Emigración blanca

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Tumba de Nadezhda Aleksandrovna Lokhvitskaia, escritora humorística, en el cementerio ruso de Sainte-Geneviève-des-Bois, una necrópolis de rusos blancos cerca de París.

La expresión emigración blanca, utilizada sobre todo en Francia, el Reino Unido y los EE. UU., se refiere a los emigrantes rusos que abandonaron su país entre 1917 y 1922 a raíz de la revolución de 1917 y de la subsiguiente guerra civil; a menudo estos emigrantes eran opositores del nuevo régimen ruso. Los emigrantes y la población de los países receptores solían utilizar una expresión menos connotada políticamente: primera oleada de emigrantes (Эмигрант первой волны). En la Unión Soviética, hasta el final de los años ochenta del siglo XX el término emigración blanca (Белоэмигрант) se utilizaba a veces en una forma despectiva; desde entonces es más habitual hablar de primera oleada de emigrantes.

Muchos emigrantes blancos formaban parte del Movimento Blanco o le daban apoyo, aunque a menudo se habla de emigración blanca para referirse a cualquier persona que dejó el país a causa del cambio de régimen; por ejemplo, los mencheviques o los socialistas revolucionarios se oponían a los bolcheviques pero no formaban parte del Movimiento Blanco, adicionalmente otros emigrantes eran apolíticos. En cualquier caso, el término se les aplicó a ellos y a sus descendientes, siempre que a aunque viviendo en el extranjero conservaran la identidad rusa cristiana y ortodoxa. Era más común el uso del término emigrantes blancos (белоэмигранты, белая эмиграция) en la Unión Soviética, dónde tenía una connotación muy negativa, que entre los mismos emigrantes que preferían referirse a sí mismos simplemente como emigrantes rusos (русская эмиграция), o bien militares rusos emigrados (русская военная эмиграция) si habían formado parte del Movimiento Blanco.

La mayoría se fueron de Rusia entre 1917 y 1920 (las estimaciones oscilan entre los novecientos mil y los dos millones de personas), aunque algunos consiguieron marcharse en los años veinte y treinta o se tuvieron que exiliar forzados por el gobierno ruso, como en el caso del filósofo Ivan Ilyin. Entre los emigrantes blancos había gente de todos los orígenes étnicos y clases sociales, desde cosacos, soldados u oficiales del ejército hasta empresarios y latifundistas que habían perdido sus poseciones, intelectuales, funcionarios del imperio Ruso y miembros de los gobiernos antibolcheviques que se habían constituido durante la guerra civil.

Distribución[editar]

En un primer momento, la mayoría de los emigrantes huyeron del sur de Rusia y Ucrania hacia Turquía y después pasaron a los países eslavos de la Europa del Este, como Yugoslavia, Bulgaria, Checoslovaquia y Polonia. Un gran número también huyó hacia Estonia, Letonia, Lituania, Finlandia, Alemania y Francia. Berlín y París que vieron crecer unas prósperas comunidades de exiliados.

Muchos civiles y oficiales del ejército que vivían o estaban destinados en Siberia y en el Lejano Oriente Ruso fueron hacia Shangai y otros puntos de China, Asia Central, el Turquestán Oriental y Japón.

Durante y después de la Segunda Guerra Mundial, muchos emigrantes rusos se trasladaron al Reino Unido, EE. UU., Canadá, Brasil, Argentina, México y Australia.

Inclinaciones ideológicas[editar]

En general, la emigración blanca era anticomunista y pensaba que la Unión Soviética y su legado no eran rusos. Consideraban que el periodo de 1917 en 1991 había sido un periodo de ocupación por parte del régimen soviético, internacionalista y anticristiano.

Un porcentaje significativo de emigrantes blancos se podrían describir como monárquicos, aunque muchos adoptaron una actitud «no predeterminada» (nepredreshentsi), y defendían que la estructura política de Rusia se tendría que decidir mediante un referéndum popular.

Muchos emigrantes blancos creían que su misión mientras vivieran en el extranjero era preservar la cultura rusa y la manera de vivir de antes de la revolución para reintroducirlas cuando cayera la URSS.

Algunos exiliados, como el obispo Juan de Shangai y San Francisco (canonizado por la Iglesia Ortodoxa Rusa fuera de Rusia), defendieron que tenían una misión religiosa. En 1938, el obispo Juan dijo en el Concilio de la Diáspora:

A los rusos en el extranjero se les ha concedido la posibilidad de brillar por todo el mundo con la luz de la ortodoxia, y otros pueblos, viendo sus buenas acciones, podrán glorificar Nuestro Señor, que está en el cielo, y obtener la salvación para ellos.

Buena parte de la emigración blanca también creía que tenía el deber de combatir activamente la dictadura soviética, y alimentaba la esperanza de liberar Rusia. Esta ideología la defendía principalmente al general Piotr Wrangel, que decía que con la derrota del Ejército Blanco "la batalla por Rusia no se ha acabado, simplemente ha adoptado nuevas formas".

El capitán Vassili Orekhov, veterano del Ejército Blanco y editor de Sentry ('Centinela'), resumía esta idea de responsabilidad con las palabras siguientes:

Habrá un momento -creedlo-, lo habrá, en qué la Rusia liberada nos preguntará a cada uno de nosotros: "Qué has hecho para acelerar mi resurgimiento"?. Hagamos lo que es correcto, que no nos tengamos que sonrojar, pero estemos orgullosos de nuestra vida en el exilio. Privados temporalmente de nuestra Madre Patria, conservemos todos juntos no sólo nuestra fe en la tierra, sino también el firme deseo de conseguir gestas, el espíritu de sacrificio, y la voluntad de crear una familia unida y bien avenida de la cual formamos parte todos los que no bajaremos los brazos en la lucha por su liberación.

Referencias[editar]

  • M.V. Nazarov, The Mission of the Russian Emigration, Moscow: Rodnik, 1994. ISBN 5-86231-172-6