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Batalla de La Tablada

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Batalla de La Tablada
Parte de la segunda guerra civil en el Interior (parte de las guerras civiles argentinas)

El general José María Paz en 1829, año en que venció a Quiroga en la batalla de La Tablada (litografía de César Hipólito Bacle).
Fecha 22 y 23 de junio de 1829
Lugar Campo de La Tablada, en las afueras de la ciudad de Córdoba
Resultado Victoria unitaria
Combatientes
Federales
Provincia de La Rioja
Provincia de Mendoza
Provincia de Catamarca
Provincia de San Luis
• Federales cordobeses exiliados
Unitarios
Provincia de Córdoba
Provincia de Tucumán
Comandantes
Juan Facundo Quiroga José María Paz
Fuerzas en combate
3900[1]​ a 5500[2] 1200[3][4]​ a 3000[5]

La Batalla de La Tablada fue un enfrentamiento militar librado en el contexto de las guerras civiles argentinas donde chocaron los unitarios mandados por el gobernador de Córdoba, brigadier general[nota 1]José María Paz, y federales comandados por el comandante de armas de La Rioja, brigadier general[nota 2]Juan Facundo Quiroga, los días 22 y 23 de junio de 1823. El encuentro se dio en un paraje cercano a la ciudad de Córdoba, donde actualmente se halla el barrio Cerro de las Rosas de esa ciudad.[nota 3]​ La victoria correspondió al ejército unitario, lo que permitió al general Paz consolidar su situación política y militar en la provincia.

Antecedentes

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Paz con Brasil

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El 20 de febrero de 1827, los rioplatenses vencieron en la batalla de Ituzaingó y la guerra contra el Imperio del Brasil entró en un estancamiento que llevó a ambos bandos a buscar una paz negociada.[9]​ Los rioplatenses se habían sumergido en una guerra civil y a los brasileños se les habían amotinado los mercenarios extranjeros.[10]​ El 24 de mayo, el representante del gobierno del presidente Bernardino Rivadavia, ministro plenipotenciario Manuel José García, firmó un tratado de paz que cedía al Imperio brasileño la provincia Oriental en disputa, siguiendo las instrucciones que el presidente le había entregado antes de partir a Río de Janeiro el 19 de abril.[11]

Sin embargo, el 12 de junio, los jefes del ejército en campaña en el cuartel general de Cerro Largo[12]​ liderados por el brigadier general y general en jefe del Ejército de Operaciones en la Provincia Oriental[13]Carlos María de Alvear,[14]​ el brigadier general José María Paz y el coronel mayor (general)[15]Juan Galo Lavalle firmaron una declaración rechazado el acuerdo y el 25 del mismo mes, el Congreso y el presidente lo anularon. Dos días más tarde, el presidente renunciaba.[12]

El 5 de julio, se nombró en su reemplazó a Vicente López y Planes como presidente provisional y se le encargó el gobierno de la provincia y la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, el 13 de agosto[16]​ el coronel[17]Manuel Dorrego era electo gobernador de la provincia de Buenos Aires en su reemplazó.[16]​ El 18 de agosto, el Congreso se disolvió en una última sesión que dio por finalizado el gobierno nacional.[18]​ Con el apoyo de oficiales del ejército en campaña y gobernadores de las provincias, Dorrego fue encargado de las relaciones exteriores de las provincias del Plata.[16]

El 27 de agosto de 1828, después de 16 días de negociaciones en Río de Janeiro,[19]​ los plenipotenciarios argentinos Tomás Guido y Juan Ramón Balcarce firmaron con Brasil una paz por la cual ambas partes renunciaban a la posesión del territorio en disputa, que se transformó en República independiente. El 4 de octubre el tratado era ratificado.[20]​ Esto molestó a parte de los oficiales del ejército en operaciones, se sintieron traicionados, algunos eran unitarios y otros estaban molestos porque se nombró a Lavalleja como comandante en reemplazó de Alvear.[21]​ El 31 de octubre, la 1.ª división abandonó Cerro Largo y el 26 de noviembre desembarca en Buenos Aires a las órdenes[20]​ del brigadier general[22]Enrique Martínez.[20]​ Con los soldados en la ciudad, Dorrego recibió avisos de posibles conspiraciones militares en su contra, pero él creía contar con la lealtad de los oficiales.[21]

Revolución unitaria

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Carta de Quiroga a Lavalle por la muerte de Dorrego:
Después de cometer V.E. el criminal atentado de hacer servir a las tropas destinadas a conservar la dignidad de la República, al objeto de derrocar al Ejecutivo Nacional en el cual las provincias tenían depositada su confianza, ha condenado al último suplicio al individuo que lo representa.
No pierda V.E. los momentos que son precisos para escudarse al abrigo de la distancia del grito de las provincias; éstas con justa indignación se disponen a buscar un desagravio, o perecer antes que ver afianzado un intruso que las insulta y provoca.
El que firma no puede tolerar el ultraje que V.E. ha hecho a los pueblos sin hacerse índigo del título de argentino, si mirase la suerte de la República en manos tan destructoras, sin tomar parte en la venganza que desde ahora le protesto.[nota 4]

El 1 de diciembre, las tropas de la 1.ª división del ejército, comandadas por el general Lavalle ocuparon la ciudad.[24][25]​ Sin apoyo militar suficiente en la urbe,[26]​ el gobernador huyó al interior de la provincia para reunir fuerzas con su comandante de armas,[27]​ coronel[28]Juan Manuel de Rosas, pero el general rebelde salió en su persecución el día 5, logrando vencerlo en Navarro cuatro días más tarde,[27]​ siendo entregado por sus lugartenientes poco después. El 13 de diciembre, tras recibir numerosas cartas de notables porteños exigiendo la muerte de Dorrego, Lavalle lo fusiló sin juicio.[24]

En respuesta, el 20 de febrero de 1829, la Convención Nacional reunida en Santa Fe asumía la soberanía nacional y puso bajo el mando del gobernador local, brigadier general Estanislao López, las fuerzas que cada provincia pudiera aportar para el esfuerzo bélico.[29]​ Nueve días más tarde declaraba como alta traición el fusilamiento de Dorrego. De inmediato, López comunicó al influyente comandante de armas de la provincia de La Rioja, brigadier general Juan Facundo Quiroga, de su designación.[30]

Poco antes, el 1 de enero, la 2.ª división, encabezada por el general Paz, había desembarcado en Buenos Aires e inmediatamente ayudó a Lavalle a consolidar su control de la ciudad.[31]​ Luego se movió a San Nicolás de los Arroyos y el 3 de abril celebró una conferencia con Lavalle en Los Desmochados,[32]​ ahí se enteraron de la derrota y muerte del coronel Federico Rauch en Vizcacheras, lo que significó que la campiña de Buenos Aires quedó en manos federales.[31]​ Se decidió que Paz marchara con su división sobre la provincia de Córdoba,[32]​ la más poblada y rica del país después de Buenos Aires.[33]​ En su marcha atravesó el sur de la provincia de Santa Fe, pero el gobernador local simplemente lo dejó pasar porque no deseaba que las operaciones militares se produjeran en su territorio.[31]​ Luego, seguiría sin intervenir en Córdoba y se concentró en Lavalle, derrotándolo en Puente de Márquez. Quizás López consideró que Quiroga podía encargarse, pues era un militar exitoso (El Tala y Rincón de Valladares).[34]

Unitarios en Córdoba

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El gobernador local, brigadier general[35]Juan Bautista Bustos, abandonó la capital provincial y pidió un alto a las operaciones,[36]​ a fin de poder recibir los refuerzos riojanos al mando de Quiroga,[37]​ quien estaba preparando a sus milicias desde finales de diciembre, cuando llegó la noticia del golpe de Estado;[23]​ además, desde febrero el riojano había establecido comunicaciones con el gobierno de Catamarca para intervenir en Córdoba, pues ya se preveía una ofensiva unitaria en esa provincia.[30]​ A inicios de abril, mientras estaba en La Rioja, Quiroga estaba comunicándose con los catamarqueños, quienes le prometieron que sus tropas llegarían a su ciudad en la segunda mitad del mes.[38]​ El 11 de abril, Quiroga le prometía a Bustos que estaba tomando todas las medidas para pisar «con todo esfuerzo» las tierras cordobesas.[39]

Mientras tanto, el gobernador cordobés intentaba reunir un ejército a orillas del río Cuarto.[40]​ El 12 de abril, Paz ocupaba sin luchar Córdoba[41]​ y Bustos incluso lo nombró gobernador provincial seis días después, pero con la condición de convocar elecciones inmediatamente y de que ninguno de los dos podía presentarse. El general unitario aceptó, pero exigió desarmar las milicias de Bustos,[42]​ pero no recibió una respuesta clara y antes de que su enemigo recibiera refuerzos lo atacó en San Roque, 50 km al oeste de Córdoba, el 22 de abril, venciéndolo completamente.[41]​ Es posible que Bustos intentara que el riojano no interviniera realmente, pues de hacerlo el cordobés se hubiera visto obligado a someterse a su autoridad.[34]

Bustos debió huir a los Llanos de La Rioja con algunos milicianos para unirse a Quiroga, y Paz quedó a cargo del gobierno de Córdoba.[34]​ Este último envió mensajeros a los gobernadores de Mendoza, La Rioja y San Luis asegurando que no era su intención atacarles, y diciendo que se ocuparía solamente del gobierno de su provincia. Sin embargo, Quiroga no le creyó y organizó una expedición contra Paz bajo su mando directo.[43]

Campaña

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Motín

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Mapa de los movimientos de Quiroga durante su ofensiva en la provincia de Córdoba para deponer a Paz. En rojo se muestran el avance federal y en azul las maniobras unitarias.

El 4 de mayo, la vanguardia federal a cargo del coronel Pantalón Argañaraz venció en Población, cerca de San Javier, a 24 coraceros y 80 milicianos unitarios.[44]​ El 8 de mayo, Quiroga entró en territorio cordobés sorprendiendo a la guarnición de Serrezuela, cuyo jefe era el coronel de milicias Faustino Allende. Los federales ocuparon la villa y fusilaron a un oficial unitario, al juez de paz y dos vecinos con la desaprobación de Bustos.[45]​ No existe certeza si ambos eventos se refieren al mismo enfrentamiento o a dos encuentros distintos.[44]​ Para ese entonces, Quiroga contaba con 1200 riojanos y 600 catamarqueños traídos por el gobernador de la provincia de Catamarca, coronel Marcos Antonio Figueroa.[46]

De inmediato, Paz salió de Córdoba y esperó que los federales avanzaran directamente a su capital provincial, procediendo a esperarlos en Macha, cerca de Las Peñas. El caudillo riojano descartó un avance directo hacia Córdoba, evitando las Sierras Grandes donde su caballería estaría en desventaja, y se dirigió al sudeste, pasando por Pocho y San Javier[44]​ hacia Renca a esperar los contingentes cuyanos, pero perdió mucho tiempo a cambio recibir pocos refuerzos,[43]​ apenas 80 puntanos.[46]​ El 27 de mayo, una división de 400[47]​ a 600[46]​ milicianos montados salió de San Juan como contribución de su provincia al esfuerzo bélico.[47]​ Iban al mando del ex gobernador, coronel Manuel Quiroga Carril en cumplimiento del Tratado de Guanacache.[46]​ Se suponía que debían unirse a los federales en la hacienda Punilla, propiedad de un hombre apellidado Domínguez, en la provincia de San Luis y junto al camino entre Cuyo y Buenos Aires.[48]​ El 2 de junio, llegaron a Las Quijadas, en la provincia de San Luis, donde descansaron de su marcha. Animados por la presencia de Paz en Córdoba, habían formado una junta constituida por Narciso Laprida, Rudecindo Rojo y otros. Infiltraron agentes en la división y promovieron un motín que ocurrió en la noche del 2 a 3 de junio, liderado por algunos oficiales subalternos entre los que destacaba el sargento Soler, un negro que decía haber sido asistente de Miguel Estanislao Soler;[47]​ contaron con el apoyo de la mayoría de la tropa.[49]​ El 6 de junio, los sublevados volvieron a San Juan y formaron una junta de gobierno que eligió al coronel Juan Aguilar como gobernador y al teniente coronel Nicolás Vega como comandante de armas.[50]​ El gobernador federal José María Echegaray Toranzo, el coronel de milicias Ventura Quiroga y otros destacados federales huyeron a Mendoza.[49]

Quiroga escribió al comandante de armas de la provincia de Mendoza, coronel José Félix Aldao, para que le trajera refuerzos.[51]​ Según Paz, también le mandó someter la rebelión sanjuanina antes de unirse a su hueste y el comandante de armas mendocino y su hermano, el teniente coronel Francisco Aldao, marcharon contra ellos.[52]​ Probablemente sea una confusión con su otro hermano, el coronel José Aldao, pues según Hudson fue quien marchó a San Juan con su hermano Francisco.[53]​ Además, se sabe que el 31 de mayo José Félix estaba en San Luis[51]​ y se incorporó con su división al ejército federal de Quiroga en esa provincia,[54]​ lo que por fechas y distancias imposibilita que él hubiera participado en la campaña de castigo.

Vega había resuelto retirarse al norte, pero fue alcanzado y obligado a dar batalla.[53]​ Los federales dejaron en San Juan a Etchegaray Toranzo, mientras el comandante Casimiro Recuero salía a perseguir a los unitarios. El 10 de junio, se dio un primer combate en Niquivil, una legua al sur de Jáchal, que favoreció a los unitarios. Esto los convenció de contraatacar, aprovechando el desconcierto de los federales y tomaron San Juan, pero luego fueron vencidos en Tafín (o Tafi), siendo muchos unitarios capturados, incluyendo su líder y Etchegaray recuperó el poder.[55]​ El 14 de junio, el gobierno federal en San Juan estaba repuesto y Soler era ejecutado.[53]​ Los milicianos de la división mendocina que fue enviada a sofocar el motín unitario no participaron de la batalla en Córdoba y volvieron a Mendoza después de la derrota de Quiroga.[56]

Asalto

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Mapa muestra en rojo el asalto de Quiroga a la plaza de armas de Córdoba y el desplazamiento de su caballería a la meseta de La Tablada. En celeste se muestra al ejército unitario atravesando en la ciudad y siguiendo su camino hacia la meseta para presentar batalla campal.

Entre tanto, los federales de Quiroga avanzaron rápidamente sobre Río Cuarto y luego giraron al norte, hacia la capital provincial. Entre tanto, Paz se había retirado a Córdoba después de enterarse del movimiento de Quiroga a Renca, pero el 7 de junio salió nuevamente a enfrentarlo.[51]​ En la noche del 17 a 18 de junio, los federales llegaron a El Salto, sobre el río Tercero, cerca de Almafuerte. El general unitario salió a enfrentarlo, llegando al lugar el día 20 para encontrarse que Quiroga había vadeado el río a tres leguas y hábilmente conseguía evadirlo para seguir a Córdoba. Esa misma jornada, a las 16:00 horas, los federales llegaron a las cercanías de la ciudad, cuya pequeña guarnición se ha parapetado en centro a las órdenes del teniente coronel Agustín Díaz Colodrero. Un primer asalto de los federales es rechazado,[57]​ pero acabaron por entrar y combatir casa por casa con ayuda de las clases bajas de la villa.[58]​ Al día siguiente, los últimos defensores se rindieron.[59]​ A las 12:00 horas del 21 de junio, una columna federal encabezada por Quiroga y Bustos entró en la urbe desplegada para el combate. De inmediato, el riojano se dirigió al cabildo para nombrar un gobernador provisorio y en cumplimiento de la acordado en la capitulación mandó a su caballería instalarse en el campo de La Tablada, mientras su infantería ocupaba la ciudad a las órdenes del coronel Juan de Dios Bargas. Sin embargo, a la distancia podían verse fogonazos que indicaban la cercanía del ejército unitario.[60]

Fuerzas enfrentadas

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Los jefes federales

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Juan Bautista Bustos comandó una división de federales cordobeses. Dibujo extraído del libro Historia Argentina, Diego Abad de Santillán, 1971.
  • Juan Facundo Quiroga (1788-1835, nacido en La Rioja) era el hombre fuerte de esta provincia. Desde joven se incorporó a las milicias provinciales, donde comenzó a labrar su fama y poder como caudillo. En la luchas por el poder en su provincia Quiroga acrecentó su figura, y luego intervino en los conflictos surgidos entre unitarios y federales. La participación de Quiroga fue vital para el afianzamiento del Partido Federal en las provincias del interior argentino, desde Tucumán hasta San Juan, en la década de 1820. Por esta razón, al ser derrocado por el unitario Paz, el gobernador cordobés Bustos solicitó el apoyo del caudillo riojano.
  • Juan Bautista Bustos (1779-1830, nacido en Córdoba) había comenzado su carrera como capitán del cuerpo de Arribeños durante las invasiones inglesas a Buenos Aires (1807). Luego se incorporó como oficial en el Ejército del Norte, durante las guerras de Independencia, pero desde el motín de Arequito (1815) se dedicó a la actividad política y al gobierno de Córdoba. No había vuelto a participar en campañas militares hasta que Paz marchó contra él.
  • José Félix Aldao (1785-1845, nacido en Mendoza) había sido fraile dominico hasta que se incorporó al Ejército de los Andes y tomó las armas; participó en las campañas de Chile y Perú bajo el mando de San Martín, y en 1824 retornó a Mendoza. Participó como comandante de la frontera sur en varias campañas contra los indígenas y en 1829 fue enviado al frente de los auxiliares mendocinos que se incorporaron al ejército de Quiroga.
  • José Benito Villafañe (1790-1831, nacido en La Rioja), se enroló en las milicias provinciales y participó en el célebre cruce de la cordillera de los Andes hacia Chile, como parte del ejército sanmartiniano. De regreso a La Rioja, se involucró en las luchas por el poder, convirtiéndose en seguidor del caudillo Quiroga, quien lo protegió y le confió varios puestos de gobierno, además de nombrarlo general. Participó como segundo jefe del ejército provincial en la campaña contra el general Paz.
  • Ángel Vicente Peñaloza (1798-1863, nacido en La Rioja), apodado El Chacho, era capitán de las milicias riojanas, y luchó bajo el mando de su comprovinciano Quiroga en las guerras civiles del noroeste, contra Lamadrid (en 1826). Por su valentía se ganó la confianza de Quiroga.

Ejército federal

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Acorde a las Memorias de Paz, el ejército federal se componía de 5000 riojanos, mendocinos, catamarqueños, puntanos y cordobeses, de los cuales 700 a 800 pertenecían al arma de infantería.[61]​ Posteriormente afirma que en el campo quedaron 1000 federales muertos, un cuarto de su fuerza, seguramente refiriéndose sólo a la caballería.[62]​ Estimación bastante respetada por los historiadores.[63]​ El historiador Pablo Camogli se inspira en ella para teorizar que pudieron ser 4500 jinetes riojanos, mendocinos, puntanos y catamarqueños con 700 infantes cordobeses.[64]​ De ser cierta, este hubiera sido el mayor ejército movilizado hasta entonces en las guerras civiles argentinas.[65]​ Sin embargo, el historiador José Mirande señala que aunque esta obra fue tenida como completamente fiable hasta la segunda mitad del siglo XX y aporta mucha información no carece de las exageraciones, autojustificaciones y errores propios de una autobiografía. Para Mirande, dicha cifra está inflada, aunque se desconoce si Paz lo hizo por un error en su memoria o desear engrandecer su victoria.[66]

El oriental César Díaz, quien sirvió a las órdenes de Paz en la batalla repite las cifras de su superior: 5000 federales, de los cuales 700 eran infantería y el resto caballería.[67]​ El también unitario, Juan Esteban Pedernera,[nota 5]​ afirmaba que el ejército federal duplicaba al unitario «poco más ó menos».[69]​ Otra fuente importante, el también unitario Aráoz de Lamadrid, los reduce en sus escritos en 900 infantes[1][70]​ y 3000 jinetes.[1]​ El belga Teodoro Lacordaire también fue testigo y describió la batalla,[nota 6]​ afirmando que los federales reunieron 4500 hombres para la batalla, un gran ejército para un país tan poco poblado.[72]​ José Luis Calle da la cifra más alta: 5500 efectivos, «la mayor parte verdaderos foragidos».[2]​ El historiador y político de tendencias unitarias, Domingo Faustino Sarmiento, afirmaba que los federales sumaban 4000 hombres, incluyendo un regimiento de auxiliares mendocinos, pero sin esperar a los 700 hombres que venían de San Juan.[73]

Como última fuente primaria está el propio Quiroga, quien da los números más bajos. En una circular de abril[nota 7]​ afirmaba que pronto invadiría la provincia con 500 puntanos y sanjuaninos, 500 catamarqueños y 1500 riojanos.[75]​ Sin embargo, en una carta posterior,[nota 8]​ afirmaba haber penetrado en tierras cordobesas con 1200 riojanos y 600 catamarqueños y poco después se le suman 80 puntanos.[66]​ El veterano de las guerras civiles, Damián Hudson, describió a los sanjuaninos como «una división auxiliar organizada en San Juan»[77]​ y respecto de los refuerzos puntanos afirmaba «incorporaron algunos escuadrones de milicia de caballería», pero no entrega cifras concretas.[48]​ El historiador Julio B. Lafont afirmaba: «Por los movimientos de Quiroga y Bustos, Paz comprendió que aquellos recogían contingentes de Catamarca y Mendoza; supo también que marchaban a unírseles 500 hombres de San Juan y otros de San Luis».[78]

Además, en sus cartas el caudillo riojano siempre pareció contar con el apoyo del gobernador catamarqueño y según le habría informado el comandante general de Catamarca, coronel Felipe Figueroa, inicialmente creyó que sus aliados habían dispuesto la marcha de un contingente de 500 milicianos y prometían que se les unirían otros 500 en los días siguientes.[39]​ Sin embargo, no existe documentación si ese segundo contingente catamarqueño llegó a unírseles, siendo poco probable por la velocidad del avance de Quiroga.[79]​ Debido a esto, los historiadores posteriores asumieron que unos 500 catamarqueños participaron de la batalla.[80]

En cuanto a los puntanos, no podían aportar con muchos hombres porque su provincia era muy vulnerable a los ataques de las tribus indígenas del sur, haciendo dudoso que se le sumaran muchos más en la marcha.[79]​ Considérese que en 1831, Estanislao López le solicitó[nota 9]​ al gobierno puntano apenas 100 jinetes para ayudarlo en la guerra.[82]

Respecto de la provincia de La Rioja, parece haber aportado 1200 milicianos a la expedición,[46]​ el contingente más grande de todo el ejército según Paz.[83]​ Esto es posible para una provincia cuya población es estimada en 18 000 a 20 000 personas en 1820,[84]​ en comparación, Catamarca tenía 35 000,[85]​ San Luis 20 000 a 25 000[86]​ y San Juan 25 000.[87]​ La Rioja estaba altamente militarizada, ya en 1811 se estimaba[nota 10]​ que sus milicias podían movilizar más de 2000 hombres entre casados y solteros,[90]​ la mitad obreros y mineros,[88]​ distribuidos en unos 900 milicianos solteros y más de 1000 casados.[89]​ En cuanto a los cordobeses, probablemente Bustos contaría con una escolta de fieles que lo habrían seguido desde su derrota en San Roque, aunque no debieron ser muchos porque no recibió un mando independiente en la batalla,[79]​ sin embargo, es posible que también incorporada milicianos de la sierra alzada en armas contra los unitarios.[83]​ Como mucho «Bustos se agregó a las fuerzas federales con 800 hombres».[91]

Por último, Mendoza era una populosa provincia de 35 000 a 40 000 habitantes en 1820,[92]​ pero se estima que entre 1817 y 1841 la provincia perdió unos 4000 a 5000 hombres adultos en el campo de batalla, una fuerte sangría demográfica.[93]​ Además, la provincia estaba obligada a siempre guarnecer su frontera sur para evitar malones indígenas.[79]​ A pesar de esto, a finales de 1822, ofrecieron al agente chileno Miguel de Zañartu Santa María 1500 a 2000 milicianos provinciales para apoyar al gobierno de Bernardo O'Higgins.[94]​ Un año antes, mendocinos y sanjuaninos movilizaron 2000 milicianos para enfrentar al caudillo chileno José Miguel Carrera.[95]​ En comparación, a finales de 1815, la intendencia de Cuyo (Mendoza, San Juan y San Luis) había sido capaz de organizar un ejército de 6000 veteranos y milicianos de las tres armas.[96]

En 1829, los mendocinos aportaron con el regimiento Auxiliares de los Andes para la campaña.[47]​ De hecho, Pedernera afirmaba que Quiroga «Solicitó el concurso de la respetable división con que el fraile Aldao dominaba á Mendoza. (...) Aldao se movió de Mendoza con su división, en la que se contaba el afamado Regimiento de Auxiliares de los Andes».[69]​ En enero de 1829, la montonera de los hermanos Pincheira y sus aliados pehuenches atacaron las tierras del sur de la provincia,[97]​ esto llevó al coronel Aldao a organizar y disciplinar dicho regimiento para defender la frontera meridional,[98]​ sin embargo, terminó usándose para combatir a Paz.[99]​ Hudson escribió que dicha unidad estaba compuesta de 4 escuadrones de caballería.[100]​ Considerando que en promedio, un escuadrón de la época se compondría de dos a tres compañías de 100 hombres cada una, significaría que el aporte habría sido de 800 a 1200 jinetes en teoría.[79]​ Sin embargo, Hudson indicaba que la división mendocina enviada a sofocar en motín de San Juan volvió a su provincia después de La Tablada, sirviendo de núcleo para la reconstrucción del ejército provincial. Es decir, que no todo el ejército movilizado por los mendocinos luchó en La Tablada.[56]

Calle afirmaba que cuando Aldao marchó a Retamo para unirse al grueso del ejército federal, contaba con una división de 600 hombres de las tres armas[101]​ (aumentados en ediciones posteriores a 660),[49]​ pero también indica que tenía «el objeto de reforzar la que había marchado a San Luis en caso necesario», es decir, aparentemente los mendocinos ya habían enviado tropas antes.[101]​ También menciona que después de la batalla, a pesar de todas las bajas, Aldao seguía mandando los 500 mejores efectivos que disponía la provincia.[102]​ Mientras, el nuevo gobernador, coronel Juan Agustín Moyano, tenía 1000 para enfrentarlo.[103]​ Hudson afirmaba que un par de meses después de la batalla, Moyano reunió hasta 1300 hombres para enfrentar a Aldao,[104][105][106]​ quien llegó a contar con 600 a 700 jinetes.[107]​ Por último, el historiador Félix Best creía que en la batalla de Rodeo de Chacón mendocinos y sanjuaninos fueron capaces de concentrar un ejército de más de 1000, pero definitivamente menos de 2000 hombres.[108]​ Esto ocurrió un año y medio después de La Tablada, con muchas bajas sufridas en ese tiempo, por lo que se puede suponer que la provincia pudo movilizar un gran contingente para ayudar en la expedición contra Paz.

Respecto del armamento, Lacordaire afirmaba que una parte del ejército estaba bien pertrechado con verdaderas armas, pero la otra sólo tenía una pistola, un sable o un cuchillo amarrado a la punta de un palo para hacer de lanza.[109]​ Sin embargo, los gauchos estaban acostumbrados a pelear con armas blancas, por lo que eran muy hábiles con ellas.[110]

Jefes unitarios

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  • El general José María Paz (1791-1854, nacido en Córdoba) era un militar de carrera. A los 20 años se incorporó al Ejército del Norte, donde participó en las operaciones contra los realistas. Cuando esta fuerza militar se sublevó contra el gobierno nacional (motín de Arequito), Paz permaneció dos años inactivo. Luego siguió en el ámbito castrense, instruyendo reclutas nuevos; antes de participar en la guerra del Brasil. Fue uno de los jefes militares disgustado con el tratado de paz firmado por Dorrego, por lo cual se plegó a la revolución de los unitarios en Buenos Aires; sin embargo, decidió iniciar su campaña militar en su Córdoba natal.
  • Juan Esteban Pedernera (1796-1886, nacido en San Luis) perteneció al célebre regimiento de Granaderos a Caballo creado por José de San Martín, cuerpo en el que hizo las campañas de Chile y Perú. Fue hecho prisionero por los realistas pero logró evadirse y en 1826 regresó a Argentina, a tiempo de participar en la Guerra contra Brasil. Se involucró en la revolución unitaria de 1828 bajo el mando de Lavalle y alcanzó el grado de coronel de caballería, antes de unirse al ejército de Paz.
  • Román Antonio Deheza (1791-1870, nacido en Córdoba) luchó en el Ejército del Norte, en el batallón de Auxiliares Argentinos, en el Ejército de los Andes y en el Ejército Unido Libertador del Perú: combatió en casi todos los campos de batalla desde Cotagaita hasta Ayacucho, alcanzando el grado de coronel. Luchó en la guerra contra Brasil, donde actuó como jefe de tropas y también como oficial de Estado Mayor. Plegado a la revolución de diciembre de 1828 bajo el mando de Lavalle, se unió al general Paz para su campaña en Córdoba.
  • Javier López (1794-1836, nacido en Tucumán) era comerciante y fue nombrado coronel de caballería, una práctica muy común en las provincias argentinas durante la época. Participó en las luchas por el poder y en 1822 logró afianzarse como gobernador de Tucumán, hasta que fue derrocado por su comprovinciano Lamadrid en 1826. Refugiado en Buenos Aires, partió a la guerra contra Brasil, y al finalizar esta regresó a Tucumán, donde tomó de nuevo el poder. Se plegó a la revolución unitaria de 1828 en Buenos Aires e invadió la provincia de Catamarca antes de unirse al ejército del general Paz. Allí luchó junto a su antiguo enemigo Lamadrid.
  • Gregorio Aráoz de Lamadrid (1795-1857, nacido en Tucumán) fue soldado en el Ejército del Norte, donde se destacó por su valor y su arrojo que muchas veces traía más complicaciones que resultados prácticos. Desde 1819 se dedicó a luchar en las guerras civiles, y en 1825 derrocó por su cuenta al gobernador tucumano Javier López. Se enfrentó con temeridad y poca cautela al riojano Quiroga, en el marco de las luchas civiles en el noroeste argentino, y en 1828 se unió en Buenos Aires a la revolución unitaria. Poco después se unió a las fuerzas con que el general Paz marchaba hacia Córdoba.
  • Juan Pascual Pringles (1795-1831, nacido en San Luis) se enroló muy joven en las milicias de caballería de su terruño, y en 1819 se unió al Ejército de los Andes, en el Regimiento de Granaderos a Caballo. Hizo la campaña del Perú y se destacó en la acción del Chancay, donde fue derrotado y apresado. Fue liberado cuando El Callao cayó en manos del ejército de San Martín. Fue parte de las fuerzas argentinas y chilenas que pasaron al mando de Simón Bolívar y lucharon en Ayacucho. Participó en la guerra contra Brasil como oficial de caballería, y se unió a la revolución unitaria en Buenos Aires. Combatió a órdenes de Lavalle y luego se unió al ejército del general Paz que marchaba hacia Córdoba.

Ejército unitario

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Nuevamente, las cifras más aceptadas provienen de las Memorias de Paz, quien afirmaba que su ejército se componía de 2350 efectivos en total.[61]​ Se distribuían en una 1.ª división de 900 hombres del escuadrón Voluntarios de Nueva Creación, piquetes de milicias cordobesas y un regimiento de lanceros republicanos al mando del coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid; una 2.ª división constituida por los batallones de línea N.º 2 de Cazadores y N.º 5 de Infantería y dos baterías de artillería ligera a cargo del coronel José Videla Castillo, unas 800 plazas; una 3.ª división compuesta por 400 jinetes milicianos del Tucumán a las órdenes del coronel Javier López; y por último, la 4.ª división que actuaba como reserva bajo el comando del coronel Juan Esteban Pedernera y sumaba 250 coraceros del regimiento N.º 2 de Caballería de Línea;[111]​ posteriormente reduce a 300 el número de tucumanos, pues parte de ellos estaba enfermo o en comisión.[112]​ En él se inspiró Camogli para teorizar que el ejército unitario pudo sumar 2500 hombres, destacando 720 infantes con 12 cañones.[64]​ Best analizó las cifras y concluyó que debían ser 1650 jinetes, 720 infantes (una parte montados) y 80 artilleros con 12 piezas de artillería.[113]

Por su parte, Aráoz de Lamadrid no da un total, pero si aporta con algunas cifras y sobre todo con sus posiciones durante la batalla. El ala derecha se componía de 90 jinetes del escuadrón Voluntarios y 600 milicianos cordobeses, en el centro estaba toda la infantería y artillería, pero sin dar números, y el ala izquierda sumaba 500 tucumanos. Finalmente, como reserva estaban los coraceros, aunque nuevamente no da ninguna cifra.[114]​ Debe tenerse en cuenta que, previo a la batalla, las deserciones fueron frecuentes entre las milicias cordobesas. Una sola unidad vio en una noche desertar a 120 de sus hombres, quedando solo 30 que se incorporaron a la tropa de Paz al día siguiente.[115]​ En tanto, Lacordaire afirmaba que gracias a los refuerzos tucumanos, el ejército de Paz superaba ligeramente los 3000 hombres.[5]​ En su libro sobre Quiroga, Sarmiento menciona que el ejército Paz, de 800 veteranos, era superado tres a uno por los federales.[73]​ En otro escrito repite el número 800,[116]​ mientras que en una carta[nota 11]​ afirmaba que el jefe unitario contaba con unos 1200 efectivos en esta batalla.[3][4]​ Calle decía que eran 2500, dos tercios de los cuales eran milicianos de Córdoba y el resto una pequeña división de tucumanos.[118]

Respecto de la guarnición de Díaz Colodrero, que Best estima en 230 hombres, principalmente milicianos,[113]​ mientras que Calle y Lacordaire los rebajan a apenas 100 milicianos cívicos.[118][119]​ Paz habla de 200 efectivos con 8 piezas de artillería.[120]​ Sarmiento los estimaba en 100 jóvenes trabajadores de comercios, 30 artesanos sirviendo como artilleros de las 4 piezas disponibles, 18 soldados retirados y 6 coraceros enfermos.[73]

Como señala Diego Abad de Santillán, la actividad militar de Paz, previa a la batalla, fue enérgica. Creó nuevos cuerpos militares, uno de infantería llamado guardia republicana, otro de caballería llamado lanceros republicanos, un batallón cívico y un regimiento de caballería con los habitantes de los suburbios de Córdoba. Así aumentó el tamaño de su ejército y aseguró el control de la ciudad y la campaña (campo). Además, teóricamente los departamentos del interior de la provincia podían proporcionarle hasta 8000 milicianos y habían tropas de líneas destacadas en la frontera sur con las tribus salvajes (no sometidas), en Río Cuarto, El Tío, La Carlota, Villa del Rosario (Ranchos) y demás.[80]​ La capacidad de la provincia para movilizar 8000 milicianos[121]​ ha sido mencionada por otras fuentes de fechas cercanas,[nota 12]​ aunque para apoyar a la Coalición del Norte en 1840[nota 13]​ sólo pudo movilizar 4000[124]​ y apenas 3000 combatieron[125]​ (en parte porque Rosas se llevó gran parte del armamento en sus almacenes).[124]

Combate

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Terreno

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El 22 de junio, Bargas informó a Quiroga que Paz estaba al sur del río Primero (o Suquía). En tanto, el general unitario estaba decidiendo si atacar directamente la ciudad o ir a enfrentarse a la caballería federal, optando por la segunda opción. Si optaba por la primera era posible que quedara atrapado con la infantería de Bargas al frente y un ataque de la caballería de Quiroga en su retaguardia.[126]​ Finalmente, Paz decidió cruzar el río y rodear la ciudad para llegar a un campo apodado Tablada, haciendo demostraciones de ataque para provocar a los federales,[127]​ quienes estaban en el campo al otro lado del potrero.[128]

Según las Observaciones de Aráoz de Lamadrid, el ejército unitario se encontraba en los barrancos del Pucará (actual Bajada Pucará, en el parque Sarmiento), a pocos kilómetros del centro de la ciudad cuando inició el retroceso para reconsiderar los próximos movimientos.[129]

La Tablada era un llano al noroeste de los límites de Córdoba en aquella época, a una legua de la orilla norte del río y de una cuadra de extensión. Formaba un cuadrado[130]​ parte de un potrero propiedad de Pedro Juan González,[128]​ conectado con la ciudad por un camino bordeado por cercas; se ubicaba en una meseta cuyos bordes son cuestas con un pronunciado declive. Al sur tiene los bajíos del río que son difícilmente transitables, al este una cerca de madera que se extendía por más de una legua y al norte y oeste bosques de árboles bajos y ralos.[130]

Orden de batalla

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A continuación, se muestra una reconstrucción de lo que pudo ser el orden de batalla del ejército de Quiroga. No hay documentación que detalle la organización de las unidades federales, se ha consultado las Memorias de Aráoz de Lamadrid[131]​ y Paz[132]​ y se ha comparado con los análisis de Ruiz Moreno.[133]​ Respecto del orden de batalla unitario reconstruido en base a los escritos de Paz, Aráoz de Lamadrid y Pedernera.[134][114][135]

Orden de batalla
2.° Cuerpo del Ejército de los Libres 2.ª división del Ejército Nacional[136]
Comandante en Jefe: General brigadier Juan Facundo Quiroga
Unidades
Comandante en Jefe: General brigadier José María Paz
Unidades

Primer día

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El ejército unitario probablemente marchaba en el siguiente orden: la vanguardia a cargo de Aráoz de Lamadrid, le siguen los batallones de la división de Videla Castillo,[138]​ luego los tucumanos de Javier López y finalmente la reserva a las órdenes de Pedernera.[111]​ A las 13:00 horas, llegó al potrero y Paz mandó abrir tres grandes brechas en la cerca para que entraran las divisiones de Aráoz de Lamadrid, Videla Castillo y López a la vez y luego la de Pedernera. El general unitario menciona en sus Memorias que el jefe de su vanguardia no quería abrir la brecha, pues temía que el ejército quedara encerrado en el lugar, pero Paz hizo valer su autoridad y lo obligó a obedecer.[128]​ Según el jefe unitario no había otra opción que abrir esas brechas, pues intentar entrar por otro sector exigía un rodeo que consumiría tiempo del día y agotaría a los soldados, además de tener que seguir caminos estrechos vigilados por los federales.[130]​ Al entrar en el potrero, los unitarios se encontraron con un segundo cerco, al cual también hicieron tres brechas bajo el fuego de la infantería enemiga en formación abierta (guerrillas).[128]

Los tiradores federales estaban en una pequeña loma al oeste del campo. Como dicha elevación ocultaba su línea de batalla, los jinetes de Quiroga no fueron vistos y rápidamente cargaron contra las alas de Paz, dándole apenas tiempo al general unitario para formar a sus divisiones después de cruzar el cerco. La derecha unitaria de Aráoz de Lamadrid para evitar ser flanqueada por sus enemigos se adelantó y cargó contra ellos, dándose un feroz choque donde acabó por imponerse la superioridad numérica de los federales. Entonces la derecha unitaria fue arrollada y casi rodeada, debiendo retirarse en desorden a la cerca en su retaguardia y al centro unitario, donde estaba la infantería.[112]​ En tanto, el ala izquierda unitaria, donde operaban los tucumanos de López, rechazó todas las cargas enemigas. El centro unitario, que fue atacado al mismo tiempo que el ala derecha, consiguió escarmentar a sus atacantes.[139]​ En esos críticos momentos, algunas piezas de artillería unitaria fueron capturadas, pues sus operarios no tenían sables para defenderlas porque Paz había ordenado cederlos a los hombres de López.[140]

La mayoría de los milicianos de Aráoz de Lamadrid huyeron por una de las brechas en la cerca y se dispersaron en la campiña cercana anunciando la derrota de Paz.[141]​ Sin embargo, el comandante unitario le ordenó a la reserva de Pedernera dirigirse a su ala derecha marchando cerca de su centro para evitar chocar con los hombres de Aráoz de Lamadrid, que huían mezclados con los federales que les perseguían. También ordenó a sus infantes hacer fuego sobre sus compañeros fugitivos, pero la orden jamás se cumplió. En esos momentos críticos, Paz y sus ayudantes debieron refugiarse con la infantería para evitar quedar en medio del caos. Pedernera mandó que un escuadrón del regimiento N.° 2 de caballería cargara a las órdenes del coronel Juan Pascual Pringles, seguido luego por el resto de la reserva. Les acompañaban algunos de los milicianos de Aráoz de Lamadrid, quienes habían optado por refugiarse en el centro y se pudo reorganizarlos.[142]

Dicha acción fue permitió recomponer la línea unitaria y después de varias cargas, los federales debieron retirarse con sus reservas para reorganizarse. En dicho sector se encontraba el propio Quiroga a la cabeza de más de 1000 jinetes, quien era el alma de su hueste, pero se encontraba distraído reorganizando a sus hombres. Paz dejó al resto de su ejército al coronel Román Antonio Deheza y decidió concentrarse en lanzar un ataque decisivo contra el caudillo riojano.[142]​ Organizó 4 a 6 escuadrones, menos de 300 jinetes, para que cada unidad formara una sola línea y cargó contra un enemigo cuatro veces más numeroso y al que en cada momento se le unían más partidas.[143]​ El gobernador cordobés atacaba por un flanco y luego por el otro, haciendo retroceder a cada escuadrón que cargaba para que se refugiara atrás de su línea y se reorganizara. Así obligó a los federales a retirarse lentamente hacia un punto donde supuso que se encontraba Quiroga, justo donde sus cargas encontraron la mayor resistencia.[144]

Finalmente, después de dos horas de cargas continuas[144]​ con su ala derecha,[139]​ Paz se dio cuenta de que junto al bosquecillo cercano a la llanura se habían reunido unos 1500 federales,[144]​ así que ordenó a sus lugartenientes traerle cualquier unidad de refuerzo disponible.[145]​ Al atardecer le llegaron 200 infantes y 2 cañones del batallón N.º 5 de Infantería, justo cuando los federales se preparaban para contraatacar. Rápidamente, Paz mandó al batallón ubicarse entre dos unidades de caballería, formándose en columna para atacar, y desplegó una guerrilla unos pasos adelante del N.º 5 de Infantería con la orden de replegarse detrás de sus compañeros si los jinetes federales les atacaban. El jefe de la guerrilla, un capitán de apellido Ares, se mostró inseguro de atacar y sólo cuando el general le explicó lo imperioso de la situación se sintió animado. El gobernador cordobés también le ordenó a la artillería hacer disparos con una pequeña elevación en dirección al bosque, lo que confundió al oficial a cargo, pero pronto entendió que se buscaba romper las ramas de los árboles para generar ruido.[146]

Luego vino un ataque final en que los unitarios empujaron a sus confundidos enemigos al bosque.[147]​ Los intentos de Quiroga de reorganizar a sus hombres resultaron inútiles y sólo puedo reunir un quinto o un sexto de su fuerza a cierta distancia del combate, procediendo a dar un largo rodeo para volver a Córdoba a reunirse con su infantería. En el ala izquierda, los tucumanos contraatacaron y expulsaron a los federales que tenían enfrente del campo de batalla.[139]​ Por último, cuando los federales fueron obligados a retroceder, los unitarios consiguieron recuperar las piezas de artillería perdida.[132]

Intermedio

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La llanura quedó cubierta de cadáveres y con el pasto removido por las pisadas de miles de caballos durante horas. El coronel federal José Félix Aldao resultó herido de un disparo en el pecho y se retiró con algunos cientos de seguidores a San Luis para curarse.[132]​ Mientras, Paz regresó con su ala derecha a reunirse con el resto del ejército en medio de la música del batallón N.° 5 de Infantería, los clarines de su caballería y los corillos, aclamaciones y felicitaciones que sus soldados proferían para sus camaradas y su comandante. En sus Memorias, Paz afirmaba que se dedicó a meditar en silencio mientras que sus subordinados conversaban sobre sus acciones.[148]​ También mencionaba que su segundo al mando, el coronel Deheza, no cumplió sus órdenes de reforzarlo a la brevedad, y el oficial se excusó afirmando que no pudo porque las fuerzas bajo su mando directo también estaban en una situación crítica y creyó que el general podía aguantar.[149]​ El gobernador cordobés decidió no hacer más preguntas para no generar una disputa dentro de su Estado Mayor, pero empezó a considerar que su segundo no era de fiar.[150]

El ejército unitario seguía en la llanura con sus fuerzas disminuidas, principalmente por la dispersión de los milicianos cordobeses y parte de los tucumanos. Su comandante en jefe estaba preocupado porque, aunque la caballería federal había sido vencida y dispersada, su infantería seguía intacta y con artillería en su poder.[151]

Según el testimonio de Aráoz de Lamadrid, las fuerzas de Bargas no realizaron ninguna acción por estar dentro de la ciudad,[152]​ por lo que tampoco eran el principal objetivo de Paz.[129]​ Después del primer combate, el caudillo riojano aprovechó la penumbra para dirigirse a Córdoba y sacar a su infantería y artillería para usarlos en su contraataque.[153]​ Esa noche fue difícil por el frío y porque los soldados llevaban tres días sin comer, sufriendo de fatiga mientras se agrupaban alrededor de hogueras. A las 23:00 horas, Paz le ordenó a sus hombres entrar al potrero y descansar durante un par de horas, pero como la ciudad estaba a una legua del campo de batalla, resolvió avanzar sobre la urbe antes del amanecer.[154]

Segundo día

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El ejército unitario marchaba hacia Córdoba formando en una columna por la estrechez del terreno.[154]​ Avanzaban por un camino en pendiente que iba desde La Tablada por la ribera del río.[155]​ Era un camino bordeado de cercos que formaba un callejón que no permitía otros movimientos que avanzar o retroceder. El comandante en jefe estaba con la vanguardia formada por el regimiento N.° 2 de Caballería, le seguía la infantería y la artillería y en retaguardia estaban los tucumanos y los milicianos cordobeses que quedaban.[156]

Al amanecer, la silenciosa marcha de los unitarios fue interrumpida por un tiro de cañón que llegó a la retaguardia de la columna. Inicialmente, Paz creyó que una de sus piezas había disparado por algún motivo, pero al escuchar un segundo tiro se dio cuenta de que los estaban atacando.[156]​ La artillería unitaria, en una posición más baja que sus enemigos, no pudo responder el fuego y su comandante ordenó clavar algunas piezas al temer que fueran capturadas.[157]

Debía reaccionar rápido, pues su retaguardia estaba siendo atacada y si era envuelta y rompía filas, podía acabar huyendo sobre el resto de la columna y arrastrarla al caos. Para evitar esto, Paz le ordenó al regimiento de Pedernera seguir su marcha hasta salir del estrecho callejón, mientras que los dos batallones de infantería debían romper la cerca a su izquierda para formar en el campo y dejar libre el camino. Además, de esta manera su infantería podría atacar por el flanco a los federales si entraban en el callejón persiguiendo a la retaguardia unitaria.[156]​ Los federales detuvieron su ataque en las alturas y se contentaron con dispersar a los milicianos de retaguardia,[158]​ pero su movimiento causó pánico entre los unitarios y el comandante de su artillería mando clavar algunas de sus piezas.[157]

Después de que su infantería saliera del estrecho camino y comprobara que el enemigo no aprovecharía la ventaja,[157]​ Paz mandó al coronel Deheza y su batallón N.° 5 de Cazadores evitar el camino y trepar las alturas para atacar desde la izquierda al enemigo.[159]​ El fuego sostenido por ambas partes fue vigoroso, señal de que el enfrentamiento fue muy reñido, pero entonces el coronel Videla Castillo y su batallón N.° 2 de Cazadores, que marchaban detrás de Deheza, entraron en combate. El gobernador de Córdoba no confiaba en batallones formados mayoritariamente por negros y le gritó a esa unidad: «¿Soldados, puedo hoy contar vosotros?». Entonces un soldado avanzó un paso y con la mano derecha en el pecho, hizo una señal afirmativa con la cabeza y la parte superior del cuerpo. Al intervenir dicho batallón, las fuerzas federales empezaron a flaquear e[160]​ intentaron defenderse como podían, pero no podían moverse por el terreno lleno de quebradas.[161]​ Cuando sus armas se inutilizaron, muchos tomaron piedras para luchar.[62]

Consecuencias

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Bajas

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En sus Memorias Paz escribió que en el campo quedaron más de 1000 federales muertos y 500 prisioneros, incluyendo varios jefes y oficiales. El combate también significó la captura de toda su artillería y la toma o muerte de todos sus infantes.[62]​ Según la Guía jeneral de la republica de Chile esta batalla de cuatro horas había dejado 2000 muertos y heridos.[162]​ En uno de sus escritos, Sarmiento afirmaba que murieron 1500 federales,[163]​ sin embargo, en otra obra duplicó la cifra.[116]​ Aráoz de Lamadrid mencionó que Quiroga «perdió un crecidísimo número de hombres y prisioneros».[164]​ El regimiento Auxiliares de los Andes se redujo de 400 a 60[163]​ ó 65 sobrevivientes.[116]​ Los llamados colorados, las milicias de caballería de Quiroga, pasaron de 600 a 200. Los demás cuerpos se deshicieron en una masa desorganizada que se dispersó por la campiña.[163]​ Aldao fue herido por una bala y debió de huir a San Luis para recuperarse.[165]

Postrimerías

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Quiroga huyó con un grupo de jinetes seguido de cerca por sus enemigos, mientras que Paz se encontró a Aráoz de Lamadrid a dos leguas del campo de batalla y le mandó cazar al brigadier federal, pues suponía que seguiría una ruta por la sierra para volver a La Rioja. El coronel unitario reunió partidas sueltas hasta sumar 100 infantes y otros tantos granaderos a caballo tucumanos y salió a perseguirlo. Aunque debía marchar toda esa jornada y la mañana siguiente,[62]​ el gobernador cordobés se sorprendió al verlo regresar ese mismo día, excusándose en la falta de caballos.[166]

El 26 de junio, desde el campamento de Santa Cruz, cerca de Olta, punto de reunión designado en caso de derrota, Fabián Arias escribió que los federales venían llegando en pequeños grupos desde la noche anterior. A las 14:00 horas arribó el comandante Tomás Brizuela con otros tres comandantes, dos capitanes y muchos más oficiales y soldados, momento en que empezó a reunir a más supervivientes.[nota 14]​ El 6 de agosto, excusándose en la escasez de pastos, Brizuela trasladó su campamento a Talba.[nota 15]​ En septiembre Brizuela sumó a la hueste a los puntanos y marchó a unirse a Quiroga.[168]​ Según reportes ingleses, el caudillo riojano logró retirarse a Mendoza y San Juan con 2000 jinetes y empezó a prepararse para contraatacar.[169]

A raíz de la derrota, el 10 de agosto estalló en Los Barriales una revolución encabezada por el coronel Juan Cornelio Moyano, forzando a Corvalán a delegar el gobierno en él ese mismo día. El 16 de agosto, la Legislatura provincial eligió como gobernador provisorio al coronel Rudecindo Alvarado, quien el 4 de septiembre delegó el mando en Juan de Dios Correa para marchar a enfrentarse a la invasión conjunta de Villafañe y Quiroga.[170]​ El combate decisivo se dio en Pilar pocos días después.[171]​ El triunfo de los riojanos significó que Mendoza quedó bajo el control de Quiroga.[106]​ En San Luis, el gobernador Prudencio Vidal Guiñazú delegó su mando en Gregorio José González. Sin embargo, el 21 de ese mes estalló una revolución encabezada por Justino Vélez, quien asumió el mando interino. El 4 de septiembre, después de unas negociaciones, Guiñazú y Vélez cedieron sus mandos en una delegación encabezada por el coronel Juan Gualberto Echeverría. Durante ese mes, el coronel José Videla Castillo ocupó la capital provincial con tropas cordobeses, pero en noviembre fue derrocado por el coronel Juan Pascual Pringles.[172]

Ejecuciones

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Cuatro oficiales unitarios capturados en Córdoba se salvaron de ser fusilados. Justo antes de la segunda jornada de batalla los entregó a una partida con orden de ejecutarlos, pero los hombres no cumplieron la instrucción.[173]

Pocas horas después de la batalla, Deheza apareció para informarle al general brigadier[174]​ que había fusilado a dos oficiales federales capturados, quienes se habían sido sargentos del batallón N.° 1 de Cazadores de los Andes, quienes se habían amotinado en 1820.[173]​ La conducta violenta de algunos federales con los prisioneros unitarios sirvió de excusa de estos actos.[175]​ Paz mandó al teniente coronel Francisco Borja Moyano a recolectar a los federales capturados por el campo de batalla y asegurarse de llevarlos al depósito de reos. Poco después, el gobernador cordobés le pidió al gobernador López que le diera algunos refuerzos a Aráoz de Lamadrid.[176]​ Fue entonces que se escucharon tiros en las cercanías y apareció Borja Moyano, quien informó que los prisioneros ya habían sido fusilados cuando él llegó al lugar donde los retenían.[177]

Paz también había enviado a su ayudante, el capitán Rafael Correa, con unos 50 coraceros a las cercanías de Córdoba. Tenía órdenes de no entrar, sólo informarse de qué sucedía ahí, pero Correa entró y se encontró entre las calles con partidas federales que lo cuadruplicaban en número, las que atacaron a los unitarios y los dispersaron, dando muerte al capitán. Los supervivientes informaron al comandante en jefe unitario, quien decidió no entrar en la urbe de inmediato.[174]​ Los federales estaban en una fuerte posición defensiva donde concentraban a su artillería e infantería.[178]

Caballos

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Durante su huida, Quiroga debió dejar atrás a su montura favorita, un caballo moro, apodado dado por su color gris.[179]​ Tiempo después de la batalla fue apresado un comandante de milicias federal apellidado Güemes Campero, quien declaró a Paz que el animal servía como consejero del caudillo riojano.[180]​ Según ese comandante, el caballo no se dejó montar cuando Quiroga quiso presentar batalla en La Tablada, lo que provocó la burla de Paz y sus oficiales, considerándolo una superstición.[181]​ Más de un año después, tras la batalla de La Ciudadela, se mencionó que el animal estaba en poder de Estanislao López, quien lo había tomado de Aráoz de Lamadrid, provocando una disputa entre los caudillos de La Rioja y Santa Fe.[nota 16]

Como Quiroga amenaza con abandonar el ejército mientras aún estaban en campaña,[nota 17]​ Rosas intercedió[nota 18]​ para calmar la situación intentando explicar a López que jamás se quiso agraviarlo.[186]​ El asunto molestó al santafesino,[nota 19]​ quien describió a la bestia como un animal de mala calidad llamado El Piojo que llegó a su poder después de ocupar Córdoba.[188][189]​ El incidente llegó incluso a ser mencionado por Sarmiento[190]​ y el León Benarós escribió un poema.[191]

Análisis

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Sarmiento consideraba a Paz uno de los mejores «talentos militares» producidos por la Argentina, al nivel de San Martín.[192]​ En una carta escribió: «Ojalá le cupiera a VD. el honor de ser como San Martín, jefe de tres mil hombres de acero, en Chacabuco, ó como Paz con mil doscientos en la Tablada».[3]

El historiador José María Rosa consideraba a los combates de 1828 y 1829 como un reinicio del enfrentamiento entre las milicias rurales federales y el ejército de línea unitario, lo que se habían enfrentado anteriormente en Cepeda, momento en que prevalecieron las primeras.[193]

El propio Paz reconoció que le asombraba como a un militar tan osado como Quiroga, en ese momento decisivo (cuando cargó sorpresivamente contra su retaguardia en el segundo día) se mostró demasiado cauto y dio tiempo a los unitarios para reorganizarse. También reconoció que había subestimado al caudillo riojano, asumiendo que como la mayoría de su hueste había sido derrotada el día anterior no sería capaz de reorganizarla.[157]​ Según Torres Molina, esto es indicativo que los milicianos federales comprendían y apoyaban las ideas por las que luchaban sus comandantes.[167]​ De todas formas, el valor de los federales impactó tanto a los mandos unitarios que el gobernador cordobés comentó que uno de los jefes de su ejército, veterano de la independencia, afirmó: «Me he batido con tropas más aguerridas, más disciplinadas, más instruidas, pero más valientes jamás».[62]

Notas

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  1. El 20 de febrero de 1827, en el campo de Ituzaingó fue nombrado general,[6]​ específicamente brigadier.[7]
  2. Aquel rango que deseaba desde hace tiempo le fue otorgado recién el 17 de mayo de 1827.[8]
  3. Más exactamente, donde hoy se encuentra el Parque Autóctono Municipal de la Ciudad de Córdoba. Hasta inicios de siglo XX la zona del campo de batalla era llamada La Tablada dado que se encontraba cercada -con "tablas"- para reunir y comercializar el ganado.
  4. Carta de Juan Facundo Quiroga a Juan Galo Lavalle, La Rioja, 29 de diciembre de 1828.[23]
  5. Carta de Juan Esteban Pedernera a Ángel Justiniano Carranza, Buenos Aires, 13 de diciembre de 1869.[68]
  6. El artículo traducido como "La batalla de la Tablada" fue publicado originalmente en francés en 1832 como "Bataille de la Tablada, épisode des guerres civiles de Buenos-Ayres" en la revista Revue des Deux Mondes, tomo tercero, número 7, página. 273.[71]
  7. Circular de Juan Facundo Quiroga a los comandantes militares y jueces civiles de la jurisdicción de Córdoba, La Rioja, 14 de abril de 1829.[74]
  8. Carta de Juan Facundo Quiroga a Estanislao López, Barranquita,[76]​ 5 de junio de 1829.[66]​ El gobernador santafesino recibió el oficio el día 19.[76]
  9. Carta de Estanislao López a Pedro de Larrechea, Córdoba, 20 de septiembre de 1831.[81]
  10. Oficio de la Junta Subordinada a la Junta Provincial, La Rioja, 31 de agosto de 1811. La Junta Subordinada de La Rioja estaba integrada por un presidente (comandante de armas y coronel Domingo Ortiz de Ocampo) y dos vocales (Francisco Javier Brizuela y Doria y Domingo Villafañe), mientras que por la Junta Provisional se refiere al gobierno de la intendencia de Córdoba del Tucumán con sede en Córdoba.[88]​ Este informe fue escrito porque se deseaba saber cuántos hombres se podían movilizar después se saberse del bombardeo a Buenos Aires.[89]
  11. Carta de Domingo Faustino Sarmiento al Exmo. Sr. General en Jefe del Ejército de Entre Ríos, brigadier Emilio Mitre, Buenos Aires, 6 de mayo de 1870.[117]
  12. Carta del teniente coronel Martín Zaldarriaga a su esposa, Manuela Olmedo y Videla, Buenos Aires, 31 de diciembre de 1853.[122]
  13. Juan Bautista Alberdi. De la nueva situación a los argentinos, Montevideo, 10 de enero de 1841.[123]
  14. Carta de Fabián Arias a Juan Facundo Quiroga, Santa Cruz, 26 de junio de 1829.[167]
  15. Carta de Tomás Brizuela a Juan Facundo Quiroga, Talba, 6 de agosto de 1829.[168]
  16. Carta de José Ruiz Huidobro a Lucio Norberto Mansilla, Tucumán, 7 de noviembre de 1831.[182]
  17. Carta de Juan Facundo Quiroga a Tomás Manuel de Anchorena, Tucumán, 12 de enero de 1832.[183][184]
  18. Carta de Juan Manuel de Rosas a Estanislao López, Buenos Aires, 14 de diciembre de 1831.[185]
  19. Carta de Estanislao López a Juan Manuel de Rosas, Santa Fe, 14 de enero de 1832.[187]

Referencias

[editar]
  1. a b c Aráoz de Lamadrid, 1895, p. 423.
  2. a b Calle, 1830, p. 16.
  3. a b c Sarmiento, 1902, p. 357.
  4. a b Rodríguez, 1950, p. 297.
  5. a b García, 1929, p. 87.
  6. Mantilla, 1928, p. 51 (nota 5).
  7. Paz, 1855a, p. 360.
  8. Ortega Peña, 1999, p. 142.
  9. Best, 1960b, pp. 143-144.
  10. Best, 1960b, p. 156.
  11. Acevedo, 1933, p. 999.
  12. a b Acevedo, 1933, p. 1000.
  13. Domínguez, 1898, p. 95.
  14. Lacasa, 1858, p. 38.
  15. Domínguez, 1916, p. iv.
  16. a b c Best, 1960a, p. 368.
  17. Piñeiro, 1969, p. 263.
  18. Castellanos, 1974, p. 43.
  19. Castellanos, 1974, p. 75.
  20. a b c Best, 1960b, p. 157.
  21. a b Best, 1960a, p. 369.
  22. De León, 1890, p. 20.
  23. a b Torres Molina, 2020, p. 252.
  24. a b Carranza, 1889, p. 42.
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  26. Best, 1960a, p. 370.
  27. a b Lacasa, 1858, p. 49.
  28. Piñeiro, 1969, p. 232.
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Bibliografía

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Enlaces externos

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