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Microagresión[editar]

La microagresión es un término utilizado para humillaciones breves y habituales, tanto verbales y físicas, como situacionales; tanto intencionadas como no intencionadas, que expresan desprecio hacia cualquier grupo de individuos. [1]​ Este término fue acuñado por el psiquiatra y profesor de la universidad de Harvard Chester M. Pierce en 1970 para designar insultos y rechazos entre americanos y afroamericanos que él mismo presenciaba regularmente.[2][[3][4][5]​ A principios del s.XXI, el uso del término se utilizaba para designar a cualquier grupo marginal, incluyendo a la comunidad LGTB, los pobres y los discapacitados. El psicólogo Derald Wing Sue define las microagresiones como «breves comentarios cotidianos con los que se ataca a ciertos individuos por el grupo al que pertenecen». Sus emisores también pueden tener buenas intenciones, o no darse cuenta de lo dañinas que pueden llegar a ser sus palabras.

Un numeroso grupo de académicos y comentaristas sociales han criticado este concepto por no tener una buena base científica, por depender solo de los hechos observados y por no existir suficientes pruebas de que estas expresiones conlleven malas intenciones. Los expertos afirman que evitar comportamientos que puedan ser interpretados como microagresiones puede restringir libertades, y asimismo, causar autolesiones emocionales. Además, con el uso de figuras autoritarias para criticarlas, se puede llegar a un debilitamiento de las habilidades necesarias para mediar entre las controversias personales de cada uno.

Algunos sugieren que, mientras que las microagresiones sean menos graves que los delitos serios (ej.: agresiones), e incluso sean accidentales; puede que se exagere y que esto cause castigos excesivos. Por otra parte, también se piensa que este término no se ha desarrollado lo suficiente como para que se aplique en la vida real y que, su empleo puede ser perjudicial tanto para las personas como para la sociedad.

Descripción[editar]

Las microagresiones se definen como breves y habituales expresiones de conducta, ya sean intencionadas o no, que transmiten un mensaje violento y despectivo, y que tienen como objetivo ofender a una persona por el hecho de pertenecer a un grupo distinto. Aunque estas expresiones puedan parecer inofensivas a primera vista, son consideradas como una forma de integrar el racismo y la discriminación en el día a día. Las microagresiones difieren de lo que Pierce definió como «macroagresiones», formas de racismo más extremas (como golpes o palizas) a causa de su ambigüedad, tamaño y su uso frecuente. Las microagresiones son experimentadas por la mayoría de individuos marginados y ocurren frecuentemente. Pueden ser muy dañinas para la gente a las que les afecta, dada la negación de los hechos por parte del agresor. También son más difíciles de detectar entre las culturas dominantes, ya que estos no son conscientes de lo que están haciendo. Sue define las microagresiones como afirmaciones que apoyan los estereotipos contra los grupos marginales y los excluyen. Este tipo de comentarios también califican la cultura dominante como «normal» y discriminan a las demás como «atípicas» o «patológicas»; muestran rechazo y malestar hacia los grupos minoritarios; dan por sentado que todos los miembros de grupos minoritarios son iguales; minimizan la existencia de la discriminación hacia los grupos minoritarios; y tienen como objetivo negar los hechos del agresor, o le quitan importancia al conflicto entre la cultura dominante y el grupo marginal.

Categorías[editar]

Al llevar a cabo dos grupos focales de asiático-americanos, Sue propuso ocho categorías distintas de microagresiones raciales.

  • Sentirse extranjero en tu propio mundo: cuando se cree que por el hecho de ser de color ya eres extranjero. P. ej. : «¿De dónde eres en realidad?» o «¿Por qué no tienes acento?».
  • Atribución de inteligencia: cuando la gente de color tiene como estereotipo ser inteligente o se cree que tienen cierto coeficiente intelectual por ser de otra raza. P. ej. : «Te va muy bien en la escuela» o «Si veo a muchos asiáticos en mi clase se que va a ser una asignatura difícil».
  • Negación de la realidad racista: cuando una persona remarca que la gente de color no sufre discriminación alguna y de este modo se les anima a no enfrentarse a la discriminación que sufren. Está relacionado con la idea del modelo minoritario.
  • Exotización de las mujeres que no son blancas: define a estos como «exóticos». Estos estereotipos se basan en la imagen exterior y son muy comunes tanto en el cine como en la literatura. P. ej. : las mujeres asiáticas son catalogadas como obedientes y sumisas; y por otra parte, también pueden definirse como Mujer Dragón o Aroma de Loto, al utilizar símbolos de sus propias culturas. Por otro lado, los hombres asiáticos son catalogados como débiles y extremadamente inteligentes.
  • Rechazo a reconocer estas diferencias étnicas internas: la homogeneidad de las razas se enfatiza y se asume; el hablante ignora estas diferencias raciales. Los grupos focales han tomado la afirmación de «Todos los asiático-americanos son iguales» como su propio lema. Asimismo, pensar que todos los miembros de una misma raza hablan el mismo idioma también sería calificado como discriminación.
  • Tratamiento de valores culturales y estilos de comunicación: las culturas y los valores de los asiático-americanos se consideran menos atractivos. P. ej. Mucha gente de los grupos focales se sintió en desventaja por la expectativa de la participación verbal en las escuelas y la educación superior, mientras que en la cultura asiática, los estándares culturales valoran más el silencio. A causa de esta disconformidad, muchos asiáticos se vieron forzados a adaptarse a las normas culturales occidentales para tener éxito académicamente.
  • Ciudadanía de segunda clase: este punto resalta la idea de considerar a las personas de color inferiores, sin los mismos derechos, sin ser tratados como una prioridad. P. ej. Un hombre coreano entra en un bar y pide una bebida, pero el camarero lo ignora y sirve a un hombre blanco antes.
  • Invisibilidad: este punto refleja la idea de que los asiático-americanos se consideran invisibles o fuera de discusiones sobre raza o racismo. Según algunos miembros de grupos focales, los debates recientes sobre la raza en Estados Unidos se han centrado únicamente en cuestiones sobre la gente de raza blanca y la gente de color, excluyendo a los asiático-americanos.

En una revisión por pares de los estudios de 2017, Scott Lilienfeld criticó la investigación sobre la microagresión por no haber ido más allá de taxonomías como en el ejemplo anterior, que fue propuesta por Sue hace casi diez años, incluso a pesar de que se reconoció la existencia de un desprecio sutil e insultos dirigidos a las minorías. [6]​ Lilienfeld concluyó que el concepto y los programas para su evaluación científica «están demasiado subdesarrollados en el ámbito conceptual y metodológico como para garantizar su uso en la vida real».[6]​ Recomienda el desuso del término microagresión, puesto que el uso de la raíz «agresión» en «microagresión» es conceptualmente confuso y erróneo. Asimismo, convocó la suspensión de los programas de entrenamiento de la microagresión hasta que se pudiesen llevar a cabo más investigaciones en este campo.[14]

En 2017, Althea Negai, que trabaja como becaria de investigación en el Centro de la Igualdad de Oportunidades conservador, publicó un artículo en el que criticaba la investigación de la microagresión como pseudociencia[7]​ y afirmaba que los prestigiosos investigadores críticos de la raza que están detrás de la teoría de la microagresión «rechazan la metodología y las normas de la ciencia moderna».[7]​ Negai enumera varias dificultades técnicas de la investigación de la microagresión, incluyendo: «preguntas de entrevista parciales, confianza en la narración y en un pequeño número de entrevistados, problemas de fiabilidad, cuestiones de replicabilidad y la ignorancia de explicaciones alternativas».[7][8]

Raza o etnia[editar]

Artículo principal: Racismo

En 2007, los sociólogos Sue, Bucceri, Lin, Nadal, y Torino describieron las microagresiones como «la nueva cara del racismo», pues afirman que la naturaleza del racismo ha cambiado con el tiempo las expresiones típicas sobre el odio racial y los delitos motivados por el odio hacia expresiones de racismo aversivo, como por ejemplo, las microagresiones, que son más sutiles, ambiguas, y a menudo involuntarias. Sue afirma que esto ha llevado a algunos estadounidenses a creer erróneamente que los estadounidenses que no son blancos ya no son víctimas del racismo.[9]​ Un ejemplo de estas expresiones racistas sutiles es el de los estudiantes asiáticos que son patologizados o penalizados por ser demasiado pasivos o callados.[2]​Otro posible caso es un profesor que corrige el uso de la palabra «indígena» de un estudiante en un documento, cambiándola de mayúsculas a minúsculas.[10]

Según Sue y el resto, las microagresiones suelen aparecer de tres formas:

  • Microagresión: una discriminación racial directa, verbal o no verbal. P. ej. insultos, comportamiento ambivalente o actos discriminatorios intencionados.
  • Microinsulto: expresiones que transmiten grosería e insensibilidad, y que degradan la herencia o la identidad de una persona; desprecios de forma sutil;  desconocidos para el perpetrador; incluyendo mensajes subliminales insultantes hacia el receptor de color.
  • Microinvalidación: expresiones que excluyen, niegan, o invalidan los pensamientos psicológicos, los sentimientos, o las experiencias de una persona que pertenece a un grupo en particular.

Algunos psicólogos han criticado la teoría de la microagresión por haber supuesto que todas las ofensas verbales, de conducta o ambientales se deben esencialmente a los prejuicios. [11][12]​ Thomas Schacht afirma que es difícil de distinguir si un comportamiento se debe a prejuicios raciales o bien a un fenómeno mayor que tiene lugar independientemente del conflicto de identidad. [13]​ Sin embargo, Kanter y sus compañeros hallaron que las microagresiones estaban enérgicamente relacionadas con cinco medidas separadas de los prejuicios.[14]​ Al revisar el estudio sobre la microagresión, Scott Lilienfeld sugirió que los microasaltos deberían ser eliminados de la taxonomía porque los casos proporcionados en la investigación tendían a no ser «micro» , sino que eran agresiones directas, intimidación, acoso y discriminación; en algunas ocasiones, incluían actos criminales.[11]​ Otros han señalado que lo que puede percibirse como desprecio de forma sutil puede deberse a que las personas padecen autismo o trastornos de ansiedad, y que asumir su enfermedad podría ser perjudicial para estas personas.

Género[editar]

Más información: Sexismo y Transfobia

El sexismo explícito en la sociedad está en declive, pero todavía existe en una serie de expresiones sutiles y no sutiles. [15]​  Las mujeres se enfrentan a microagresiones en las que se las hace sentir inferiores, tratadas como objetos en el ámbito sexual y ligadas a roles de género restrictivos, [16]​ tanto en el lugar de trabajo, en el ámbito académico o en el deporte. [17]​ Las microagresiones basadas en el género se aplican a las mujeres deportistas: sus habilidades se comparan solamente con las de los hombres, pues son juzgadas por su «atractivo», y se les restringe o se les pide que lleven atuendos «femeninos» o atractivos sexualmente durante la competición. [16]

Las microagresiones de género y las agresiones más descaradas también se pueden encontrar en la pornografía violenta. [18]

Otros ejemplos de microagresiones sexistas son: dirigirse a alguien utilizando un nombre sexista, que un hombre se niegue a fregar los platos porque es el «trabajo de las mujeres», exhibir desnudos de mujeres en los lugares de trabajo, hacer insinuaciones sexuales hacia alguien que no las desea.

Las personas transgénero experimentan microagresiones al ser etiquetadas de una manera que no corresponde con su identidad de género. [19]

Sexualidad y orientación sexual[editar]

Ver también: transfobia , homofobia , bifobia y heterofobia

En los grupos focales, las personas que se identifican como bisexuales informan de microagresiones, así como otros niegan o desmienten sus propias opiniones o afirmaciones de identidad, por lo que no pueden entender y aceptar la bisexualidad como una posibilidad, pues les presionan para que renieguen de su identidad bisexual, al esperar que sean sexualmente promiscuas y cuestionar su capacidad para mantener relaciones monógamas. [19]

Algunas personas LGBT informan haber recibido gestos de microagresión de personas que forman parte de la comunidad LGBT. [20]​Afirman que ser excluidos, o no ser aceptados o comprendidos dentro de la comunidad de gais y lesbianas, es un tipo de microagresión. [19]​ Por su parte, Roffee y Waling plantean que el problema se debe, como ocurre en muchos grupos de personas, a que una persona a menudo hace suposiciones basadas en sus propias experiencias y cuando cuentan dichas suposiciones, el receptor puede no tener en cuenta a los demás y, por tanto, eso también es una forma de microagresión.[20]

Interseccionalidad[editar]

Más información: Interseccionalidad [21]

Las personas que son miembros de grupos marginales que se superponen, (p. ej.: un hombre homosexual asiático-americano o una mujer transgénero) experimentan microagresiones basadas en distintas formas de marginalización. Por ejemplo, en un estudio, las mujeres asiático-americanas informaron de que se sentían clasificadas por los hombres de otras culturas mayoritarias como sexualmente exóticas o que las vieron como posibles «esposas trofeo», simplemente por su pertenencia a ese grupo.[22]​ Las mujeres afroamericanas afirman que sufren microagresiones relacionadas con las características de su cabello, que pueden incluir la invasión del espacio personal cuando un individuo intenta tocarlo, o incluso, llegan a comentar que un estilo que es diferente al de una mujer europea-americana puede parecer «poco profesional». [23][14]

Personas con enfermedades mentales[editar]

Más información: Abuso a personas con discapacidad.

Las personas con enfermedades mentales contrastan haber recibido formas más visibles o públicas de microagresión, provenientes de familiares y amigos, así como de figuras de autoridad[24]​. En un estudio que involucraba a estudiantes universitarios y adultos tratados en la sanidad pública, se identificaron cinco tipos: invalidación, suposición de inferioridad, temor a las enfermedades mentales, vergüenza de las enfermedades mentales y tratamiento como ciudadano de segunda clase. [24]

Medios de comunicación[editar]

Los miembros de grupos marginados también han descrito microagresiones cometidas por actores o artistas relacionados con diversos medios, como pueden ser la televisión, las películas, la fotografía, la música o la literatura. Algunos investigadores creen que dicho contenido cultural refleja y moldea a la sociedad, [25]​ y de este modo, permite que las personas absorban los prejuicios, aunque no sean intencionados, en función de su consumo de los medios, y de esta forma es como si lo dijera alguien con quien se han cruzado.

Un estudio sobre el racismo en los anuncios de televisión describe que las microagresiones ganan un peso acumulativo, lo que conlleva inevitables choques entre razas debido a las sutilezas del contenido. [25]​ Como ejemplo de una microagresión racial, o microacoso, [26]​esta investigación demostró que las personas de color tenían más probabilidades que las personas blancas de ser mostrados comiendo o participando en actividades físicas, además de tener más posibilidades de trabajar o servir a otros. [25]​ La investigación concluye sugiriendo que las acciones microagresivas pueden omitirse de un cuerpo de trabajo, sin tener que sacrificar la creatividad o el beneficio.

Pérez Huber y Solorzano [27]​ inician su análisis sobre las microagresiones con una anécdota sobre los «bandidos» mexicanos, como se muestra en un libro para niños que se lee a la hora de acostarse. El artículo da ejemplos de estereotipos negativos de los mexicanos y los latinos en los libros, impresos y fotos, asociándolos de este modo con el estado del discurso racial dentro de la cultura mayoritaria y su predominio sobre los grupos minoritarios en los Estados Unidos. La personificación de estas actitudes a través de los medios también se puede aplicar a comportamientos microagresivos hacia otros grupos marginados.

En 2015, una revisión de la representación de los personajes LGBT en el cine afirmaba que los personajes gais y lesbianas se presentaban de manera «ofensiva». [28]​ En cambio, los personajes LGBT se representan como personajes complejos que, más que un cifrado de su orientación o identidad sexual, son un paso hacia la dirección correcta. Lo idóneo sería que «el público de cine queer finalmente tenga un placer narrativo que se le ha brindado a los espectadores desde los albores del cine negro: un personaje principal que es muy problemático, pero, a su vez, fascinante». [28]

Discriminación por edad e intolerancia[editar]

La microagresión puede apuntar y marginar a cualquier grupo definido, incluidos aquellos que comparten la misma edad o las mismas creencias. La microagresión es una manifestación de acoso que emplea los juegos de poder microlingüístico para marginar a cualquier objetivo, con una manifestación sutil de intolerancia al darle sentido al concepto de «otro». [29][30]

Perpetradores[editar]

Debido a que los perpetradores puede parece que tienen buenas intenciones y las microagresiones pueden ser más sutiles, quienes lo reciben a menudo experimentan una ambigüedad atributiva, lo que puede llevarlos a descartar un evento y acusarse a sí mismos de ser demasiado sensibles para tal enfrentamiento. [31]​ Si son desafiados por la persona de la minoría o por un observador, los perpetradores a menudo defenderán su microagresión como un malentendido, una broma o algo pequeño que no debería haberse exagerado. [32]

Efectos[editar]

En 2013, una revisión académica de la literatura sobre microagresiones concluyó que «el impacto negativo de las microagresiones raciales en la salud psicológica y física está comenzando a documentarse; sin embargo, estos estudios han sido en gran medida relacionados y basados en el recuerdo y en la propia información, lo que dificulta determinar si las microagresiones raciales en realidad causan resultados negativos en la salud y, de ser así, a través de qué mecanismos». [33]​ Por otra parte, en 2017, una revisión de la investigación sobre la microagresión señaló que a medida que los estudiantes intentan comprender el posible daño causado por las microagresiones, no se han realizado muchas investigaciones cognitiva o conductuales, ni muchas pruebas experimentales y se han basado demasiado en pequeñas colecciones de testimonios anecdóticos de muestras que no son representativas de ninguna población en particular. [6]

Los receptores de microagresiones pueden llegar a sentir rabia, frustración o desesperación. Los afroamericanos afirman haberse sentido bajo presión a la hora de representar su grupo o de reprimir su expresión cultural y «actuar como los blancos».[34]​Con el tiempo, se cree que el efecto acumulativo que causan puede llevar a la falta de confianza en uno mismo y a una baja autoestima; también puede llevar a potenciar los problemas de salud mental como la depresión, la ansiedad o el trauma. [35][34][36][37]​Muchos investigadores han argumentado que las microagresiones son más dañinas que las expresiones directas de discriminación, esto se debe a que normalmente son sutiles y, consecuentemente, ignoradas o se les quita importancia, lo que lleva a la víctima a dudar de sí misma por darse cuenta o por reaccionar en contra, en vez de ser un enfado justificado; y a aislarse, en vez de ser apoyada por otros en estos casos.[38][39][40]​ Algunos estudios demuestran que, en Estados Unidos, cuando la gente de color percibe microagresiones por parte de sus terapeutas, la satisfacción del cliente con la terapia es más baja. [41][42]​ Otros sugieren que estas microagresiones afectan tanto a la gente de color que llegan a tener miedo, desconfiar o evitar el contacto con gente blanca para evitarlas. [43]​ Por otra parte, hay quien manifiesta que tener que afrontarlas les ha hecho más resilientes [44]​. Algunos estudiosos sugieren que, aunque puede parecer que no haya gran cantidad, son «tan numerosas que intentar manejarlas sería como levantar una tonelada de plumas». [45]

Reacciones[editar]

Discurso público y daño a los hablantes[editar]

Kenneth R. Thomas expuso en American Psychologist que las recomendaciones inspiradas en la teoría de la microagresión «si se implementan, podrían tener un efecto escalofriante en la libertad de expresión y en la voluntad de los blancos, incluyendo algunos psicólogos, de interactuar con personas de color»[46]​. Los sociólogos Bradley Campbell y Jason Manning han escrito en la revista académica Comparative Sociology que el concepto de microagresión «encaja en una clase más amplia de tácticas de conflicto en las que los afectados buscan atraer y movilizar el apoyo de terceros» que a veces implica «que tomen acción documentándose, exagerando o incluso falsificando delitos» . El concepto de microagresiones ha sido descrito como un síntoma de la ruptura del discurso civil, y que son «el paso en falso de ayer bien intencionado» [46]​.

Un tipo sugerido de microagresión por un boletín de la Universidad de Oxford era evitar el contacto visual o hablar directamente con la gente. Esto provocó una controversia cuando se señaló que tales suposiciones son insensibles a las personas autistas que pueden tener problemas para establecer contacto visual [47][48]​.

Cultura de victimización[editar]

En su artículo Microagresión y culturas morales, los sociólogos Bradley Campbell y Jason Manning[54] dicen que el discurso de la microagresión conduce a una cultura de victimización. El psicólogo social Jonathan Haidt afirma que esta cultura de la victimización «disminuye la capacidad del individuo para manejar pequeños asuntos interpersonales por sí mismo» y «crea una sociedad de conflictos morales constantes e intensos a medida que las personas compiten por su estatus como víctimas o como defensores de las víctimas». De igual manera, John McWhorter, lingüista y comentarista social, sugiere que «infantiliza a la gente de color para que se les enseñe que las microagresiones, e incluso otras a gran escala, nos frenan, dañan permanentemente nuestra psicología o nos eximen de la competencia real»[49][50][51]

Angustia emocional[editar]

En The Atlantic, Greg Lukianoff y Jonathan Haidt expresaron su preocupación por el hecho de que el enfoque en las microagresiones puede causar más trauma emocional que la experiencia de las microagresiones en el momento en que ocurren. Creen que el autocontrol de pensamientos o acciones por parte de un individuo para evitar cometer microagresiones puede causar daño emocional cuando una persona trata de evitar convertirse en un microagresor, ya que dicho autocontrol extremo puede compartir algunas características del pensamiento patológico.[52]​Refiriéndose especialmente a los programas de prevención en las escuelas o universidades, dicen que el elemento de protección, del que forman parte las alegaciones de microagresión, prepara a los estudiantes mal para la vida profesional, lo que a menudo exige un compromiso intelectual con las personas y las ideas que uno puede encontrar incongruentes o erróneas.[52]​También dicen que se ha vuelto «inaceptable cuestionar la razonabilidad (por no hablar de la sinceridad) del estado emocional de una persona», lo que da lugar a que se juzguen las presuntas microagresiones que tienen características de juicios por brujería.[52]

Escribiendo para The Federalist, Paul Rowan Brian argumentó que la teoría de la microagresión combina casos triviales e ignorables de racismo con prejuicios y exclusiones reales y legítimas [53]Amitai Etzioni, escribiendo en The Atlantic, sugirió que la atención a las microagresiones distrae a individuos y a grupos de tratar con actos mucho más serios [54]​.

Corrección política[editar]

De manera similar, Ralph Nader ha criticado los conceptos de advertencias de efectuación y corrección política en los campus por crear demasiada sensibilidad [55]​. Viv Regan, que escribe para Spiked Online, se preguntaba si la comodidad que proporciona tener una etiqueta conveniente para la supuesta grosería supera el daño causado por la reacción exagerada [56]​.

Según Derald Wing Sue, cuyos trabajos popularizaron el término, muchas críticas se basan en que el término es malentendido o mal utilizado. Dijo que su propósito al identificar tales comentarios o acciones era educar a la gente y no silenciarla o avergonzarla. Señala además que, por ejemplo, identificar a alguien que ha utilizado microagresiones raciales no significa que sea racista[57]

Referencias[editar]

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