Poesía metafísica

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El doctor Samuel Johnson llamó en el siglo XVIII metaphysical poetry o poesía metafísica a la practicada por un grupo de poetas ingleses barrocos del XVII que se singularizaban por desarrollar una poesía meditativa y filosófica sobre los problemas de la muerte, el tiempo, Dios y el amor. En general, fue especialmente cultivada en la Europa del siglo XVII, por lo que es frecuente encuadrarla como un estilo dentro del periodo barroco. En la literatura española, varios de los poemas de Francisco de Quevedo se pueden considerar ejemplos de este tipo de poesía.

Definición y características[editar]

La poesía metafísica surge de la necesidad de expresar las paradójicas cualidades de la experiencia humana, esto es, lo contradictorio, lo irremisiblemente opuesto tanto en la naturaleza humana como en la vida cotidiana; lo transitorio de la pasión amorosa; la dualidad alma-cuerpo; etc. Todo ello se resuelve en la experimentación de la angustia existencial, de la caducidad de la vida y de las múltiples paradojas que conforman la vida humana, reflejando a un autor que escribe sumido en un caos de pasiones violentas y transitorias. Sus versos rigurosos y energéticos se orientaban más a capturar la razón que las emociones, descartando la intuición y el misticismo en favor de la discusión racional. Poseían un estilo inventivo y elaborado, caracterizado por las doctas referencias y los argumentos sutiles, al igual que por la “alusión metafísica”: el uso de imágenes inusuales y paradójicas. (Un ejemplo sería la comparación que hace Andrew Marvell entre el alma y una gota de rocío.) Aunque estos recursos no eran nuevos, los poetas metafísicos lograron explotarlos al máximo adoptando un enfoque completamente original y propio, infundiendo, en el proceso, nueva vida a la poesía inglesa.

Esta poesía se caracteriza por la mezcla de pasión y pensamiento, de sentimiento y raciocinio, y en ella el pensamiento se convierte en una experiencia que modifica la sensibilidad. La esencia de la poesía metafísica estriba en su capacidad de integrar el pensamiento y la sensación en una misma expresión, con el objeto de hallar equivalencias verbales para expresar estados de ánimo y sentimientos. En la poesía metafísica el impulso poético inicial es la preocupación del poeta por los problemas metafísicos, que son entrevistos en cualquier aspecto de la vida cotidiana; lo que es relevante en esta poesía no es el tema sino la manera de enfocarlo. Los temas propiamente metafísicos son, fundamentalmente, la unión del espíritu y el cuerpo, el misterio de la unión de dos seres por el amor y la contingencia del hombre unida a su inmortalidad.

Estilísticamente, los poemas metafísicos se caracterizan por:

  • presencia del llamado concepto metafísico (variante dentro del conceptismo), en el que sus elementos consiguen unirse en un todo que permanece sólidamente integrado, aun a pesar de que en origen son mucho más evidentes sus diferencias que sus semejanzas; en este tipo de concepto se violentan no solo categorías científicas sino también categorías de asociación. Las relaciones percibidas son, frecuentemente, lógicas y no sensibles o emocionales, conectando lo abstracto con lo concreto, lo remoto con lo cercano, lo sublime con lo trivial, etc. Su función es central en los poemas metafísicos, hasta el punto de que estos no pueden ser comprendidos plenamente sin la aprehensión previa del contenido del concepto en cuestión. El concepto metafísico, que parte de una paradoja en el pensamiento del poeta, tiene como objeto exponer a esta.
  • un comienzo abrupto y personal en el que la voz lírica habla a su amante, o interpela a Dios, o presenta una escena, o apela al lector para que preste atención a algo;
  • inserción de palabras representativas de situaciones de la vida ordinaria;
  • razonamientos del hablante consigo mismo, debatiendo con sus dudas para ilustrar el dilema o la perplejidad que le ocupa.

La crítica que originalmente abordó la descripción de este tipo de poesía (James Smith, Herbert J.C. Grierson y T.S. Eliot) subrayó que no debía confundirse con la poesía filosófica, caracterizada únicamente por la meditación sobre temas filosóficos.

Poetas metafísicos[editar]

Los representantes más importantes de este estilo de poesía fueron los siguientes:

Otros poetas también considerados a veces como metafísicos:

El primero en denominarlos “poetas metafísicos” fue Samuel Johnson, en su Lives of the Poets (1744), aunque John Dryden ya había señalado, cincuenta años antes, la "metafísica" presente en la poesía de Donne. John Dryden escribió de Donne:

Él incurre en la metafísica (...) en sus versos románticos, donde debería reinar la naturaleza; confunde la mente del sexo débil con lindas especulaciones filosóficas, cuando debería ocuparse de sus corazones.

John Dryden desaprobaba los excesos estilísticos de Donne, particularmente sus elaboradas alusiones y su tendencia a las abstracciones hiperbólicas. Tanto Dryden como Johnson tenían a los poetas metafísicos en muy poca estima, considerando que su estilo era demasiado abstracto y que sus ingeniosas comparaciones parecían forzadas. Johnson dictaminó:

Las ideas más heterogéneas son uncidas con violencia unas a otras; la naturaleza y el arte son saqueados en busca de ilustraciones, comparaciones y alusiones. Su erudición instruye y su sutileza sorprende, pero el lector comúnmente siente que ambas alegrías le cuestan caro y, aunque a veces sienta admiración, rara vez obtiene satisfacción.

Sin embargo, el grupo llegó a tener una marcada influencia en la poesía del siglo XX, principalmente a través de la obra de T.S Eliot, cuyo ensayo The Metaphysical Poets (1921) ayudó a repopularizar sus trabajos.

Los méritos intrínsecos de esta lírica fueron reivindicados en tiempos modernos por los trabajos críticos de Herbert J. C. Grierson y T. S. Eliot. En 1948 fue traducida al español por vez primera una primera antología de metafísicos ingleses, revisada y algo ampliada en 1970 por Barral Editores. Estos poetas influyeron en poetas españoles como Luis Cernuda o José Ángel Valente.

Referencias[editar]