Verso libre

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El verso libre es la forma de expresión poética que se caracteriza por su alejamiento intencionado de las pautas de rima y metro que predominaron en la poesía europea hasta finales del siglo XIX. Por tanto, es una forma muy próxima al poema en prosa y la prosa poética, de los que se distingue visualmente por conservar la disposición tipográfica en líneas sangradas propia del verso. Al uso del verso libre se le denomina frecuentemente versolibrismo,[1] neologismo que no está recogido en el Diccionario de la Real Academia Española (2014).

Historia[editar]

Con el precedente de la aestrófica silva barroca del siglo XVII, que lo anuncia, el verso libre nace en la segunda mitad del siglo XIX como alternativa a las formas métricas estróficas consagradas por la tradición, como el soneto o la décima, pues se tenía por una forma más natural, más coloquial y menos convencional que el verso medido común, al calcar la respiración e "inspiración" misma del poeta. Se desarrolla principalmente en Francia y en Estados Unidos.

En Francia, tras el lejano precedente de Blaise de Vigenère (1523-1596) y su traducción de los Salmos en 1588, surge la prosa poética en los románticos Chateaubriand y Aloysius Bertrand, por ejemplo, y sigue este ejemplo en el seno del simbolismo el Spleen de París de Charles Baudelaire, sin ser todavía verso libre; poco después ya lo son dos poemas de Arthur Rimbaud contenidos en Illuminations (compuestas entre 1872 y 1875 y publicadas en 1886): «Marines» y «Mouvement», y se forja definitivamente en Des Fleurs de bonne volonté (1890) y Derniers vers (1890) de Jules Laforgue. Hay que señalar, además que Laforgue hizo la traducción francesa de las Leaves of Grass del poeta americano Walt Whitman (1819-1892), que escribía en «verso blanco».

En efecto, el primer escritor notable que lo practica es Walt Whitman, que se inclina por un tipo de verso irregular de gran extensión (el versículo), tomado de la versión inglesa de la Biblia y más en concreto del paralelismo semántico que caracteriza la lírica de los Salmos y Profetas.

Algunos poetas más del Simbolismo francés lo introdujeron, como Gustave Kahn, separándose así del preciosismo parnasiano, cuyas virtuosas formas estróficas sentían agotadas. Stéphane Mallarmé resumía así su postura:

Asistimos ahora a un espectáculo verdaderamente extraordinario, único, en la historia de la poesía: cada poeta puede esconderse en su retiro para tocar con su propia flauta las tonadillas que le gustan; por primera vez, desde siempre, los poetas no cantan atados al atril. Hasta ahora –estará usted de acuerdo- era preciso el acompañamiento de los grandes órganos de la métrica oficial. ¡Pues bien! Los hemos tocado en demasía, y nos hemos cansado de ellos.

En Alemania Goethe lo probó en algunos poemas, logrando algunas obras maestras como su "Prometheus", y Hölderlin lo usó ocasionalmente, pero el más insistente fue Heinrich Heine, quien lo utilizó en 22 poemas.

Con varios precedentes importantes (Rosalía de Castro, José Martí, Amado Nervo, Rubén Darío),[2] en el mundo hispánico lo introdujo fundamentalmente Juan Ramón Jiménez, después de ciertos tanteos en su libro Estío (1916, poemas XLIV, L, LXI y LXIX) con un libro por primera vez enteramente escrito en verso libre, su Diario de un poeta recién casado (1917) y poco después lo siguió León Felipe, aunque con un tipo de verso libre más bien afín al whitmaniano que al simbolista, para al fin instaurarse como un medio natural de expresión entre los poetas de las Vanguardias (que no asumen tradición alguna, ni siquiera la métrica), en especial los surrealistas de la Generación del 27, en la modalidad conocida como versículo (Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Rafael Alberti, Federico García Lorca) y algunos hispanoamericanos (Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Jorge Luis Borges ocasionalmente).[3] Posteriormente, seguirá esta métrica en parte la llamada Poesía desarraigada de postguerra en España, inspirándose en los libros Hijos de la ira de Dámaso Alonso (muy influido por el paralelismo de los salmos penitenciales de la métrica hebraica y sus sintagmas no progresivos, y Sombra del paraíso de Vicente Aleixandre, ambos de 1944.

Características[editar]

Para conseguir su particular ritmo, el verso libre utiliza con frecuencia el espacio en blanco para crear cortes en el significado (encabalgamientos bruscos y braquistiquios) que potencian o subrayan con énfasis el significado de los segmentos desgajados; a nivel macro estructural, una serie de repeticiones como las anáforas, los paralelismos sintácticos y semánticos, los dobletes, los tripletes, el isocolon y otros recursos contribuyen a lograr un cierto ritmo y homogeneidad estructural en el poema.

Notas[editar]

  1. Seco, M.; Andrés, O.; Ramos, G.: Diccionario del español actual. Madrid: Aguilar, 1999; pág. 4519.
  2. Alberto Acereda Extremiana, "Versolibrismo martiano y modernista la libertad poética de José Martí" en La Torre: Revista de la Universidad de Puerto Rico, vol. 1, Nº. 1-2, 1996, págs. 5-18.
  3. Alberto Acereda Extremiana, "Juan Ramón Jiménez y el verso libre en la poesía española: del simbolismo francés a Diario de un poeta recién casado", en Estudios humanísticos. Filología, Nº 17, 1995, págs. 11-28: http://www.march.es/storage/bibliodata/teatro/Prensa/EHF10.pdf

Véase también[editar]