Nicolaítas

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El término Nicolaísmo viene del griego νικολαιτων y significa «los partidarios del conquistador» o «los seguidores del vencedor» (νικο = el vencedor o el conquistador, λαως = pueblo, gente, seguidores) o simplemente «los seguidores de Nicolás». Han sido propuestas las más diversas hipótesis sobre este término que aparece sin traducir en las diversas versiones contemporáneas de la Biblia Apocalipsis 2:6,15.

Otra interpretación del término, sería «Conquistador del pueblo»; esto cuadra con lo indicado por William Branham, que postula en su libro Las 7 edades de la Iglesia que esta corriente nicolaíta, surgida en los primeros años de la Iglesia (edad de Éfeso), conquistó al pueblo a través de la degradación de las personas en su vida espiritual, lo que en las edades posteriores se intensificó gradualmente.

Para algunos es una designación genérica de la herejía, para otros una secta cuyas concepciones no conocemos. La Biblia de Jerusalén dice que se trató de una doctrina que anunciaba las especulaciones de los gnósticos del siglo II. Watchman Nee creía que designaba a quienes establecieron el domino de las jerarquías sobre la iglesia y refería a un grupo de personas que se consideraban a sí mismas superiores a los creyentes comunes. Otros en cambio piensan que los nicolaítas eran opuestos a toda norma o autoridad.

No se sabe a ciencia cierta cuáles eran sus prácticas religiosas. Ireneo dice que eran seguidores de Nicolás, uno de los siete diáconos, pero Clemente de Alejandría defiende a Nicolás diciendo que sus seguidores lo malinterpretaron.

Una explicación distinta es la que ve en el nombre Nikólaos (en griego = vencedor o dominador del pueblo) la traducción griega del hebreo Bala'am (dominador del pueblo), del nombre del profeta-adivino que provocó, según algunas interpretaciones judías, la desviación moral y religiosa de Israel, que comió de los idolotitos y pecó de fornicación (Nm 25,1-9; 3l,~.16; Jos 13,22). En este sentido, nicolaíta sería sinónimo de persona que pervierte las costumbres morales y religiosas. El ambiente eclesial de la comunidad de Juan combate esta herejía por sus características peculiares: tendencia a la gnosis, falta de valores morales, libre desahogo de las pasiones, desórdenes sexuales, etc. Las cartas de Ap 2 (Ap 2, 6.14-15.20-24) presentan la herejía como un cúmulo de horrores y definen las doctrinas nicolaítas como profundidades de Satanás (Ap 2,24). A pesar de esta fuerte polémica, la herejía sobrevivió hasta finales del siglo II, cuando fue absorbida por la primitiva herejía gnóstica, la ofita, nombre que alude al culto de la serpiente (en griego ophis}. En el comentario del Apocalipsis más antiguo que se conoce, escrito por Victorino de Pettau en el siglo II, éste habla de los nicolaítas como «hombres falsos y turbadores que ministrando bajo el nombre de Nicolás crearon para ellos una herejía diciendo que las viandas ofrecidas a los ídolos podían ser exorcizadas y luego comidas, y que cualquiera que cometiere fornicación podía recibir la paz al octavo día». Esta descripción posiblemente sea otra especulación. Para otros, lo más conveniente sería que se tomara a los nicolaítas en conjunto con las otras doctrinas falsas denunciadas en Apocalipsis.