Diego de Landa

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Diego de Landa
Diego de Landa.jpg
Información personal
Nacimiento 17 de marzo de 1524
Cifuentes, España
Fallecimiento 1579
Mérida, México
Nacionalidad Española
Información profesional
Ocupación Conquistador, cronista, mayista, fraile y sacerdote
Cargos ocupados
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Diego de Landa Calderón (Cifuentes, España; 12 de noviembre de 1524 - Mérida, Nueva España; 29 de abril de 1579) fue un misionero español de la Orden Franciscana en la provincia de Yucatán y obispo de la arquidiócesis de Yucatán entre 1572 y 1579. A pesar de habe[1] especialmente en el conocido evento del Auto de fe de Maní[2] , dicho acto destructivo fue plasmado por artistas mexicanos como Diego Rivera, Juan O'Gorman y Fernando Castro Pacheco entre otros. Entre los documentos más conocidos re-escritos por autoridades eclesiásticas de Yucatán dirigidas por Diego de Landa se encuentra el Popol Vuh, el cual popularmente se creía auténtico sin embargo inconsistencias descubiertas a finales del siglo XIX[3] y de estudios a partir de la década de los 50s descartan su originalidad[4] .La inquisición guiada por Landa aplicó una serie de abusos físicos en los Mayas, donde muchos nobles mayas fueron encarcelados para interrogatorios y tortura por medio de la garrucha y otros métodos[5] [6] , donde también muchos eran al final ejecutados.

Los reportes inquisitorios de Landa son imprecisos, contradictorios, hagiográficos, e incapaces de documentar el lenguaje escrito Maya[7] , ya que durante los primeros estudios realizados a dichos reportes, la descripción y traducción incorrecta de los glifos mayas como letras de un alfabeto llevó en 1862, a Charles Étienne Brasseur de Bourbourg intentar traducir los códices mayas sin éxito[8] . Debido a la destrucción de la literatura maya por parte de Landa, alrededor del siglo XVIII desaparecieron las últimas personas capaces de entender los complejos glifos mayas[9] . Solo hasta los estudios de Yuri Knorozov en los 1950s, quien descartó el uso de los reportes de Landa y propuso el lenguaje maya como silabario, pudo iniciar el desciframiento de los códices mayas sobrevivientes[10] . Diego de Landa murió el 29 de abril de 1579 a los 54 años de edad, después de ejercer 38 años como religioso cristiano, con 30 años radicando en Yucatán y casi 6 años como obispo[11]

Una posibilidad que se perfila como más probable es que ese indio [sic] (maya) transcriptor haya insertado algunos pasajes bíblicos con el propósito de atenuar el matiz “pagano,” y poner el documento a salvo de la mano destructora de los españoles, conservando así lo esencial del relato original.

Otilia Cortez,Intertextualidad y paralelismo entre el Popol Vuh y La Biblia, 2008[12]

Antes de su llegada a Yucatán (1524-1549)[editar]

Casa de Los Gallos 2.jpg

Diego de Landa Calderón nació el 12 de noviembre de 1524 en la Casa de los Gallos, en la Villa Condal de Cifuentes, Guadalajara, en el seno de una familia noble. Seguramente cursó sus estudios primarios entre los años 1529 y 1541 en el convento franciscano de Cifuentes.

A los diecisiete años marchó al monasterio de San Juan de los Reyes en Toledo para continuar con su formación hasta 1547 que fue ordenado fraile de la Orden Franciscana.  Ese mismo año se le destinó al convento de San Juan de la Cabrera, en Madrid.

En 1548 recibe la visita de fray Nicolás de Albalate, que le propone viajar junto a cinco franciscanos más a Yucatán, en las recién descubiertas tierras de Nueva España (México), donde los conquistadores y colonos, una vez concluidas las guerras con los indios requerían misioneros para educar y evangelizar a los nativos, apartándolos de una religión que practicaba el sacrificio humano.

Primera etapa en Yucatán (1549-1563)[editar]

Monumento a Diego de Landa en Izamal.
Convento de San Antonio de Padua. Izamal, México.

En agosto de 1549 desembarcó en Campeche y se dirigió a Izamal, donde inauguró la Misión de San Antonio. El 29 de septiembre de ese mismo año fue nombrado ayudante del guardián de Izamal.

De 1549 a 1552 viajó por la península de Yucatán acompañando al guardián del convento de Izamal para convertir a los mayas que se escondían en la selva. Durante esta etapa aprendió la lengua maya sirviéndose de la gramática de fray Luis de Villalpando. Según fuentes de la época el fraile llegó a dominar la lengua tanto hablada como escrita en mucho menos tiempo del que necesitaban sus compañeros. Hasta tal punto llegó su maestría, que corrigió y completó la gramática de su maestro.

En 1552 se celebró el primer capítulo de la Orden Franciscana en Nueva España y se designó a Landa guardián del convento de San Antonio de Padua de Izamal.

La evangelización de los frailes que parecía tan necesaria y urgente comenzó a crear un conflicto con los encomenderos españoles. Según éstos, los indios, por aprender el cristianismo descuidaban el trabajo e incluso incitaban a los demás a la holgazanería. La realidad es que los frailes creaban escuelas para los indios donde se les educaba y se les enseñaba el cristianismo en su propia lengua, mientras que los encomenderos necesitaban que invirtieran ese tiempo en trabajar a su servicio. Entre los años de 1552 y 1558 se inició un movimiento de sublevación  de los encomenderos en especial en la provincia de Valladolid donde quemaron dos veces el convento y la iglesia. En este clima de conflicto fue necesaria la intervención de las autoridades. Alonso López Cerrato, segundo presidente de la Audiencia de Guatemala, envió a Tomás López como oidor a Yucatán, quien promulgó unas ordenanzas que favorecían los intereses evangélicos de los frailes a la vez que limitaban la autoridad de los caciques indígenas. Esta rivalidad entre los encomenderos y los franciscanos no cesó hasta después del regreso de Landa tras su juicio en España por lo ocurrido en el Auto de Maní.

Cuenta Diego López de Cogolludo (1613-1665) que durante la construcción de la iglesia de Izamal, debido a la sequía se extendió el hambre en toda la región, por lo que fray Diego de Landa mandó repartir el grano de maíz almacenado en el convento y durante más de seis meses el convento estuvo alimentando a todo el pueblo. Según Cogolludo, el aprovisionamiento de maíz de los franciscanos nunca se acababa por más que lo repartían, lo que fue tomado como un milagro por los lugareños.

El 27 de octubre de 1553 fray Diego de Landa participó en los acuerdos del Cabildo de Mérida entre franciscanos y encomenderos para regular los jornales de los indios.

El 13 de noviembre de 1556 se nombró a Landa definidor y custodio de la provincia de Yucatán.

A pesar de los esfuerzos de los franciscanos y aunque parecía que los pueblos mayas aceptaban la fe cristiana, seguían celebrándose rituales de sacrificios humanos en los abandonados templos prehispánicos. En 1558 Landa sorprendió a una multitud de indígenas celebrando un ritual en Chichén Itzá. Paró de inmediato el culto y después de predicar el Evangelio, arrojó todos los ídolos al cenote sagrado.

Ese mismo año de 1558, fray Lorenzo de Bienvenida viajó a España para reclutar más franciscanos para las misiones. El 3 de abril de 1559, Diego de Landa escribió al Consejo de Indias proponiendo a fray Lorenzo de Bienvenida para obispo de Yucatán.

El 19 de febrero de 1560 fue nombrado alcalde mayor de la provincia de Yucatán Diego de Quijada, con quien Landa tuvo notables enfrentamientos. Sin embargo, por intereses propios, el alcalde fue un importante apoyo para Landa en su lucha contra la herejía de los indígenas.

Unos meses más tarde, fray Francisco Navarro y fray Diego de Landa procesan como jueces apostólicos de la Inquisición Ordinaria a varios españoles por blasfemia, entre ellos, algunos encomenderos.

El 12 de noviembre de 1560, en un nuevo capítulo de los franciscanos, se nombró a Landa guardián del convento de Mérida.

En agosto de 1561, el cacique de Maní, Hunacti, muestra a fray Pedro de Ciudad Rodrigo, guardián del convento, el cadáver de un niño con señales de haber sido crucificado. Algunos meses después, los alumnos de la escuela de Maní mostraron a fray Pedro varios ídolos y huesos de rituales idólatras. Todo esto fue comunicado a Landa que tomó represalias contra varios indios condenándolos por herejía.

El 13 de septiembre de 1561 Landa fue nombrado provincial de Yucatán. A falta de obispo desde 1557, se convierte así el cifontino en la mayor autoridad eclesiástica de toda la provincia de Yucatán, que desde ese mismo año comprendía también la de Guatemala.

En junio de 1562 estando de cacería el portero del convento de Maní, Pedro Che, descubrió en una cueva un venado aún caliente y con el corazón arrancado. Había también varios altares con ídolos cubiertos de sangre. Pedro Che le comunicó el hallazgo a fray Pedro y éste a su vez, acudió a fray Diego de Landa, que al conocer la noticia y después de comentarla con Diego de Quijada se dirigió a Maní. Al ver Landa que las prácticas paganas no cesaban tomó poderes inquisitoriales y con la ayuda de Diego de Quijada organizó el famoso Auto de fe de Maní. Así lo describe el fraile en su “Relación de las cosas de Yucatán”: <<Que estando esta gente instruidos en la religión y los moços aprovechados, como diximos, fueron pervertidos por los sacerdotes q en su idolatría tenian y por los señores, y tornaron a ídolatrar y hazer sacrificios no solo de saumerios sino de sangre humana sobre lo qual los frayles hizieron inquisicion, y pidieron ayuda al alcalde mayor y prendieron muchos, y les hizieron procesos y se celebro un auto en que pusieron muchos en cada balços encoroçados; y açotados, y tresquilados, y algunos ensambenitados por algun tiempo, y que algunos de tristeza engañados del demonio se ahorcaron y q en comun mostraron todos mucho repentimiento, y voluntad de ser buenos Christianos.>>[13]

Diego de Quijada nombró a Bartolomé de Bohorques teniente de alguaciles con el propósito de ayudar a Landa para ejecutar todas sus órdenes, prender a los indios que el fraile requiriera y cumplir sus sentencias. Landa ordenó a Bohorques bajo pena de excomunión que aceptara el cargo de alguacil mayor de la Inquisición Ordinaria.

El 11 de junio de 1562 el provincial mandó apresar a treinta caciques indígenas y en los días posteriores detuvieron al gobernador de Maní, Francisco de Montejo Xiú, al cacique de Oxtuzcab, Francisco Pacab, al cacique de Mama, Juan Pech y al cacique de Tekax, Diego Uz.

Convento de San Miguel Arcángel en Maní. Fue en esta plaza donde se celebró el auto de fe el 12 de julio de 1562.

Como consecuencia de lo ocurrido en el último año, el 12 de julio de 1562 se celebró en Maní un auto de fe. Como representante de la autoridad religiosa estaba Diego de Landa que había presidido el tribunal del Santo Oficio y el representante de la autoridad civil era el alcalde mayor Diego de Quijada. Las actas notariales las firmaron Jerónimo de Contreras y Pedro Martínez.

Durante aquella noche, los caciques fueron trasquilados, encorozados y ensambenitados y se destruyeron varios ídolos, altares, estelas y vasijas. Además se quemaron varios códices (la cantidad varía de unos pocos hasta varios miles, según el autor). Actualmente sólo se conservan tres: el Códice de Madrid, el de París y el de Dresde. Esto es lo que Landa cuenta al respecto: <<Usavan también esta gente de ciertos caracteres o letras con las quales escrivian en sus libros sus cosas antiguas y sus sciencias, y con ellas, y figuras, y algunas señales en las figuras entendian sus cosas, y les davan a entender y enseñavan. Hallamosles grande número de libros de estas sus letras, y porq no tenían cosa, en que no oviesse superstiçion y falsedades del demonio se los quemamos todos, lo qual a maravilla sentían y les dava pena.>>[14]

El auto provocó la cólera de los encomenderos porque además de los indígenas que fueron detenidos, muchos escaparon a la selva, dejándolos sin mano de obra para cultivar. Como es lógico, este hecho volvió a los mayas más recelosos hacia los españoles.

El 14 de agosto llegó a Mérida fray Francisco de Toral, recién nombrado obispo de Yucatán. Tanto los encomenderos como el defensor de los indios, Diego Rodríguez Vivanco, aprovecharon lo ocurrido en Maní para poner al obispo a su favor y en contra de Landa.

El 15 de septiembre, el Provincial, manteniendo su postura, presentó al Alcalde Mayor una petición para que se le informara de todos los casos de idolatría que detectasen las autoridades. Sin embargo, a partir de octubre, el obispo Toral y el defensor de los indios, Rodríguez Vivanco, formalizaron sus acusaciones contra fray Diego dirigiéndose al rey, Felipe II. Se forman así dos bandos que permanecieron enfrentados una década:  por un lado, el provincial Landa junto a los frailes de su orden y el alcalde mayor Diego de Quijada y por otro el obispo Toral, el defensor de los indios Rodríguez Vivanco y los encomenderos.

Ante las acusaciones que estaba recibiendo, Landa decidió apelar al Virrey y se dirigió a Campeche, camino de Veracruz. En Campeche, donde también habían ido Toral y Quijada, se encontró con Martín Cortés, único hijo legítimo de Hernán Cortés, que intentó mediar entre ambos bandos. Después de Cortés intervino Francisco de Montejo el Mozo, pero ninguno de los dos consiguió zanjar la disputa.

Al enterarse el Provincial de que las acusaciones habían llegado a Felipe II, el 1 de marzo de 1563 renunció al cargo de provincial y a finales de mes partió para España.

Viaje a España (1563-1573)[editar]

Después de casi ser apresado por piratas berberiscos y de pasar varios meses enfermo en Santo Domingo, llegó a España en octubre de 1564. Los primeros días los pasó en el monasterio de San Juan de los Reyes y después se dirigió a Barcelona a ver al general de su orden. Con una carta que le dio éste, se dirigió a Madrid para defenderse ante el Rey y el Consejo de Indias.

Durante el tiempo que duró el proceso estuvo viajando entre Cifuentes, su ciudad natal, Toledo, La Cabrera y Ocaña.

El 13 de febrero de 1565 la causa de fray Diego se remite al provincial franciscano de Castilla, fray Pedro de Bobadilla y éste a su vez le encarga el caso al definidor fray Francisco de Guzmán. El 2 de mayo, el Definidor presentó un informe de su comisión que resulta favorable a Landa y al año siguiente, el obispo Toral se retractó de las imputaciones que hizo contra “un varón santo como el padre Landa[15] .

No se sabe con certeza, pero seguramente entre los años 1566 y 1568 escribió su obra “Relación de las cosas de Yucatán”. Este libro, además de describir con detalle la cultura yucateca en el siglo XVI, ha sido una pieza fundamental para comprender la escritura maya, que no se consiguió descifrar por completo hasta finales del siglo XX.

El 11 de febrero de 1567 diez caciques de Yucatán escriben una carta a Felipe II pidiéndole que <<se comparezca de nuestras animas y nos envie frailes franciscanos que nos guien y nos enseñen en la carrera de Dios y en especial algunos que se han ido de esta parte a España, que hablen ya muy bien la lengua de esta tierra con que nos predican, que se llama fray Diego de Landa, fray Pedro Gumiel, […]>>[16] .

En enero de 1569 el entonces provincial de Castilla, fray Antonio de Córdoba, dicta una sentencia absolutoria para fray  Diego de Landa.

El 24 de febrero de 1570, al enterarse los frailes franciscanos de Yucatán que Landa había sido absuelto, escriben a Felipe II pidiendo el regreso de fray Diego a la Península.

El 20 de abril de 1571 muere Francisco Toral, dejando libre la silla episcopal de la provincia de Yucatán.

A finales de 1571, estando Landa en el convento de San Julián y San Antonio en La Cabrera, recibe una cédula real en la que se le propone como obispo de Yucatán. El 15 de noviembre de 1572, en Sevilla, se consagra a Landa obispo y parte hacia Nueva España el 28 de junio de 1573.

Segunda etapa en Yucatán[editar]

El 11 de octubre de 1573 desembarcó Diego de Landa en Campeche. Al llegar a Mérida observó que muchos frailes no hablaban maya, por lo que tras un notable enojo, restableció las clases de la lengua indígena para todos los misioneros.

Al año siguiente mandó imprimir una doctrina cristiana en maya, aunque no se conserva ninguna copia.

El 28 de febrero de 1578 Felipe II nombró a Landa "Defensor de los indios".

Nicho de Diego de Landa en la capilla de Los Calderón en la iglesia de El Salvador en Cifuentes.
Iglesia de El Salvador, Cifuentes.

Diego de Landa murió el 29 de abril, no queda claro si en el convento de Izamal o en el de Mérida, en cualquier caso, su cadáver fue sepultado en el convento de Mérida. Casi dos siglos después, Diego Ladrón de Guevara Orozco y Calderón, descendiente de Landa, trasladó los restos del obispo a un pequeño nicho en la capilla de la familia Calderón de la iglesia de El Salvador en Cifuentes.

En 1937 la iglesia de El Salvador fue profanada y los restos de Landa desaparecieron para siempre.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Chuchiak, John F. (2005). «In Servitio Dei: Fray Diego de Landa, the Franciscan Order, and the Return of the Extirpation of Idolatry in the Calonial Diocese of Yucatán, 1573-1579». The Americas 612 (4): 611–646. 
  2. Casares G. Cantón, Raúl; Duch Colell, Juan; Antochiw Kolpa, Michel; Zavala Vallado, Silvio et ál (1998). Yucatán en el tiempo. Mérida, Yucatán. ISBN 970 9071 04 1. 
  3. «Eleventh annual report». Peabody Museum: 391. 1880. Consultado el 5 de abril de 2016. «an evident fabrication, or, at least, accommodation of the Indian mythology to Christian notions, a pious fraud». 
  4. Girard, Rafael (1952). «Tomo I». El Popol-Vuh, fuente histórica. Guatemala: Ministerio de Educación Pública. «sabían que había cielo e infierno, pena, hambre, y castigo. Que había un solo Dios en tres personas (concepto de pluralidad dentro de la unidad): el padre que era justiciero, el hijo caritativo y el hijo menor daba y aumentaba la salud, daba de comer y enviaba agua del cielo para darnos de comer. A esas tres personas denominaban Illapa ( Rayo)». 
  5. Clendinnen, Anna (1987). Ambivalent Conquests: Maya and Spaniard in Yucatan, 1517-1570. Cambridge: University Press. 
  6. Staffa, Giussepe (2013). «Al fianco dei conquistafores». I personaggi più malvagi della chiesa. Roma: Newton Compton. ISBN 978-88-541-5329-5. «“La missiva si chiudeva con l’augurio che «Fray Diego de Landa e i suoi compagni possano soffrire la penitenza per i mali che ci hanno inflitto, e possano i nostri discendenti fino alla quarta generazione vendicare la grande persecuzione che si è abbattuta su di noi». 
  7. «Yuri Knorosov». Consultado el 5 de abril de 2016. «Since de Landa's "alphabet" seemed to be contradictory and unclear (e.g., multiple variations were given for some of the letters, and some of the symbols were not known in the surviving inscriptions), previous attempts to use this as a key for deciphering the Maya writing system had not been successful». 
  8. Ferrer Muñoz, Manuel (2002). «Brasseur de Bourbourg ante las realidades indígenas de México». Serie Doctrina Jurídica (Instituto de Investigaciones de Jurídica, Universidad Nacional Autónoma de México) (56): 261–286. OCLC 50761138. 
  9. McKillop, Heather (2004). The ancient Maya : new perspectives. New York, N.Y.: W. W. Norton & Company, Inc. p. 294. ISBN 978-0-393-32890-5. 
  10. Grube, Nikolai (Abril-Junio 2000). «Yuri Valentinovich Knorozov (1922-1999)». En Vargas González, Alfredo. Actualidades arqueológicas (Instituto de Investigaciones Arqueologicas-UNAM) (22). OCLC 34202277. 
  11. López de Cogolludo, Diego (2011). «II. Como murió el obispo don fray Diego de Landa, y fue revelada su muerte por un difunto». Historia de Yucatán. Red Ediciones. ISBN 978-84-9897-657-1. 
  12. Cortez, Otilia (2008). «Intertextualidad y paralelismo entre el Popol Vuh y La Biblia». Espéculo. Revista de estudios literarios,Universidad Complutense de Madrid (40). Consultado el 5 de abril de 2016. 
  13. de Landa, Diego (1864). «Publicación del manuscrito original». En Víctor Martínez Viana. Relación de las cosas de Yucatán (en catellano). p. 357. ISBN 978-84-613-4411-6. 
  14. de Landa, Diego (1864). «Publicación del manuscrito original». En Víctor Martínez Viana. Relación de las cosas de Yucatán. p. 296. ISBN 978-84-613-4411-6. 
  15. Martínez Viana, Víctor (2009). Víctor Martínez Viana, ed. Breve historia de fray Diego de Landa. p. 184. ISBN 978-84-613-4411-6. 
  16. Martínez Viana, Víctor (2009). Víctor Martínez Viana, ed. Breve historia de fray Diego de Landa. p. 183. ISBN 978-84-613-4411-6. 

Bibliografía[editar]

  • de Landa Calderón, Fray Diego (2007). Relación de las cosas de Yucatán. México D.F.: Monclem Ediciones. ISBN 970901904X. 
  • Martínez Viana, Víctor (2009). Breve historia de fray Diego de Landa. Guadalajara. ISBN 9788461344116. 
  • López de Cogolludo, Diego (2011). Historia de Yucatán. Barcelona: Red Ediciones. ISBN 9788498166408. 
  • de Lizana, Bernardo (1988). Historia de Yucatán. Cambio 16. ISBN 9788476791097. 
  • de Benavente Motolinía, Toribio (1991). Historia de los indios de la Nueva España. Castalia. ISBN 9788470394645. 
  • Carrillo y Ancona, Crescencio (1892). El Obispado de Yucatán. Mérida: Ricardo B. Caballero. 
  • Oroza Díaz, Jaime (1984). Historia de Yucatán. Mérida: Ediciones de la Universidad Autónoma de Yucatán. ISBN 968-6160-00-0. 

Enlaces externos[editar]