» se refieren a lo mismo.

«Casa» o «familia»: Pablo dijo que le escribió a Timoteo para que «[supiera] cómo [debía conducirse] en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente» (1 Timoteo 3.15).

«Cuerpo»: Pablo habló de «la iglesia, la cual es su cuerpo [el de Cristo]» (Efesios 1.22, 23; vea también Colosenses 1.18).

«Esposa de Cristo»—La relación entre Cristo y la iglesia se asemeja a la relación entre un marido y su esposa en Efesios 5.23–31, y Romanos 7.4 dice que los cristianos están unidos a Cristo de la misma manera que una esposa está unida a su marido.

Las anteriores designaciones para la iglesia enfatizan verdades importantes acerca de la misma. 1) Cristo tiene autoridad sobre la iglesia, porque Él es el rey del reino y la cabeza del cuerpo. 2) Cristo tiene una estrecha relación con Sus discípulos. Los cristianos están tan estrechamente relacionados con Cristo como lo están los miembros individuales del cuerpo humano a la cabeza de ese cuerpo. 3) Hay una estrecha relación entre los miembros de la iglesia. Están muy cerca unos de otros como hermanos y hermanas en una familia, tal como están los miembros individuales del cuerpo humano, por ejemplo el brazo y la mano. Los miembros de la iglesia participan juntos en la adoración, unidos en una asamblea.

Universalidad y singularidad[editar]

Jesús dijo: Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos (Mateo 16.18, 19).

En el pasaje anterior, Jesús estaba hablando de la iglesia universal, el reino mundial de Dios. Sin embargo, en Romanos 16.16, Pablo habló de «las iglesias de Cristo», en referencia a las congregaciones individuales de la iglesia universal. «Siete Iglesias. . . en Asia» se mencionan en Apocalipsis 2 y 3, y las referencias a «las iglesias de Galacia» aparecen en Gálatas 1.2 y 1ª Corintios 16.1. La palabra «iglesia» se aplica también a la asamblea de la congregación local (vea 1ª Corintios 14.34). A partir de estos distintos usos de la palabra «iglesia» en el Nuevo Testamento, el hecho más importante que se destaca es que, en el sentido universal, hay una sola iglesia. Por lo tanto, Pablo dijo que hay «un cuerpo» (Efesios 4.4), el «cuerpo» es la «iglesia» (Efesios 1.22, 23). Las congregaciones que se mencionan en el Nuevo Testamento fueron congregaciones locales de la única iglesia de Jesús. Todas eran iguales en doctrina y práctica. Pablo escribió: «Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer» (1ª Corintios 1.10). Resaltó que la iglesia ha de estar unida en doctrina al enseñar que hay un cuerpo y un solo Espíritu, una esperanza, un solo Señor, una fe, un bautismo, un solo Dios (Efesios 4.4–6). Las congregaciones del primer siglo adoraron por igual (1ª Corintios 14.33, 34; 16.1, 2), se organizaron de la misma manera (Hechos 14.23) y enseñaron la misma doctrina (Hechos 15). Todo el que enseñaba algo diferente era culpable de ense- ñar falsa doctrina (Gálatas 1.8, 9). ¿Cómo podrían todas las denominaciones de hoy ser parte de la única iglesia universal cuando son tan diferentes en muchas doctrinas y prácticas?

Para los periodistas y profesionales de otros campos, la frase «la iglesia de Cristo» sencillamente designa una denominación más. Cuando Alvin Lowry, un militar cristiano, estuvo estacionado en Frankfurt, Alemania, buscó en el directorio telefónico la iglesia de Cristo, que en idioma alemán habría sido Kirche Christi, no la encontró. Lo que encontró fue Gemeinde Christi, que significa «la comunidad de Cristo».

La palabra alemana gemeinde le recuerda a uno la palabra ekklesia que dijo Cristo, una palabra que se traduce por «iglesia», pero que significa «los llamados afuera». Esta palabra expresa el propósito de amor del Padre en el sentido de bendecir a todos los hombres si ellos llegan a ser Sus llamados afuera, Su comunidad apartada (Mateo 16.18).

La palabra que Jesús usó no tenía significado religioso por sí sola. La mitología griega habla de cierto Orfeo, que formó para sí la ekklesian —un grupo de animales salvajes, que oían su voz en los montes tracios. Lucas usó la palabra para referirse a una asamblea de ciudadanos efesios, una reunión del pueblo con el fin de tratar asuntos de la ciudad (Hechos 19.39).

Lucas también usó la palabra para referirse a una turba, que gritaba y estaba agitada, la cual había sido llamada afuera para dar rienda suelta a su odio contra Pablo (Hechos 19.32, 41). Además, usó la palabra para describir a la nación israelita al ser llamada a salir de Egipto, para ir a la Tierra de Promisión (Hechos 7.38). Además, Lucas usó la palabra del mismo modo que Jesús, para referirse al grupo de personas que respondían al llamado de Este cuando decía: «Venid a mí» (Mateo 11.28; 16.18; Hechos 5.11; vea Hechos 2.47).

La mayoría de las Biblias de habla hispana hacen una transliteración de ekklesia al verter esta palabra como «iglesia», que, aunque es definida correctamente como «conjunto de fieles que siguen la religión de Jesucristo», también es definida como «templo cristiano», según el Diccionario del Español Actual. La transliteración, y no traducción, de la palabra griega, hace que la palabra hispana pierda relación con la ekklesia de que habló Jesús.2

Aunque la palabra «iglesia» no es la mejor traducción, no por ello deja de ser bíblica, a menos que haga que la gente piense en un edificio físico. De hecho los llamados afuera del Señor son un edificio, pero no un edificio físico. Constituyen una casa espiritual de piedras vivas (1era Pedro 2.5); los cristianos son edificio de Dios (1era Corintios 3.9). Los pecadores son «[llamados] de las tinieblas a su luz admirable» (1era Pedro 2.9b).

LA CONGREGACIÓN LOCAL[editar]

Desde el momento de su inmersión en el único cuerpo de la comunidad universal de los llamados afuera, a los cristianos se les llama —no solamente a salir, sino también a reunirse en la ekklesia, y se les llama con la misma palabra que en este contexto significa congregación local (1era Corintios 11.18; 14.23). El Espíritu Santo ha utilizado otra palabra, además de ekklesia, para describir la congregación local, y esa palabra es sunagoge, que significa un traer juntos, una congregación, una asamblea (Santiago 2.2).

Los que aman al Señor nunca faltan deliberadamente a la congregación local (del griego episunagoge; Hebreos 10.25). Además del hecho de que es un mandamiento divino el no dejar de congregarse, ellos gozan estando juntos. Las personas normales son amistosas. «El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y amigo hay más unido que un hermano» (Proverbios 18.24). Un solitario es anormal: «Su deseo busca el que se aparta, y se enoja contra toda sana sabiduría» (Proverbios 18.1; ASV).

En cuanto a congregarse localmente, los cristianos se exhortan unos a otros «tanto más, cuanto [ven] que aquel día se acerca» (Hebreos 10.25). ¿Cuál día? ¿El Día del Juicio? Este sería un significado imposible, pues «del día y la hora nadie sabe» (Mateo 24.36a), ese día vendrá como ladrón (1 Tesalonicenses 5.4).

¿Cuál día? ¿El día de la destrucción de Jerusalén en el 70 d. C.? La gente podía ver que ese día se acercaba, pero ese día los cristianos no habían de congregarse, pues el consejo era que los que estaban en Judea; huyeran a los montes (Mateo 24.16).

¿Cuál día? ¿El día del Señor? ¿El primer día de la semana? Los cristianos podían ver, y todavía pueden ver, ese día acercándose. Lo pueden ver desde el lunes hasta el sábado. Aunque era una visita rápida, Pablo se quedó «siete días» (desde el lunes hasta el domingo) en Troas con el fin de reunirse con los demás cristianos para partir el pan el primer día de la semana (Hechos 20.6–7; vea también vers.o 16). Pablo también se quedó siete días en Puteoli, y es probable que lo hiciera por la misma razón que en Troas (Hechos 28.13– 14).

En el 101 d. C., Ignacio escribió que los cristianos «ya no observaban el día de reposo, sino que vivían en la observancia del día del Señor, en el cual brotó nuestra vida por él». En el 150 d. C., Justino Mártir escribió que para los cristianos, «la celebración de la Cena del Señor todavía se llevaba a cabo, y constituía parte esencial de la adoración divina cada domingo». El didaché de los doce apóstoles, un documento del siglo II, dice que «cada día del Señor [los cristianos] se reunían [para] partir el pan y para dar gracias».

LA CONGREGACIÓN UNIVERSAL[editar]

La culminación y objetivo final del propósito del Padre es una congregación universal, una reunión festiva, de los espíritus de los justos hechos perfectos de todas las eras. Estos se unirán a una compañía de innumerables ángeles, en una congregación que abarcará a todos, una paneguris (Hebreos 12.23). Esta palabra inspirada es compuesta: pan, que significa «todos», y aguris, que significa «congregación».

En un día festivo especial de los israelitas, el Señor mandó: «y estarás verdaderamente alegre» (Deuteronomio 16.15). El Antiguo Testamento griego llama a esta fiesta una paneguris (Ezequiel 46.11; Oseas 2.11; 9.5). Entre los griegos, una paneguris era una celebración de los Juegos Olímpicos. Entre los cristianos, la paneguris es una celebración continua con los redimidos de todas las eras, la totalidad de la familia de Dios en los cielos y en la tierra, humanos y angelicales (Efesios 3.15).

En cierto sentido, los cristianos ya están gozando la paneguris, en vista de que el autor de Hebreos usó el tiempo presente en Hebreos 12.22. Incluso en este momento, ellos están en compañía espiritual —aunque separados por la distancia— 3 con Dios y con todos los que están al lado de Dios, vivos y muertos.

En el sentido completo, no obstante, hasta que los cristianos se sienten en el reino eterno con Abraham, Isaac y Jacob —hasta que vean el rostro de Dios y el gran trono blanco— la congregación es todavía un evento del futuro (Mateo 8.11; Apocalipsis 20.11; 22.4).

Cristo y la Iglesia[editar]

El Nuevo Testamento describe una relación especial entre Cristo y Su iglesia.

Cristo edificó la iglesia. Les dijo a Sus apóstoles: «… edificaré mi iglesia» (Mateo 16.18).

Cristo es el dueño de la iglesia. Se refirió a ella como «mi iglesia» (Mateo 16.18). Las congregaciones individuales le pertenecen a Él; son «iglesias de Cristo» (Romanos 16.16).

Cristo compró la iglesia con Su propia sangre. Pablo, al hablarles a los ancianos de la iglesia de Éfeso, se refirió a «la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre» (Hechos 20.28).

Cristo es el Salvador de la iglesia («la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador»; Efesios 5.23b).

Cristo es la cabeza de la iglesia, y la iglesia es Su cuerpo. Dios «lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo» (Efesios 1.22, 23). Pablo escribió: «porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia» (Efesios 5.23a).

Cristo ama a la iglesia. Leemos: «Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella…» (Efesios 5.25).

Cristo murió por la iglesia, santificando y limpiando a sus miembros. Fue crucificado «para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra» (Efesios 5.26).

La iglesia es la esposa de Cristo. (Vea Apocalipsis 19.7–9; 21.9; 22.17.).

Puesto que Cristo está tan estrechamente relacionado con Su iglesia, esta es digna de nuestro amor y respeto. Toda persona que hoy desprecia la iglesia está hablando contra el cuerpo que Cristo ama, ¡por el cual murió y el que salva! Aquellos que dicen: «Denme a Cristo, pero no a la iglesia», no se dan cuenta de que la iglesia es parte vital de la religión de Cristo. Debemos tener la misma actitud que Jesús tuvo para con la iglesia. Debemos amar a la iglesia y, si es necesario, estar dispuestos a sufrir y morir por la iglesia.

Cuando Saulo iba camino a Damasco para perseguir a la iglesia, Cristo se le apareció y le dijo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Cuando Saulo respondió: «¿Quién eres, Señor?», Jesús respondió: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues» (Hechos 9.4, 5). Al perseguir a la iglesia, ¡Saulo estaba persiguiendo a Cristo! ¡Cristo se identifica con la iglesia! Por lo tanto, la persona que denigra la iglesia está denigrando a Cristo, toda persona que es negligente para con la iglesia está siendo negligente para con Cristo, ¡y el que abandona la iglesia está abandonando a Cristo! Por otro lado, el cristiano que respeta a la iglesia, ama a la iglesia y sirve a la iglesia, está respetando, amando y sirviendo a Cristo. La actitud que tengamos para con Cristo se hace evidente en nuestra actitud para con la iglesia.