Quema de iglesias del 16 de junio de 1955

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Quema de iglesias del 16 de junio de 1955 en Argentina
Curia quemada 16-6-55.jpg
Edificio de la Curia luego del ataque
Lugar Buenos Aires, Argentina
Blanco(s) Iglesias católicas
Fecha 16 de junio de 1955
Tipo de ataque Quema de conventos
Arma(s) Nafta y objetos contundentes
Muertos No
Perpetrador(es) Peronistas
Motivo Ataque a la Iglesia Católica luego del bombardeo de Plaza de Mayo

La quema de iglesias del 16 de junio de 1955 fue una acción perpetrada por militantes peronistas durante el transcurso de su conflicto con la Iglesia y que consistió en el incendio de templos católicos por parte de atacantes, ocurrido mayormente en la ciudad de Buenos Aires, capital de la República Argentina, en respuesta al Bombardeo de la Plaza de Mayo, que ocasionó más de 308 muertos y alrededor de 800 heridos.[1]

El mayor número de iglesias atacadas fue en Buenos Aires, donde actuaron tres grupos organizados que partieron de dos reparticiones del Estado y de un local del Partido Peronista, dirigiéndose separadamente a las iglesias. También hubo hechos similares en algunas ciudades del interior de Argentina.[2]

Los atacantes, ingresaron en las iglesias, provocaron destrozos, ocasionaron algunos incendios y, en algunos casos, robaron elementos de las mismas. En general las personas que se encontraban en esos lugares pudieron huir, existiendo versiones sobre agresiones personales que provocaron lesiones. La policía, las fuerzas militares y los bomberos se abstuvieron totalmente de intervenir, limitándose estos últimos a comenzar a actuar contra el fuego una vez terminada la agresión.[3]

Algunos de los templos databan de la época colonial por lo que ciertos daños fueron irreparables. En un discurso pronunciado el 18 de junio el presidente Perón atribuyó los hechos a los comunistas.

El ataque sumó decididamente a la Iglesia a la oposición antiperonista.

Antecedentes[editar]

Inicio del conflicto[editar]

En los últimos meses de 1954 comenzaron a producirse algunos hechos que mostraban un cambio en las relaciones, hasta ese momento aparentemente normales, entre la Iglesia católica y el gobierno peronista y un proceso de deterioro de las mismas que se fue agravando con el tiempo. Desde el Partido Peronista y la prensa oficialista se dirigían críticas a la Iglesia y sus integrantes y a su vez tanto desde el púlpito como en diversos documentos se hacían manifestaciones adversas al gobierno que, paralelamente, ocasionaron que se produjeran detenciones de sacerdotes acusados de desacato y de atentar contra la seguridad pública.

Reformas legislativas[editar]

Por otra parte, frente al enfrentamiento con la Iglesia, los funcionarios y legisladores peronistas dispusieron modificaciones en la legislación que eran claramente opuestas a la posición que tenía el catolicismo en varios temas.

Fue así que entre diciembre de 1954 y mayo de 1955 el gobierno de Perón tomó varias medidas en contra de Iglesia. Primeramente eliminó la enseñanza religiosa de las escuelas públicas, luego negó el permiso para que el acto de clausura del Año Mariano Universal se realizase en la Plaza de Mayo, por lo que quedó confinado a la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, asimimso prohibió la realización de manifestaciones religiosas en los lugares públicos, sancionó el divorcio vincular que habilitaba a los cónyuges divorciados a contraer nuevo matrimonio, autorizó la apertura de establecimientos donde se ejercía la prostitución, suprimió la mayor parte de los feriados religiosos, dejó sin efecto la exención de impuestos a las instituciones religiosas y aprobó convocar a una convención constituyente que tratara la reforma de la Constitución para separar la Iglesia del Estado.[4]

Estas medidas anticlericales produjeron gran descontento entre los católicos quienes se sumaron al gran sector del pueblo que se oponía al gobierno de Perón: los antiperonistas.

La celebración de Corpus Christi[editar]

La celebración de la fiesta de Corpus Christi que correspondía al jueves 9 de junio fue postergada por la Iglesia para el sábado 11 y tuvo una concurrencia estimada en unas 200.000 personas, que colmó la Catedral y ocupó la Plaza de Mayo adyacente. Al fin de la celebración, cuando los sacerdotes Manuel Tato, Vicario general y obispo auxiliar -quien se había dirigido a la concurrencia desde el púlpito-, y Antonio Rocca, que estaba presente en ausencia del cardenal Santiago Luis Copello, aparecieron en el balcón, fueron aclamados por la multitud, que a continuación formó una manifestación que se encaminó por la Avenida de Mayo hacia el Congreso Nacional. Desde ella hubo pedradas contra los diarios oficialistas La Prensa -que había sido confiscado a su propietario José C. Paz y entregado a los sindicatos peronistas-, Época, Democracia y El Laborista, ubicados en su camino. Al llegar al Congreso arriaron la bandera nacional y la reemplazaron por la enseña del Vaticano, apedrearon el edificio y arrancaron al grito de "¡Muera Eva Perón!" dos placas de bronce colocadas en el frente.

La quema de la bandera[editar]

El mismo día el gobierno en un comunicado acusó a los manifestantes, además de por los daños, de haber quemado una bandera argentina, lo que inició una investigación judicial. El subinspector Héctor Giliberti le confesó a su hermano, el capitán de corbeta José María Giliberti, que la bandera había sido quemada por compañeros de la propia Policía Federal. Por ello tanto el subinspector como los policías Juan Laperchia e Isidoro Ferrari fueron citados por el presidente del Consejo Superior de las Fuerzas Armadas y declararon confirmando ese hecho, por lo cual el organismo solicitó a Perón la separación del jefe de policía y la detención del Ministro del Interior Ángel Borlenghi. Pero al día siguiente de esa comunicación Borlenghi hizo sellar su pasaporte y salió del país hacia Montevideo.[5] Ya depuesto el gobierno otras declaraciones confirmaron lo sucedido y el propio contraalmirante Alberto Tessaire -vicepresidente al tiempo del hecho- afirmó que la acción se había ejecutado no sólo con la autorización de Perón sino bajo su inspiración.[6]

Bombardeo de Plaza de Mayo[editar]

El 16 de junio de 1955, en el marco de una rebelión cívico-militar que se proponía derrocar al gobierno, aviones con pintadas de «Cristo vence» arrojaron bombas sobre la Casa Rosada y la Plaza de Mayo, ocasionando más de 308 muertos y más de 700 heridos.[1]

La quema[editar]

Saqueadores e incendiarios de las iglesias céntricas de Buenos Aires, disfrazados con hábitos religiosos

Durante la tarde, antes de que terminaran los combates callejeros en torno al Edificio Guardacostas -entonces Ministerio de Marina-, se produjo el primer asalto al palacio arzobispal. El resto de los ataques a edificios eclesiásticos se produjo a partir de las seis de la tarde.[7]

El presidente Perón estaba reunido junto al alto mando militar en la sede del Ejército. Desde las ventanas se percataron del resplandor de los templos y Perón se enojó:

Tomen medidas, porque éstas son bandas comunistas que están quemando las iglesias, y después me lo van a atribuir a mí.

Juan Domingo Perón, 16 de junio de 1955.[7]

El general José Embrioni, subsecretario del Ministerio de Ejército, antes de llamar al jefe de la policía, le preguntó a Perón si debía hacer el pedido en su nombre.

¡Sí, Embrioni; es una barbaridad, cómo no! Hágalo y dígale a Gamboa que se preocupe al máximo de la seguridad de los templos.

Juan Domingo Perón, 16 de junio de 1955.[7]

Pero el jefe de la policía, Miguel Gamboa, obedeció otras instrucciones que posteriormente le hiciera llegar el ministro del interior Ángel Borlenghi: la policía debía permanecer acuartelada y liberar la zona para la llegada de los grupos vandálicos.[8]

La curia y el palacio arzobispal fueron asaltados cerca de la 16:30. Se quemó todo el edificio, con la consiguiente pérdida arquitectónica. Se quemó el Archivo Histórico con las partidas de nacimiento, matrimonio y muerte que se remontaban hasta fines del siglo XVI. Se quemaron también numerosas obras de arte antiguo: cerámicas, tallas, trabajos en metal, pinturas al óleo, y demás.[8] Una vez finalizado el palacio arzobispal, el grupo incendiario se dividió prolijamente en dos columnas. Una marchó hacia el sur, hacia el convento de Santo Domingo, y otra hacia el norte en busca de la Basílica de La Merced.[9]

Si bien el solar de Belgrano y Defensa fue adquirido por la Orden Dominica en el año 1606, el edificio actual fue construido entre 1762 y 1779. Fray Luis Alberto Montes de Oca, prior del convento, observó los camiones de militantes que se congregaban en las cercanías y mandó cerrar las rejas para impedir su entrada. Cerca de las 17:30 vio que se comenzaban a forzar los barrotes, y abandonó el lugar por una puerta lateral.[9]

Una situación similar sucedió en el convento de San Francisco (construido entre 1731 y 1754) y su anexa capilla San Roque (construida entre 1751 y 1762). El prior de ese convento era Cecilio Heredia y, al igual que Montes de Oca, abandonó el edificio por una puerta lateral al momento en que los primeros militantes peronistas hacía su aparición.[10]

A una cuadra de distancia se halla la iglesia de San Ignacio de Loyola, que es el edificio más antiguo de la ciudad. Si bien el gobernador Hernandarias había cedido el terreno en 1606 para la construcción de una iglesia de adobe, el edificio actual de ladrillos no comenzó a levantarse sino hasta 1675. El párroco, Alberto Lattauda, se acercó a dos camiones del ejército, pidiendo su intervención ante los actos de vandalismo, pero los efectivos se negaron.[10]

Cerca de las 18:30 el cuartel de Bomberos y el Departamento de Policía comenzaron a recibir llamados de auxilio ante la proliferación de focos incendiarios en el centro de la ciudad. De esto refiere el jefe de la policía

Pensé que tenía que salir a la calle, pero el Ministro [Borlenghi] me decía que no.

Miguel Gamboa, jefe de la policía federal, 16 de junio de 1955.[10]

Oscar Benzi, el Jefe de Bomberos, impartió la orden de acudir a los focos y tratar de evitar la propagación a las casas vecinas. Una dotación se dirigió a Santo Domingo, liderada por Rómulo Pérez Algaba.[11] En sus declaracionas ante la Comisión Investigadora, Algaba explicó los hechos:

Llegué a Santo Domingo y ví que se encontraba agobiada de gente impidiéndole al personal, a la dotación, que desarrollara sus tareas. Lo llamé al oficial Juárez y al mismo tiempo que hablé con los cabecillas de esa gente, que era una cantidad grandísima, ví que había un camión con un tanque sistema playero y atracado con la culata sobre la iglesia. De ahí sacaban nafta con jarras de aluminio.

Rómulo Pérez Algaba, 26 de diciembre de 1955.[11]

Hubo ciertos momentos de desesperación cuando tres delegados de la CGT se percataron que al fondo de la iglesia se guardaban valiosos trofeos de guerra: las banderas de los regimientos británicos rendidos durante la reconquista de la ciudad en 1806. Gracias a la valentía de los bomberos éstas reliquias pudieron salvarse.[12] Distinta suerte corrió la urna funeraria que guardaba los restos del general José Matías Zapiola, héroe del Cruce de los Andes: quedó tirada a lo lejos, fuera del edificio.[13]


Los lugares atacados fueron:

  • Curia Eclesiástica. Está ubicada en la calle Rivadavia frente a la Plaza de Mayo pegada a la Catedral de Buenos Aires y a dos cuadras escasas de la Casa Rosada. Los asaltantes la saquearon y destrozaron todos los muebles y objetos de valor antes de incendiarla.
  • Catedral Metropolitana. Los peronistas penetraron en ella por la fuerza causando destrozos pero no se atrevieron a incendiarla.
  • Convento de San Francisco. Está situado en las calles Defensa y Alsina, a una cuadra de la Plaza de Mayo y a dos cuadras de la Casa Rosada. Los asaltantes no dejaron habitación, imagen ni altar en pie y luego prendieron fuego a los restos. Un sacristán que vio el hecho escondido en el campanario declaró: "La gran mayoría eran hombres jóvenes, que vestían pilotos porque estaba lloviendo. (..) Vi pasar algunos autos patrulleros pero sin detenerse. En cuanto a los bomberos, cuando llegaron, después de bastante tiempo, se dedicaron a remover algunas imágenes sin actuar mayormente. Tampoco creo que hubieran podido; todo ardía ya, y enfrentar a los grupos hubiera sido temerario. Utilizaron damajuanas con nafta, las que acarreaban desde automóviles lujosos. Oí también fuertes explosiones, como si utilizaran bombas y también un intenso tiroteo. Todos los vidrios del convento fueron rotos a tiros. Fue una orgía de balazos, fuego y explosiones. El fuego duró unas ocho horas con toda intensidad. Al día siguiente todavía llameaban el altar mayor y el coro".[14]
  • Convento de Santo Domingo: El complejo fue incendiado y saqueado. Se perdieron algunas de sus reliquias y documentos.[15]
  • Santo Domingo de Guzmán.
  • San Francisco de Asís.
  • San Ignacio de Loyola. Se perdieron cuatro siglos de actas de bautismo y matrimonio, lo cual destrozó cualquier intento de investigación genealógica sobre la Buenos Aires colonia.
  • Nuestra Señora de la Piedad del Monte Calvario.
  • San Miguel Arcángel.
  • Nuestra Señora de las Victorias.
  • Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
  • San Nicolás de Bari.
  • San Juan Bautista.
Histórica Iglesia de San Francisco luego del ataque

Bernardo Rabinovich afirma que quienes atacaron la iglesia de Las Victorias agredieron al padre Jacobo Wagner, causándole fracturas en las piernas. Agrega que este sacerdote octagenario falleció poco después.[16] Según otra versión la agresión habría consistido en un golpe en la cabeza dado con una barreta.[17]

Imputaciones de Perón[editar]

El 18 de junio Perón en un discurso en la CGT dijo: “Yo sé muy bien que no son trabajadores los que han producido los actos de violencia en las iglesias ni en ninguna de esas partes”. “En estos días, indudablemente, han aprovechado los comunistas. Los vimos ya y tuve noticias durante el mismo movimiento.”[18] Tiempo después, en declaraciones a tres periodistas que fueron grabadas y publicadas, Perón afirmó: “Las iglesias habían sido quemadas desde adentro.” “A la mañana siguiente me dan la noticia de que se habían quemado cuatro iglesias de Buenos Aires”; “eso fue un acto de provocación para mí. Quemaron las iglesias para hacer las campañas en mi contra. Mi impresión personal es que todo esto fue dirigido por Tato y Novoa. Y ellos no pudieron probar a nadie cómo se habían quemado las iglesias.”[19] Por su parte los diarios El Líder y Democracia de los días 17, 18 y 19 de junio reiteraron informaciones sobre descubrimiento de “incendiarios comunistas”, por parte de la Policía así como de vastos planes de agitación y agresión contra templos católicos.[20]

Investigación posterior[editar]

La gravedad de los sucesos impulsaría a una investigación obligada en nuestro país, que arrojó resultados muy diversos, de acuerdo a quien acusaba. Para el gobierno peronista fue culpable “una logia masónica antiperonista”, o incluso, de acuerdo a un discurso de Perón, los comunistas. También se habló de grupos de oligarcas provocadores, que buscaron cometer desmanes para lograr defenestrar más rápida y efectivamente a Perón, que sería acusado como principal responsable de los sucesos. Para otros sectores, grupos bien entrenados de la Alianza Libertadora Nacionalista, o elementos del sindicato de Petroleros (SUPE) bajo la orden del ministro de Industria, Dr. Orlando Santos.

Después del golpe de setiembre de 1955, la Revolución Libertadora echó todas las culpas sobre Perón, determinándose –si era posible alguna objetividad– que se habrían organizado tres equipos especiales que salieron del edificio central del Partido Peronista, del Ministerio de Salud Pública y del SIDE, con órdenes precisas de incendiar los templos. Se señaló como masón al ex–vicepresidente Teisaire, a quien se sindicó como responsable de los piquetes incendiarios, e igualmente a los ministros Méndez San Martín, Borlenghi y Raúl Mendé.

Debe señalarse como contribución a una hipótesis sobre los responsables de los incendios, que cada caso en particular presenta cuestiones atenuantes o agravantes que merecen ser analizados. Incluso, es necesario remarcar que la “verdad” fue incinerada y ultrajada junto a las imágenes que ardieron en esa terrible y luctuosa noche del 16 de junio de 1955. Por lo tanto, la objetividad es inalcanzable. Sólo se pueden señalar aproximaciones, no certezas. Se puede presentar entonces –hipotéticamente– los grupos más notorios que pudieron gestar los sucesos en debate, sin desestimar la cuota de espontaneidad que rodeó la cuestión.

1. El factor espontáneo: Aunque no haya dudas que hubo provocadores que incitaron a los incendios y depredaciones, es difícil determinar su procedencia. Además, es necesario tener en cuenta el shock colectivo que significó el absurdo baño de sangre que recibió la masa peronista, que acudió en defensa de su líder. Una masacre sin calificativos que podría caldear los ánimos más pacientes y solícitos. Podría entonces argumentarse que los asaltos, incendios y depredaciones fueron válvula de escape para la alienación colectiva desatada, para la desesperación de la matanza. Se buscó culpables y se encontró inmediatamente esa Iglesia que encabezaba la oposición antiperonista (los hechos del Corpus Christi habían acaecido hacía sólo 5 días). La masa enardecida se lanzó entonces, a descargar su furia contra el signo más visible y presente: los templos religiosos. Destruye y devasta todo a su paso, con ciega furia y alienación desesperada. La crisis de una terrible tragedia colectiva, una catarsis masiva y estrepitosa que sacudió enteramente los cimientos de la sociedad argentina.

2. El Partido Comunista: se lo atacó reiteradamente por parte del peronista, atribuyéndole la responsabilidad de los incendios debido a su conocido anticlericalismo e histórico ateísmo. Sin embargo, lo cierto es que la particular situación argentina había unido en un frente heterogéneo y atípico a los comunistas junto a los católicos y el resto de la oposición. Existen testimonios como las fotos de la procesión del Corpus Christi donde se observa a los comunistas caminando al lado de la cruz, y se conocen muchas otras situaciones donde desarrollaron tácticas comunes con los católicos, lo que opondría serias dudas a la posibilidad de que hubieran sido los que incitaron a los incendios y profanaciones.

3. La Masonería: La Iglesia los persiguió implacablemente por considerarlos heréticos y vehículo de prácticas diabólicas, y ellos, haciendo honor a su ideario liberal, la enfrentaron impulsando las llamadas leyes laicistas: matrimonio civil, enseñanza laica, secularización de cementerios, divorcio, igualdad de los hijos naturales y legítimos, separación de la Iglesia y el Estado, etc.; llegándose muchas veces a enfrentamientos violentos, allí donde la masonería numéricamente tenía la fuerza suficiente como para arrastrar las masas contra la Iglesia (fines del siglo XIX). En nuestro conflicto no debe descontarse la posibilidad de que hubiera masones infiltrados en el peronismo, que colaboraron a la imposición de las leyes laicistas de 1954/55. No existen datos que puedan confirmarlo, pues la masonería guarda muy secretamente la identidad de sus miembros. Una clave la proporciona un Gran Maestre actual, Carlos Wilson, al exponer que desde 1939 hasta 1957 hubo una escisión en las filas masónicas. La división se produjo porque un grupo de masones llegados al país después de la guerra civil española, no quisieron firmar una declaración condenatoria de la República Española, y no estaban de acuerdo con la prohibición de participar políticamente en la particular coyuntura que se iniciaba. Integraron entonces el “Gran Oriente Federal Argentino”, participando activamente en el peronismo y siendo perseguidos igualmente. Pero, ¿quiénes eran? La masonería guarda un cerrado silencio sobre ellos, especialmente cuando se trata de hechos de esta naturaleza. Si bien existe el antecedente de que el incendio del Colegio del Salvador (1875) se debió al auge liberal-masónico de esos años, debe destacarse que en nuestro siglo disminuyó notoriamente el peso social de la masonería. Debe establecerse también, que los masones son ideólogos antes que hombres de acción, aunque no desdeñan la acción práctica cuando las condiciones les son favorables. Por lo tanto, podría concluirse que seguramente hubo masones entre los agitadores que arrastraron a las masas enfurecidas a las iglesias el 16 de junio de 1955.

4. La Alianza Libertadora Nacionalista: Organización instrumentada como fuerza de choque de marcado carácter fascista, signada por la desembozada simpatía hacia Alemania e Italia durante la 2ª Guerra Mundial, y por ende corporativista, antisemita y anticomunista. Desde 1946 estuvo cerca del peronismo aunque con cierta independencia ideológica y política, sirviendo como brigada patotera. Cuando en 1953 Guillermo Patricio Kelly desplaza –con pleno aval de Perón y Borlenghi– a la conducción de Juan Queraltó, la línea da un vuelco hacia el abandono del antisemitismo y del llamado nacionalismo extranjerizante. Con Kelly, la Alianza contó con pleno aval oficial, sin dejar de ser una banda de matones encargada de apalear antiperonistas, y realizar atentados e intimidación pública. Parece que tuvo activa participación en los incendios y depredaciones del 15 de abril de 1953 y 16 de junio de 1955. Se dijo que aquellos jóvenes incendiarios que se vio bajar de autos lujosos acarreando latas de nafta eran aliancistas. Kelly apareció en varias oportunidades con frondoso prontuario, siendo sindicado de incendiario por la revolución libertadora.[21]

Consecuencias de la quema de las iglesias[editar]

Daniel Cichero opinó que "el ataque a los templos católicos sin dudas formó parte de la dinámica de la jornada. Y se constituyó, por sí mismo, en un argumento (casi en un símbolo) que sirvió decididamente a la construcción de la legitimidad del antiperonismo y en justificación para la continuidad de la acción violenta contra el gobierno"[22] agregando que "toda la secuencia previa había estado envuelta en el conflicto con la Iglesia. Y aunque la organización del bombardeo corrió por otros carriles y fue protagonizado por oficiales ajenos a la formación católica, la reacción se dirigió directamente contra ella".[22]

Por su parte el historiador estadounidense Joseph A. Page señaló que "el impacto psicológico de las iglesias carbonizadas fue tremendo para aquellos católicos que aún tenían memoria de las atrocidades de la Guerra Civil española".[23]

Ver también[editar]

Sucesos de 1955:

11 de junio: Procesión de Corpus Christi en Buenos Aires

12 de junio: Defensa de la Catedral de Buenos Aires.

16 de junio: Bombardeo de la Plaza de Mayo, Quema de iglesias del 16 de junio de 1955.

Notas[editar]

  1. a b Daniel Cichero: Bombas sobre Buenos Aires (pág. 173). Buenos Aires: Javier Vergara Editor, 2005; ISBN 950-15-2347-0.
  2. Gambini, Hugo: Historia del peronismo vol. II pág.290. Buenos Aires 2001 Editorial Planeta Argentina S.A. ISBB obra completa 950-49-0226-X Tomo I 950-49-0784-9
  3. Cichero, Daniel: Bombas sobre Buenos Aires pág. 131. Javier Vergara Editor Buenos Aires 2005 ISBN 950-15-2347-0
  4. José Oscar Frigerio: «Perón y la Iglesia. Historia de un conflicto inútil» (pág. 35), publicado en el n.º 210 de octubre de 1984 de la revista Todo es Historia de Buenos Aires.
  5. Gambini, Hugo: Historia del peronismo vol. II pág. 261 Buenos Aires 2001 Editorial Planeta Argentina S.A. ISBB obra completa 950-49-0226-X Tomo II 950-49-0784-9
  6. diario Clarín de Buenos Aires del 5-10-1955 citado por Gambini pág. 261 y nota
  7. a b c Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. Cuarta edición. Editorial Claridad. Buenos Aires 2013. ISBN 978-950-620-336-8, página 283
  8. a b Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. Cuarta edición. Editorial Claridad. Buenos Aires 2013. ISBN 978-950-620-336-8, página 284
  9. a b Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. Cuarta edición. Editorial Claridad. Buenos Aires 2013. ISBN 978-950-620-336-8, página 285
  10. a b c Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. Cuarta edición. Editorial Claridad. Buenos Aires 2013. ISBN 978-950-620-336-8, página 286
  11. a b Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. Cuarta edición. Editorial Claridad. Buenos Aires 2013. ISBN 978-950-620-336-8, página 287
  12. Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. Cuarta edición. Editorial Claridad. Buenos Aires 2013. ISBN 978-950-620-336-8, página 287 y 288
  13. Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. Cuarta edición. Editorial Claridad. Buenos Aires 2013. ISBN 978-950-620-336-8, página 294
  14. Frigerio, José Oscar: Perón y la Iglesia. Historia de un conflicto inútil pág. 58 publicado en el n* 210 de octubre de 1984 de la revista Todo es Historia de Buenos Aires
  15. Carlos Vigil (1968). Los Monumentos y lugares históricos de la Argentina. Editorial Atlántida. 
  16. Bernardo Rabinovitz: Sucedió en la Argentina (1943-1956). Lo que no se dijo. Editorial Gure 1956 (citado por Gambini op. cit. pág. 290
  17. Gabriel Oggier: Un mártir de la persecución religiosa de 1955. Sucedió en la noche del 16 de junio en que ardieron los templos de Buenos Aires. Folleto publicado en Catamarca el 21-10-1955 citado por Pedro Santos Martínez en La Nueva Argentina (1946-1955) tomo 2 pág. 224. Editorial Astrea Buenos Aires 1976.
  18. José Oscar Frigerio op. cit. pág.60
  19. cit. por Hugo Gambini en op. cit. pág.291
  20. Daniel Cichero, op. cit. pág. 129
  21. Frigerio, José Oscar (2010). El síndrome de la Revolución Libertadora: la Iglesia contra el Justicialismo. Córdoba. Editorial Arkenia. ISBN 978-987-1591-70-1. 
  22. a b Cichero, Daniel: Bombas sobre Buenos Aires pág. 128 Buenos Aires 2005 Javier Vergara Editor ISBN 950-15-2347-0
  23. Joseph A. Page: Perón. Segunda parte (1952-1971), pág. 64. Buenos Aires: Javier Vergara Editor, 1983; ISBN 950-15-0316-X.