Alopatía

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Pintura alegórica de Alexander Egorovich Beideman (1857) mostrando el horror con que la Homeopatía y Samuel Hahnemann contemplan a la medicina de la época.

Alopatía es el término utilizado desde la homeopatía para caracterizar a la medicina convencional. Alude a que esta última se basaría en remedios que producen efectos diferentes[1] [2] a los síntomas que se quiere combatir. Este significado se opone al de homeopatía, que se basa principalmente en la cura de los síntomas empleando remedios que producen esos mismos síntomas.

Etimología[editar]

El término alopatía proviene del alemán allopathie, y éste de las raíces griegas ἄλλος (alos) [otro, distinto], y πάθος (patos) [sufrimiento].[3] En oposición a esto, en el término homeopatía la primera raíz es en cambio ὅμοιος (homoios) [semejante].[3] El uso actual de alopatía no procede del término griego ἀλλοπάθεια (allopátheia), que quiere decir «sujeto a influjos externos», sino que es un término inventado por Samuel Hahnemann.[2]

Origen[editar]

Etimológicamente, los términos alopatía y homeopatía parecen apropiados para designar la obediencia a dos aforismos griegos que han llegado a nuestra cultura a través de sendas fórmulas latinas:

  • Contraria contrariis curantur, lo contrario se cura con lo contrario.
  • Similia similibus curantur, lo semejante se cura con lo semejante.
  • Junto a los anteriores existe un tercer aforismo, Aequalia aequalibus curantur, lo igual se cura con lo igual.

Los usos actuales del término alopatía, y los diversos conceptos que designa según quien lo pronuncie, no pueden entenderse si no es con relación a la invención por Samuel Hahnemann (1755-1843) de la escuela terapéutica conocida desde entonces como homeopatía. Esta escuela — que ha llegado hasta nuestros días permanentemente enfrentada a la medicina científica y, en menor medida, a la medicina pragmática — parte de la aceptación del principio similia similibus curantur, así como de ciertas innovaciones muy discutidas, como la dilución de los medicamentos hasta niveles más allá de lo permitido por el carácter particulado de la materia, y la dinamización, según la cual la especificidad de las propiedades crece, en contra de los conceptos termodinámicos, cuando se agita repetidamente el fármaco. Lo más importante desde este punto de vista es que la escuela homeopática no demuestra interés por los mecanismos de la enfermedad, viendo con menosprecio el empeño por explicar la enfermedad en términos de relaciones causales, empeño este último que ha ido creciendo en la misma medida en que la medicina se ha ido viendo influida y penetrada por la ciencia. La escuela homeopática, por el contrario, atribuye la enfermedad a causas espirituales, inaccesibles a la descripción causal, e identifica la enfermedad con sus síntomas, y es a la corrección de éstos, solamente, a lo que aplica su esfuerzo. Es en este contexto donde cobra toda su importancia la distinción que Hanehmann hace entre cuatro estrategias terapéuticas:

  • El método homeopático. Partiendo del principio similia similibus curantur, emplea remedios que producen los mismos síntomas que se quiere curar. Para Hanehmann éste es el único método efectivo.
  • El método isopático. Se basa en el principio aequalia aequalibus curantur, y trata de curar usando la misma sustancia que ha provocado la dolencia, lo que, según Hahnemann, sólo puede agravar la enfermedad.
  • El método antipático o enantiopático. Parte del principio contraria contrariis curantur, para usar medicamentos que provocan síntomas opuestos a los que sufre el paciente. Para Hahnemann esto puede aliviar temporalmente al enfermo, pero es a costa de debilitar su espíritu vital. Este principio vitalista y dualista, rechazado por la ciencia progresivamente desde el siglo XIX, es fundamental para Hanehmann, porque todas las enfermedades tendrían su causa en el desequilibrio espiritual.
  • El método alopático. Trata de curar con medicamentos cuyos efectos perceptibles (síntomas) no guardan ninguna relación específica con los síntomas que tratan de curar. Para Hahnemann, esta conducta es insensata, y sólo puede servir para multiplicar los síntomas, sumando otros nuevos a los existentes, es decir, añadiendo nuevas enfermedades a los síntomas del paciente. El método alopático ignora o desprecia por igual los tres aforismos clásicos.

Uso[editar]

W.W. Skeat atribuye a la palabra inglesa homoeopathy (Concise Dictionary of English Etymology, 1884) haber resultado de la transformación del griego ὁμιοπάθεια, explicando su significado como «semejanza en las emociones o la situación» (likeness in feeling or condition), sin referencia alguna a un uso médico. Según J. Corominas, la palabra homeopatía entró en la lengua castellana en 1884.[4]

El uso moderno en inglés del término alópata fue acuñado en el Siglo XIX por los homeópatas para referirse a aquéllos que practican la medicina sin respetar los principios hahnemannianos. El Oxford English Dictionary[5] recoge este uso cuando define alopatía como el «término aplicado por los homeópatas a la práctica médica ordinaria o tradicional, y por el uso común, hasta cierto punto, para distinguir a ésta de la homeopatía». Algunos diccionarios actuales de la lengua inglesa designan al sistema médico convencional u ordinario como medicina alopática (allopathic medicine), contraponiéndola no ya a la homeopatía, sino a cualquiera de las terapias llamadas alternativas.[6] [7] El Merriam Webster Medical Dictionary [1] recoge el uso que da la profesión homeopática como primera acepción («un sistema de práctica médica que trata de combatir la enfermedad por el uso de remedios (fármacológicos o quirúrgicos) que producen efectos diferentes o incompatibles con los producidos por la enfermedad que se quiere tratar — compárese con homeopatía») pero ofrece una segunda acepción («un sistema de práctica médica que hace uso de todas las medidas que se han demostrado válidas para el tratamiento de la enfermedad»).[2] Esta dualidad refleja la evolución del uso en el mundo anglófono, sobre todo norteamericano, donde la denominación alopatía, inicialmente usada por los homeópatas para distinguir a «los otros», ha sido asimilada por la profesión médica regular para referirse en términos positivos a la corriente principal de la medicina, y especialmente en tanto que inspirada por principios científicos. De esta manera, actualmente y sobre todo en Estados Unidos, diversas sociedades médicas han asumido la alopatía como definición de lo que de otra manera puede llamarse medicina convencional, regular, tradicional, clásica u oficial; términos todos los cuales contienen algo de peyorativo en el mundo actual, donde la originalidad, la innovación o la falta de compromiso son vistas como valores positivos. Las medicinas alternativas reclaman ese espíritu, aunque la homeopatía, por ejemplo, se basa casi sin variación en prácticas y fármacos establecidos en la era precientífica de la medicina.

Intención[editar]

La intención del término, desde su primer uso por Hahnemann, es distinguir a la homeopatía como práctica y denigrar a la medicina que no lo es. En Estados Unidos algunas organizaciones médicas profesionales han asumido el término, sin preocuparse de su significado etimológico ni de la propiedad, o impropiedad, con que describe la práctica común.

Así, actualmente, este término (alopatía/alópata/alopático) se aplica en Estados Unidos a las escuelas médicas convencionales acreditadas por la American Medical Association (AMA), que dan títulos de licenciado en medicina y cirugía, en oposición a los estudios de "osteopatía", que son acreditados por la American Osteopathic Association con tíulos de osteópata.

En inglés existe un término peyorativo, quack, con el que se designa todas aquellas prácticas pseudomédicas que son vistas como un engaño hacia los clientes. Ha sido aplicado frecuentemente a los homeópatas, cuya honradez intelectual es con ello puesta en entredicho. El término no tiene equivalente en castellano, situándose el concepto a medio camino entre los de curanderismo, que puede ser simplemente una práctica paramédica con base en la tradición y sin intención de engañar, y la charlatanería, el oficio de vender cosas, a sabiendas de que son inútiles o deficientes, usando el poder de seducción de la palabra.

Distinción entre alopatía y homeopatía[editar]

Aunque es posible una caracterización bastante precisa de la homeopatía, es imposible hacer una equivalente de su supuesto antagónico la alopatía, en la medida en que ésta no está definida en términos positivos, sino sólo en términos negativos, por no ser homeopatía.

Pueden contraponerse los rasgos esenciales de la homeopatía con lo que sobre los mismos temas ofrece especialmente la medicina científica.

La homeopatía atribuye el que alguien esté enfermo a un desequilibrio del espíritu vital, de la capacidad autocurativa del propio cuerpo, a la que la homeopatía podría dar un pequeño impulso cuando lo necesita. La medicina normal, y desde luego la científica, lo atribuyen al fallo de los mecanismos en que se basa el funcionamiento del cuerpo, y no reconoce la dualidad implícita en el concepto de espíritu vital. Un gran número de medicinas alternativas esgrimen conceptos relacionados, como el de qi.

La homeopatía no reconoce la existencia de enfermedades, como entidades nosológicas definidas, preocupándose sólo por el análisis y el tratamiento de cada caso particular. La ciencia biomédica entiende que las mismas causas y los mismos mecanismos actuando en personas diferentes, producen resultados en parte coincidentes, lo que permite describir enfermedades y desarrollar terapias para ellas, a la vez que distintos, y la terapia debe ajustarse también a las diferencias.

La homeopatía postula, sin argumentos empíricos o racionales, que las sustancias que provocan ciertos síntomas en las personas sanas, son las que se deben usar para tratar a quien presenta esos síntomas. La investigación, hecha en lo fundamental por el fundador y unos pocos sucesores, se basa en probar sustancias y anotar sus síntomas. La ciencia biomédica investiga la constitución y funcionamiento de la materia viva, en sus niveles molecular, celular, tisular y organísmico, así como la variabilidad de cada unos de los rasgos y su determinación genética. Investiga también la acción de agentes externos como sustancias químicas o factores físicos. Igualmente estudia la dependencia mutua de los niveles somático, psicológico y social, y su influencia mutua, en el estado saludable o enfermo de las personas. Analiza los defectos de funcionamiento que hay detrás de los trastornos, enfermedades y síndromes, y busca diversamente compensar o contarrestar los defectos de mecanismo, complementar o sustituir mecanismos defectuosos, etc. Cuando no puede corregir o compensar las causas, la medicina estudia las causas de los síntomas para aliviar o paliar la condición del paciente. Muchos fármacos, sin embargo, no han sido desarrollados partiendo de un conocimiento mecanístico, sino que su virtud ha sido observada empíricamente. Lo que en ningún caso ocurre es que la medicina científica descarte a priori un posible remedio porque sus efectos coincidan o dejen de coincidir con los síntomas que manifiestan los enfermos. Los practicantes de la homeopatía se refieren a la medicina clásica y a la medicina basada en pruebas científicas como medicina alopática, alegando que decide los remedios de ese modo. Esta interpretación es vista como gratuita y sectaria por la ciencia médica, ya que los tratamientos no se eligen porque los síntomas que provocan sean distintos a los síntomas de la enfermedad, sino porque se comprueba empíricamente su efectividad para restituir la salud o aliviar la dolencia. De hecho, algunos remedios "alopáticos" pueden ser homeopáticos, es decir, provocar o amplificar los síntomas, aunque desde luego no es ese el argumento para validarlos.

El desarrollo y aprobación de fármacos depende de que se investigue y se haga conocer su seguridad y su efectividad. A los medicamentos homeopáticos se les requiere, en casi todos los países, solamente pruebas de su seguridad, pero no tienen que demostrar que son efectivos. No hay pruebas, de hecho, de que ningún medicamento homeopático produzca resultados positivos más allá de lo que lo hace un placebo.

La homeopatía defiende ciertos procedimientos en la preparación de sus remedios, que son declarados incompatibles con lo que las ciencias naturales han demostrado acerca de la constitución de la naturaleza. No se trata de afirmaciones en el campo de lo que no se sabe, sino contradictorias con lo que se sabe con certeza.

En primer lugar, la preparación de los remedios homeopáticos se basan en la dilución progresiva y extrema de una preparación original de la sustancia hasta valores que alcanzan 10–400 (un uno precedido por 399 ceros a la derecha de la coma), siendo que un kilogramo de sustancia pura no se puede repartir en más de 1025 o 1026 porciones de una sola molécula (una molécula de una sustancia es la cantidad más pequeña que puede existir de ella). La homeopatía defiende algo que se opone a un principio que ha sido fundamental para el desarrollo del conocimiento objetivo, o conocimiento científico, que es el de proporcionalidad entre las causas y los efectos, porque defiende que la acción de un medicamento es más fuerte cuanto menos haya, y promueve de hecho su dilución hasta que no queda nada de él. En la naturaleza se observa a veces que una pequeña causa desencadena un gran efecto, pero se trata de procesos en cadena, como cuando un solo rayo provoca el incendio de un área extensa, o de mecanismos cibernéticos por parte de sistemas, como los organismos, que recogen un estímulo y desencadenan una respuesta compleja. La homeopatía no ha presentado, ni tratado de averiguar, la naturaleza del mecanismo. Algunos de sus divulgadores, sin embargo, hacen un uso sin fundamento de referencias al sistema inmunitario o al estímulo de las defensas, sin que nunca se haya concretado nada de esto empíricamente. La dosificación de los medicamentos no homeopáticos responde al principio, corroborado siempre, de que su acción crece con la dosis, la cual se decide en función de la masa corporal, la edad, la actividad, etc.

En segundo lugar, la preparación de los medicamentos homeopáticos requiere además que sean sacudidos. La adición de energía mecánica a un medio material provoca un aumento de su temperatura, y en último término aumenta la energía cinética media asociada a la agitación de sus partículas, que la temperatura mide. Los homeópatas modernos se refieren a una indeterminada capacidad de la disolución para guardar información acerca de, o recordar, aquella sustancia que a fuerza de dilución ha desaparecido por completo. Sin embargo, por razones termodinámicas, la agitación no debería reforzar, sino destruir, esa supuesta capacidad del agua, basada en una organización supramolecular efímera y asentada sobre interacciones débiles. Tampoco explican por qué la virtud curativa no desaparece cuando el agua se evapora o se liga a las moléculas de excipiente, cuando el preparado se sirve en pastillas. Por el contrario, los medicamentos no homeopáticos son considerados sujetos a las leyes de la física y la química, y se envasan con indicaciones no gratuitas sobre su conservación y caducidad.

La homeopatía no ofrece una explicación convincente de por qué el agua de cualquier arroyo no tiene las propiedades de una especie de suma de muchos de los medicamentos homeopáticos, a pesar de que ha estado en contacto con las mismas materias y ha sufrido un elevado grado de agitación natural. No vale, aunque a veces se esgrima, que hace falta intención en el proceso, porque el propio Hahnemann advertía del riesgo de que un remedio llevado encima adquiriera, por la marcha, una potencia excesiva y peligrosa. En resumen, la eficacia intrínseca de los remedios homeopáticos no sólo no se ha demostrado nunca, sino que es radicalmente inverosímil con los conocimientos modernos. Por contraste, la aprobación de nuevos medicamentos exige actualmente pruebas de su eficacia, basadas en ensayos clínicos en condiciones controladas. La literatura homeopática contiene intentos de justificación de esta situación, que incluyen fórmulas para blindar la doctrina frente a las críticas y apelaciones retóricas a la mecánica cuántica, dos rasgos que son distintivos de las pseudociencias.

El concepto homeópata de enfermedad como algo particular a cada caso, exige un examen detallado de los síntomas del paciente y un diseño terapéutico a su medida. La medicina normal, que reconoce la existencia de entidades llamadas enfermedades, no niega por ello que cada caso debe examinarse en concreto y tratarse de manera personal; pero es verdad que la educación médica y la organización de los sistemas de salud favorece que esto se olvide, convirtiendo el acto médico en la identificación de un elemento de un catálogo, una enfermedad, al que a continuación se ofrece una terapia igualmente estandarizada. La práctica de los médicos homeópatas suele incluir un mayor tiempo dedicado a cada paciente que la media. Pero también es cierto es que en homeopatía el recurso a fórmulas magistrales, medicamentos preparados para el paciente particular, tampoco es la regla, sino que se recurre a fármacos fabricados a escala industrial, sacudidos por máquinas, envasados como los demás y distribuidos por redes comerciales semejantes o coincidentes, e igualmente promocionados con publicidad y por visitadores médicos.

La medicina estándar considera que el uso del término alopatía para todo lo que no es homeopatía, o para todo lo que no es medicina alternativa, es un abuso del lenguaje y una simplificación, que estaría motivada por el deseo de poner ante los ojos del público a la misma altura ambas prácticas.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. "Diccionario médico." 3 ed ed. Manuales Salvat Ediciones Científicas y Técnicas: Masson: Salvat Medicina, Barcelona, 1990.
  2. a b Diccionario médico-biológico (histórico y etimológico) de helenismos
  3. a b Eseverri Hualde, C. (1994). "Diccionario etimológico de helenismos españoles." 6* ed ed. Aldecoa, Burgos.
  4. Corominas, J. (1980). "Breve diccionario etimológico de la lengua castellana." 3 ed. Biblioteca románica hispánica V, Diccionarios Gredos, Madrid.
  5. The Oxford English Dictionary
  6. Stedman's Illustrated Medical Dictionary, 27th edition (2000).
  7. The online edition of the Compact Oxford English Dictionary (2006).