Luisa Ulrica de Prusia

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Luisa Ulrica de Prusia, reina de Suecia, retratada por Antoine Pesne, 1744.

Luisa Ulrica de Prusia (Berlín, Prusia, 24 de julio de 1720 - Svartsjö, Suecia, 16 de julio de 1782) fue reina de Suecia por su matrimonio con Adolfo Federico de Suecia. Era hija del rey Federico Guillermo I de Prusia y de Sofía Dorotea de Hannover.

La princesa Luisa Ulrica se comprometió en Berlín el 17 de julio de 1744 con el entonces heredero a la corona de Suecia, Adolfo Federico de Holstein-Gottorp. La celebración del matrimonio se llevó a cabo en Suecia, en el Palacio de Drottningholm, el 29 de agosto de 1744. Su marido había sido elegido como heredero gracias en parte a la influencia rusa en el parlamento.

Luisa Ulrica intervino muy pronto en las actividades políticas. Como su hermano Federico II de Prusia, era admiradora de la cultura francesa y buscó alianzas entre Adolfo Federico y el partido de los sombreros, proclives a la política francesa. El acercamiento con los sombreros motivó disgustos entre el cuerpo diplomático ruso, y ello a su vez fomentó que los sombreros, celosos de la independencia rusa, fortalecieran sus lazos con el heredero.

Desde sus años de princesa en Suecia, Luisa Ulrica llevó una activa vida social, llena de actividades artísticas y culturales. Residía en fastuosos palacios, de los cuales su favorito era el de Drottningholm. Sus lujos y su despilfarro resultaron muy caros para las finanzas públicas.

Cuando Adolfo Federico se convirtió en rey de Suecia, en 1751, los sombreros se negaron a aumentar la influencia de la monarquía en la política, lo que derivó en una abierta enemistad entre los reyes y el parlamento. En esa coyuntura, se rumoreó que Luisa Ulrica había empeñado sus joyas para financiar una revolución que trajera de vuelta la monarquía absolutista. El rumor propició un inventario de las joyas de la corona. Con todo, la reina llevó sus ambiciones al extremo y conspiró en los preparativos de una revolución. El complot fue descubierto en 1756, con la consecuente ejecución de varios partidarios de la reina. Luisa Ulrica recibió una amonestación por parte del clero, que la encontró responsable de las muertes. A partir de entonces el poder de los reyes descendió como nunca en la historia de la Suecia contemporánea.

La reina cobró importancia nuevamente tras el estallido de la Guerra de los Siete Años, en la que Suecia tomó parte en la coalición contra Prusia. El partido de los sombreros perdió prestigio con la guerra y buscó a la reina a fin de pactar la paz con Prusia, aludiendo al vínculo familiar que Luisa Ulrica mantenía con ese país.

Perdidas sus esperanzas de entablar alianzas sólidas con sus adversarios en el parlamento, Luisa Ulrica encontró un poderoso colaborador en su hijo el príncipe Gustavo (posteriormente Gustavo III), cuya actividad política lo llevó a escalar rápidamente en el partido de la corte, el instituto político representante de los intereses monárquicos en el parlamento. Las relaciones con su hijo se estropearon súbitamente, luego de que la reina se negara a aceptar el liderazgo de aquél por encima del propio.

En 1777, Luisa Ulrica fue obligada a abandonar Drottningholm con todo su acervo artístico, que pasó entonces a resguardo del Estado. En 1778, cuando nació el primogénito de Gustavo, Luisa Ulrica despertó al parecer el rumor de que el príncipe no era hijo del rey. El rumor violentó la relación con Gustavo, y fue obligada a hacer una aclaración pública en la que desmentía el rumor. A partir de entonces, a Luisa Ulrica se le prohibió presentarse en la corte, y tuvo que vivir en una especie de exilio, en la soledad de los castillos de Fredrikshov o de Svartsjö. En su lecho de muerte se reconcilió con su hijo. Falleció en el castillo de Svartsjö el 16 de julio de 1782.

Referencias[editar]


Predecesora:
Ulrica Leonor de Suecia
Reina Consorte de Suecia
1751-1771
Sucesora:
Sofía Magdalena de Dinamarca