Café cantante

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Fotografía de Emilio Beauchy, "Café cantante", Sevilla, hacia el año 1888.

En España, un café cantante era un tipo de local de ocio donde, además de despacharse bebidas, se ofrecían espectáculos de cante, toque y baile flamenco. Estos locales tuvieron su mayor auge a partir de mediados del siglo XIX y hasta entrada la segunda década del siglo XX.[1]

Los cafés cantantes solían tener todos el mismo estilo decorativo: Paredes decoradas con espejos a carteles taurinos en un salón amplio con mesas, al fondo del cual se encontraba el tablao donde los artistas ofrecían sus espectáculos.[1]

Trascendencia en el flamenco[editar]

Para el mundo del flamenco, los cafés cantantes supusieron un cambio trascendental en la forma en que este arte era transmitido. Anteriormente, los espectáculos flamencos se producían, bien en entornos familiares, bien en reuniones muy restringidas a un público concreto, bien en improvisados cantes en ventas y tabernas. Por regla general, eran las familias de las clases pudientes las que solían contratar artistas flamencos para amenizar sus fiestas.

A partir de la apertura de los cafés cantantes, el flamenco pudo abrirse al público en general, lo que le reportó una mayor presencia en la sociedad, además de acercar a un importante número de aficionados al conocimiento del arte del flamenco. También jugaron un papel fundamental en la profesionalización del cante, ya que la existencia de estas salas permitió a algunos cantaores dedicarse al flamenco de forma exclusiva, entrando en competencia pública con otros cantaores.

Además, la exhibición de este arte en un foro común permitió una cierta unificación de los estándares, concretando la estructura de los cantes, las formas del toque, y desechando modos e instrumentos como la pandereta o el violín. De hecho, algunos críticos flamencos consideran que la etapa de los cafés cantantes significó la creación del flamenco tal como se conoce hoy en día: palos, toques, bailes, estilos... según estos críticos, todo lo creado después de esta época no entra dentro de la ortodoxia del flamenco.[2]

En muchos casos, esta "democratización" del flamenco provocó que estos locales fueran lugar de encuentro de las clases sociales más bajas, alcanzando por este motivo fama de lugares peligrosos donde la pendencia y la prostitución estaban a la orden del día. Por regla general, estos ambientes eran despreciados por la sociedad culta, lo que se tradujo en la marginación del arte flamenco a este tipo de ambientes y en que fuera considerado durante años como parte intrínseca de esta marginalidad social.

Historia[editar]

Fachada de «El Plata» en Zaragoza, considerado el último café cantante de España.

Los primeros cafés cantantes comenzaron a implantarse en las principales ciudades de Andalucía y en Madrid a partir del año 1846. Uno de los más antiguos cafés cantantes documentados es el que abrió en Sevilla en 1870 el cantaor Silverio Franconetti tras muchos años de viaje por América. Madrid fue pródiga en establecimientos de este tipo, de los que llegó a haber más de cincuenta cafés cantantes abiertos simultáneamente.[3]

De los cafés cantantes surgieron algunas de las figuras del flamenco más destacadas de todos los tiempos: Tomás el Nitri, Antonio Chacón, Enrique el Mellizo, La Niña de los Peines y muchos otros que hoy están considerados figuras históricas del cante flamenco.[3]

A mediados de la década de 1920, los cafés cantantes empezaron a cerrar sus puertas. Los artistas flamencos, algunos de ellos ya de fama internacional, empezaban a ofrecer sus espectáculos en teatros; salas con mejores medios y acústica para las actuaciones y que además alejaban al flamenco del aire marginal que había padecido. El fin de la época de los cafés cantantes limita directamente con la etapa que comenzaba en el mundo flamenco: la Ópera flamenca.

Actualmente, muchos locales de ocio nocturno continúan respetando la estructura básica del café cantante, si bien la mayoría lo hacen acogiendo géneros artísticos ajenos al flamenco. Estos locales suelen acoger a artistas noveles que pueden de este modo darse a conocer en salas de público reducido.[4] La práctica totalidad de las peñas flamencas (locales creados por un número limitado de socios para el fomento del flamenco) continúan reproduciendo la estética básica de los cafés cantantes.

Referencias[editar]

  1. a b «Los cafés cantantes». Portal temático de la Serranía de Ronda. Consultado el 27 de julio de 2008. 
  2. Ríos Ruiz, Manuel (enero de 2000). «Flamenco: Los Orígenes». Revista La Factoría. Consultado el 27 de julio de 2008. 
  3. a b Lacalle, Ángel (2004). «Vallecas Flamenco ayer y hoy». www.elangelcaido.org. 
  4. Torres, Rosana (2 de enero de 1987). «Un público diverso despidió el año en los cafés cantantes de Malasaña». Diario El País. Consultado el 27 de julio de 2008. 

Véase también[editar]

Bibliografía relacionada[editar]

  • Blas Vega, José (1987). Los cafés cantantes de Sevilla. Cinterco S.L. ISBN 84-86365-09-0. 
  • Grande, Félix (1999). Memoria del Flamenco. Alianza Editorial. ISBN 84-206-3298-8.