Antonio Huachaca

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José Antonio Navala Huachaca
General
Años de servicio 1814 - 1839
Lealtad Flag of Spain.svg España
Participó en Independencia del Perú
Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana

Antonio Huachaca o Guachaca era un campesino indígena realista que luchó por la causa monárquica.

Es más conocido como el caudillo de la rebelión de la comunidad indígena de San José de Iquicha, contra los líderes independentistas, enarbolandose en está en nombre del Rey Fernando VII (1784-1833). Capturó Huanta y abolió el Estado republicano, por lo que Huachaca desde su castillo, sus tribunales y sus cabildos administraba el poder nombrando a sus delgados o alcaldes, así como organizando diezmeros[1] que recaudaban fondos para la causa de Su Majestad Católica.

Este seudo Estado llegó a disponer la movilización de mano de obra para la «refacción de puentes y caminos», y más sorprendente aun, sus atribuciones abarcaron la reglamentación del orden público, estableciendo patrones éticos de conducta para los individuos bajo su jurisdicción”.[2]

Luego de la derrota de Iquicha, Huachaca cambia su nombre a José Antonio Navala Huachaca, en replica del nombre del Libertador Antonio José de Sucre (1795-1830) y su apellido hace referencia a la Marina de Guerra: Navala.[3] Finalmente, luego de la derrota de sus ejércitos, continuo su lucha guerrillera hasta 1839.

Comienzos[editar]

Aparece por primera vez en 1813, ya como un líder muy popular,[4] liderando a los campesinos indios desacatando las órdenes de la administración de Huamanga en protesta a la inoperancia del intendente local en frenar los abusos de los cobradores de impuestos gubernamentales, ya que la Constitución de Cádiz había abolido el tributo indígena y el trabajo no asalariado en obras públicas (minka). Esto era consecuencia directa de la revuelta que había afectado a la ciudad de Huamanga el año anterior, la promulgación de la constitución liberal y los conflictos de los revolucionarios liberales con las autoridades virreinales absolutistas. Los indios de Iquicha no tenían problemas en apoyar a la vez a un rey absolutista y a las reformas de una constitución liberal ya que ambos les deban beneficios.[5] Sin embargo, ante la insurrección que poco después estallará en Cuzco, él y su gente se decidirán por apoyar a los representantes del rey, lo cual indica que el desacato a las ordenanzas era más una reacción contra un abuso concreto que un movimiento inspirado por alguna ideología.

Comenzó su carrera militar enfrentándose a los independentistas cuzqueños, movilizando a su gente contra los hermanos Angulo, tal como habían hecho en 1780 contra Túpac Amaru II (1738-1781).[6] Los combates entre huantinos y cuzqueños se desarrollaron en septiembre-octubre de 1814 y enero de 1815, actuando Huachaca como jefe de guerrillas al mando del hacendado y comandante de milicias, Pedro José Lazón, y recibiendo por estas acciones el grado de general de brigada en el Ejército Real del Perú de parte de José de la Serna (1770-1832).[7] Gracias a la experiencia militar ganada se volvió un experto jinete y un hábil estratega, lo que demostrará en el futuro a pesar de la falta de medios materiales con los que contaba. En recompensa por su lealtad, el rey ordeno la entrega a los iquichanos de un escudo propio para su comunidad.[8]

Otros movimientos guerrilleros[editar]

El levantamiento guerrillero en Huamanga no fue el único, aunque ninguno fue comparable al de los iquichanos. A medida que los ejércitos republicanos avanzaban empezaban a surgir guerrillas favorables a uno u otro bando. Muchas partidas independentistas habían conseguido cercar Lima mientras José de San Martín (1778-1850) ocupaba Huara e Ica.[9] Empezaban a iniciarse una serie de operaciones militares coordinadas entre soldados y montoneros muy exitosas. Pío Tristán (1773-1859) lanzo una serie de campañas a la Sierra con apoyo de guerrilleros huamanguinos y cuando José de Canterac (1787-1835) se acerco al Callao sus fuerzas fueron constantemente acosadas.

Estas guerrillas gozaban con fuerte apoyo popular, por ejemplo, cuando la partida de Santiago Castro asalto el cuartel de Vilca (en Huancavelica) entro en la ciudad bajo las vivas de la población (2 de noviembre de 1822).[10] Entre los pertrechos capturados estuvieron 20 fusiles y 15 lanzas. Los primeros grupos de irregulares habían surgido en cuanto San Martín desembarco en 1820.

Destaca entre los comandantes el patriota Cayetano Quirós, líder de una guerrilla de 200 morochucos en Ica; consiguió actuar también en Cangallo, Jauja y Huancayo en auxilio de las dispersas fuerzas de la Expedición Libertadora.[11] Será derrotado y fusilado en mayo de 1822, pasando Ica ser un núcleo realista por otros tres años.[12]

De este modo, los principales campos de enfrentamientos y operaciones entre montoneros serán las intendencias de Huamanga, Huancavelica e Ica. Durante 1823, mientras empezaba el avance bastante devastador del Ejército Unido Libertador del Perú, en numerosas ciudades (Tarma, Huancavelica, Acobamba, Palcamayo, Chupaca, Sicaya, etc.) y pueblos de la Sierra central peruana se organizaron unidades de irregulares que empezaron a actuar como guerrilleros, informantes y hasta refuerzos del Ejército Real, bastante menguado por la larga guerra. La resistencia monárquica en el centro y sur peruano termino con la derrota del virrey De La Serna en Ayacucho el 9 de diciembre de 1824. Tras un corto periodo de paz vendría el alzamiento de Huachaca.

Rebelión de Iquicha[editar]

Antonio Huachaca estuvo acompañado de otros líderes, todos ellos indígenas a excepción del francés Nicolás Soregui, comerciante y ex oficial del ejército español en Perú.[13] [14] Según un testimonio, las fuerzas rebeldes sumaban 1.000 campesinos y 500 huantinos. Según otro, llegaban a 4.000 comuneros indios y 400 soldados.[15] Son descritos como una fuerza muy disciplinadas a pesar de ir armados principalmente con hondas y lanzas por la escasez de rifles.[8] Todos coinciden en que la mayoría de rebeldes provenían del distrito de Iquicha, provincia de Ayacucho. Contrariamente a lo que se podría suponer, ninguno de los líderes rebeldes eran caciques. Más bien, se trataba de comerciantes o arrieros.[16] También hubo participación indirecta de españoles y mestizos. Estos no fueron protagonistas, pero ayudaron en la organización y la propaganda.[17] [18] [19] Puede decirse que las rebeliones vividas en Iquicha a finales de los años 1820 fueron producto de la influencia de religiosos y militares realistas y la crisis económica producida en los precios de la coca por el mencionado impuesto.[20] Se le suman la defensa de las tierras de la comunidad iquichana, amenazadas por los terratenientes criollos, y la protección de su identidad tradicional.[21] Además, la imposición que hará Simón Bolívar (1783-1830) de cobrarles $50.000 pesos a los habitantes de la región de Huanta en 1825 por su apoyo a la causa realista no ayudará a calmar las aguas.[19] En aquellos tiempos la población de la intendencia de Huamanga era de unas 110.000 personas,[22] y los siglos de monarquía había creado una especie de visión mistificada de la figura del rey o Inca Católico entre la población. Era visto como un enviado de Dios, defensor de su cosmovisión del mundo, su religiosidad y forma de vida tradicional; la relación de vasallaje con su señor era, por tanto, sacra. “El problema era de principios: la república era considerada por los andinos como enemiga de su pueblo y de su fe”.[23] La primera señal de rebeldía vino cuando los indios huantinos ajusticiaron al teniente coronel Medina que llevaba a Lima el parte de Bolívar informando de la victoria en Ayacucho.

La primera fase de la rebelión se da entre marzo y diciembre de 1825 cuando los indígenas de Iquicha se movilizan, pero son contenidos rápidamente por el ejército patriota que se encontraba en Huanta. La paz sería muy corta. En enero de 1826 se produce otra movilización que también protesta contra el cobro del diezmo de la coca. Cabe resaltar que la región de Ayacucho y, especialmente la de Huanta, vivía del comercio de la coca. Éste les aseguraba una posición económica relativamente buena.[24] [18]

En junio de 1826, los rebeldes bajo el comando de Huachaca y Soregui logran tomar el pueblo de Huanta convirtiéndolo en centro de operaciones.[25] [26] Luego, y con el apoyo de dos fracciones desertoras de los Húsares de Junín, intentan tomar Huamanga (actual Ayacucho), pero son derrotados por la guarnición de la ciudad.[27] En julio de 1826, el general y Presidente del Consejo de Gobierno, Andrés de Santa Cruz (1792-1865), viaja personalmente a Ayacucho para combatir a los rebeldes. En consecuencia a estos hechos se inicia una feroz campaña de represión a los rebeldes; frecuentes fueron las ejecuciones de quienes se negaran a pagar los impuestos a las autoridades, la vejación de mujeres, ejecución de prisioneros y la profanación de iglesias de las tropas "pacificadoras" o republicanas, abusos ausentes en el caso del otro bando.[28]

La tercera fase de la rebelión se inicia el 12 de noviembre de 1827 cuando los rebeldes de Iquicha vuelven a tomar Huanta, después de una débil resistencia del batallón Pichincha al mando del huidizo sargento mayor Narciso Tudela. Los iquichanos estaban dirigidos por su caudillo, el "General Huachaca", y por los comandantes de las fuerzas guerrilleras, entre los que destacaban el vasco francés Nicolás Soregui, Francisco Garay, Francisco Lanche, Tadeo Chocce (tratado de excelentísimo coronel), Prudencio Huachaca (hermano del caudillo) y el presbítero Mariano Meneses, capellán del ejército iquichano.[19] En las alturas de Iquicha se había alzado nuevamente el estandarte monárquico. Sus planes eran de la mayor envergadura: tomar Huanta, liberar Huamanga y Huancavelica y, por fin, la "Restauración del Reino",[29] extirpando a los republicanos, proclamando un ideario contrarrevolucionario y antiliberal, el que se ve apoyado por clérigos como “el padre Pacheco, llamado en documentos oficiales «el Apóstata», y el sacerdote Navarro, quienes, acostumbrados a enardecer los ánimos y a convencer a las masas desde el púlpito, cambian los hábitos clericales por la casaca de guerrilleros para dirigir los combates con sable en mano y pistola de chispa al cinto”.[19] [30]

Manteniendo la ciudad bajo su control por dos semanas. A continuación, izando la Cruz de Borgoña y al grito de “!Viva el Rey¡”, los iquichanos atacan nuevamente Ayacucho en número de 1.500 a 4.000, pero son derrotados una segunda vez por la hábil defensa del prefecto Domingo Tristán y Moscoso (29 de noviembre).[31] Esta derrota marcaría el fin del movimiento.[32] En diciembre pierden Huanta otra vez. Hasta junio de 1828, todos los líderes con excepción de Huachaca son apresados. En diciembre del mismo año, Soregui y otros tres líderes son condenados a muerte. Después de vencer la resistencia de los guerrilleros, fueron masacraron los indígenas de Huanta sin discriminación de ninguna y fusilaron a los prisioneros sin previo proceso de ninguna clase.[19]

Dos años después y ante la apelación presentada por los inculpados, la Corte Superior de Justicia del Cusco anula todas las sentencias de muerte y Soregui es desterrado por diez años junto a otros líderes.[33]

Después de la caída de Huanta comenzó la fase irregular de la campaña, conocida como guerrillera o de los castillos de Iquicha, porque las cumbres andinas sirvieron como fortalezas para la resistencia monárquica del campesinado indígena. El coronel Vidal organizó una campaña de contramontoneras para reprimir y exterminar a los «fanáticos» que sostenían la tradición como el ancestral derecho a su auto-determinación. Para ello disponía de los últimos 150 soldados regulares que aun quedaban en Huamanga.[34]

El más notable suceso de esta etapa fue el combate de Uchuraccay (25 de agosto de 1828), donde el comandante Gabriel Quintanilla —al mando de los bien armados cívicos— enfrentó a los valerosos iquichanos equipados sólo de lanzas y hondas por un lapso de dos horas. En este combate cayó valientemente Prudencio Huachaca, y el sargento mayor Pedro Cárdenas, entre otros, y asimismo fue herido el capitulado Valle, que falleció pocos días después. Cientos de iquichanos murieron y su general debió huir a los montes a lomos de su caballo Rifle, las milicias, sin líder, podrán aun oponer brevemente alguna resistencia.[8] No habiendo podido capturar al general Huachaca, los vencedores tomaron a su esposa y dos hijos, los llamados cadetes, quienes fueron hechos prisioneros y remitidos a Ayacucho.[30]

Poco después se produjo el último combate contra las fuerzas gubernamentales en Ccano: habían transcurrido siete cruentos meses y los republicanos habían logrado “controlar” a las fuerzas indígenas. Se había capturado a Sorequi, Garay, Ramos, al padre Pacheco y al presbítero Meneses. Por excepción de Huachaca.

Apoyo a la Confederación Peruana-Boliviana[editar]

Sucedió una pausa en contra del gobierno entre 1828 y 1838, cuando los iquichianos se apegaron a la idea de la Confederación Perú-Boliviana vista como “la continuación del imperio por otros medios”,[35] por lo que Huachaca participa en las guerras de la Confederación entre 1836 y 1839, en 1838 Huachaca se convierte en juez de Paz y Gobernador del distrito de Carhuaucran y Jefe Supremo de la República de Iquicha, pero cuando la Confederación Perú-Boliviana, fue derrotada por el Ejército Restaurador del Perú, para marzo de 1839, el general Huachaca y los indígenas iquichanos estaban nuevamente en armas contra una “restauración” criolla, ahora sostenida por las bayonetas extranjeras. Por ello el Ejército Católico sitia nuevamente Huanta, que estaba ocupada por el batallón chileno “Cazadores”.[19]

Ante esta grave situación el prefecto de Ayacucho, coronel Lopera, envió de refuerzo al batallón chileno “Valdivia”, que rompió el asedio y comenzó una cruel expedición en las punas contra la “indiada”.

En junio de 1839 se produjo el combate de Campamento-Oroco, donde el general Huachaca sorprendió a los “expedicionarios” y, en medio de una tempestad, los obligó a una retirada desastrosa. El contingente republicano, para vengar la humillación infringida: “...hizo una verdadera carnicería de hombres —sin distinguir ancianos, niños ni mujeres— y de ganados”.[36] Se habla de unas 2.000 personas muertas.[37]

En este contexto, el prefecto Lopera propició un acuerdo con las fuerzas iquichanas para encontrar una salida negociada al conflicto. Por esto se firmó el Tratado de Yanallay (15 de noviembre de 1839), entre el prefecto y el jefe iquichano Tadeo Chocce. Así, con un tratado de paz y no con una rendición, acababa la Guerra de Iquicha. Terminaba la resistencia iquichana, que sostuvo su caudillo, que dejo consignado en el documento:

"Ustedes son mas bien los usurpadores de Religión, Corona y Suelo Patrio...¿Qué se ha obtenido de vosotros durante...vuestro poder? La tiranía, el desconsuelo y la ruina en un Reino que fue tan generoso. ¿Qué habitante, sea rico o pobre, no se queja hoy? ¿En qué recae la responsabilidad de los crímenes? Nosotros no cargamos semejante tiranía."-Antonio Huachaca.[38]

Huachaca antes que la derrota prefirió internarse en las selvas del Apurímac antes de ceder su monarquismo ante los que creía “anticristos” republicanos.[39] Ahí vivirá hasta su muerte en 1848, siendo enterrado en la iglesia de su pueblo.

Referencias[editar]

  1. Altuve-Febres Lores, Fernán (1996). Los Reinos del Perú. Lima: Estudio Altuve-Febres y Dupuy.
  2. Méndez, Cecilia (1991). Los campesinos, la independencia y la iniciación de la República, en Poder y violencia en los Andes. Cuzco: CBC, pp. 183.
  3. Bonilla, 1996: 148
  4. Husson, Patrick (1992). De la guerra a la rebelión: (Huanta, siglo XIX). Lima; Cuzco: Centro de Estudios Regionales Andinos "Bartolomé de Las Casas" & Instituto Francés de Estudios Andinos, pp. 82.
  5. Galdo Gutiřrez, Virgilio (1992). Ayacucho: conflictos y pobreza, historia regional (siglos XVI-XIX). Ayacucho: Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, pp. 164; Méndez, Cecelia (2005). The Plebeian Republic: The Huanta Rebellion and the Making of the Peruvian State, 1820–1850. Durham: Duke University Press, pp. 100
  6. Méndez, 2005: 107
  7. Méndez, 2005: 108
  8. a b c Santoro, Cabeleira. "Antonio Huachaca y la resistencia iquichana". Corriente Hispanista. 11 de junio de 2012. Consultado el 11 de febrero de 2014.
  9. Luna Vegas, Emilio (1982). Perú y Chile en 5 siglos: revisión histórica. Lima: Librería Editorial Minerva, pp. 116
  10. Salas Guevara, Federico (2008). Historia de Huancavélica. Tomo I. Lima: Editorial San Marcos, Compañía de Minas Buenaventura, pp. 274.
  11. Cáceres-Olazo Monroy, Jorge Mariano (1999). "Los campesinos del altiplano Q'ollavino en los movimientos contra el orden colonial (1800-1826)". Cuadernos de investigación del Departamento Académico de Historia, Arqueología y Antropología. Lima: Facultad de Humanidades en la Universidad Nacional Federico Villarreal, pp. 14.
  12. De Priego, Manuel Miguel (2000). El Conde Plebeyo: biografía de Abraham Valdelomar. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, pp. 17.
  13. Wiit, 1992: 231. Soregui se unió, según se dice, en un momento de desesperación por una infidelidad de su esposa.
  14. Urbano, Henrique (1991). Poder y violencia en los Andes. Cuzco: Centro de estudios rurales andinos Bartolomé de Las Casas, pp. 172.

    1826 los indios de las punas no estaban solos. Antonio Abad Huachaca junto con Tadeo Choque, Pascal Arancibia, Esteban Meneses y otros mestizos huantinos que estuvieron a la cabeza del movimiento, vinieron a pactar con un sector de los curas locales -de filiación realista- y un grupo de españoles capitulados, quienes refugiados en Huanta luego del triunfo patriota en Quinua (diciembre, 1824), urdieron un vasto plan cuyas pretensiones no eran nada menos que reconquistar para Fernando VII el Reino del Perú.

  15. Bonilla, 2001: 162; 1996: 154
  16. Bonilla, 2001: 167
  17. Bonilla, 2001: 153
  18. a b "La rebelión de Iquicha y el proyecto republicano". Perú político.
  19. a b c d e f Altuve-Febres Lores, Fernán. "Los últimos estandartes del Rey". Razón española. No. 98, noviembre-diciembre de 1999.
  20. Aljovín, 2000: 196
  21. Del Pino Huamán, Ponciano (2008). "Looking to the government": community, politics and the production of memory and silences in twentieth-century Peru, Ayacucho. Madison: Universidad de Winsconsin & ProQuest, pp. 252
  22. Garayar, 2003: 56
  23. Altuve-Febres, 1999: 1
  24. Bonilla, 2001: 152
  25. Witt, 1992: 231. La pequeña guarnición republicana huyó y cuando llegaron los iquichanos, simplemente entraron en el pueblo e incendiaron las barracas, la municipalidad y otros edificios.
  26. Urbano, 1991: 172. La guarnición era de poco más de 150 soldados.
  27. Witt, 1992: 231. La urbe estaba defendida por ocho trincheras con un cañón cada una. Cuando los rebeldes se retiran de Huanta Huachaca ordena quemar el pueblo, pero esa orden nadie la cumplió.
  28. Cavero, 1953: 57; Witt, Heinrich (1991). Diario (1824-90). Un testimonio personal sobre el Perú del siglo XI. Tomo I. Lima: Banco Mercantil, pp. 29.
  29. Del Pino, Juan José (1955). Las sublevaciones indígenas de Huanta (1827-36). Huanta: Aguilar Editorial
  30. a b Cavero, Luis (1953). Monografía de la Provincia de Huanta. Lima: Editorial Rimac, pp. 29.
  31. Altuve-Febres, 1999: 2
  32. Urbano, 1991: 173
  33. Bonilla, 2001: 150-151
  34. Witt, Heinrich & ‎Gladys Flórez-Estrada Garland (1992). Diario 1824-1890: un testimonio personal sobre el Perú del siglo XIX. Tomo I. Lima: Banco Mercantil, pp. 231.
  35. Altuve-Febres, 1999: 3
  36. Cavero, 1953: 218
  37. Sánchez, 1984: 28
  38. Corsi Otálora, Luis (2009). Independencia hispano-americana: ¿espejismo trágico?. Santiago de Tunxa: L. Corsi, pp. 243.
  39. Altuve-Febres, 1999: 4

Bibliografía[editar]

  • Aljovín de Losada, Cristóbal (2000). Caudillos y constituciones: Perú, 1821-1845. Lima: Fondo de Cultura Económica.
  • Bonilla, Heraclio (1996). La oposición de los campesinos indios a la República peruana: Iquicha, 1827. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura. No. 23. Departamento de Historia de Universidad Nacional de Colombia: 143-157.
  • Bonilla, Heraclio (2001). Metáfora y realidad de la Independencia en el Perú. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.
  • Garayar de Lillo, Carlos (2003). Atlas departamental del Perú. Ayacucho: Ica. Lima: Peisa.
  • Sánchez Torres, Simón E. (1984). 1883, 4.ª. Resistencia de la Breña: Huanta, Ayacucho, Acombaba, Tacayaja y Huancavelica. San Juan de Lurigancho: Municipalidad Distrital de San Juan de Lurigancho.
  • Urbano, Henrique & Mirko Lauer (1991). Poder y violencia en los Andes. Cusco: Centro de estudios rurales andinos Bartolomé de las Casas.

Véase también[editar]

Enlace externo[editar]