Farallón

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Farallones en la costa de Vietnam.
Puente natural de Santa Cruz (Estados Unidos).
Farallón en el parque de Gargano, Italia.
Farallón en Castellammare del Golfo, Italia.
Farallón en las islas Pontinas, Italia.
Farallón en la costa de Capri, Italia.

Un farallón es un promontorio rocoso que se alza sobre el mar cerca de la línea de costa, originado por la acción erosiva de las olas sobre las partes más blandas de un acantilado.[1]​Esta forma de relieve resultante constituía con anterioridad parte de la tierra firme, pero quedó aislada por los efectos del oleaje al desencadenarse un proceso de erosión que comienza con la excavación de una cueva en la pared del acantilado. Con el tiempo se forma un arco o puente que termina por derrumbarse, dando lugar a unos salientes aislados que reciben el nombre de farallones. Estos siguen sufriendo la acción erosiva marina hasta quedar reducidos a arrecifes, la fase final del ciclo.

No obstante, en ocasiones se le da el nombre «farallón» a promontorios rocosos no ubicados cerca de la línea de la costa, ejemplo de esto son los farallones de Cali y los farallones del Citará.

Uno de los ejemplos más espectaculares de esta forma de relieve se encuentra en la costa australiana de los Apóstoles, en el sur del estado de Victoria, donde se levanta un conjunto de farallones conocidos como The Twelve Apostles («Los Doce Apóstoles»). En la costa lucense española también se pueden contemplar muchos de estos característicos relieves, concretamente en la Playa de Las Catedrales.

El nombre deriva del latín vulgar o del término italiano faraglione, que probablemente viene a su vez del griego pharos, que significa faro, debido a que en la época de las poderosas talasocracias los farallones probablemente estaban marcados por hogueras para evitar que las embarcaciones encallaran durante la navegación nocturna.

A veces, en geomorfología, también se usa para describirlos el término stack, o las variantes regionales de raukar (en Suecia) o kekur (en Rusia).

Formación[editar]

Los farallones se forman típicamente en rocas sedimentarias o volcánicas con capas horizontales, particularmente en acantilados de piedra caliza. La dureza media de estas rocas significa una resistencia media a la erosión abrasiva y atritiva. Una capa más resistente puede formar una piedra angular. Los acantilados con roca más débil, como arcilla o roca muy articulada, tienden a desplomarse y erosionarse demasiado rápido para formar farallones, mientras que las rocas más duras, como el granito, se erosionan de diferentes maneras.[2]

El proceso de formación suele comenzar cuando el mar ataca líneas de debilidad, como juntas empinadas o pequeñas zonas de fallas en la cara de un acantilado. Estas grietas se agrandan gradualmente y se convierten en cuevas. Si una cueva atraviesa un promontorio, se forma un arco. La erosión adicional hace que el arco se derrumbe, dejando el pilar de roca dura alejado de la costa, el farallón. Eventualmente, la erosión hará que el farallón se derrumbe, dejando un tocón. Este tocón generalmente forma una pequeña isla rocosa, lo suficientemente baja como para que la marea alta la sumerja.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Easterbrook, D. J. (1999). Surface Processes and Landforms. Upper Saddle River, New Jersey: Prentice Hall. p. 442. ISBN 0-13-860958-6. 
  2. Schwartz, Maurice, ed. (2006). Encyclopedia of Coastal Science. Springer Science & Business Media. p. 238. ISBN 9781402038808. 

Enlaces externos[editar]