Iglesia de San Francisco (Bogotá)
| Iglesia de San Francisco | ||
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| Monumento Nacional | ||
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| Localización | ||
| País |
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| División | Bogotá | |
| Dirección |
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| Coordenadas | 4°36′06″N 74°04′24″O / 4.60166667, -74.07333333 | |
| Información religiosa | ||
| Culto | Iglesia católica | |
| Diócesis | Arquidiócesis de Bogotá | |
| Advocación | San Francisco de Asís | |
| Historia del edificio | ||
| Construcción | Entre los años de 1550 y 1567 | |
| Datos arquitectónicos | ||
| Tipo | Iglesia | |
| Estilo | Neoclásico | |
La Iglesia de San Francisco es un templo religioso de culto católico bajo la advocación de San Francisco de Asís de la ciudad de Bogotá, en Colombia. Se localiza en el barrio Veracruz, en la Avenida Jiménez con la Carrera Séptima, donde constituye un conjunto compuesto a su vez por la Iglesia de La Tercera y la de Iglesia de la Veracruz.
Historia
[editar]Se construyó entre 1557 y 1566[1] en el terreno donado por el arzobispo Juan de los Barrios a los hermanos franciscanos,[2] en la margen derecha del río Vicachá, luego llamado río San Francisco. La construcción original tuvo una ampliación entre 1586 y 1611. En 1623 se construyó el retablo mayor.[3]
En el siglo XVIII el edificio sufrió varias averías en sus estructuras por el terremoto de 1785, tras el cual la torre debió ser reconstruida. La obra sería terminada en 1794.[1] La iglesia solamente estaba conformada por una nave a la cual se le fueron anexando pequeñas capillas en su lado derecho. Al ser afectada gravemente la estructura durante el terremoto de 1785,[1][4] estas capillas fueron integradas en una segunda nave después de los trabajos de restauración dirigidos por Domingo Esquiaqui,[5] los cuales fueron concluidos el 25 de marzo de 1794,[2] fecha en la cual el arzobispo Baltasar Jaime Martínez Campañón consagró el templo. Años más tarde el interior del templo fue intervenido por el fraile capuchino Domingo de Petrés.[1]
La iglesia fue expropiada en 1861 por Tomás Cipriano de Mosquera, hasta 1881, durante la cual estuvo al frente de su administración el capellán fray Ramón Cáceres. La iglesia formaba un complejo con un convento adyacente que abarcaba dos manzanas de la ciudad y tuvo tres claustros de dos pisos. Los claustros, sin embargo, desaparecieron al ser construido en su lugar el edificio de la Gobernación de Cundinamarca en el actual Palacio de San Francisco en 1917, obra de Gastón Lelarge y Arturo Jaramillo. La sacristía de la iglesia es la única parte que sobrevive del convento.
Finalmente, en años recientes la iglesia fue desprovista de su blanco exterior y sus cubiertas fueron alteradas hasta el punto que los únicos documentos históricos del templo original que sobreviven son la fachada de la iglesia, la torre y el presbiterio. La última restauración del templo se realizó entre 1988 y 1990.
Actualmente es la iglesia más antigua que se conserva en Bogotá, se encuentra ubicada en la esquina noroccidental de la Avenida Jiménez con Carrera Séptima, diagonal a la estación de Museo del Oro del TransMilenio.
Este edificio tiene una artesa o armadura mudéjar, elaborada con la técnica de par y nudillo, de las mejores de la Nueva Granada. El retablo, que tiene elementos renacentistas, es el más representativo del virreinato de la Nueva Granada. Tiene en su primer cuerpo elementos grutescos, en el segundo cuerpo se encuentra todas las santas con sus atributos y está rematado por todos los apóstoles; en el centro en la parte superior se encuentra el padre eterno, con una mano lleva el mundo y con la otra señala a los franciscanos.
Altares y Programa iconográfico de la iglesia
[editar]Altar Tres - San Pedro Alcántara
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El altar tres, dedicado a San Pedro de Alcántara, corresponde a un retablo simple colateral situado al costado izquierdo del retablo mayor de la iglesia, después de otros altares laterales, entre ellos la capilla de San Francisco de Asís. Su disposición responde en primera instancia a una estructura tripartita de tres calles y dos cuerpos, organizado mediante seis nichos jerarquizados[6] que articulan el programa iconográfico en el siguiente orden: en el primer cuerpo, de izquierda a derecha San Pedro Bautista, San Pedro de Alcántara y San Salvador de Horta; en el segundo cuerpo, de izquierda a derecha San Cosme, Santa Águeda Mártir y San Damián.
El retablo presenta una ornamentación vegetal en relieve, principalemente festones y motivos fitomorfos, distribuidos en el remate, friso, banco y sotabanco. Un elemento visible es el pequeño cuadro insertado en la estructura, específicamente en la parte central del banco del retablo; el cual en una primera lectura funciona como una imagen devocional insertada. Asimismo, incorpora columnas helicoidales de tipo salomónico, capiteles de orden dórico, hornacinas con concha (verena) y acabados en tonalidades doradas. Estas características formales corresponden al estilo barroco sevillano, visible en la riqueza ornamental, el uso del dorado y la composición vertical del conjunto.
San Pedro de Alcántara
[editar]La figura central del retablo, ubicada en el cuerpo inferior, es Pedro de Alcántara, un fraile franciscano nacido en Alcántara en 1499. Proveniente de una familia acomodada, decidió ordenarse tras conocer en Salamanca, mientras estudiaba en la universidad, la dedicación espiritual y el desapego material característicos de los franciscanos. Es reconocido por su estricto cumplimiento de las normas de la comunidad, su entrega absoluta a la fe y, especialmente, por su estilo de vida de mortificación extrema. Además, fundó nuevos conventos, creó una nueva rama dentro de la orden franciscana (los alcantarinos o la estricta observancia) y ayudó a Santa Teresa de Jesús con la formación de la Orden de los Carmelitas Descalzos.[7]
Se representa en una posición rígida, con el pecho descubierto y un torso visiblemente famélico. Dirige la mirada hacia un cráneo que sostiene en su mano derecha, mientras que en la izquierda porta una cuerda metálica con púas. Viste el hábito franciscano de color marrón, ceñido a la cintura por el cordón característico de la orden, y aparece descalzo.
En diversas interpretaciones de las representaciones de este santo, así como de otros, se observa que la calavera es un elemento frecuente en sus imágenes de estilo barroco. Este objeto, asociado a la práctica de la vida ascética, funciona como recordatorio de la inevitabilidad de la muerte. El hecho de que Pedro de Alcántara la sostenga en su mano, junto con la cuerda de púas y la representación de sus pies descalzos, puede leerse como símbolos de su estilo de vida penitente, que llevó desde que se unió a la orden franciscana hasta su lecho de muerte.
San Pedro Bautista
[editar]En la calle lateral izquierda del cuerpo inferior del retablo, junto a San Pedro de Alcántara, se encuentra San Pedro Bautista, un fraile franciscano nacido en España en 1542. Desarrolló su labor misionera en diversas regiones de Oriente, pero estuvo enfocado principalmente en las Filipinas. Posteriormente, en 1593, viajó a Japón en representación de Felipe II, donde se dedicó a predicar el Evangelio, construir iglesias y hospitales, y continuar su labor de convertir a las personas a la fe. Debido a las tensiones religiosas y políticas que atravesaba Japón en ese periodo, Pedro Bautista fue arrestado a causa de sus actividades apostólicas. Siendo así que finalmente, junto con otros miembros de la orden franciscana, fue martirizado en Nagasaki el 5 de febrero de 1597, donde los crucificaron e hirieron con lanzas.[8]
El fraile se representa ligeramente inclinado hacia atrás. Viste el hábito franciscano completo, incluyendo el cordón en la cintura, y aparece con los pies descalzos. A diferencia de otras representaciones de este santo, no porta los atributos de su martirio ni presenta signos de penitencia. Esta imagen resulta más tranquila y puede interpretarse como una manifestación de su fiel seguimiento de la orden franciscana y sus votos de humildad.
San Salvador de Horta
[editar]Situado en la calle lateral derecha del cuerpo inferior del retablo, enmarcando junto a la figura anterior a la figura central del altar, se halla presente la escultura de San Salvador de Horta, nacido en Santa Coloma de Farnés (Gerona) en 1520, fue un fraile franciscano español, venerado como santo por la iglesia católica y conocido por la fama de milagros que rodeó su vida religiosa. [9]
En 1541 ingresó en el convento de Santa María de Jesús de Barcelona, perteneciente a la Orden Franciscana y al año siguiente realizó su profesión religiosa.[10] Su primer destino resultó ser el convento de Tortosa, donde comenzó a difundirse su reputación como taumaturgo tras la curación de un niño desahuciado por los médicos.[11] Debido a la afluencia de fieles, fue trasladado a varios conventos, entre ellos Bellpuig y Horta de Sant Joan (aquí realizó uno de sus milagros más conocidos, curar a una niña sordomuda), en los que consolidó su fama de santidad por las curaciones y prodigios que se le atribuían. Más tarde pasó a Reus y luego a Barcelona, donde la inquisición examinó su caso alrededor de 1560 sin llegar a procesarlo[12]. Ese mismo año fue designado para la restauración franciscana de Cerdeña, estableciéndose entonces en Cagliari en 1565, donde continuó su vida religiosa hasta su muerte en 1567.
Es representado como un fraile franciscano, vestido igualmente con el hábito de la orden. Su actitud es serena y contemplativa, con el rostro levemente inclinado hacia abajo, lo que enfatiza su carácter humilde y ascético; en su mano izquierda sostiene un crucifijo, elemento asociado a la oración, penitencia y su vida de recogimiento. Dentro del programa iconográfico del altar, su presencia refuerza la relación con la espiritualidad franciscana al encontrarse junto a San Pedro de Alcántara y San Pedro Bautista, figuras encargadas de destacar valores como la humildad, la caridad y la fama de santidad vinculada a los milagros que la tradición les atribuye.
Santa Águeda Mártir
[editar]En el centro del cuerpo superior se encuentra la figura de Santa Águeda de Catania, también conocida como Santa Ágata de Sicilia o Santa Gadea, fue una virgen y mártir cristiana nacida en el siglo III, referenciada como santa por la iglesia católica desde la antigüedad. Según la tradición hagiográfica, nació en una familia noble presumiblemente de Palermo, y desde joven consagró su virginidad a Dios, siendo venerada por su inquebrantable fe frente a su persecución.[13]
En el año 251 d.C se opuso a las insinuaciones de un prefecto romano que el emperador Decio había enviado para regir Sicilia. Este rechazo y su fe fueron las causas de su posterior encarcelamiento y tortura, incluyendo la amputación de sus senos, de aquí que se convirtiera en la patrona contra el cáncer de mama y de las enfermeras.[14] Justo por esa misma época y durante su reclusión tuvo una visión con San Pedro Apóstol, quien además de consolarla, sanó sus heridas mediante oraciones. Seguido de este episodio fue mandada a la hoguera; sin embargo, al momento de encenderse el fuego un temblor sacudió la tierra, lo que llevaría a su liberación exigida por el pueblo; falleciendo después —según algunas fuentes— en la cárcel.[15]
La escultura de Águeda de Catania en el retablo cuenta con uno de sus pechos al aire, presentando heridas y signos de la mutilación visibles. A su vez, su vestimenta de color rojo es símbolo de su devoción y entrega a Cristo, aunque este mismo puede atribuirse a la protección contra el fuego y ligado a esto, contra las erupciones del volcán Etna. En esta figura la escena representada es el episodio de la hoguera, siendo el poste al que se encuentra atada una pista de ello; además de su rostro dirigido hacia lo alto, lo que sugiere una actitud de aceptación del martirio, elevación y conexión espiritual. Por otro lado, su postura es un contraste entre coacción y entrega, dada la apertura de sus brazos.
San Cosme y San Damián
[editar]A los costados laterales del cuerpo superior de retablo se sitúan las esculturas de San Cosme y San Damián, hermanos gemelos nacidos en Arabia en el siglo III d.C. Fueron médicos y mártires cristianos venerados por la iglesia católica, ortodoxa y por otras tradiciones cristianas; formados en Siria, adquirieron relevancia por sus conocimientos en la medicina, lo que los llevaría a convertirse en patrones de los médicos, cirujanos, boticarios y barberos según la tradición[16].
Ejercieron su oficio en Cilicia, en Asia Menor, siendo reconocidos por no aceptar pago alguno por sus servicios —razón por la cual se les denomino los "anárgiros" o "los sin dinero"[17]—, además de aplicar sus conocimientos como médicos tanto a personas como animales; esta práctica caritativa contribuyó en gran medida a la difusión de su cristianismo entre la población. En el ejercicio de su profesión se les recuerda por el episodio de la curación hemorroísa hacia una mujer, quien les ofrece en medio de pago tres huevos, mientras que Damián acepta los huevos después de la insistencia de la mujer, Cosme es más claro en su postura y lleno de ira pide públicamente que no se le sepulte junto a su hermano después de su muerte.[18]
Durante la persecución de los cristianos bajo el mandato del emperador Diocleciano, los hermanos fueron arrestados por orden del prefecto Lisias quien les ofreció apostatar o morir, la tradición hagiográfica sostiene que resistieron diversos tormentos sin renunciar a su fe, entre algunos la supervivencia ante la hoguera y la lapidación, hasta finalmente ser decapitados hacia el año 303.[19]
Se les suele representar juntos y en el retablo no es la excepción, sus bustos se encuentran vestidos con túnicas rojas (en el caso de la tradición occidental estas representaciones suelen estar acompañadas de boinas del mismo color, mientras que en la tradición ortodoxa tienen vestimentas laicas) tradicionales de los médicos.[20] El libro que generalmente los acompaña simboliza la fe y el conocimiento con el que ambos contaban.
Parece ser que este altar en su ornamentación barroca, mantiene elementos clásicos de este lenguaje a diferencia de otros retablos en la misma iglesia, los cuales presentan estilos mestizos que se dieron en la colonia. Sumado a esto, dentro del tratamiento aparentemente clásico de las imágenes en esta capilla, las estatuas que lo componen son todos santos que muestran de alguna forma la máxima expresión del martirio y la penitencia que se alinea con la doctrina de la iglesia. Es así como se podría llegar a entender que la función de este retablo es una dedicada a la penitencia, a santos que la representan y las oraciones que hablan sobre el sufrimiento.
Altar Cuatro - San Antonio de Padua
[editar]Es un retablo ubicado en la nave lateral del costado sur, que está organizado en dos cuerpos y tres calles. Tiene un banco y un sotobanco ornamentados con motivos vegetales y mascarones; y un remate que se abre. Justo sobre este tímpano hay dos putti, figuras de pequeños ángeles no alados, recostados en diagonal, acercando sus manos en el centro; fueron utilizados en el barroco para representar la omnipresencia de Dios. Aquí resalta el dorado en el ornamento, las entrecalles y el fondo de los nichos. Las columnas que organizan las calles son de orden corintio, y están ornamentadas con hojas, uvas, mascarones y relieves antropomorfos de medio cuerpo que emergen de ellas. Este ornamento, junto con las formas de conchas marinas al fondo de los nichos, son una muestra más de la presencia del barroco en la Nueva Granada.
San Antonio de Padua
[editar]Este altar está dedicado a San Antonio de Padua, ubicado en el nicho de mayor dimensión y profundidad, en el primero de dos cuerpos y en la segunda calle, la central. Fue un sacerdote franciscano que vivió entre 1195 y 1231. Es conocido como el más grande taumaturgo,[21] por obrar numerosos milagros en vida y en santidad. Fue nombrado doctor de la Iglesia por su amplio conocimiento en las escrituras. Porta el hábito franciscano. En su brazo izquierdo sostiene al niño Jesús y en su mano derecha tiene un ramo de lirios blancos. Estos atributos son característicos de la iconografía con la que se le representa: los lirios simbolizan su pureza virginal, y el niño Jesús hace alusión a la visión que tuvo donde lo sostenía.[22]
Junto al altar, hay un responsorio a San Antonio de Padua, una forma de alabanza a los milagros obrados por él, quien es venerado por su intercesión.[21]
San Nicolás
[editar]Justo encima de San Antonio, el segundo nicho más grande alberga a San Nicolás de Bari, también llamado San Nicolás de Mira. Vivió entre 270 y 343. Es conocido por sus numerosos milagros y sus acciones de compasión. Durante su vida, también fue nombrado obispo de Mira. En el retablo se identifica por los tres niños en la cubeta a su derecha, simbolizando su milagro de resucitar a tres niños que habían sido sacrificados para ser comidos. [23]
San Crispín y San Crispiano
[editar]En el primer cuerpo y a los lados de San Antonio están San Crispín y San Crispiano, a la izquierda y la derecha, respectivamente. Fueron dos hermanos, mártires cristianos que huyeron de Roma a Soissons durante la Gran Persecución de Diocleciano. Ambos sostienen un libro bajo su mano izquierda, porque predicaban en Soissons, y en ambos son visibles sus zapatos, ya que allí se dedicaron a ser zapateros. San Crispín sostiene en su mano derecha un martillo, y San Crispiano la palma del martirio. Murieron como mártires a finales del siglo III; ambos fueron apresados por el gobernador de Soissons, torturados, y finalmente, degollados. Ambos son patronos de los zapateros y los peleteros. [24]
Sobre San Crispín y San Crispiano, a los lados del segundo cuerpo y en nichos más pequeños, hay dos Ángeles custodios, ambos con niños a su lado.
En este retablo lo divino y lo humano están interconectados, y es posible que sea utilizado como lugar para pedir intercesión y protección. En el primer cuerpo, la presencia San Nicolás posibilita una lectura de jerarquía (por su rol como obispo en la Iglesia) y a su vez de protección e intercesión, por la caridad que tuvo en vida hacia los desamparados, sus milagros, y su rol como protector de niños, viajeros y navegantes. Su escultura tiene un gesto compasivo, que se abre hacia quien lo mira, y la postura de sus manos y de su cuerpo lo muestran en pleno movimiento, como si estuviera hablando. Junto a los Ángeles custodios, esta lectura de protección se refuerza. San Antonio de Padua, en el centro, reconocido por su intercesión, sosteniendo al Niño Jesús, y dirigiendo una mirada compasiva al frente, hacia el espectador, actúa como mediador con lo divino. A su lado están San Crispín y San Crispiano, quienes, siendo patronos de los zapateros, introducen el trabajo, lo manual, la vida cotidiana.
Altar Cinco - San Benito de Palermo
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Es un retablo dorado ubicado en el costado izquierdo de la iglesia, el cual está organizado en dos cuerpos (horizontales) y tres calles (verticales) articuladas mediante pilastras ornamentadas. El altar se divide de manera jerárquica en seis figuras: San Benito de Palermo, Santa Clara de Asís, Santa Rosa de Viterbo, ubicadas en el cuerpo inferior; así como La Virgen Inmaculada, Santa Bárbara y Santa Lucía, localizadas en el cuerpo superior del altar.
San Benito de Palermo
[editar]La figura central del altar, debido a su tamaño y ubicación, corresponde a San Benito de Palermo, también conocido como San Benito el Moro. Este fue un fraile franciscano que nació en Sicilia (Italia) en el siglo XVI, quien era descendiente de una familia de esclavos.[25] Es venerado por su espíritu de caridad, sacrificio y humildad. La imagen de San Benito de Palermo en el altar corresponde a su representación usual, vistiendo el hábito oscuro o café de la orden franciscana, ajustado con un cordón y decorado con figuras florales. Lo anterior se suma a una postura es serena, con una de sus manos sobre el corazón y la otra levantada, que en términos iconográficos simboliza una imagen se servicio, paciencia y disposición. En su cabeza tiene un halo o nimbo de estilo sencillo y en sus pies porta un par de sandalias cafés, las cuales son un reflejo de la humildad del santo.
En el contexto colonial, su imagen tuvo gran importancia, debido a su lugar como santo afrodescendiente incorporado en el culto católico; lo que, a su vez, dialoga con la presencia de comunidades negras en los territorios de América Latina.
Santa Clara de Asís
[editar]Al lado izquierdo del cuerpo inferior aparece Santa Clara de Asís, nacida en Asís (Italia) en 1194. Esta es una figura fundamental dentro de la tradición franciscana puesto que fundó la Orden de las Hermanas Pobres (Clarisas), la cual cuenta con unos rigurosos dogmas de pobreza. Además, fue la primera mujer en escribir una directriz religiosa: la Regla de Vida, que se basaba en el pensamiento de San Francisco de Asís, fundamentado en el ideal de pobreza perfecta o elevada, así como en el rechazo a la posesión de bienes.[26]
Santa Clara es representada con un hábito franciscano decorado con formas naturales o florales, un velo sobre su cabeza y un manto que cubre sus hombros. Al igual que San Benito de Palermo, sus pies están cubiertos con un par de sandalias sencillas, siendo un símbolo de modestia. Adicionalmente, en su mano derecha está levantando una custodia, la cual hace alusión al episodio en el que Santa Clara protegió el Monasterio de San Damián; siendo este objeto unan alusión a su devoción y fuerte defensa de la fe.
La orden de Santa Clara llegó al Virreinato de la Nueva Granada en el marco de la lógica de evangelización impulsada por el proceso colonial. En esa medida, la imagen de Santa Clara de Asís en la Iglesia de San Francisco hace parte de un programa iconográfico orientado a promover los valores católicos, así como un modelo femenino para las mujeres de la época.
Santa Rosa de Viterbo
[editar]Santa Rosa nació en una familia pobre italiana que habitaba en la localidad de Viterbo. Sin embargo, su vida estuvo marcada por una malformación ósea de nacimiento.[27] Según la creencia popular, desde niña profesó una marcada devoción a la fe católica, que se veía reflejada en sus prácticas de pobreza y caridad. Debido a su condición de salud, Santa Rosa no pudo hacer parte de la orden de las clarisas, razón por la cual ingresó a la tercera orden franciscana. Su vida fue dedicada a la defensa del Papa, la predicación y la penitencia.[28]Rosa de Viterbo falleció a los 18 años de edad, en la misma ciudad donde nació.
En este altar de la iglesia, Santa Rosa de Viterbo se encuentra ubicada en el cuerpo inferior, al lado derecho de San Benito de Palermo. La estatua presenta mejillas coloradas y un tamaño menor, representando la edad a la que murió. A diferencia de otras representaciones tradicionales de la santa, esta figura no posee corona de rosas ni velo, sino que su cabello se encuentra a la vista. Así mismo, cuenta con un manto que cubre sus hombros y su mano derecha está elevada, realizando un gesto de carácter devocional.
Virgen de La Inmaculada
[editar]En el centro del cuerpo superior se ubica la Virgen de la Inmaculada Concepción, como figura que ordena el altar y representa un dogma de gran importancia dentro de la Iglesia Católica, así como uno de los lineamientos centrales de la orden franciscana. Según esta doctrina, la Virgen María, si bien fue hija de San Joaquín y Santa Ana, fue concebida “libre” del pecado original; es decir, desde su concepción su vida se desarrolló sin la mancha de este pecado.[29] La Inmaculada de la Iglesia de San Francisco está representada sin el Niño Jesús. Adicionalmente, porta una saya o vestido de color rojo o bronce. A diferencia de las demás santas del altar, no tiene manto y sus manos están juntas en su pecho como símbolo de oración.
Santa Bárbara
[editar]Santa Bárbara se encuentra a la izquierda de la Inmaculada, en el cuerpo superior. Al igual que las demás estatuas está de pie dentro de una hornacina de arco de medio punto. La imagen cuenta con una actitud serena, una túnica larga rojiza y una corona. El elemento característico de esta santa radica en la torre que sostiene en uno de sus brazos, la cual hace alusión a que su padre, Dióscoro, la encerró para evitar su conversión al cristianismo. Santa Bárbara suele ser venerada como protectora de profesiones relacionadas al fuego, además de estar relacionada con tormentas, rayos y explosiones, debido a que, como castigo por sus actos, su padre murió al ser alcanzado por un rayo.
Santa Lucía
[editar]La última figura del altar, localizada a la derecha del cuerpo superior, corresponde a Santa Lucía, quien fue una mártir del siglo IV. Nacida en Siracusa, en la región de Sicilia (Italia), esta santa, hija de padre y madre nobles, se negó a contraer matrimonio, debido a que, en el marco de su fe, había realizando un voto de virginidad. Ante el incumplimiento del pacto de matrimonio, fue denunciada como cristiana por su prometido. En esa medida, debido a sus creencias religiosas, fue víctima de la persecución de Diocleciano y martirizada. Su estatua también está dentro de una hornacina y viste una túnica rojiza. Según algunas interpretaciones, Santa Lucía se arrancó los ojos para evitar pretendientes y tentaciones, mientras que otras versiones menciona que, debido a sus creencias cristianas, los ojos fueron quitados como castigo. Por esta razón, suele ser representada con sus ojos en una bandeja. En el contexto de la Nueva Granada su imagen no fue tan difundida como la de otras santas; sin embargo, se le considera como la patrona de la vista.
El altar número cinco también cuenta con otros elementos como diez pequeñas cabezas incrustadas en las entrecalles, las cuales parecen ser ángeles o querubines, además de decoraciones vegetales, entre las que se distinguen peras y frutos esféricos que asemejan ser uchuvas - originarias de los Andes peruanos -. Las cabezas mencionadas, las figuras religiosas y la composición del retablo responden al modelo europeo y barroco. No obstante, elementos como las uchuvas cumplían una función especial en el contexto colonial: la de traducir las ideas y la fe de la Iglesia Católica a las poblaciones locales que habitaban los territorios invadidos. En este sentido, la presencia de este altar en la iglesia de San Francisco hizo parte de la construcción de subjetividades en la época de la colonia y la distribución de modelos de conducta o valores “deseables”. Así mismo facilitó la instrucción y enseñanza de la fe en las poblaciones locales.
Sumado a lo anterior, el altar no es solo una representación del programa de la fe católica en América, sino que también es un símbolo del dogma franciscano. En este retablo lateral cabe la particularidad de que, la mayoría de las figuras que lo conforman, son mujeres. En esa medida, no solo hace referencia a la cuestión de los votos de pobreza y austeridad de la doctrina de San Francisco de Asís, sino que también puede comprenderse como un programa pedagógico de las subjetividades femeninas católicas. Lo anterior, teniendo en cuenta que es un altar eminentemente femenino, donde prima la representación de virtudes tales como la fe, la castidad y la virginidad.
A este estilo artístico se le ha dado el nombre de barroco colonial, ya que fusiona la exuberancia del barroco europeo con elementos indígenas y materiales de territorios neogranadinos. Si bien esto se dio en un contexto de imposición y evangelización, también puede leerse como una forma de adaptación y resistencia cultural.
Capilla del Señor Caído:
[editar]En el caso de esta capilla encontramos un retablo de tipo cristo yacente con un cuerpo y tres calles, con columnas de orden dórico ornamentadas con un detalle superior que asemeja un coro o una continuación de este. En el Altar podemos apreciar la imagen de un cristo arrastrándose por el suelo con sus manos y pies, dos ángeles a su lado derecho e izquierdo, repleto de detalles barrocos en dorado como flores y uchuvas, caras incrustadas que asemejan rostros de infante, una mesa de altar que usualmente es adornada con flores y que incluye un símbolo con tres clavos y a ambos costados podemos encontrar otras mesas con velas para los fieles. Por último, en ambas paredes laterales encontramos dos cuadros identificados como: Cuadro de El Calvario de Jesús al lado izquierdo y Cuadro de la Virgen del Carmen en el lado derecho.
Iconografía Franciscana del Señor Caído
[editar]La orden franciscana enfatiza la imagen del Señor Caído como la imagen de la humanidad sufriente de este. representa a Jesús abatido bajo el peso de la cruz enfatizando su humanidad, sufrimiento físico y cercanía con la fragilidad, pobreza y despojo humano.
Esta imagen ayuda con la identificación con el cristo pobre y crucificado promoviendo la devoción a través de la pasión física del salvador. También simboliza el agotamiento extremo, la compasión por el sufrimiento humano y la acción de levantar al creyente de su propia caída en el pecado por medio del sacrificio y la penitencia. estas concepciones son esenciales en la orden franciscana por su entrega y devoción al castigo y a vivir el sufrimiento como parte de su fe, asimilando ellos la posición de cristo para parecerse más a este.
Símbolo de los tres clavos
[editar]Como ya fue mencionado, la mesa del altar contiene un escudo de tres clavos, a simple vista nos puede parecer que solo simbolizan los clavos puestos en manos y pies de Jesús durante su crucifixión, más diversas fuentes le adjudican significados distintos a cada clavo dependiendo de su posición: pueden llegar a representar sacrificio, pasión y redención.
Primer clavo (mano derecha): representa la liberación de la culpabilidad del pecado y la redención.
Segundo clavo (mano izquierda): simboliza la victoria sobre las tentaciones sufridas por el salvador durante su vida humana.
tercer clavo (pies): simboliza la victoria sobre el dolor de la crucifixión y el camino de entrega de Jesús.
En la orden franciscana, los tres clavos de la crucifixión simbolizan la unión mística de San Francisco con Cristo crucificado, representando los estigmas recibidos en el Alvernia y el sacrificio redentor. Integrados en el escudo franciscano (brazos cruzados), señalan la pobreza, obediencia y castidad (a menudo con tres nudos). Aunque históricamente debatido (3 o 4), la iconografía franciscana suele utilizar tres clavos, asociados también a la Trinidad y a los votos de la orden. Más allá del dolor, simbolizan el amor extremo, la victoria sobre el pecado y la redención.
Ángeles laterales
[editar]La simbología angélica en la orden franciscana destaca a los ángeles como mensajeros, protectores y modelos de adoración y humildad, reflejando la luz divina en la creación. San Francisco de Asís y su espiritualidad suelen relacionar a los ángeles con la protección de la naturaleza, la Pureza, la alegría espiritual y el acompañamiento en la penitencia. Esta ultima característica resuena con el tema central del altar.
Pese a no estar muy seguros de que arcángel o ángel en especifico representas estas estatuas podemos sacar diversas interpretaciones de acuerdo a su vestimenta: Los ángeles con vestimenta roja en la tradición franciscana y cristiana simbolizan la caridad divina, el amor ardiente, el martirio y el Espíritu Santo. En la iconografía franciscana, este color se asocia con el fuego del amor de Dios, la pasión de Cristo y el sacrificio, alineándose con la espiritualidad de pobreza y entrega de San Francisco de Asís. Otra interpretación que complementa esta visión, puede resultar de ligar al martirio y la sangre derramada por la fe, reflejando el sacrificio de Cristo y el "bautismo de sangre". [30]
Vestimenta del Señor Caído
[editar]Como podemos apreciar en el altar la estatua de Jesús lleva una túnica de color morado, este motivo es bastante utilizado en diversos altares del Señor Caído no es único de este altar. simboliza penitencia, conversión y espera durante la cuaresma. El origen de esta prenda se remonta al manto purpura colocado a Jesús por los soldados romanos como burla a su supuesta realeza siendo el hijo directo de Dios, convirtiendo la túnica morada en un motivo de humillación, nobleza o realeza, penitencia y como un color litúrgico, acompañado de la corona de espinas. El versículo clave sobre el manto morado o púrpura puesto a Jesús antes de su crucifixión como burla por parte de los soldados romanos se encuentra principalmente en Marcos 15:17 y Juan 19:2.
Cuadros laterales
[editar]Cuadro de El Calvario de Jesús: El cuadro del Calvario de Jesús representa la crucifixión en el monte Gólgota, simbolizando la redención humana, el triunfo sobre el pecado y el sacrificio supremo. Acompañado de la Virgen María, vestida de púrpura o azul, simboliza la gracia y su papel como corredentora/madre de los vivientes, San Juan Evangelista: Representa a la humanidad adoptada como hijos de María y discípulos fieles y María Magdalena.
Estos elementos no solo narran la crucifixión, sino que actúan como una "imagen que habla" al corazón del creyente, recordándoles la vocación de servicio y la unión con el dolor de Cristo. Por esto no es de extrañar que precisamente se encuentre al lado de la figura del Señor Caído.
Cuadro de la Virgen del Carmen: La Virgen del Carmen simboliza la protección maternal, la intercesión divina y la devoción carmelita, siendo su elemento central el escapulario marrón, promesa de salvación y amparo. Es venerada como reina, estrella del mar, y patrona de marineros, conductores y fuerzas armadas, destacando por su túnica marrón (humildad) y el Niño Jesús. Este cuadro es curioso ya que no pertenece a una advocación de la virgen dentro de la orden franciscana, pero va de la mano con la intención de humildad y varios feligreses le rezan junto al Señor Caído.
Como ya se menciono en otros altares la presencia del estilo barroco colonial se encuentra presente no solo en los motivos silvestres como las uchuvas sino en esa reinterpretación de los motivos clásicos europeas, la cara de Jesús no es precisamente europea y esto tiene bastantes interpretaciones de apropiación y resignificación de la figura de cristo en las Américas, siendo este altar no solo otra prueba de la fe franciscana sobre el sufrimiento y la penitencia sino una transculturación de la imagen del cristo que sufre.
Retablo San Nicolas:
El retablo, que tiene como figura central a San Nicolás, se clasifica como un retablo de dos cuerpos. Cabe resaltar que la figura central es San Nicolás; esto se reconoce a partir de varios elementos, como la toga roja, el bastón, los animales a sus pies y su gorro. En Colombia, específicamente en la capital, ha sido un santo articulado de buena manera para la representación de los niños y la religión; por eso, en sectores como La Candelaria se encuentran varios colegios con su nombre.[33]
En el costado derecho aparece San Luis, rey de Francia, quien es representado a partir de elementos como la espada y la vestimenta real. En el costado izquierdo se encuentra San Francisco de Padua, representado con la toga franciscana y la Biblia en su mano. En la parte superior del retablo, es decir, en el segundo cuerpo, encontramos un cuadro que hace referencia a San Francisco Solano.
Ahora, en términos de los elementos del retablo, en las columnas laterales aparece la representación de plantas, específicamente hojas de vid o de parra, que en la simbología cristiana se relacionan con la muerte o lo fúnebre, pero con una connotación divina. La presencia de la hoja de vid en el retablo muestra la importancia divina de los personajes representados, además de su dimensión fúnebre. Asimismo, se observa la presencia de una pintura incrustada en el banco del retablo, donde aparece Jesucristo llevando la cruz, lo que aporta una connotación de sufrimiento y carga, elementos que también se reflejan en la vida de los santos.
Por último, cabe recalcar que todos estos elementos no solo cumplen una función decorativa, sino que construyen un lenguaje simbólico que refuerza el carácter religioso del retablo. A través de la disposición de las figuras, los atributos de los santos y los elementos vegetales, se configura una narrativa visual que guía la interpretación del espectador hacia una comprensión espiritual y devocional del conjunto.
Referencias
[editar]- 1 2 3 4 Fray Domingo de Petrés en el Nuevo Reino de Granada, "Iglesia San Francisco" pág. 96-99.
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Véase también
[editar]Enlaces externos
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Wikimedia Commons alberga una categoría multimedia sobre Iglesia de San Francisco.- Banrepcultural.org. "Colección Gumersindo Cuéllar Jiménez". Fotos antiguas de la iglesia de San Francisco. Consultado el 18 de julio de 2005.
- Iglesia de San Francisco,
desambiguación de otras iglesias bajo la misma advocación.