Consumo colaborativo

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El consumo colaborativo o economía colaborativa es un sistema económico en el que se comparten y se intercambian bienes y servicios a través de plataformas digitales.[1] Se refiere a la manera tradicional de compartir, intercambiar, prestar, alquilar y regalar, redefinida a través de la tecnología moderna y la nuevas maneras de medir la reputación de las personas.

El movimiento del consumo colaborativo supone un cambio cultural y económico en los hábitos de consumo marcado por la migración de un escenario de consumismo individualizado hacia nuevos modelos potenciados por los medios sociales y las plataformas de tipo peer-to-peer (red-entre-pares o red-entre-iguales).

En los servicios de consumo colaborativo las barreras de desconfianza se ven minimizadas gracias al uso de perfiles de usuarios con valoraciones y referencias añadidas por otros usuarios, lo que da origen a nuevas maneras de relacionarse, intercambiar, y monetizar habilidades y/o bienes económicos, lo que era impensable hace unos años. Esto supone la disrupción de Internet, fuera de la propia Internet.

Evolución[editar]

El término fue acuñado por primera vez por Ray Algar en el artículo del mismo título publicado en el boletín Leisure Report de abril de 2007.[2]

El concepto de consumo colaborativo comenzó a popularizarse en 2010 con la publicación del libro "What's Mine Is Yours: The Rise of Collaborative Consumption".[3] Rachel Botsman, co-autora del libro, ofreció una charla sobre consumo colaborativo en la conferencia TEDxSydney en mayo de 2010,[4] en la que expuso cómo el acceso a bienes y servicios puede ser de relevancia prioritaria en detrimento a la necesidad de obtener la propiedad de los mismos. En España el fenómeno del consumo colaborativo empezó a darse a conocer entre 2012 y 2013, especialmente en el mundo del turismo.[5]

De acuerdo con la revista Time, el consumo colaborativo es una de las diez grandes ideas que cambiarán el mundo.[6]

El columnista del New York Times Thomas Friedman considera que la economía colaborativa «crea nuevas formas de emprender y también un nuevo concepto de la propiedad». Por su parte el MIT ha calculado el potencial del consumo colaborativo en 110.000 millones de dólares, cuando hoy ronda los 26.000 millones, generando unos beneficios de unos 3.500 millones según la revista Forbes. Un inversor español en nuevos negocios ha apuntado que gracias al consumo compartido mucha gente puede acceder a bienes y servicios que no puede tener y «se conforma con probar». «Esto es lo que hace al movimiento imparable», concluye.[1]

En enero de 2014 la Unión Europea redactó un dictamen para regular el consumo colaborativo que valoraba de la siguiente forma: «El consumo colaborativo representa la complementación ventajosa desde el punto de vista innovador, económico y ecológico de la economía de la producción por la economía del consumo. Además supone una solución a la crisis económica y financiera en la medida que posibilita el intercambio en caso de necesidad». Como comentaba un periodista de El País, «para algunos, el consumo colaborativo es una respuesta a la inequidad y la ineficiencia del mundo. Lo cuentan los números. El 40% de los alimentos del planeta se desperdicia; los coches particulares pasan el 95% de su tiempo parados; en Estados Unidos hay 80 millones de taladradoras cuyos dueños solo usan 13 minutos de media, y un motorista [sic] inglés malgasta 2.549 horas de su vida circulando por las calles en busca de aparcamiento».[1]

Según el diario español El País las principales plataformas del consumo colaborativo son:[1]

Intercambio de ropa
Coches compartidos
Préstamos económicos
Alojamiento de viajeros
Trueque de comida
Crowdfunding
Prestación de Servicios Profesionales
Conseguir ayuda de cualquier tipo

Sectores[editar]

Inmuebles[editar]

Transporte[editar]

Finanzas[editar]

Bienes[editar]

  • Alquiler peer-to-peer (alquiler entre iguales)
  • Soportes de entretenimiento (libros, CD de música, DVD de películas, videojuegos)
  • Bookcrossing (cruce de libros)
  • Intercambio de ropa
  • Dación y recepción de bienes de forma altruista

Críticas y protestas[editar]

El 11 de junio de 2014 tuvo lugar una huelga de taxis en las principales ciudades europeas para protestar por el intrusismo de los transportes alternativos contratados a través de plataformas digitales como Uber y Blablacar .[7] Un portavoz de Uber, que en sólo cuatro años de existencia opera en 132 países y vale 18.000 millones de dólares, declaró: «Las protestas son excesivas y lo único que pretenden es mantener la industria en un estado inmovilista».[1]

Airbnb, dedicada a compartir alojamiento, también ha sido objeto de polémicas. A principios de 2014 la fiscalía de Nueva York inició una investigación ya que en la ciudad es ilegal alquilar un apartamento completo por menos de 30 días. Un portavoz de la empresa afirmó: «Queremos trabajar con todas las partes implicadas en una regulación justa que permita a las personas alquilar de forma ocasional la casa en la que viven». España es el tercer mercado más importante para Airbnb donde cuenta con más de 57.000 propiedades en su oferta de alquileres.[1]

Referencias[editar]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]