Diferencia entre revisiones de «El príncipe y el mendigo»

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Cuando Eduardo logra llegar al hogar de los Canty, es maltratado por el padre de Tom, John Canty, pero se las arregla para escapar. En su huida, conoce a Miles Hendon, un soldado noble caído en desgracia. A pesar de que Hendon no cree que en realidad sea el príncipe, este siente pena por él y se convierte en su protector. Mientras tanto, en el palacio nadie le cree a Tom al decir que no es realmente Eduardo y en cambio piensan que el "príncipe" se ha vuelto loco. Una y otra vez la preguntan acerca de la ubicación del Gran Sello, pero Tom no sabe de lo que están hablando. Enrique VIII fallece y por consiguiente se hacen los preparativos para la coronación del próximo rey de Inglaterra. A medida que Eduardo experimenta la brutal vida de la gente pobre, toma consciencia de la desigualdad social en [[Inglaterra]], en particular del áspero sistema judicial donde la gente es quemada en la hoguera, puesta en [[Picota (columna)|picotas]] y flagelada. También se da cuenta de que los acusados son condenados con pruebas endebles por delitos menores. Eduardo se compromete a reinar con misericordia cuando recupere el lugar que le corresponde.
 
Eduardo interrumpe en la coronación cuando Tom está a punto de ser coronado. Eduardo logra intercambiar su lugar con Tom justo antes de que este recibiese la corona que indica que era el nuevo rey de Inglaterra. Eduardo se muestra ansioso de subir al trono, pero los noblesguardias se niegan a creer que el niño que se les aparece como un mendigo sea el verdadero rey, hasta que les describe el sello real que había escondido antes de salir del palacio y que Tom había tomado por un cascanueces. Miles es recompensado con el título par de Inglaterra y conde de Kent, y tanto él como sus descendientes tendrán el privilegio de sentarse en presencia del rey, reservado sólo a la familia real. Tom recibe como agradecimiento el título de «protegido del rey», una posición privilegiada que conservará por el resto de su vida. El el final se explica que aunque Eduardo murió a la temprana edad de 15 años, reinó misericordiosamente debido a sus experiencias vividas.
 
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