Reloj de ajedrez

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Clásico reloj de ajedrez analógico.
Reloj digital de ajedrez DGT.

El reloj de ajedrez consiste en un reloj de doble esfera que contabiliza el tiempo invertido por cada jugador al pensar sus jugadas durante una partida de ajedrez. El típico reloj de ajedrez analógico es el mostrado en la imagen. Al pulsar el botón encima del reloj, éste se detiene y pone en marcha el otro (los relojes nunca funcionan simultáneamente), haciendo correr el tiempo de su oponente. En los relojes analógicos, cuando a un jugador le quedan cinco minutos o menos, comienza a levantarse una pequeña bandera roja. Cuando esta bandera cae, quiere decir que el tiempo del jugador ha terminado, y pierde la partida si no se llega a otro resultado o no ha completado las jugadas del control de tiempo.

Actualmente se utilizan a menudo relojes digitales, que son mucho más precisos, pero los relojes analógicos siguen usándose.

Existen muy diversos ritmos de juego. Desde las partidas rápidas con 5 minutos por jugador, hasta las partidas de ritmo clásico, con 2 horas por jugador y una hora más una vez realizada la jugada 40. La introducción de los relojes digitales ha permitido utilizar nuevos tipos de controles de tiempo. Por ejemplo, actualmente el ritmo "normal" de juego impuesto por la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) es de 90 minutos por jugador para toda la partida, más un incremento de 30 segundos por cada jugada realizada, lo que permite que a un jugador siempre le queden al menos 30 segundos para realizar su siguiente jugada. Este tipo de control de juego con incremento de tiempo fue concebido por el ex campeón mundial estadounidense Bobby Fischer, a quien se atribuye además la creación de un reloj digital para controlar el tiempo de esta manera,[1] usado por primera vez en su encuentro contra Boris Spassky en 1992; de ahí que originariamente se denominase "reloj de Fischer",

El motivo de la introducción del reloj en el ajedrez de competición es bien sencillo: controlar el tiempo total que puede durar una partida. Antes de su introducción las partidas podían alargarse durante horas y horas (e incluso días) ya que cada jugador podía pensar todo el tiempo que considerase conveniente.

Referencias[editar]

Véase también[editar]