Mita

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La mita fue un sistema de trabajo obligatorio utilizado en América específicamente en la Región Andina, tanto en la época incaica, como en la de la posterior colonización española de América.

Mita incaica[editar]

Era un sistema de trabajo a favor del Estado Imperial, fortalezas, centros administrativos, templos, acueductos, explotación de minas, etc. Existía una mita para servicios especiales como las labores de cargueros del Sapa Inca, músicos, chasquis y danzantes, los obligados a cumplir esta labor eran los adultos hombres casados, mas no las mujeres, cuya edad oscilaba entre los 18 y 50 años. Los incas elaboraron de manera creativa un sistema preexistente de no solo la mita, sino también el de intercambio de los objetos de veneración religiosa de los pueblos que conquistó y anexó al imperio. Este intercambio garantizaba el debido respeto entre los pueblos conquistados. En este caso, huacas y pacarinas se convirtieron en centros importantes de culto compartidos y puntos de la unificación de la diversidad étnica y lingüística en el imperio, con lo que se aseguraba la unidad de los pueblos a menudo geográfica y étnicamente dispares.

En la época colonial[editar]

Este sistema de trabajo obligatorio continuó por un tiempo ya dentro del periodo colonial, ayudando a desarrollar internamente una economía de mercado con productos y servicios para España. Cada grupo de indígenas aportaba a la corona un número determinado de trabajadores durante varios meses del año. Estos trabajadores eran movilizados de sus lugares de origen hacia las zonas en las que se les requería para diversas actividades.

La mita establecía cuotas laborales que debía cumplir la población nativa tributaria según asignación que hiciese el corregidor, tanto para el servicio del encomendero como del poseedor de mercedes de tierra o hacendado. Se sorteaba a la población indígena de un determinado lugar periódicamente para trabajar durante un plazo o tiempo determinado al servicio de la clase española mediante el pago de un salario controlado por las autoridades. Los propietarios de encomienda deducían de los jornales la cantidad que las personas comprometidas debían pagar por concepto de tributo y el resto se les daba a ellas. La duración de la mita minera se fijó en diez meses dentro de cada año y no se podía exceder de un tercio permanente de la población tributaria para ser destinada a estas labores.

A cambio de la fuerza de trabajo y de los consiguientes tributos que recibía el encomendero, este tenía la obligación de catequizar en la religión católica a las personas que le habían sido encomendadas. El servicio forzado ejercía una inmensa presión sobre la población, causando mucho daño y cientos de miles de víctimas mortales, sobre todo entre los trabajadores en las minas como la de Potosí. Esto obligó a la corona española a llevar esclavos negros al Virreinato.

Véase también[editar]