Guañameñe

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Guañameñe era el nombre de un adivino guanche que habría profetizado la llegada de los conquistadores castellanos a la isla de Tenerife —Canarias, España— a finales del siglo xv.[1]

Antroponimia[editar]

El término, de procedencia guanche, aparece en las fuentes primarias siempre como antropónimo, utilizándose luego como nombre genérico de un tipo de brujos o sacerdotes a partir de la obra de Tomás Arias Marín de Cubas publicada en 1687.[2][3]

Para el filólogo Juan Álvarez Delgado puede traducirse desde una posible forma primitiva wa n-imeñhi como 'el del mensaje', 'profeta', 'hombre adivino' o 'anunciador de buena nueva'.[4][5]

Otros autores como Dominik J. Wölfel lo relacionan con el término bereber amenâmena/imenâmenâten 'buen presagio',[2]​ mientras que el lingüista Ignacio Reyes lo traduce como 'clarividente, adivino' desde la forma wa-n-amənzaz.[6]

En las fuentes escritas aparecen también las variantes Guadameñe, Guanameñe, Guañameña o Guañame.[2]

Historia[editar]

La historia sobre el adivino Guañameñe se debe principalmente al fraile Alonso de Espinosa, quien en su obra Historia de Nuestra Señora de Candelaria hace mención a que los guanches habían sido advertidos por el adivino de que «habían de venir dentro de unos pájaros grandes unas gentes blancas por la mar, y habían de enseñorear la isla». Según el dominico, Guañameñe habría profetizado estos hechos un siglo antes de la arribada de los castellanos en 1494, y fue la causa de que el mencey de Taoro ordenara al resto de reyes guanches que le dieran aviso si llegaba algún extranjero a las costas de la isla, cosa que hizo el de Güímar al aparecer en sus playas la imagen de la Virgen de Candelaria.[1]

Por su parte, Antonio de Viana convierte al adivino Guañameñe en un personaje de su poema épico Conquista de Tenerife publicado en 1604. En esta obra narra que el adivino pide audiencia al mencey Bencomo de Taoro y le vaticina que habrían de llegar extranjeros por el mar que enseñorearían la isla, a lo que el mencey injuriado responde mandando ahorcar de un árbol a Guañameñe.[7]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b Espinosa, Alonso de (1952) [1594]. Historia de Nuestra Señora de Candelaria. Santa Cruz de Tenerife: Goya Ediciones. 
  2. a b c Wölfel, Dominik Josef (1965). Monumenta Linguae Canariae. Die Kanarischen Sprachdenkmäler. Eine Studie Zur Vor- und Frühgeschichte Weißafrikas [Monumenta Linguae Canariae. Los monumentos del habla canaria. Un estudio sobre la prehistoria y la historia del África Blanca] (en alemán). Graz: Akademische Druc. 
  3. Arias Marín de Cubas, Tomás (1986) [1687]. Ángel de Juan Casañas; María Régulo Rodríguez, eds. Historia de las siete islas de Canaria. Las Palmas de Gran Canaria: Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria. ISBN 84-398-7275-5. 
  4. Álvarez Delgado, Juan (1986). «Diez fórmulas en el dialecto guanche de Tenerife». Anuario de Estudios Atlánticos (Las Palmas de Gran Canaria: Patronato de la Casa de Colón) (32): 699-731. ISSN 0570-4065. 
  5. Álvarez Delgado, Juan (1956). «Antropónimos de Canarias». Anuario de Estudios Atlánticos (Las Palmas de Gran Canaria: Patronato de la Casa de Colón) (2): 310-456. ISSN 0570-4065. 
  6. Reyes García, Ignacio (2011). Diccionario Ínsuloamaziq. Santa Cruz de Tenerife: Fondo de Cultura Ínsuloamaziq. ISBN 978-84-615-0960-7. 
  7. Viana, Antonio de (1968-1971) [1604]. Alejandro Cioranescu, ed. Conquista de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife: Aula de Cultura del Cabildo Insular de Tenerife.