Subcutánea

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La vía de elección para la administración de fármacos siempre debe ser la vía oral en el paciente oncológico en situación terminal1-4. En muchas ocasiones esta vía oral puede ser impracticable, habría que valorar otras vías de administración. En estos casos, siempre se ha de tener en cuenta como vía alternativa, la vía subcutánea. Ésta presenta muchas ventajas porque tiene pocas complicaciones y a la vez es cómoda, tanto para el paciente como para la familia. Es una técnica de fácil aplicación en el domicilio. Controla los síntomas, a la vez que mejora la calidad de vida del paciente; objetivo primordial en los enfermos en situación terminal. Permite la estancia en su domicilio durante el mayor tiempo posible, manteniendo su autonomía. Según diversas encuestas el deseo de la mayoría de los pacientes con enfermedad en fase terminal es fallecer en su domicilio en condiciones dignas, situación que se puede conseguir aplicando esta técnica5.

La vía subcutánea es una de las cuatro vías parenterales que existen para la inyección de medicamentos. Clásicamente, esta vía estaba representada por la administración de insulina, heparina y vacunas. Sin embargo, con la incorporación del cuidado del enfermo terminal, las utilidades del acceso subcutáneo se han ampliado considerablemente en la atención primaria. A la hora de administrar una medicación se debe actuar sistemáticamente, cumpliendo una serie de pasos:

Preparar el material necesario. Preparar el medicamento. Elegir el lugar de inyección. Administrar el medicamento

Se debe aplicar casi de forma horizontal respecto a la piel, así queda entre sus capas o en el tejido conectivo entre la piel y los músculos.

El procedimiento puede hacerse de forma ambulatoria por un médico. A veces puede explicarse como "una astilla", ya que no penetra en los músculos

Véase también[editar]