Francisco de Ávila (presbítero peruano)

| Francisco de Ávila | ||
|---|---|---|
| Información personal | ||
| Nacimiento |
1573 Cusco, | |
| Fallecimiento |
1647 (74 años) Lima, | |
| Religión | Iglesia católica | |
| Educación | ||
| Educado en | Universidad Nacional Mayor de San Marcos | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Cronista y escritor | |
| Orden religiosa | Orden Franciscana | |

Francisco de Ávila (Cuzco; 1573 - Lima; 1647) fue un franciscano, presbítero doctrinero y el mayor extirpador de idolatrías peruano.
Abandonado por sus padres, fue ahijado por el ensayador Cristóbal Rodríguez y su mujer, Beatriz Ávila.
Carrera eclesiástica
[editar]Inició sus estudios en el colegio de la Compañía de Jesús y en la Escuela de Gramática del Cuzco, esta educación seguía el nuevo enfoque humanista, donde se integraba la sabiduría cristiana con la herencia grecolatina. Posteriormente pasó a Lima a proseguirlos en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (1592). Fue ordenado entonces como presbítero (1596) por el obispo Fernando Trejo en la iglesia de San Francisco. Optó al grado de Bachiller en Teología (1597) y obtuvo por concurso el curato de San Damián, en Huarochirí, el cual regentó por más de diez años (1597-1608).
Doctrinero de San Damián
[editar]Ávila mantuvo buenas conexiones con la alta jerarquía eclesiástica de Lima y en el año de 1597, con 25 años de edad es nombrado doctrinero de San Damián, en Huarochirí, una de las doctrinas que proporcionaba mayores ingresos a la Audiencia de Lima. Sus cualidades personales como doctrinero se reflejan en el nombramiento, pues muchos aspirantes tardaban largos años en alcanzar ese tipo de cargo. El propio Ávila lo reconoció al escribir:[1]
“Lo propio hizo conmigo este Divino Señor, que quiso hazerme su Sacerdote, y ponerme quando muy moço en una Doctrina de Indios cerca desta ciudad “
No hay constancia de acciones anti idolátricas realizadas en la Doctrina de San Damián en los primeros años posteriores a su asignación. En 1645 escribió:[1]
“... desde el año 1597 hasta el de 1608, sin omitir un solo Domingo, ni Fiesta, y siempre prediqué contra la Idolatría...”
Sin embargo, los estudiosos han comprobado que al menos entre 1597 y 1607 no se registran advertencias, denuncias o preocupaciones relacionadas con prácticas idolátricas entre sus feligreses en Huarochirí.[2]
Se ha determinado que mientras ejercía como doctrinero en San Damián, Ávila prosiguió sus estudios en Lima hasta alcanzar el grado de Licenciado y Doctor en Teología en 1608. Ocho años antes ya había demostrado ambiciones de ascender dentro de la jerarquía eclesiástica limeña. Se conoce que entre 1602 y 1608 fue propuesto en siete ocasiones ante el Consejo de Indias, y solo en 1608 logró ser beneficiario de Huánuco.[2]
Durante su labor como doctrinero (1597–1608) no sobresalía significativamente respecto a otros que ejercían la misma función. No obstante, el hecho de lograr doctorarse marcaba una diferencia notable, aunque para ello abandonó en varias ocasiones su doctrina en Huarochirí, algo que el Concilio Limense prohibía expresamente.[3]
Escándalo en 1607
[editar]En septiembre de 1607, Ávila fue denunciado por los “caciques”, principales y contadores de distintos ayllus de las comunidades de Santa Ana, Santiago de Tuna y San Francisco de su doctrina ante el juez provisor del arzobispado. La acusación incluía diversas acciones vetadas por el Tercer Concilio Limense. Los denunciantes viajaron hasta Lima para presentar cargos relacionados tanto con abusos económicos como con su conducta sexual.[2]
Se le imputaba el incremento irregular de remuneraciones por sus servicios religiosos, la imposición obligatoria de limosnas en múltiples festividades, y la exigencia de productos supuestamente destinados al mantenimiento de la iglesia, los cuales terminaba enviando al mercado de Lima para venderlos. Es importante notar que el doctrinero Ávila, durante la festividad de Todos los Santos, convocaba a toda su feligresía a depositar bienes y dinero ante los Mallquis, ofrendas que él mismo recogía después. De esto se desprende que, en ese periodo, Ávila no consideraba idolátrica la costumbre de ofrendar a los Mallquis; lo cual contrasta con años posteriores, cuando retiraba los cuerpos de los Machays y los incendiaba públicamente:[4]
“¿Yo propio no saque más de treynta mil ídolos por mis manos abrá treynta años de los pueblos del Corregimiento de Huarocherí, Yauyos, Xauxa, y Chaupihuaranccas, y otros Pueblos, y quemé más de tres mil cuerpos de difuntos que adoraban?”Francisco de Ávila
Así, como señala Antonio Acosta, el doctrinero:[5]
“Aparecía de esta forma como un extraordinario agente económico de una actividad sorprendente que se remontaba a varios años atrás, Ávila, como otros curas funcionaba como un eficaz extractor de excedente indígena, del que se apropiaba por diversos medios o mecanismos extra económicos, incorporándolo en su mayor parte al expansivo mercado urbano colonial, aunque también produciendo para el consumo interno de la comunidad”Antonio Acosta
; actividad comercial que muy probablemente le permitió acumular los recursos necesarios para formar una biblioteca personal de más de 3000 volúmenes —la más grande del territorio en su época—, con la cual cultivaba su faceta intelectual. Esta erudición quedó reflejada en múltiples textos de su autoría y en el Manuscrito Quechua:[6]
hay estas dos cosas en Ávila, una es la extirpación de idolatrías que va a ser terrible sobre todo a partir de los años 1609, pero hay también el muy culto Ávila que escribe: "me precio de tener una cultura y de practicarla" … Ávila era extirpador de idolatrías muy duro, pero era también polifacéticoPierre Duviols
En cuanto a las acusaciones relativas a su vida sexual, se reportaba que mantenía relaciones con distintas mujeres de la comunidad, que incluso tenía un hijo con una de ellas, y además se le denunciaba por obligar —mediante amenazas de castigo físico— a varias mujeres a amamantar con sus pechos a cachorros destinados a la caza de gallinas, según testimonio de los acusadores.[2]
Las denuncias contra Ávila llevaron a que fuese encarcelado en la prisión eclesiástica, lo cual resultaba embarazoso considerando sus aspiraciones de ascenso clerical. Ya detenido, presentó diversos escritos solicitando estar presente en su doctrina durante las investigaciones y pidiendo que estas fueran encargadas a Baltazar de Padilla.[2]
Mientras Ávila permanecía en prisión y antes de iniciarse formalmente el proceso en su contra, durante los primeros meses de 1608 (recordemos que el primer nombramiento de visitador para causas de idolatrías se le otorgó el 19 de agosto de 1609), se realizaron visitas privadas a los denunciantes con el propósito de conseguir la retractación de sus acusaciones. Estos visitadores de parte fueron Juan de Sangüesa, el padre Andrés de Terrazas y Cristóbal Choquecasa, quienes obtuvieron declaraciones donde no se retractaban del todo, pero moderaban sus argumentos iniciales; se desconoce qué métodos emplearon para ello, pero se liberaba de varios delitos de los que fue denunciado.[2][3]
En esos mismos meses, Ávila consiguió su liberación mediante fianza, pagada por Juan Delgado de León, su “compadre”. Una vez iniciado el proceso formal ya en su propia doctrina, Ávila presentó los testimonios recopilados por sus colaboradores y se obtuvieron declaraciones adicionales, sin la participación de los acusadores originales. Con los informes reunidos se dio por concluidas las diligencias y se envió el expediente para dictar sentencia.[3]
El doctrinero Ávila recibió además una advertencia directa de no emprender acciones contra sus denunciantes dentro de su doctrina. Aun así pidió autorización para investigar idolatrías, permiso que le fue negado debido al riesgo de que lo empleara como represalia. Sin embargo, en agosto de 1608 comenzó igualmente su labor anti idolátrica en San Damián, San Pedro de Mama y otros lugares, actuando por cuenta propia. Tras más de un año, el fiscal eclesiástico Francisco de los Ríos ordenó tomar declaración formal al doctrinero, lo cual tuvo lugar en setiembre de 1609. Allí Ávila negó de forma absoluta todas las acusaciones, pero debido a las contradicciones del expediente, el fiscal lo acusó por “delitos, crímenes y excesos”. Ávila argumentó que se encontraba combatiendo idolatrías y que el demonio había inducido a los indígenas a presentar falsas acusaciones, y que estos habían confesado ser calumnias.[3]
Se recopilaron nuevamente testimonios en la doctrina, esta vez en menor número y con cargos menos graves. Por ese momento se aproximaba la llegada del nuevo arzobispo Lobo Guerrero, lo cual resultaría beneficioso para Ávila. Enterado de su arribo en Lima, Ávila viajó a la ciudad:[4]
“trayendo una gran muchedumbre de Ídolos, algunos cadáveres secos a quien adoraban, rostros, y manos de carne momia, que los avian conservado mas de 800 años passando de Padres a hijos, todo ésto hazia mas de seys cargas, de a dos quintales, y truxe conmigo aquel Hernando Pauccar su Sacerdote tan venerado”
Extirpación de idolatrías
[editar]Este “descubrimiento” de prácticas idolátricas generó reacciones opuestas hacia el doctrinero:
“Ellos mismos dieron parte a los señores Virrey y Arçobispo de esto, diciendo que era levantar ruydo sin fundamento. Y que no avia tales supersticiones: y añadían muchas quexas sintiendose de la inquisicion, que el dotor Avila hacía, con que se entibiaron mucho los señores Virrey y Arçobispo”
Además hubo otros testimonios adversos a Ávila, como el del Provisor del Arzobispado Pedro Muñiz Molina, quien sostenía que:
“Creía que podría haber alguna idolatría, pero desde luego no era tanta como se estaba diciendo”Pedro Muñiz Molina
El 13 de diciembre de 1609, Francisco de Ávila pronunció en latín el discurso oficial de bienvenida al arzobispo Lobo Guerrero en la Catedral de Lima. En dicho discurso, Ávila afirmó que: “los Indios se encuentran en un deplorable estado con respecto a la religión cristiana”, y en lugar de dedicar palabras laudatorias por su llegada, le expuso directamente dicha problemática y lo exhortó a intervenir. Es importante recordar que Ávila llevaba casi diez años como doctrinero en esa misma región donde posteriormente “descubre” las idolatrías.
Los estudios realizados sobre el Discurso muestran que el doctrinero utiliza la estrategia de falsa modestia (captatio beneuolentiae):
“Dios no me dio bastante facilidad de palabra, ni el encanto de la elocuencia, ni armoniosos periodos, ni florituras, ni la grandilocuencia de Demóstenes, ni la pureza de Cicerón”Francisco de Ávila, 13 de diciembre de 1609
Demóstenes fue un célebre político y orador ateniense, y Cicerón, un destacado filósofo, político y orador romano. Ávila establece en el Discurso una comparación entre las virtudes del arzobispo Lobo Guerrero y figuras históricas:
“si dijera que han sido ampliamente superados por ti Fabio Máximo en temperancia, Curio en Frugalidad, Jenócrates en constancia, Fabricio en magnanimidad, Escipión en prudencia, Marcelo en arrojo, Catón en sentido de la justicia y el dictador Julio en clemencia”Francisco de Ávila, 13 de diciembre de 1609
Lo que evidencia una vez más su erudición, algo que él mismo confirma cuando escribe: “soy hombre de letras y me precio dellas”, demostrando su sello renacentista, ya que emplea referencias a filósofos, militares y dirigentes de la tradición clásica grecolatina.
A raíz de este discurso se crea un cuerpo de visitadores, designándose a Francisco de Ávila como Juez visitador de idolatrías, y se establecen de manera formal las visitas a los pueblos de San Damián, Mama, San Pedro de Casta, Huarochirí y San Lorenzo de Quinti. Dichas visitas debían culminar con un juicio general en el cual los implicados serían absueltos o castigados. De los castigos se puede tener una idea a través del testimonio recogido en la Nueva Coronica y Buen Gobierno de Guaman Poma, que citamos a continuación:[7]
Y ací llegó el pobre del autor a un aciento de Sotomayor y le llebó tres biejas yndias pobres que allí estauan. Allí le dexó los dichos dos perros que le aconpañaua y se bolbió otra ues a la ciudad de Castrouirreyna, y le dejó solo. Estando en este estado, las dichas tres uiejas le contó todo su miseria y pobresa al dicho autor, llorando todo lo que sucidía en su pueblo de Hatun Xauxa. Le dixo: “Señor, nosotros estamos huydas del padre dotor Ávila, becitador del obispado de la ciudad de los Reyes de Lima y ualle de Uada Chiri y ualle de Xauxa.” A causa del doctor dixeron que le quería hazelle hicheseros y hechiseras, el quien dize en la pregunta ques uaca [divinidad local], mocha [reverenciar]. Cin auello cido, se huelga y dize que adora piedras. Que no le castiga, cino que le corosa y le ata en el cuello con una soga y en la mano una candela de sera. Y ancí dize que anda en la procición. Con ello acaua y queda contento el dicho uecitador, Y ci es cristiano y rresponde y dize que no saue de uacas ýdolos y que él adora en un solo Dios y la Santícima Trinidad y a la Uirgen Santa María y a todos los santos y santas, ángeles del cielo, a este dicho yndio o yndia luego le manda subir en un carnero blanco y allí dize que le da muy muchos asotes hasta hazelle caer sangre a las espaldas del carnero blanco para que paresca la sangre del pobre yndio. Y con los tormentos y dolores dize el yndio que adora al ýdolo uaca antigo. (...) Anda tanto tormento y castigo. Dixéronle al autor las tres uiejas: “Señor, vuestra merced yrá allá y sabrá la uerdad y llorará con los pobres de Jesucristo.” Dijo estas dichas pobres mugeres que otro biejo pobre, por no uerse en el dicho tormento enjusto, que el dicho propio biejo tomó coca molido hecho polbo y lo tomó y se ahogó y morió con ella. Y le enterraron en el sagrado y dallí (el visitador) le mandó sacar el cuerpo y lo mandó quemallo y de los güesos que quedó, echó en el río.¡O, qué buen dotor!, ¿adónde está buestra ánima?Felipe Guaman Poma de Ayala, 1614
El 20 de diciembre, en la Plaza de Armas de Lima, ordena la quema de cuerpos momificados y como sanción a Hernando Pauccar se le imponen 200 azotes, rapado y deportación a Chile. Cuatro días después se emite la sentencia del caso en su contra, declarándolo libre y sin culpa alguna, evidenciándose así la intervención del nuevo arzobispo en defensa de Ávila. Hay investigadores que sostienen que las acusaciones contra él sí habrían sido consecuencia de sus acciones anti idolátricas, y que las discrepancias cronológicas serían responsabilidad de los propios historiadores y no un intento de favorecer al doctrinero. No obstante, la conducta denunciada respecto a los curas doctrineros era algo habitual y se extendió durante los siglos siguientes, como se demuestra en el informe de 1747 titulado: “Extorsiones que padecen los indios por medio de los curas, el extravió de su conducta y vida escandalosa de unos y otros”, firmado por Jorge Juan y Antonio de Ulloa, conocido como “Noticias Secretas”,[8] y en los testimonios de Guaman Poma, además de otros documentos judiciales y de archivo.
Ávila continuó con su búsqueda de cargos importantes dentro de la Iglesia, y al no obtenerlos, informó al rey sobre su labor como: “visitador del arzobispado, descubriendo muchas idolatrías indígenas a costa de su hacienda”, lo que deja ver su interés por recibir recompensas económicas o privilegios (Probanza). Continuando su misión de Juez visitador de idolatrías, inspeccionó nuevamente las doctrinas de San Damián, San Pedro de Casta, San Pedro de Mama, Santa María Jesús de Huarochirí y San Lorenzo de Quinti, lugares que había ya visitado previamente “a costa de su hacienda”, reportando haber encontrado más de “5000 ídolos” y un elevado número de confesiones. Entre 1611 y 1615 incluso extiende sus visitas hacia Jauja y Yauyos (lugar donde se llevó a cabo la Masacre de Yauyos en 1614, donde murieron 80 indígenas acusados de idolatría[9]).
Posteriormente, en Lima, redacta un Informe de Méritos donde intenta establecer que su celo extirpador se remontaba al año 1607, buscando así demostrar que las denuncias en su contra habían sido una represalia de los integrantes de su doctrina por haber “descubierto” sus idolatrías. Ninguna de las seis personalidades consultadas confirmó tal versión, y ante una pregunta directa prefirieron no responder.
En 1615 es reafirmado como juez visitador de idolatrías por el virrey Francisco de Borja. En 1617 se autoriza el traslado de los maestros de idolatrías a Lima.
Últimos años
[editar]En 1618 es destinado a la diócesis de La Plata y en 1632 Ávila regresa a Lima como Canónigo, probablemente gracias al apoyo del nuevo arzobispo Arias de Ugarte. A los 65 años intentó ingresar a la Compañía de Jesús, sin lograrlo. Redactó su Tratado de los Evangelios y Sermonario en la lengua General de los indios de este Reino del Perú e hizo la obra de la muerte de Atahualpa. Falleció en Lima el 17 de septiembre de 1647 a los 74 años, dejando un testamento que permite confirmar el considerable patrimonio que poseía.
El testamento
[editar]Se encuentra en la Sección Colonial del Archivo General de la Nación, y el inventario de sus bienes se divide en: Biblioteca, Vestuario y objetos varios, Casas y esclavos.
Entre sus pertenencias destacaban: lienzos de la Casa de Austria, pinturas sobre la guerra de Flandes, siete anillos de oro fino con amatistas y esmeraldas, Illas y Conopas de Huarochirí que no “destruyó” en su labor extirpadora, así como cuatro casas en Lima —una habitada por él y las otras tres alquiladas—. Llama especialmente la atención una pequeña figura de bronce de Hércules, el héroe máximo de la mitología clásica, quien jamás formó parte de la tradición cristiana. Esto sugiere que su gusto por la literatura mitológica grecorromana le permitía “adorar” ciertos personajes míticos.
En cuanto a su biblioteca, contaba con 3,108 volúmenes: 3,061 libros impresos, 45 manuscritos y dos en blanco. Sus obras abarcaban: Religión, Derecho, Humanidades, Ciencia y tecnología, y temática americanista. Incluía obras sobre nobleza, literatura, historia grecorromana, biografías de personajes de la Antigüedad, Plutarco, Heródoto, El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de Cervantes Saavedra, textos de Medicina, Ciencias Naturales, Historia Universal, autores clásicos como Platón y Aristóteles, la Historia Natural y Moral de las Indias de José de Acosta, la primera parte de los Comentarios Reales de los Incas de Garcilaso de la Vega, Extirpación de idolatrías del jesuita Pablo José de Arriaga, la Crónica Moralizadora de Antonio de la Calancha, diccionarios de quechua, tratados de mineralogía como el Quilatador de oro, plata y piedras; Libro de los relojes solares de Pedro Ruiz, entre otros.[10]
Obras
[editar]- Tratado y relación de los errores, falsos dioses y otras supersticiones, y ritos diabólicos en que vivieron antiguamente los indios de las Provincias de Huarocheri, 1608
- Dioses y hombres de Huarochirí
- Oratio habita in Ecclesia cathedrali Limensi ad Dominum Bartholomaeum Lupum Guerrerum Archiepiscopum eiusdem Ciutatis, totius Regni Peruani Metropolitanum, regium Consiliarium, 1609
- Informe de Méritos, 1615
- Parecer y arbitrio sobre el remedio que mejor conviene para extirpar idolatrías en el arzobispado de Lima, 1616
- Tratado de los evangelios,: que nuestra madre la Iglesia propone en todo el año desde la primera dominica de Adviento, hasta la última misa de difuntos, santos de España, y añadidos en el nuevo rezado. Explicase el Evangelio, y se pone un sermón en cada uno en las lenguas castellana, y general de los indios deste Reyno del Perú, y en ellos donde da lugar la materia, se refutan los errores de la gentilidad de dichos indios. 1648
- Testamento de Francisco de Ávila
Referencias
[editar]- ↑ a b John Carter Brown Library, Francisco de; Sarmiento Rendón, Florián (1648). Tratado de los euangelios, : que nuestra madre la Iglesia propone en todo el año desde la primera dominica de Aduiento, hasta la vltima missa de difuntos, santos de España, y añadidos en el nueuo rezado. Explicase el Euangelio, y se pone vn sermon en cada vno en las lenguas castellana, y general de los indios deste Reyno del Perù, y en ellos donde dà lugar la materia, se refutan los errores de la gentilidad de dichos indios. Por el doctor D. Francisco Davila, natural de la ciudad del Cuzco, canonigo, y massescuela de la Metropolytana de la Plata, y aora canonigo desta de los Reyes. Tomo primero, que contiene desde la primera dominica de Aduiento, hasta el sabado de la octaua de Pentescostes.. [Lima : Imprenta de Pedro de Cabrera]. Consultado el 25 de noviembre de 2025.
- ↑ a b c d e f Yumpu.com. «Francisco de Ávila, extirpador de la idolatría - Pariacaca». yumpu.com. Consultado el 25 de noviembre de 2025.
- ↑ a b c d Carmona Jiménez, Javiera (2018). Francisco de Ávila en la sociedad virreinal: entre la (auto)biografía, el monumento y la memoria. Consultado el 25 de noviembre de 2025.
- ↑ a b «Tratado de los evangelios que nuestra madre la Iglesia propone en todo el año». Estudios Indianos. Consultado el 25 de noviembre de 2025.
- ↑ «Ritos y tradiciones de Huarochirí : Manuscrito quechua de comienzos del siglo XVII : Versión paleográfica, ... (Taylor 1987) - Biblioteca Digital Curt Nimuendajú». www.etnolinguistica.org. Consultado el 25 de noviembre de 2025.
- ↑ Duviols, Pierre (1966). Francisco de Avila y la narración quechua de Huarochirí (1598?): bibliografía, documento. Consultado el 25 de noviembre de 2025.
- ↑ «36. El capítulo del viaje del autor a Lima (1104-1139) [1121]: Guaman Poma, Nueva corónica y buen gobierno (1615)». poma.kb.dk. Consultado el 26 de noviembre de 2025.
- ↑ Cervantes, Biblioteca Virtual Miguel de. «Noticias secretas de América. Tomo I : (Siglo XVIII)». Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Consultado el 26 de noviembre de 2025.
- ↑ «36. El capítulo del viaje del autor a Lima (1104-1139) [1111]: Guaman Poma, Nueva corónica y buen gobierno (1615)». poma.kb.dk. Consultado el 26 de noviembre de 2025.
- ↑ Martínez, Teodoro Hampe (1996). «Universo intelectual de un "Extirpador de Idolatrías": la biblioteca de Francisco de Avila (1648)». Ibero-amerikanisches Archiv 22 (1/2): 3-30. ISSN 0340-3068. Consultado el 26 de noviembre de 2025.
Bibliografía
[editar]- Alberto Tauro del Pino. Enciclopedia Ilustrada del Perú. Lima: PEISA, 2001.
- Dioses y Hombres de Huarochirí- Traducción de José María Arguedas. Lima: Universidad Antonio Ruiz de Montoya, 2009