Mónica de Hipona

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Santa Mónica de Hipona
8586 Milano - S. Marco - Pietro Maggi - Apparizione angelo a S. Monica -1714- - Foto Giovanni Dall'Orto - 14-Apr-2007.jpg
Ángel apareciéndose a Santa Mónica (1714), por Pietro Maggi
Información personal
Nacimiento 332
Tagaste
Fallecimiento 387 (55 años)
Ostia
Familia
Cónyuge Patricio
Hijos Agustín de Hipona, Navigio, Perpetua
Información profesional
Información religiosa
Canonización Santo Ver y modificar los datos en Wikidata
Festividad 4 de mayo Vetus Ordo 27 de agosto Novus Ordo (Iglesia católica)
Venerada en Iglesia católica, Iglesia ortodoxa
Patronazgo Madres y esposas. Modelo de las madres cristianas.[1]

Santa Mónica de Hipona (Tagaste, 332 - Ostia, 387) es una santa cristiana y madre de san Agustín de Hipona.[2][3]

Es recordada y honrada por sus extraordinarias virtudes cristianas, en particular por sus sufrimientos causados por el adulterio de su marido, y por la vida de oración que dedicó para la conversión de su hijo, quien escribió extensamente acerca de sus actos píos y de su vida con ella en sus Confesiones.

Biografía[editar]

Mónica nació en Tagaste, en la actual Argelia. Sus padres eran cristianos y de una familia de vieja tradición cristiana.[3]​ Su educación se le encargó a su criada, también cristiana. Se casó a una corta edad con un hombre mayor, romano y pagano, llamado Patricius o Patricio, quien tenía una posición oficial en Tagaste. Su esposo era un hombre muy enérgico y de temperamento violento que tenía hábitos libertinos.[3]​Las limosnas, buenas acciones y oraciones de Mónica incomodaban a Patricio, aun así, él la trataba con respeto.

Mónica iba a la iglesia cada día y soportó con paciencia el adulterio y la cólera de su marido. Se ganó el afecto de su suegra en poco tiempo e incluso convirtió a Patricio al cristianismo y calmó su violencia. Este murió poco después de su conversión y Mónica decidió no volver a casarse.[2]

Mónica tuvo tres hijos que sobrevivieron a la infancia: dos varones, Agustín y Navigio, y una mujer cuyo nombre se desconoce, pero que ciertas tradiciones llaman Perpetua o Melania. Imposibilitada de asegurales el bautismo, se afligió mucho cuando Agustín enfermó. Ante esta situación de sufrimiento le preguntó a Patricio si Agustín sería bautizado, a lo cual este accedió; pero después de la recuperación de su salud revocó este consentimiento.

Pero el alivio y la alegría de Mónica debido a la recuperación de Agustín se transformaron en ansiedad debido a que él desperdiciaba su nueva vida siendo indisciplinado y, como él mismo contó, vago. Finalmente fue enviado a una escuela en Maduros. Cuando tenía 17 años y se encontraba estudiando retórica en Cartago, Patricio falleció.

En Cartago, Agustín llevaba una vida descarriada, cometió pecados graves y abrazó el maniqueísmo lo que le alejó de su madre.[2]

Cuando regresó a su hogar compartió sus experiencias del maniqueísmo, Mónica lo echó del mismo. Sin embargo dijo haber experimentado una visión que la convenció de que se reconciliara con él.

San Agustín y su madre, Santa Mónica por Ary Scheffer (pintura de 1846)

En esa ocasión ella visitó a un obispo para que convenciera a Agustín de sus errores pero el obispo la consoló y la aconsejó que siguiera rezando por su hijo con las hoy famosas palabras

no se perderá el hijo de tantas lágrimas.

Monica siguió a su indisciplinado hijo a Roma, donde él había ido secretamente; cuando ella arribó él ya se había ido a Milán, pero lo siguió. Allí ella encontró al obispo Ambrosio de Milán y a través de él finalmente tuvo la dicha de ver la conversión de Agustín al cristianismo tras 17 años de resistencia.

La madre, el hijo y su nieto Adeodato pasaron seis meses de verdadera paz en Rus Cassiciacum,actualmente Cassago Brianza, luego Agustín fue bautizado. A la edad de 28 años, Agustín acogió la gracia de Dios, se convirtió al cristianismo y recibió el bautismo en la iglesia de San Juan Bautista en Milán.

Sin embargo, África los reclamaba, emprendieron su viaje, se detuvieron en Cività Vecchia y en Ostia. Aquí la muerte sorprendió a Mónica, y las páginas más bellas de las Confesiones de Agustín fueron escritas como resultado de la emoción que experimentó Agustín por la muerte de su madre.[2]

Santa Mónica es puesta por la Iglesia como ejemplo de mujer cristiana, de piedad y bondad probadas, madre abnegada y preocupada siempre por el bienestar de su familia, aun bajo las circunstancias más adversas.

Oración a Santa Mónica[editar]

¡Oh gloriosa Santa Mónica, espejo de esposas, modelo de madres, consuelo de viudas, mujer admirable, a quien Dios infundió el espíritu de oración y concedió aquel don de lágrimas con que supisteis hacer violencia al Dios de las misericordias para que se compadeciera de vuestros gemidos, escuchara vuestras plegarias y os pidoconcediera el fin de todos vuestros deseos!, a vuestras plantas venimos hoy las que sufrimos y lloramos en los tristes caminos de la vida, a suplicaros que nos alcancéis el espíritu de oración que Vos tuvisteis y la compunción que merecen nuestras culpas, para que derramando con humildad nuestro corazón ante el Dios de toda piedad y misericordia, alcancemos la gracia de vivir la santa vida que Vos vivisteis en la tierra, y merezcamos la gloria que Vos gozáis ahora en el cielo, en compañía de nuestros padres, esposos e hijos, y de todos los que por la sangre y el afecto nos pertenecen y son en Jesucristo, Señor nuestro, amados y queridos de nuestro corazón. Amén.[3]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]